Cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA

Taller de Ecología y Derechos Humanos

Basura y cultura

2º. cuatrimestre 2004

Introducción

Basura y cultura

1.     Disminución de los desechos que genera nuestra sociedad

1 A. Postulamos restricciones a la estructura y al estilo del despilfarro y a un gerenciamiento necio de los recursos materiales como si fueran infinitos:

1 B. Pero nosotros, “la gente”, también. ¿Por qué la actividad cartonera despierta tanto rechazo, desprecio u odio?

1 C.  ¿La basura desaparece?

1 D.  Las 5 R: rechazar / reparar / reducir / reusar / reciclar vs. la gran D: el descarte.

2.  La separación de los desechos.

Destino de los diversos materiales.

3.  Aspectos económicos, de gestión: para la construcción de una política

4. Aspectos político-institucionales. ¿Un plan de lucha?

Introducción

Estamos editando en forma de cuaderno mínimo un texto que produjimos entre un puñado de interesados, por no decir angustiados, por la cuestión de los residuos familiares, domiciliarios. Nos encontramos a lo largo de la segunda mitad del año y tal fue el ímpetu, que nos reunimos semanalmente hasta prácticamente terminar diciembre. Lo hicimos como  taller o  seminario de  “Basura y cultura” y de hecho funcionó como actividad barrial y a la vez de extensión universtiaria una vez más en el Centro Cultural “Nunca más”, una iniciativa de vecinos de la Asamblea autoconvocada de Villa Pueyrredón (el centro cultural se encuentra, en Nazca y Cabezón). De la misma asamblea que, para escándalo de muchos, gestionó un espacio para “cartoneros” en el barrio, aunque lealtad obliga a confesar, sin haber logrado todavía los objetivos esperados.

Como en una experiencia anterior, en que abordáramos la cuestión de los alimentos transgénicos y en particular el peculiar fenómeno de la soja derramándose en las cocinas y en los comedores de los argentinos pobres, también esta vez hubo un participación variada, heterogénea, con integrantes de asambleas y organizaciones vecinales como la anfitriona, Vecinos Autoconvocados de Villa del Parque, de asambleas del GBA e independientes.

Fue coordinado desde el seminario de Ecología y DD.HH. de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) a cargo de Luis Sabini Fernández. Se desarrolló durante los jueves del segundo semestre de 2004 y una vez más, el equipo que se constituyó, se mantuvo en una proporción que nos atrevemos a evaluar como satisfactoriamente alta:  Martín Ginabreda, Jorge Gribaldo, Marina Legaz Bursuk, Gastón Maidana, Daniel Morici, Griselda Ranelli, Ruben Rodríguez, Luis Sabini Fernández, Enrique Salerno.

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Basura y cultura

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Primero fue la contaminación bajo tierra, pero nadie se preocupó porque nadie la percibió, luego fue la de  ríos y arroyos, pero la inmensa mayoría  insistió en no preocuparse porque era local, después fueron los lagos y los estuarios pero siguieron sin preocuparse porque el desarrollo al galope era seductor, hace ya un tiempo los desechos han tomado todas las tierras y todos los mares del planeta, ¿será tarde?

En casi 30 años (1977-2004), el CEAMSE (Cinturón Ecológico del Área Metropolitana Sociedad del Estado) ha “depositado” unas 90 millones de toneladas de residuos sólidos domiciliarios y urbanos. 90 millones de toneladas, 90 mil millones de kilos de materiales desperdiciados, ignorados, arrumbados y convertidos en focos de contaminación, miseria, indignidad: un espejo de una sociedad que trata de determinado modo a determinados productos y a determinados seres humanos. un cinturón que terminará ahogándonos.

1.                  Disminución de los desechos que genera nuestra sociedad

A diferencia de todas las formaciones sociales humanas que conocemos, la industrial moderna de matriz noreuropea, o mejor dicho, nortatlántica, ha creado una problemática mayor con sus desechos: contaminación aérea, contaminación de las aguas de superficie, contaminación subterránea. Y una explosión física de material desechado que va gravando cada vez más a todo el planeta y sus limitados recursos. El Gran Buenos Aires “producía” en el 2000, a raíz del modelo impuesto por el menemato y su estructura de despilfarro, doce mil toneladas diarias de desechos domiciliarios y municipales (no se incluyen los industriales, ni los primarios). De los cuales, unas cinco mil toneladas era materia orgánica, es decir humus de la tierra, vida dilapidada. Para el 2004 se estima que “ya” se alcanza un promedio de 17 mil toneladas diarias...

Esto significa que nosotros, los que vivimos hoy, tenemos que cambiar nuestras pautas de comportamiento y consumo. No hay otra. Estamos sentados encima de una bomba de tiempo cuyas consecuencias irán sufriendo cada vez más las nuevas generaciones. Hasta que nietos o bisnietos nos maldigan (si les queda el cerebro suficientemente entero para darse cuenta de las causas del deterioro planetario).

1 A. Postulamos restricciones a la estructura y al estilo del despilfarro y a un gerenciamiento necio de los recursos materiales como si fueran infinitos:

Los residuos no pueden ser tratados como mercancía en sí, como mercancía específica; a lo sumo, mediante su separación, se puede encarar su reaprovechamiento como recursos varios y distintos.

Para aproximarnos a una cuestión tan compleja el abordaje tiene que ser multidisciplinario:

-         empaques más sencillos y menos contaminantes,

-         revalorización de los productos a granel cuando la escala y la confianza en pautas bromatológicas e higiénicas lo permitan.

-         envases de estructura más sencilla, no desechables sino retornables, recuperables o reusables.

-         envases con menos presencia de metales pesados (que aparecen sobre todo en los colorantes y tintas).

-         Empaques que no generen residuos inaplicables, como por ejemplo, los blisters que aumentan irresponsablemente el desecho de plásticos y metales.

-         Restricción progresiva de plásticos blandos (como las bolsas) de origen mineral y no biodegradable. Eliminar de la producción y por lo tanto de la circulación los envases de difícil o imposible biodegradabilidad. Es tarde para hacerlo. Pero no hacerlo será todavía peor de lo que ya es.

La industria petroquímica y los reguladores cómplices tendrán que dar cuenta alguna vez de sus actos absolutamente criminales.

1 B. Pero nosotros, “la gente”, también. ¿Por qué la actividad cartonera despierta tanto rechazo, desprecio u odio?

Porque rompe las rutinas, desplaza el lugar de la basura, desata sus olores, conmueve los ritos de su “desaparición” cotidiana en las bien enfundadas “bolsitas de la basura”...

La gente, ya tan exigida en sus tensiones cotidianas, no quiere la sobrecarga de este otro desacomodo: el hurgador que incluso en verano pregunta por papel o sediento pide agua...

El hurgador, el cartonero, el destripador de bolsas, la plaza del barrio o los bordes de cualquier estación de trenes ocupada por clasificadores, pone más a la luz del día los desechos que la gente no quiere ni ver. Que los cartoneros "anden revolvien do la basura"  en las narices de los vecinos les hace recordar a estos últimos que algo tienen que ver con el problema."

Por eso, postulamos asumir como sociedad pautas de comportamiento que vayan enfrentando la problemática. P ej. no se trata sólo de que haya restricciones a las bolsas de plástico, al doble o triple empaque; se trata de que nosotros los que vivimos esta sociedad, tengamos otras necesidades: la necesidad de “no llenarse” de bolsas cada vez más inútiles y la vergüenza y la impotencia de sólo arrojarlas a “la bolsa diaria de desperdicios” para que “desaparezca” de nuestra vista (que no de nuestra sociedad). P. ej., recuperar la (incómoda) costumbre de ir con bolsa a hacer compras.

1 C.  ¿La basura desaparece?

En tanto como sociedad, y nosotros como integrantes de ella, no sintamos el horror de tirar todo tipo de sustancias y objetos en esa bolsa de residuos “desaparecedora”, donde va la cáscara de banana, el escarbadiente usado, las colillas de cigarrillos, las pilas gastadas, la tapa rota, el envase de yogur, el raspado de la olla, la bolsita del pan, las etiquetas, los piolines, las flores viejas, el pañal descartado, la cebadura, el sobre de las cuentas, el tenedor roto, la llave cambiada, la bombita quemada, los parlantes inutilizados, la birome gastada, la bandeja plástica de carne, el vasito de helado, los pantalones rotos, la zapatilla deshecha, la pizza fría de anoche, la carcaza del audio y la cinta rota, los volantes publicitarios, los huesos del asado, la tarjeta de plástico vencida, las bolsas de todo tipo que invaden cada hogar..., entonces la basura seguirá escondiéndose bajo la alfombra planetaria y nos rebotará tarde o temprano...

Eso es criminal. Tirar todo eso junto y desentenderse de ello es criminal. Eso es lo que nos ha enseñado este tipo de producción, circulación y consumo de bienes.

El éxito del sistema de “recolección de basura” proviene de que se ha amparado en los deseos inconfesos de tanta gente, de desentenderse de ella, y de dejarse llevar por la presunta comodidad que eso significa. La infantilización en que culturalmente hemos ido cayendo con el use-y-tire, con el consumismo voraz e irresponsable, con el acopio de material no biodegradable (eso sí, siempre “fuera de casa”), con el aprendizaje –que las sociedades modernas no han tenido problema en internalizar– de no hacernos cargo de la caca que a diario producimos (por lo cual más que una infantilización, tendríamos que afirmar que hemos sufrido una verdadera “bebización”), ha funcionado mediante el mecanismo de la “desaparición”. 

Tenemos que exigir y exigirnos nuevas pautas de producción y circulación. El mundo empresario no puede seguir solo “ganando guita”. Tendrá que aceptar regulaciones.

1 D.  Las 5 R: rechazar / reparar / reducir / reusar / reciclar vs. la gran D: el descarte.

Rechazar. Como consumidores, tendremos que aprender a elegir y a desechar lo contaminante y luego, con lo consumido, aprender a separar en origen. No es fácil, pero hay que hacerlo. Y cada vez tendremos que hacerlo más, para sobrevivir. Una de las grandes vías de la acumulación de basura es la cultura, la “civilización” del descarte, del use-y-tire.

Reparar.  La economía capitalista late con sus crisis de sobreproducción, la necesidad de generar mercados a través de producción de bienes menos durables (porque sacrifica materia prima cuyos costos desprecia). Se trata de contraponer a esta concepción que sacrifica el planeta a la rentabilidad, otra que agote la vida útil de los bienes, reconozca el trabajo humano y cuide los recursos naturales.

Reducir. Se trata de no aceptar pasivamente todas las formas de “construcción” de basura. En la opción de usar vasos de plástico o de vidrio, elija los de vidrio. Tal vez no lo pueda hacer en una empresa donde usted es el cliente ocasional, pero seguramente podrá decidir o ayudar a decidir eso en su hogar, en su club, en su sede gremial o barrial.

Reusar, reutilizar. Contra una estandarización que simplifica los pasos encareciendo los costos (pero astutamente dejándolos fuera del costo empresario; externalizándolos), reusar bienes es otra forma de cuidar los recursos planetarios. Otra estrategia que se opone al des-carte, pero que claramente tiene sus límites en la política de promoción de lo descartable.

Reciclar. Tiene el mismo significado que los anteriores, y es lo único que el propio mundo empresario a veces se permite en las cadenas de producción, pero eso sí, siempre en la política de imagen y relaciones públicas.

2.  La separación de los desechos.

Cuanto más lejos está la separación de la gestación del desecho, más costosa y defectuosa es. Por lo tanto la óptima es: separación en origen. Que es un desiderátum no fácil de alcanzar (si además postulamos hacerlo responsablemente y no “para zafar”, porque en este caso, precisamente, hacerlo mal es no zafar sino caer más en el problema que estamos enfrentando).

Separación en origen. Nos compete a todos los habitantes. Implica todo un aprendizaje. Por ejemplo: las envolturas de resmas de papel suelen ser todas ellas impresas, las hay brillantes y opacas. Pero no son todas de papel. Las hay de papel y de papel plastificado. Estas últimas no pueden considerarse papel porque la elaboración de papel reciclado no tolera la presencia de plásticos (por el contrario, tiene un efecto devastador en la producción de pasta). En el ejemplo, el criterio orientador pasa por la resistencia: si es fácil de rasgar es papel, si resiste es papel plastificado. Siguiendo con el ejemplo, la estrategia ante tal producto, el envoltorio de las resmas de papel, hay que discriminarlas en tantos existan las dos variedades, pero una política de cuidado ambiental implica que hay que exigir la supresión de los envoltorios plastificados (porque se trata de un material no biodegradable y por lo tanto de aprovechamiento problemático).

Destino de los diversos materiales.

·        papeles / reciclar

·        vidrios / reciclar

·        jardinería leñosa  / energía

·        residuos orgánicos / compostar

·        metales  / separar y reciclar

·        plásticos / separar y reciclar (al menos los aprovechables)

3.  Aspectos económicos, de gestión: para la construcción de una política

Los barrios que han tenido “la suerte” de ver construido en su cercanía algunas de las instalaciones del CEAMSE han ido elaborando una conciencia creciente sobre la victimización de que han sido objeto. Tal es el caso de los vecinos de Wilde, a los que no sólo se les robó la costa y sus placeres (las enramadas, la pesca, los parrilleros), intermediando entre sus viviendas y la ribera las kilométricas instalaciones presuntamente “ecológicas”,  sino que con el tiempo fueron descubriendo que también se les ha robado la salud y la tranquilidad. El CEAMSE ha sido lo suficientemente hábil como para afectar a muy pocos núcleos habitacionales con los repositorios si se compara a los lindantes con sus instalaciones respecto del total de la población del AMBA (para unos catorce millones de habitantes, los direcamente afectados deben estimarse en decenas de miles). Pero la resistencia de los vecinos afectados crece. No debe ser ajena a ello que el cinturón de Wilde haya sido finalmente cerrado, tras protestas de los vecinos (sólo que el cierre no significa, ni por lejos, la solución del problema creado).

También se empieza a conocer la resistencia de los vecinos de González Catán, que con toda razón luchan para evitar que al lado de sus viviendas se siga acumulando la basura de la megalópolis de Buenos Aires. Han logrado los análisis de las aguas que consumen: todas ellas no aptas para consumo humano. Los vecinos temen con lógica que las napas ya estén contaminadas por el repositorio.

Algo auspicioso sobre la problemática de los desechos: cada vez existen menos municipios dispuestos a dañar su territorio por dinero. Al CEAMSE se le va haciendo difícil encontrar “candidatos” en los municipios aledaños a Buenos Aires que acepten repositorios de desechos.

El costo del actual manejo de residuos, mediante grandes empresas y repositorios administrados por el CEAMSE implica un monto superior a los 1500 millones de pesos anuales. Estamos convencidos que la sociedad ahorraría dinero con una  reconversión del destino de los desechos domiciliarios basado en el aporte de los vecinos y el desarrollo de los canales en gestación (con menor riesgo de contaminación y las enfermedades resultantes).

Para ello, es imprescindible:

·        Una toma de conciencia de la población, demostraciones prácticas de las 5 erres, y desarrollo y auspicio de estas agrupaciones de nuevo tipo dedicadas a expresar una cultura distinta y entre todos (los más posibles).

·        Lograr que las empresas se hagan cargo de los materiales que envían al mercado (envases, por ejemplo).

·        Desarmar, reutilizar, aprovechar, todos los artefactos que se desechen. Esto sirve como recuperación de recursos naturales o elaborados por el hombre, pero a la vez sirve para evitar la proliferación de fuentes contaminantes que la política de tierra arrasada le permite siempre a los empresarios (dejan el foco, luego de haberse fundido o incluso en el caso de que “levantan” el negocio para trasladarse a otro lado y seguir sembrando daño).

4. Aspectos político-institucionales. ¿Un plan de lucha?

Cuando una empresa arroja residuos al agua, al aire o a la tierra, ¿qué debemos hacer? ¿Poner la responsabilidad en los directivos de la empresa? Eso pretendía María Julia  Alsogaray con la infame coartada de “la madurez empresaria”. ¿Buscar la solución en la intervención del estado nacional que a través de leyes obligue a la empresa a revertir la situación (sin hacer uso de las famosas y benignas multas, que las empresas pagan gustosamente para seguir contaminando)?

Cuando casi todas las empresas contaminan agua, tierra y aire, cuando instalan desaprensivamente antenas de telefonía celular seduciendo a los propietarios de las terrazas con sumas de dinero que probablemente no alcancen a cubrir los gastos de tratamiento de las enfermedades inducidas por esas mismas antenas, cuando el estado a través de los gobiernos nacional, provinciales y municipales toleran el volcado de residuos cloacales a cursos de agua sin tratamiento previo, cuando aceptan gustosamente la construcción de cordilleras de residuos urbanos, verdaderos focos de contaminación y bombas de tiempo para las napas freáticas y por lo tanto para la vida (vidas que tales fuentes de contaminación ya se han cobrado), cuando las empresas distribuidoras de energía ahora privatizadas utilizan con descaro líquidos refrigerantes tóxicos en los transformadores (PCBs por ejemplo), reservándose todo el tiempo de dar información al consumidor/víctima, cuando vemos tales situaciones que cuando son resistidas, lo son únicamente por los afectados (directos), que tienen que expresarse mediante bloqueos, resistencia pasiva, cortes de ruta a los vehículos de las empresas implicadas,  podríamos preguntarnos si la solución puede estar en el estado burocrático y burrocrático, cómplice de las empresas “responsables” del modelo María Julia, o si no pasará por nuestra manos, solidarizándonos afectados con afectados, y afectados con no afectados, porque es hora de comprender que todos estamos en “el mismo barco”, en este caso en la misma ciudad, bajo el mismo aire, tomando agua de las mismas fuentes... y que si no aprendemos a juntar nuestras manos, tal vez las vayamos perdiendo.