FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS

CATEDRA LIBRE DE DERECHOS HUMANOS

Presentación del libro

RAINER Y MINOU

de OSVALDO BAYER

Foro Nº 3                              26 de abril de 2002

Osvaldo Bayer

La temática de mi último libro realmente tiene mucho que ver con lo que nos ocurrió a nosotros en Argentina, y con lo que sigue estando siempre presente en la actualidad.

Voy a leer primero un escrito que hice. La comunidad judía me invitó a ser el último orador del acto por el aniversario del Gueto de Varsovia, en el Teatro San Martín, por lo que les estoy muy reconocido. Yo les dije que pusieran un orador de ellos al final, porque yo soy muy polémico en ese sentido, y dijeron: “Por eso mismo lo ponemos al final de todo”. Fue un reconocimiento que a un no judío se le dé un papel en un acto que para ellos tiene un profundo valor.

Esto sirve de prólogo a la temática que vamos a tratar hoy. Ustedes conocen la temática: se encerró en el gueto de Varsovia a los judíos de Varsovia y se les hizo vivir una cosa imposible. Es de una perversión todo lo que se hizo con respecto a esos pobres habitantes, sus mujeres y sus hijos, hasta que hubo estallido de rebeldía de esa gente muerta de hambre y casi sin armas.

La enseñanza de los héroes del Gueto

Ese 19 de abril se levantó la dignidad. 19 de abril del 43. Con el último aliento, con la última esperanza, con la fuerza nacida de oponerse definitivamente a la injusticia y al crimen. De pronto los desarrapados, los extremadamente débiles, los que ya ni siquiera podían ver de debilidad dijeron basta. Y frente a ellos estaba todo el poder nazi. Allí, detrás de sus balas y sus torturas estaban Himmler y  los Menguele y Bormann, los Camps, Astiz y Menéndez, los Pinochet y Videla. Los cobardes y cínicos que el 19 y 20 de diciembre mataron a los muchachos de Plaza de Mayo, y Sharon y sus tanques y sus cañones en Jenin, el campamento de refugiados palestinos.

El 19 de abril de 1943 es el día más claro de la humanidad. Los humillados y ofendidos dicen basta al poder de las tinieblas, a la maldad, a la perversión, a la irracionalidad, a la mierda nazi. Todos serán héroes y es la lucha de la Humanidad por su definitiva liberación, por el triunfo del abrazo solidario contra la profunda oscuridad maloliente del racismo, de la fuerza, la razón de las bestias. Unos mataban por obediencia debida. Fusilaban niños. Los débiles luchaban con sus brazos por el amanecer definitivo. La lucha por la libertad les traía bocanadas de aire fresco.

Agradezcamos la lección interminable del pueblo judío de Varsovia saliendo el extremo rincón de la injusticia y la discriminación marchando hacia delante sin miedo.

Un pueblo de extrema sabiduría contra la pequeñez, el egoísmo y el odio. Combatir con el rostro y el corazón contra las ametralladoras automáticas de las mentes uniformadas.

El jefe de la rebelión, con el pecho descubierto, las manos abiertas, y mirando al enemigo con el rostro bien alto, la frente al viento, y el enemigo escondido en cascos de acero. La épica de los débiles que tienen más fuerza que las máquinas.

En el Gueto de Varsovia morían día a día 400 judíos por enfermedades, pestes, inanición y frío. Parecen las estadísticas de hoy de muertes en el Tercer Mundo. Ese Tercer Mundo que cada vez se transforma en el gueto del imperio.

Pero los hombres y las mujeres del gueto prefirieron dar el pecho y morir con el grito de libertad en los labios. Qué hermosas figuras esos rostros con el signo decidido de decir basta al exterminio brutal de la fuerza, pensando en sus niños.

Los niños del gueto, con sus rostros pálidos, extremadamente pálidos, como una silenciosa protesta, porque les robaban el tiempo del juego y la inocencia.

El dolor no pudo ser más grande. El heroísmo no pudo ser más grande. La valentía no pudo ser más grande. La sabiduría alcanzó para decirle no rotundamente a la resignación.

Los judíos nos dieron un ejemplo imperecedero a los cristianos. A toda la inmensa cantidad de cristianos falsos que rezan el largo rosario de su salvación mientras disparan sus armas contra la vida soberana de los distintos.

Por eso esa sabiduría ganada en la epopeya de todos los siglos, ese levantamiento que para la Humanidad significa la más grande victoria contra la barbarie, la saña, la sevicia de la historia humana.

Y por esto en esta recordación debemos negarnos al silencio a lo que asistimos consternados: el ataque a sangre y fuego de barrios palestinos. ¿Qué pensarían los héroes varsovianos? ¿Para esto nos rebelamos y dimos el cuerpo y la mente? No. Esa sabiduría ganada debe servir para el triunfo de la palabra. No al terrorismo religioso árabe que lleva la bomba escondida en el propio cuerpo; hasta muchachas en la flor de sus existencias quitan la vida a pacíficos caminantes de esa forma artera y negadora de toda existencia. No a los jeques árabes con su riqueza inmensa, que no son capaces de ayudar a la vida del trabajo del pueblo palestino. Pero no también al fuego de ametralladora israelí que destrozan el corazón y los ojos de los niños palestinos.

Israel merece la paz para aplicar en beneficio del mundo toda la sabiduría ganada en las interminables persecuciones. No matemos esa sabiduría con el fuego bestial y cobarde de los uniformes.

Ojalá que el recuerdo de la epopeya de Varsovia nos ayude a vencer la violencia.

Y estamos seguros que el sabio pueblo judío alcanzará por fin esa paz tan buscada.

Melancolía por los valientes que cayeron, pero alegría por ver que la gesta del levantamiento de Varsovia está presente todos los años en los que aman el internacionalismo creador y la paz como máxima meta.

Esto es lo que yo leí. Por supuesto vinieron personas que me dijeron que no había nombrado a Arafat. No nombré a Arafat, pero nombré al terrorismo y a los multimillonarios jeques árabes que gastan su dinero en todo el mundo.

Vamos a empezar con el tema de Rainer y Minou, esta novela que he escrito sobre una experiencia hecha en Berlín con dos amigos míos. Una pareja formada por un alemán, un intelectual muy sabio, brillante, funcionario de cine, brillante periodista y escritor sobre el romanticismo alemán, y una chica judía, de origen alemán pero nacida en Argentina, cuyos padres debieron dejar Alemania durante el tiempo de Hitler.

Comenzó entre ambos un amor realmente desesperado, porque a este intelectual alemán le parecía que había aceptado, sentía ese amor tan profundo por esta chica por razones de aprovechamiento. Es decir, quedaba entonces ante la sociedad berlinesa como un intelectual muy abierto con su amante judía, quedaba muy bien en ese ambiente del cine. Y ella también tenía el complejo de, justamente, ser la pareja del hombre que daba los préstamos para las películas. Su primer película se hizo con un préstamo en el que él intervino y votó a favor. Estaba ese enorme complejo entre ellos.

Y estaba lo otro. Ese pasado. Sobre todo en él: ser el hijo de nada menos que el denominado “Perro sanguinario”, como se lo conocía en Auschwitz, uno de los peores oficiales de Auschwitz, con toda la documentación acusatoria contra ese hombre, contra el padre de ese intelectual, encargado principal de el gaseo –como se decía–, de gasear a los niños judíos. Es impresionante la cantidad de documentación firmada, los comunicados dando la información de cuántos niños habían sido gaseados por día, dado que se hacía todo matemáticamente, todo en su lugar y en su orden.

La historia sufre muchos encontronazos. La realidad era muy distinta a la que ellos habían pensado. Los diarios, como el Wildzeiltung, de esos que traen o que fabrican escándalos, empezaron a fotografiarlos cada vez que había un estreno cinematográfico, y a hablar sobre que el hijo del Perro sanguinario tenía una amante judía. Imagínense cómo reaccionó la comunidad judía de Berlín contra ella. Y también aquellos alemanes con antecedentes nacionalistas, que miraban con desprecio a ese hombre que para ellos era el hijo de un combatiente de la patria, justamente había elegido como su compañera a una mujer de origen judía.

Todos esos enredos, toda esta cosa tan irracional de los seres humanos, del racismo, y toda esta cosa tan brutal como fue el Holocausto, esto sin ningún sentido, esto nacido de la locura de tres o cuatro pensadores políticos de extrema derecha. Uno lee Mi lucha, de Hitler, y no puede encontrar nada más cínico y nada más pobre que cuando habla de la culpa de los judíos. O cuando ahora, por televisión, pasan como documento, los discursos de Goebbels, del ministro de Propaganda. Dan risa, para no decir pena, las razones de por qué había que eliminar a los judíos.

La única verdad es que los judíos en Alemania eran los mejores alemanes. En su mayor parte habían venido de Rusia y de Polonia en el tiempo del primer Kaiser y del segundo, y en los tiempos de Bismarck, precisamente, ese conservador tan inteligente que fue el primer ministro alemán, que no solamente creó las primeras leyes obreras quitándoselas a los socialistas, sino que también abrió las puertas a los judíos de Polonia y de Rusia, porque se dio cuenta de que ahí venía una sustancia de estudio, de adelanto, de progreso, unas ansias de progreso y del estudio principalmente. Bismarck fue el que creó el seguro para los desocupados en el siglo XIX. Y creó el seguro de salud para los obreros. Porque decía que los obreros para que trabajaran tenían que estar sanos, tenían que estar bien atendidos por los hospitales. Y es un seguro que todavía hoy realmente es un ejemplo para la sociedad, también el seguro de desocupación.

En el mismo sentido él legisló con respecto a los judíos. Y es así que los judíos siempre estuvieron muy agradecidos a ese nuevo país que les había abierto las puertas, que ya sus hijos podían ir a la Universidad, salir del aislamiento en que estaban en Rusia y en Polonia, y ser ya hombres universitarios, como ocurrió en miles de casos de los judíos recién llegados que eran pequeños comerciantes, de gran pobreza, o campesinos.

Y se verá en la Primera Guerra Mundial, donde los judíos alemanes tuvieron una importante participación. Formaron batallones, ascendieron como voluntarios a cargos hasta de oficiales. Lo vemos en el cementerio judío de Berlín, está muy cerca del centro de Berlín.

Otra cosa curiosa: los nazis destruyeron todo lo que fueran iglesias, bibliotecas, clubes judíos, pero no tocaron los cementerios. Fíjense lo que les movía la cabeza a ellos. Están los cementerios. En algunas provincias católicas se tocaron los cementerios. Y ahí van a ver una parte del cementerio judío dedicado a los héroes de la Primera Guerra muertos por la patria alemana, con la cruz de hierro. Ahí uno se da cuenta, realmente de cómo querían ser ellos alemanes, y luchaban por su patria alemana.

Son todas mentiras esas páginas que se han escrito sobre que el capital judío quería tomar la industria alemana. Hay uno o dos casos, como todo capitalista que fue creciendo y empezó a comprar cosas. Pero no hay ningún plan ni se puede demostrar un plan en ese sentido. El capital industrial alemán siguió en un 95% siendo germano.

El judío tomó el nazismo como una injusticia impresionante. No se explicaba cómo, por qué. ¿Qué mal habían hecho ellos, si cumplían con todos los requisitos, pagaban siempre sus impuestos? De ahí la sorpresa y de ahí también un poco esa especie de aceptación de no rebelarse de subir a los trenes que los llevaban a los campos de concentración y después cumplir con los requisitos que les ordenaban los SS. Formar los hombres acá, las mujeres y los niños allá, dejar la ropa en tal lado, entrar en las cámaras de gas y ser gaseados. Primero porque no lo podían creer, pese a que habían recibido información en ese sentido.

Y así se origina esa enorme tragedia que va a dar lugar a una de las peores tragedias del mundo, todavía incomprensible. Es inexplicable todo eso. Esa precisión con que fueron hechos los campos de concentración.

En las actas de la delincuencia los judíos también no figuraban casi. Entonces ¿por qué?

Había, sí, una razón. Una razón de tipo político. Los que firmaron el Tratado de Versalles, eran socialistas alemanes. Porque la revolución que había empezado por los marineros del puerto de Kiel, los marineros de los buques de guerra terminan la guerra, hacen la revolución, voltean al Kaiser, un hecho también sorprendente. Que hayan sido los marineros de los buques de guerra los que iniciaran la revolución alemana. Y los que firmarán, ya en la nueva República de Weimar, el Tratado de Paz de Versalles serán los socialdemócratas. De los cinco, tres eran de apellido judío. Es decir, el judío alemán inmediatamente, cuando pudo, se metió en los partidos políticos, principalmente en la izquierda. No figuran en los partidos conservadores, salvo algún otro judío rico que sí. Pero si no, formaron parte de la socialdemocracia alemana, pero principalmente del Partido Comunista. Ahí es donde van a estar Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, los dos máximos dirigentes, los dos de origen judío. Y esa pequeña Rosa Luxemburgo, además, polaca. Digo “además polaca” porque ser judía y polaca era mal visto por la población alemana. Pero esa pequeña mujer que se ponía sombreros enormes para parecer más alta… No había micrófonos para las grandes manifestaciones obreras y ella hablaba sin micrófono, subida en la capota de un auto ante 100 mil obreros alemanes. Y todos la escuchaban, la oían y aprendían de ella. Hubo mucho de eso en la derecha alemana cuando hace la represión contra los judíos: en su mayor parte votaban a los partidos de izquierda, y sus más brillantes dirigentes pertenecían a las dos alas de la izquierda.

Yo hice una vida como niño y adolescente en el barrio de Belgrano, Belgrano C, que era un barrio de alemanes, al que también llegaron judíos alemanes después del 33. Uno podía observar, cuando tomaba el tranvía en ese barrio, que cuando uno oía hablar alemán, el alto alemán, el alemán educado, mis dos hermanos y yo decíamos “son judíos”, porque cuando oíamos hablar el dialecto alemán decíamos “son alemanes”. La pasión por el idioma, la pasión de los judíos por querer ser realmente absolutamente correctos… Los judíos inmigrantes que vinieron a Argentina, los que pudieron salvarse, leyeron siempre el diario alemán antinazi, el Argentinischen Tagenblatt y hoy todavía siguen anunciando sus muertos en idioma alemán, en ese diario, que realmente era un diario democrático, y se oponía al Deutsche La Plata, que era el diario nazi, y era comprado por el 80% de la colonia alemana, mientras que el 20% apenas compraba el el diario antinazi. A través de los años quedó solamente el Argentinischen, y desgraciadamente es de los hermanos Alemann. El padre era un gran demócrata. Los hijos fueron ministros de todas las dictaduras militares. Por eso creo que no hemos lamentado que le pegaran una patada en el tobillo a Roberto Alemann, ministro de Galtieri.

El amor de estos dos seres, es también de dos personalidades muy distintas. La joven judía realmente quiere triunfar, es una mujer llena de ganas de triunfar, de llegar al éxito como directora de cine, mientras que su amante Rainer es el prototipo del romántico alemán. Si escritor preferido, sobre el que va a escribir un libro, es Heinrich von Kleist. Von Kleist es uno de los grandes dramaturgos alemanes, salido de una familia de militares a principios de 1800, y que es hasta hoy es realmente el Shakespeare alemán en cuestiones de teatro y un gran poeta. Von Kleist escribió esa obra de teatro increíble, El príncipe de Homburgo. El, que era hijo de una de las familias prusianas de mariscales y generales, escribe ese libro que describe el miedo que un mariscal alemán, el príncipe Von Homburgo, siente en medio de una batalla. Ese diálogo consigo mismo del príncipe, criado en una familia de militares,  cuando realmente siente miedo en medio de la batalla, es una de las grandes genialidades de la literatura teatral del mundo.

Von Kleist llevará una vida muy romántica y terminó sucidándose con su amante en un lago cercano a Berlín. Los amigos de la literatura alemana hemos hecho siempre ese camino para ver su tumba. Pese a que él la mata a ella y después se mata a sí mismo, en la tumba figura solamente él. Las feministas a veces tienen razón, o siempre, no sé. Pero, claro, era en la época en que los enterraron, ella era casada, y una mujer casada, primero, no podía ser infiel a su marido, y segundo, no podía aceptar el suicidio.

El será un partidario de Büchner. Georg Büchner fue uno de los grandes escritores alemanes, que morirá a los 23 años. Y a los 23 años ya había escrito todo, se puede decir. Había dicho todo lo que pensaba filosóficamente, poéticamente y literariamente. Estas cosas que se dan en la Humanidad, muerto a los 23 años después de haber escrito tantas cosas hermosas. Como si el tiempo le hubiera alcanzado con sus 23 años para decir todo. Además, un rebelde, un revolucionario. Y eso es lo más interesante, tal vez, de él. Tenía las dos capacidades: el verdadero intelectual. No solamente el que escribe sino el que acompaña también a los que sufren, a los que luchan por su dignidad.

Y por supuesto, Hölderlin, que pasó más de 40 años en la locura.

Y es allí donde Rainer va a buscar también a su gran drama que es ser hijo de un asesino principalmente de niños.

En el juicio de Auschwitz que hizo el Estado alemán contra los verdugos de Auschwitz en los años 61/62… Porque no es como dijo el señor Eliaschev por radio, que los únicos que fueron juzgados fueron juzgados por los norteamericanos. Todavía se sigue juzgando. El Estado alemán, la justicia alemana sigue juzgando a criminales de guerra, a pesar de que los más jóvenes tienen 88, 89 años. Se los condena y van a la cárcel, no como aquí, que los mandan a Don Torcuato porque tienen más de 70 años.

Y ahí está el alegato formidable del fiscal Fritz Bauer, que señala que no puede haber obediencia debida para los crímenes de lesa humanidad. Un soldado que recibe la orden de fusilar a un niño debe negarse, aunque lo fusilen a él. Son imperdonables ciertos crímenes, por ejemplo el fusilamiento de una mujer embarazada. Realmente, el alegato de Fritz Bauer es uno de los más grandes documentos de la jurisprudencia moderna mundial. Yo mandé la fotocopia al Congreso de la Nación cuando se discutieron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, porque ahí estaban, realmente, todos los crímenes cometidos por la dictadura, y que fueron crímenes de lesa humanidad, como la desaparición de personas, el robo de niños, el quitarles los niños a las mujeres cuando daban a luz siendo prisioneras. Ningún diputado mencionó el alegato de Fritz Bauer, ni siquiera los justicialistas que votaron en contra de las leyes de Obediencia Debida y Punto final. Estaban en otra cosa. Recuerdo a Fernando de la Rúa, senador, muy nervioso. Se paseaba banca por banca para convencer a todos los senadores, y al final obtuvo el triunfo: obediencia debida y perdón y disculpas para todos los criminales que tenemos en nuestro país. Y a pesar de eso la población argentina lo votó a De la Rúa.

Yo soy historiador, pero esta temática realmente me llegó muy profundamente. Yo fui muy, muy amigo de Rainer. Primero la conocí a ella, después ella me lo presentó a él y fuimos muy, muy amigos, porque realmente su conversación a mí me atraía mucho, su sabiduría sobre todo ese período del romanticismo alemán, realmente me atrajo mucho, y nos unió mucho en cuanto a nuestros pareceres, a nuestros gustos. Por ejemplo, reconocíamos que Bach es el dios de la música, sin ninguna crítica, sin ningún punto en contra, pero el que más nos atraía por su romanticismo era Schumann. Y además, la locura de Schumann, eso de arrojarse al Rin para morir, la búsqueda de la muerte. Parecía también que Hölderlin y Schumann hubieran buscado la locura, para encontrar justamente el medio donde poder desarrollar sus verdaderos sentimiento. Eso nos atraía. El hacía conciertos, buscaba amigos músicos, cuartetos, y hemos pasado realmente momentos muy hermosos. Pero siempre la temática la temática en la que terminaban las reuniones era el ser hijo de un criminal de guerra.

Cuando hemos hablado juntos con él, él amaba mucho a su madre que había muerto ya, y no podía comprender cómo su madre podría haber sido la esposa y amante de ese verdugo de Auschwitz, de ese matador de niños y de gente inocente. Y no podía olvidar una escena que vio cuando tenía 7 años. Vio volver a su padre de Auschwitz con su uniforme de SS, llegó muy de noche y su madre salió a recibirlo y se quedaron besándose como media hora. El no podía comprender eso. El venía de la muerte, del asesinato diario, de la muerte de miles de personas, de familias, de jóvenes mujeres. Ellos vivían en Berlín, y el padre se trasladaba el sábado a la noche, llegaba a la casa. Y más todavía que había algo sexual en el encuentro de ellos dos, me decía él, porque su madre tenía una enagua muy transparente. Los detalles de su cabeza: ¿cómo podía recibir así a ese verdugo, a ese asesino?

Su búsqueda lo llevó a visitar a los pocos sobrevivientes, ex compañeros de su padre. En mi libro están las entrevistas que después me relató él, con esos viejos compañeros de su padre, esos viejos verdugos, que habían estado muchos años en la cárcel. Y también lo único que sabían decir era: “Pensar que nosotros cumplíamos las órdenes. No inventamos nada. Nosotros cumplimos las órdenes”. Es un poco lo que han dicho nuestros militares de teniente coronel para abajo, cuando han tenido juicios: “Nosotros cumplimos órdenes”. Es el mismo lenguaje el de todos estos asesinos uniformados.

Y también se mezcla lo argentino. Hubo jóvenes alemanes, en general fueron estudiantes de izquierda, que llegaron acá y empezaron a trabajar en las villas miseria, como Elizabeth Kaesemann, un caso que hemos tratado en una película. Y otros, como Claudio Zieschank, que fue compañero de mi hijo mayor en colegio. El fue becado y estudiaba en Alemania el primer año, y fue a Chile para llevar dinero para la resistencia contra Pinochet, y los chilenos lo denunciaron a los militares argentinos y aquí fue secuestrado. Yo sufrí muchísimo, porque ese muchacho era de lo mejor, de una limpieza espiritual impresionante y eso que venía de una familia nazi. Y ahí viene el problema. Por eso yo lo meto en el libro. Su madre había sido la líder femenina del partido nazi acá. Ella me vino a ver y me decía que no podía comprender cómo su hijo se había hecho guerrillero, porque “si es guerrillero es comunista –decía–. Y yo admito todo menos a los comunistas”. Tuve que hablar mucho con ella, diciéndole que no podía tener esa visión de su hermoso hijo, calificarlo ella de comunista. Discutimos mucho y siempre terminaba diciendo: “Claro, cómo no vas a hablar vos así, si vos sos comunista”. Me llamaba comunista a mí.

Y la cosa era el dolor profundo que sentía ella por la pérdida de ese hijo. Pero la mentalidad ideológica en que había crecido le hacía aparecer como si su hijo fuera judío, que su propio hijo hubiera salido judío. Comunista y judío es lo mismo para los nazis. Y realmente se fue a Bonn a ver si el gobierno alemán hacía algo. El gobierno alemán, por supuesto, no hizo nada, pese a que era socialdemócrata, porque justamente en ese momento Francia y Alemania vendieron gran cantidad de armas a Videla. Entonces no iban a perder el negocio. Esto está en el debate del Congreso alemán. Hicimos huelga de hambre con ella frente al Parlamento. Ella era maestra del colegio alemán de Villa Ballester. Y el colegio la deja cesante por ser la madre de un guerrillero. Vean el comportamiento de cierta parte de la sociedad en ese momento.

Hicimos una gran protesta y entonces el Instituto Goethe la tomó como profesora de alemán. Es una organización que depende de Alemania, y no como el colegio que depende de la colonia alemana.

Cuando regresé del exilio me vino a ver varias veces, hasta que se encontró el cuerpo de su hijo, los huesos, en el Río de la Plata. Entonces ella abandona todo y cae en una enorme tristeza y muere poco tiempo después. Pero jamás se mostró orgullosa por la actitud, la valentía de su hijo, por haber traído dinero de Alemania para la oposición antipinochetista. Qué gesto noble, jugar su vida para ayudar a los que estaban en la oposición contra esa miserable dictadura.

También traigo ese episodio, porque cuando ella llegaba a Berlín nos uníamos, de alguna manera, y podíamos ver las distintas reacciones. Rainer que se avergonzaba de su padre verdugo, y la madre de Claudio que se avergonzaba de su hijo revolucionario.

Yo les voy a leer algunos trozos para darles una idea de cómo está escrito.

“A la mañana siguiente, cuando ya era muy profunda la amistad con Minou, a Rainer ya no le importó que lo vieran en la librería berlinesa comprando los dos tomos del juicio de Auschwitz. Pensó primero en ir a leerlo al café París. Pero no. Quería leerlo él solo, sin que nadie lo mirara. Más todavía, con la ventana cerrada y apenas una luz prendida.”

Las actas del juicio de Auschwitz han sido publicadas en dos tomos, y es muy interesante leerlos, principalmente por los argumentos de los abogados de la defensa de los criminales.

“Se pasó horas. No atendió el teléfono. Marcó partes del libro e hizo anotaciones en un cuaderno. Bebió algo y siguió leyendo. Pero la lectura amenazó hundirlo la desesperación o en la incapacidad de reaccionar. Por eso hizo un supremo esfuerzo para liberarse del magnetismo de esas páginas. Trató de ordenarse y de dar un sentido racional a todo lo que estaba haciendo y se dijo: ‘No puedo empezar por el final’.

A la noche le habló a su hermana y le preguntó si podía ir a visitarla. Erna, la hermana, le respondió que podía pasar cuando quisiera, que lo esperaba.”

Es decir, mientras él va progresando en su antinazismo, la hermana Erna va a seguir fiel a su padre y a su madre, y por eso se veían muy poco. Pero aquí Rainer fue a verla, porque tenía necesidad de hacerlo.

“Cuando llegó estaba la cena preparada, tal cual lo hacía la madre. Cuando Rainer vio la mesa preparada así no pudo menos que sonreírle a Erna agradecido. Después de comer y de hablar de recuerdos…” El presente no se tocó en ningún momento, porque Erna no le perdonaba a Rainer que tuviera como amante a una judía.

“Después de comer y de hablar de recuerdos Rainer le dijo que le gustaría ver todo lo que había salvado de la casa materna en libros, en folletos, en cartas.

–Si hay algo –le dijo la hermana–, y hay mucho, se lo debemos a la previsión de mamá, que en las últimas semanas de la guerra le fue dando cosas a la madre de Berltot Schneider. Primero ella y después él conservaron todo como algo sagrado, y luego me lo devolvieron a mí, cuando ya lo de papá hacía años que había ocurrido y no se produjeron más allanamientos.

Estaban los clásicos libros nazis. Mein Kampft, en una edición muy bien encuadernada. Estaba El mito del siglo XX, de Alfred Rosemberg. Luego, muchas publicaciones nazis de la Argentina de la década del 30 y antes.”

La de Rainer era una familia que había estado en Argentina, y se habían trasladado en el año 37 a Alemania, llamados por esa línea ideológica que hizo que miles de alemanes que vivían en Argentina se fueran a Alemania para servir al régimen nazi. Y también las publicaciones que se hicieron después del 46, cuando el neonazismo convirtió a Buenos Aires en su capital. Son increíbles las publicaciones en alemán en Buenos Aires después del 46.

“–¿Hay cartas? –le preguntó Rainer.

–No, cartas no. Salvo alguna que otra cosa. Pero más bien quedaron impresos del Club Alemán de Belgrano, o del Toitonia del Tigre. Pero cartas privadas no. Todo eso lo destruyó mamá antes de mayo del 45.

Rainer volvió a tocar una y otra vez libros que reconocía haber visto en la biblioteca de la casa de Belgrano, y los fue poniendo aparte a todo aquel que reconocía. Estaban viejos, amarillos, pero miraban hieráticos. Olían a algo de teología católica.

El pueblo en armas, de Cleo Player, era el más nuevo de todos. En la primera página, la foto del autor en uniforme de la Wermarcht, con el epígrafe: ‘Caído el 26 de marzo de 1942 en un ataque en el Este’.”

Verá la colección de Der Deutschen in Argentinian, una publicación que se hizo durante doce años acá, que quiere decir El alemán en Argentina, una publicación absolutamente nazi. Y la revista nazi de por sí, que se llamaba Der Trombler, que viene a ser El Tamboril, la revista del partido nazi en Argentina. Y El camino, El sendero, la revista que se publicó en Buenos Aires después de la derrota. Esa revista trató de levantar lo ilevantable. Muy bien hecha, con papel de lujo, con muchos intelectuales alemanes nazis que vinieron a Argentina a buscar refugio. Y uno se pregunta de dónde sacaron el dinero.

“Volvió a la casa Rainer e iba a releer los libros traídos de la casa de su hermana, pero nuevamente se sintió atraído por los dos tomos del juicio de Auschwitz. Volvió a comenzar donde había dejado sin saltear nada. Fue marcando ciertos párrafos, y luego volvió a leerlos. No le importaba en sí cuántas cámaras de gas o cuántos judíos por día, o la rampa, o las formaciones ni los procedimientos. Pero sí a Rainer le interesaban ciertos detalles. Por ejemplo, a un trozo lo leyó diez veces, cada vez más metido en el horror.”

Y ahora viene la transcripción de las actas de Auschwitz.

“‘Después del llamado de la mañana los presos se apresuraban a llegar a las letrinas. Era una construcción de hormigón sobre el piso con agujeros. De 200 a 300 prisioneros podían tomar lugar al mismo tiempo. El comando de letrina vigilaba que nadie ocupara demasiado tiempo el agujero. Los guardias golpeaban con palos para apurar a los detenidos. Pero para muchos no iba tan ligero, y a algunos, por el esfuerzo, se les salía el recto. Cuando el comando de letrina venía a golpearlo salía corriendo o se ponía otra vez en la fila de los que esperaban. Papel no había. Si alguno tenía una chaqueta con forro, rompía un pedacito para limpiarse.’

Esto para Rainer superaba toda la imaginación en cuanto a humillaciones. La crueldad con las necesidades humanas. La crueldad con la necesidad, se repitió Rainer. Esto es ya insoportable. Se levantó y gritó:

–Me avergüenzo de ser cristiano, de ser alemán, de ser humano. Bestias, bestias. Yo soy una bestia, el hijo de la bestia que golpeaba a los judíos en la letrina. Bestia. Yo soy el jefe del comando de letrina. Bestia.

Se exaltó de tal manera que comenzaron a temblarle las manos. Se sentó. Puso la cabeza entre las manos y llegó luego al borde del llanto cuando puso el Concierto Nº 1 de Bach a toda potencia.

Así fue perdiendo el rictus en la cara. Otra vez podía creer en algún hombre, en la Humanidad. La música de Bach lo iba a curar de la experiencia que acababa de vivir. No había otro antídoto. Se tiró en el sillón y escuchó atentamente cada sonido hasta olvidar completamente las letrinas de Auschwitz.”

“(…) Esa tarde Rainer leyó en las actas del juicio de Auschwitz todo sobre el ex general Gerstein, que asistió en el campo de concentración de Belzec a un experimento de gasificación. En esa oportunidad, el Auschstung fuhrer birt (un cargo como si fuera capitán de la SS), le preguntó si era mejor hacer morir a la gente en las cámaras de gas a oscuras o con luz.”

Fíjense en el detalle: qué precisos eran.

“Fue cuando Gerstein vio a una pequeña niña judía que lloraba porque había perdido su collar de coral, y que poco después se lo trajo un chico, que se quedó mirándola con gozo ante la alegría de ella.

Rainer marcó el párrafo. Cerró el libro. Puso el trío para piano, violín y cello de Fitzner, tal vez su música más escuchada a pesar de las críticas contrarias de tanto musicólogo. Pero en esa música estaba todo, en especial su niñez, y en esos sonidos volvía a encontrar a Schumann, más intemporal. Hizo como tantas veces. Apagó la luz y empezó a mirar en la oscuridad, a desaparecer con ella. Y sólo pudo pensar en la chica judía en el campo de concentración de Belzec, que lloraba por su collar de coral perdido.

Rainer pensó que tal vez fue la última vez que ella lloró. Después le esperaba a ella y su familia la cámara de gas. Pero la niña lloraba por su collar de coral, no por otra cosa. Y Dios creó la escena. El chico que encontró el collar vino a dárselo y gozó con la alegría de ella, también antes de morir.

Alegrarse por un collar de coral en el instante supremo. Ahí, en el último rincón de lo abominable, de la cobardía, de la bajeza, en las cámaras de gas para eliminar a seres humanos, la niña volvió a tener su collar de coral.

Después tuvo que dejar su querido collar y su vestidito y entrar desnuda a la cámara de gas de mano de su madre. Una niña sin su collar de coral iba a la muerte.”

“(…) Al anochecer de ese día Rainer retomó el primer tomo de los documentos de Auschwitz, pero no pudo pasar de las declaraciones de Sviderzka, un suboficial del campo de Bikenau. Este contó como una vez llegó un transporte con judíos de Eslovaquia, y una judía internada en el campo reconoció que entre los recién llegados estaban su madre, su padre, su abuela, una tía y su joven hermana. Esta traía una niña en brazos: su hijita, su propia hijita. La judía internada hizo señas desesperadas a sus parientes que llegaban para que a la niña la tomara en brazos su abuela, y no siguiera en los de su joven madre. Así se hizo. Esta, la joven madre, le pasó la niña a la anciana, e inmediatamente vino la selección. Todos los viejos y los niños fueron llevados directamente a las cámaras de gas. Así salvó la vida de su joven hermana, que fue destinada a trabajar.

Los nazis no querían mujeres con niños, sino mujeres jóvenes solas para que trabajaran. Si hubiera continuado con la hiña en brazos habría sido destinado directamente a la muerte. Es decir, igual que el padre, la madre, la abuela, la tía y la niña, su propia hijita. Y con ese cambio se salvó ella. Por lo menos por algún tiempo. La enviaron a trabajar. La niña entró a la muerte en brazos de la abuela.

Ahí se detuvo Rainer. Era la primera página que leía esa noche. Recurrió a la vieja medicina de poner música de Fitzner para lograr su equilibrio. Esta vez puso la Sonata para violín y piano Opus 27. Escuchó en absoluto silencio, pero la escena fue tapando la música. La abuela que llevaba en brazos a su nieta a la muerte. El rostro de la pequeña con la curiosidad de niña. ¿Habrá llorado? ¿Habrá reído? ¿Habrá abierto sus ojos? No está registrado. Nadie jamás le podría dar esa información a Rainer.

Pero iría a Bikenau, al ex campo de concentración para ver si podía descubrir el dato en el dibujo de las nubes o en la tranquilidad de la tarde, o en el aburrimiento del cuidador del museo. Nadie ya le podría dar ese dato. La joven madre, sin saberlo, entregó su hija y salvó así su propia vida. Por el momento. No para salvar su vida. Para vivir algunas semanas más, unos meses más. Tal vez un año más, trabajando hasta morir o hasta la esperanza. Tal vez se salvó y entonces pensó toda su vida en su hija.

La niña en los brazos de la abuela.

Rainer creyó que la niña tenía los ojos de Minou. Algo de espera, algo de gozo, algo de porvenir.”

Rainer fue a comprar flores para la fiesta que iba a dar a la noche, y dice: “Luego se fue al escritorio a repasar los dos tomos con poesías de Hölderlin, el poeta de Tubinga. Pero ahí estaba abierto el libro de Auschwitz y quiso cerrarlo. Un magnetismo especial lo atrajo, tomó el libro y se puso a leer en las páginas que estaba abierto. ¿Lo había él dejado así, o alguna ráfaga de aire lo colocó justo en esas páginas? Leyó algo que tuvo que releer varias veces. Es el testimonio de Gottland, uno de los destinados –un oficial de las SS– a hacer la selección de los judíos que llegaban en trenes.

Relata en su declaración: ‘Una vez, a la llegada de uno de esos transportes estaban todos muertos. El tren venía de Rutenia o de Ucrania. Tuvimos que trabajar tres días para desalojar de cadáveres a los vagones. El transporte había estado entre diez a doce días en camino. Sólo una niña, tendría unos 7 años, vivía todavía y estaba entre los brazos de su padre muerto.’

La imagen conmocionó a Rainer. La niña viva entre los brazos de su padre muerto. ¿Qué esperaba? ¿Estaba resignada o así se sentía protegida? ¿Qué habrá pensado de los seres humanos ella en medio de cadáveres, todos los cadáveres del mundo?

Rainer quería hurgar cuál habría sido el sentimiento de la niña en esa situación, pero nunca iba a poder descifrarlo, ni ningún poeta del mundo podía hallar ya la clave.

¿Cómo habrá mirado la pequeña al abrirse los portones del vagón?

No, en el protocolo del juicio no había más datos, salvo el hecho de que la niña había tenido el mismo destino poco después que todos los cadáveres.

¿Y por qué a él, Rainer Sturm, no le interesaban los cadáveres sino la niña, sólo la niña?

Sí, Rainer se dio cuenta de que perdía el juicio y salió, porque se ahogaba. Dejó todas las puertas abiertas y caminó kilómetros, y otra vez miró todos los rostros a ver si en ellos encontraba algún sentido de la vida. ‘Todos perros sanguinarios mansos’, iba diciendo en voz alta cuando se aproximaba alguien. A los niños no los miraba, se cruzaba enfrente desafiando todos los peligros del tránsito.

Rainer hubiera querido llorar para sanarse, pero no podía llorar. La única manera, entonces, era regresar a leer indefinidamente a Hölderlin. El poeta le iba a dar la solución, lo iba a salvar, porque para vivir le hablaba de la muerte.”

Es el seguimiento que va haciendo Rainer, que ya está hipersensibilizado, cuando lee las actas de Auschwitz.

“Leyó en voz alta el testimonio de un cargo en Auschwitz. Dijo: ‘En un día del otoño de 1943 bien temprano observamos que en el patio, en la pared de galpón 11 se hallaba una pequeña niña. Tenía un vestidito rojo bordó y dos pequeñas trenzas. A sus manos las tenía pegadas a los costados, disciplinada como un soldado. De pronto miró hacia el suelo, se agachó rápidamente y se lustró los zapatos con la manga. Luego volvió a mantener su posición anterior. De pronto salió del galpón el SS encargado de la oficina política. Tomó a la niña de la mano. Esta lo acompañó muy solícita. Era huérfana, polaca. Sus padres habían sido muertos uno o dos días antes. Y la niña corrió la misma suerte que sus padres’.
Llevaba puesto un vestidito rojo bordó. Tenía sus manos pegadas a sus costados como un soldado. El Perro sanguinario –como llamaban al padre de Rainer–, dijo en voz alta Rainer. Allí se dio cuenta que entraba en la locura de la cual ya no iba a poder salir.

Una niñita con un vestido rojo bordó es llevada a la cámara de gas.

Rainer ya no podía retroceder. Necesitaba de la locura para poder vivir, o la buena muerte, para olvidar, para poder leer a Hölderlin en la nada. Nada tenía sentido. ¿Qué felicidad podía encontrar, si lo seguiría siempre la niñita con el vestido rojo bordó del patio del galpón 11 de Auschwitz?

Sí, rojo bordó. Pero los ojos eran de Minou, de su amada Minou. Si la tuviera a su lado la acariciaría y le besaría los ojos. Le hablaría por teléfono para que siempre lo visitara de rojo bordó.

Tuvo ganas de llorar desconsoladamente. No pudo. Llorar era muy fácil. Mejor tenía que recordar, imaginar cómo la niña tuvo la misma suerte que sus padres polacos. Se imaginó sus ojos ya en la cámara de gas y su vestidito rojo bordó en el montón de las vestimentas de los inmolados.

Salió a la calle Rainer. Fue hasta el parque para poder mirar el cielo. Estuvo horas allí hasta que lo saludaron las estrellas y él fue repitiendo sus nombres una y otra vez. Y se dijo: ‘Por fin la locura’.”

Y ahora una cosa muy breve sobre un experimento de Menguele.

“Cuando llegó a Berlín, a su casa, Rainer, pasada la medianoche, se lanzó sobre las acta del juicio de Auschwitz y encontró por qué tenía los mismos ojos color azul que su padre. Eran las declaraciones de la médica austríaca Ela Lingest, de 55 años, funcionaria del Ministerio austríaco de Asuntos Sociales y médica de las presas de Auschwitz entre el 20 de febrero de 1943 hasta el 10 de diciembre de 1944. Textual. Dice ella: ‘Me acuerdo de la pequeña Dagmar. Ella nació en Auschwitz y estuve ayudando en el alumbramiento. La pequeña Dagmar murió después de que Menguele le dio inyecciones en los ojos porque él estaba intentando el cambio de color de los ojos de los seres humanos. Estaba planeando que la pequeña Dagmar recibiera ojos azules’.”

Evidentemente, la locura atroz del racismo le llevaba a Menguele a hacer esos experimentos para después hacer en gran medida que todos los alemanes pudieran tener ojos azules como los antiguos germanos. Entonces hacía esos experimentos.

Y ya estamos llegando a la parte final.

Rainer no ve otra salida, dado que no puede sacarse más  de encima esto de que es hijo de Perro sanguinario. Los diarios siguen trayendo todos los días documentos de los diversos campos de concentración donde estuvo el padre, el Perro sanguinario. El todos los días puede leer un comunicado donde se nombra a su padre. Había pasado a ser un hombre de la actualidad alemana. El, el famoso director del Festival de Berlín.

El no vio otra salida. Pensaron en alguna isla en el Pacífico donde nadie los conociera, pero él sabía que se iba a llevar las actas de Auschwitz y que no iba a encontrar paz tampoco en esas islas. Entonces piensa en la muerte. Piensa en la muerte como su poeta preferido Hölderlin, y como Von Kleist. Y cree que ellos dos, Rainer y  Minou, van a encontrar realmente la felicidad en la muerte, porque en el momento de la muerte van a llegar a ser uno. Uno solo.

Y entonces cuando se citan los dos ella presiente que él le va a proponer el suicidio conjunto. También a orillas del lago, para estar junto a su poeta preferido, Von Kleist. Entonces ella falta a la cita, y él le escribe esta carta:

“Mi querida Minou: no sabes lo cerca que me siento de ti. No puede haber ya más aproximación entre dos seres como la hay entre nosotros.

Es que estamos decididos a emprender un camino increíble, grande, extenso, amplísimo, interminable. Nos despojaremos de nuestra carne y ya seremos una sola persona.

Sé que si tú lo haces es porque no puedes soportar la tragedia que ha sufrido tu pueblo, los niños, los adolescentes. Y que para ti vivir sería solo el buscar una reivindicación que nunca puede llegar. Todo lo demás sería nada más que un lamento, un repetir de lamentos de toda la historia. En cambio así tú podrías darles alcance a todos los que vivieron ese momento horrible. Y yo seré tu compañero, buscando olvidar todos los crímenes de los ejecutores. Olvidarlos definitivamente encontrando a sus víctimas.

Allá donde vamos no hay verdugos. Los verdugos seguirán deambulando eternamente por la tierra con el gesto del que se quiere justificar. ‘Por obediencia debida señor, nada más que por obediencia.’

¿Te imaginas, Minou, ya sin necesidad de tener que salir a la calle y encontrar los telones ante los cuales pasaron y siguen pasando y seguirán pasando víctimas y victimarios? No, allí sólo vamos a encontrar una atmósfera azul.

Imagínate el significado de mi protesta contra todos los que me quisieron envolver en el pecado. Y el tuyo, de grandeza, pero también de íntima protesta de que yo soy tan culpable como vos porque nos pusieron en la vida y comenzamos a marchar de acuerdo a todas las influencias de la sociedad.

El hijo del nazi con la judía libre de religiosidades y nacionalismos. La nueva Humanidad iniciada en ese paso que parece definitivo y no lo es. Ahí comienza el ejemplo. A elaborarse en tierra el por qué de ese paso, la grandeza de ese paso. Y en nosotros, el amor. Al pasar a ser juntos un ser en el momento definitivo empiezo a conocerte para siempre.

¿Me entiendes, Minou? Poder decir la palabra ‘definitivamente’. Nuestro amor empezará a ser definitivo.

Nadie, nadie, nadie, nos podrá separar. Nuestros nombres van a estar siempre juntos, como los de  Von Kleist y su amante Henriette Vogel.

Y escucha esto: Von Kleist le escribía a su parienta Mari, acerca de Henriette Vogel, la mujer que lo iba a acompañar en la muerte elegida. Le decía: ‘He encontrado una amiga cuya alma vuela como un joven águila, como yo todavía no había encontrado nada parecido en mi vida’. Así escribía Von Kleist.

Los dos, Henriette Vogel y Heinrich Von Kleist pasaron la noche del 20 de noviembre de 1811 en una posada cercana al lago Vance. Allí cenan y escribirán cartas. Al día siguiente desayunan y luego caminarán hacia el lago unos 50 pasos. En ese lugar, con el consentimiento de ella, Heinrich disparará un tiro a la altura del pecho izquierdo de Henriette que le atravesará a ésta directamente el corazón. Luego Heinrich, de un balazo, se atravesará el cerebro a través del paladar. El tenía 34 años, Henriette 31. Los dos todavía hoy descansan en una tumba en el mismo lugar en donde murieron.

Minou, tú eres mi joven águila. Demos el gran salto. Caeremos en el vacío sin jamás llegar, pero abrazados para siempre, bebiendo nuestra respiración y soñando a través de nuestros ojos. Si no lo hacemos sufriremos en esta vida para siempre. Seremos esclavos del día, seremos aterrorizados durante las noches.

Vivamos, Minou. Tomaré el papel de Heinrich, te veré ya dormida y luego te seguiré en el vuelo.

Minou, amor mío, hagamos nuestras nupcias nosotros mismos y para siempre.

Mi amor, te quiero. Tus ojos, tus cabellos, tu boca, tu cuerpo, tu voz, tu sueño, tus pasos. El brillo inigualable de tu piel. Tu calor.

Amor mío, ven, dame la mano. Yo te llevaré.”

Ella tenía que visitarlo a él después de recibir la carta pero no va. Ya había sacado un pasaje y se viene a la Argentina, y le deja esta carta:

“Mi amor, Rainer, no podré estar contigo esta noche. Me ausento a Buenos Aires para iniciar la producción de mi próximo film. Sé que hago mal, pero no puedo de otra forma. Quiero la vida Rainer mío, quiero la vida antes de la muerte, y no la vida que me prometes después de la muerte.

Comprendo toda tu sensibilidad. Te admiro. Eres muy profundo. Pero no eres de este mundo. El sufrimiento te ha ido llevando a caminos que no puedo compartir. Nunca olvidaré las horas tan intensas en todo sentido que pasamos juntos. Nunca podré querer tanto a nadie como a ti, Rainer, pero soy un ser terrenal.

Tú quieres hacer una conjunción del alemán que paga la tragedia con la judía que ya pagó la tragedia con la suerte de su pueblo.

Ojalá no hagas lo que pienso tienes ya decidido. Me gustaría al volver, tal vez dentro de un mes, encontrarte para salir a pasear por los parques de Berlín y hablar de Schumann, de Hölderlin, de Kleist.

Recuerdo tu mano, recuerdo tus labios. Siempre te seré vivo. Sé que regresaré y me estarás esperando.

El abrazo tierno y eterno de Minou.”

Las últimas páginas serán para cerrar el libro, ustedes se imaginan cómo termina.

Los que lo conocimos sentimos una especie de nostalgia. No protestamos entre nosotros. No hubo quejas, pero nos sentimos de pronto incomprendidos por la vida. ¿Por qué eso así? ¿Por qué un alma tan noble tenía que por su sensibilidad pagar los horribles crímenes del verdugo que era su padre? Y pensé en ese momento también en los hijos de nuestros criminales de la desaparición de personas. ¿Qué pensarán? A algunos no les importará. Habrán leído declaraciones del hijo de Videla, que está muy orgulloso de su padre.

La hija de Goering, su única hija que era bastante niña cuando su padre se suicida en Nuremberg. Jamás tuvo amigos. Iba a la escuela sola y volvía sola. Vivió siempre sola, sigue viviendo sola. Trabajó en un consultorio dental, se jubiló y sigue viviendo sola. Jamás ha aceptado un reportaje, se defiende de los fotógrafos. El hijo de Bormann, del que era el lugarteniente de Hitler, se hizo sacerdote misionero en Africa, en el país más peligroso de Africa, donde estuvo más de una década hasta que encontró un amor y volvió a Alemania y vive en pareja, ha tenido hijos. Ha escrito un libro maravilloso sobre sus experiencias, ha escrito contra el nazismo muy claramente, pero jamás ha escrito una línea contra el padre. Al hijo de Hans Frank, el gobernador nazi de Polonia, no le alcanzan las palabras para maldecir a su padre. Es un muy buen periodista. Cuando le preguntan por su padre siempre responde. Dice que su padre era un miserable, un asesino, un tipo de bajos institutos. Relata anécdotas del padre. “Yo me acuerdo muy bien –relata– en Varsovia los banquetes que hacía en medio de la guerra. Veíamos pasar por la ventana los polacos muertos de hambre, y ahí las mesas que desbordaban de vinos y de manjares.” Hay que pararlo porque si no habla toda la noche contra el padre; no puede sacarse de encima esa maldición de ser el hijo de Hans Frank. En general todos los hijos de los nazis pasaron una vida escondida, en oficios muy pequeños. Algunos ni se han casado. Ellos han pagado desgraciadamente los pecados de sus padres.
No sé qué pasará aquí. Nuestra sociedad es distinta. Los vemos a todos libres o en cárceles de lujo. Videla está en su edificio de la calle Cabildo, por las dudas muy cerca de la Iglesia Castrense, así que se va a ir muy directamente ahí donde piensa él.

En nosotros triunfó la obediencia debida y el punto final. Alfonsín, que sigue teniendo poder, mantuvo presos a los presos de la dictadura, condenados por los jueces de la dictadura. Fueron condenados a prisión perpetua en juicios brutales y erróneos. Y los mantuvo hasta que se cumplieron las dos terceras partes de la pena. Pero a los asesinos, a todos l os acusados de los peores crímenes quedaron en libertad y siguen en libertad. Eso es lo que hizo nuestra democracia. Y tal vez también muestra nuestra debilidad, que los dejamos hacer.

Voy a leer una pequeña cosita que hice sobre el escrache, que creo que fue publicado por la revista de Hijos. El escrache, porque todavía nos quedan algunas armas contra esos asesinos de lo peor. Cuando pienso que estos verdugos miserables, una cosa hasta mecánica, llega el tren, aquí esto, aquí lo otro, dejar la ropa… Pero éstos, los nuestros, torturaban cuerpo a cuerpo, veían sufrir a la víctima, o estaban allí cuando la presa embarazada tenía a su hijo y se lo quitaban. El placer de estos tipos… No quiero de ninguna manera disminuir lo terrible que fue esta mecánica del Holocausto, pero visto privadamente, hay que ser realmente maligno en todo sentido, como fueron estos torturadores y desaparecedores argentinos.

“Está de moda actualmente eso del escrache sí o el escrache no. –Me llamaron como diez radios para ver si estaba a favor del escrache o no–.

Aquellos políticos e intelectuales que dicen ‘yo estoy contra el escrache’ quedan bien ante la opinión pública. Son los denominados políticamente correctos.

Es que la pregunta debe ser: ¿por qué existen los escraches? ¿cuál es su origen?

Decir pomposamente ‘yo estoy contra toda violencia’ queda muy bien. Los de siempre aplauden. Pero la violencia existe y es creada en casi todos los casos por los que tienen el poder en sus manos.

La organización HIJOS me vino a pedir si no podía hablar en el escrache que iban a hacer en la residencia del general Arrillaga. Pensé y luego dije: ‘Sí, voy a hablar’. ¿Y por qué? Porque callarme hubiera sido una cobardía. En cambio, la denuncia en la calle era un acto de justicia contra el comportamiento de los poderes públicos hacia uno de los peores verdugos, el autor de la famosa Noche de las Corbatas en Mar del Plata, que llevó al secuestro ilegal, la tortura y el asesinato de los abogados de derechos humanos de esa ciudad durante la dictadura militar.

Las crónicas pueden leerse en el Nunca más. El monstruoso personaje fue perdonado por las leyes de nuestros corruptos políticos, y luego, como si fuera poco, Alfonsín le ordenó precisamente a ese general que reprimiera el alzamiento de La Tablada. El general demostró entonces que era capaz de seguir con su trayectoria sangrienta, pero esta vez ya en plena democracia. Pese a que el jefe de la Policía Federal, comisario general Pirker señaló que a los incursores de ese cuartel se los podía vender y apresar con las compañías de gases lacrimógenos, Arrillaga, el general, vio el momento de mostrar toda su gratuita crueldad y cobardía. Empleó tanques, gases venenosos, fuego cruzado de artillería, destruyó el cuartel, hizo desaparecer prisioneros, los torturó, hubo fusilamientos, y también desaparecidos.

Todo el partido gobernante se calló la boca, lo mismo la oposición. Y el juicio fue tan parcial que fue objetado por derechos humanos de la OEA. El juicio a los presos de La Tablada.

Por todo eso acepté a hablar en el escrache al monstruo uniformado ante su lujosa residencia. Vive a cuatro cuadras de mi casa.

El inculpado contestó con el silencio, el refugio de los cobardes. Claro, si este señor es encontrado en la calle por alguno de los familiares de las víctimas, y es escupido, golpeado, o hasta se atente contra él, sólo podría decir yo: estaba predicho. Cuando no se hace justicia con la violencia de arriba, saltará de alguna manera la indignación del maltratado.”

Asistente

Me preocupa más, antes que hablar sobre el personaje, es que nosotros, en realidad, estamos viviendo entre los asesinos.

Tuve la experiencia con una tía, que estuvo internada en el Hospital Militar, porque fue esposa de personal civil. Y no podía entrar en ese hospital, además de que estaba paupérrimo. Pero sentía que los que estaban internados ahí, por ese pacto de sangre, de silencio… Yo creo que es un tema, esta convivencia. Es un pensamiento que tengo previo a la lectura del libro.

Asistente

Me parecía importante esto de la crueldad de la necesidad que planteabas con respecto a este ritual y orden que establecían en el momento en que iban al baño. Por la actualidad que tiene eso. En este momento hay una crueldad con la necesidad cotidiana del alimento de una cantidad enorme de gente. El episodio vivido en Formosa, donde no les daban esos miserables 150 pesos, y encima no les dan 150 sino 120, alguien se queda con los 30 pesos. Y hoy no les daban ese dinero, y planteaban que lo necesitaban para las cosas básicas, la leche, el pan para los chicos.

Que Duhalde vuelva a poner un ministro que va a hacer la misma política que Remes Lenicov con el Fondo, es como seguir en una cuestión de crueldad de la necesidad del otro, y cada vez los necesitados son, somos más. Porque llega un momento en que a todo nivel, no sólo a nivel físico, uno queda como en una situación de desvalimiento absoluto.  Esa situación que se ha dado en aquel momento en Alemania, muy bien tratado en la novela, se dio con respecto a gente que había estado en Argentina en distintos momentos, en distinta situación, como se dio en Chile, como se dio en Uruguay y cómo continúa…

A mí lo que más me pone mal es cómo continúa infinitamente, como que no se para nunca. Lo que planteabas de Sharon. Lo que decías recién con respecto al ser humano, como que hay una crueldad sobre la necesidad que es algo que uno, como psicoanalista, tendría que trabajar más sobre eso. Una cuestión de sadismo metido… Porque para funcionar de esta manera en que se está funcionando como se muestra en este libro, y como se funciona en la actualidad aquí mismo y en otros lugares del mundo, además de ideología política hay que tener una crueldad a nivel subjetivo. Y crueldad exactamente sobre la necesidad del otro, sobre aquello que el otro más necesita.

Bayer

Es la crueldad del poder.

Asistente

Claro. Pero cómo se da a nivel personal me llama la atención. En este libro se ve muy claro todo eso. Cuando él va a ver al amigo del padre, por ejemplo, que vive encerrado con su mujer, que justifica totalmente todo lo que han hecho. Un regodeo en una crueldad con la necesidad del otro.

Osvaldo Bayer

¿Me repetís lo que decías? Lo del Hospital Militar…

Asistente

Hago una reflexión, la hago a todos. Todos estarán participando en algún lugar donde se estén debatiendo las cosas, una asamblea en el barrio, cada uno en lo suyo. Y estamos haciendo como un aprendizaje de cosas. ¿Por qué Osvaldo no escuchó? Porque después que yo dije algo, vos saliste con otro tema, quizá más importante. Pero se trata de escucharnos y poder dar tiempo.

¿Por qué no construimos algo? No importa el lugar en que estemos reflexionando, si es éste, o una asamblea. A mí me cuesta en la asamblea de mi barrio escuchar.

Vos no pudiste responderme porque apareció otro tema. Yo lo que planteaba es que estábamos viviendo entre asesinos. Porque toda la gente que mató, torturó, está suelta. Yo lo sentí en el Hospital Militar. O en mi barrio…

Osvaldo Bayer

Lo que vos explicás, la impunidad de los asesinos, es todo producto de que nunca hemos tenido democracia. Cuando empiezo con el señor Yrigoyen, donde ocurre la Semana Trágica, donde hay, según distintos historiadores, entre 600 y 700 muertos… Pero jamás se dio por aludida la justicia. No intervino la justicia. Los jueces no leyeron los diarios de esos días. El presidente de la Nación cerró la puerta y no dijo nada, y en el Congreso de la Nación no hubo un solo diputado que llamara y le pidiera informes al ministro del Interior. Se tapó, y eso que era un gobierno elegido por el pueblo.

Lo patético que es nuestra denominada democracia. Tenemos 86 años de democracia: 14 presidentes civiles y 14 dictadores, 14 militares. Fíjense la democracia que tenemos. Hemos tenido sólo dos partidos políticos en este enorme período. Esos partidos políticos aceptaron, por ejemplo, ser elegidos en elecciones donde ellos eran los únicos representantes porque el peronismo estaba prohibido. Ningún respeto a la democracia en sí. No dijeron: Aceptamos, pero en un mes llamamos al partido peronista a votar con nosotros. No. Seguían gobernando ellos solos estando el otro partido prohibido.

Los generales se levantaron cuando quisieron. Ni Yrigoyen, ni los demás que sufrieron golpes de Estado, ninguno se propuso organizar la sociedad de manera de hacerle imposible al Ejército levantarse. Se levantaron cuando quisieron. Después de ejemplos como el de Uriburu, o ejemplos terribles, como el de Onganía. Siguieron levantándose o cambiando de presidentes entre ellos. Una falta de respeto absoluto a la Constitución y a las leyes. Subía un gobierno civil y no condenaba nada de eso que había ocurrido.

Todos huyeron los presidentes argentinos cuando hubo un golpe. Ninguno enfrentó. El caso de Yrigoyen es increíble. Se levanta este general Uriburu, se decía que era de ideología prusiana, se levanta con el Colegio Militar, que serían 500 muchachos, y el presidente de la Nación  raja, se va, deja la Casa de Gobierno, se va con su chofer. Primero no se sabía dónde iba. Después termina en el Regimiento 7 de Infantería, en La Plata. Renuncia ante el teniente coronel que no sabía ni qué hacer, si recibir la renuncia del presidente o no. ¿Por qué justamente a él le tocaba eso? Primer presidente democrático va a renunciar indeclinablemente a un cuartel ante un oficial de segunda categoría. Fíjense el significado de esto. No se le ocurrió llamar a sus huestes radicales, llenar la Plaza de Mayo y resistir al Colegio Militar. No. Se fue. Fíjense qué vocación democrática.

Lo mismo pasará con Perón. El tenía la facultad de llamar a la CGT adicta a él, a todos los sindicatos, llena la Plaza de Mayo, pone dos millones de personas y vamos a ver si entran Lonardi o el almirante Rojas. No. Se va. Estas cosas… no sé si son propias de nosotros los argentinos, estas cosas tan mezquinas… Se refugia en una cañonera paraguaya a la que le estaban arreglando el ancla. Lo mismo pasa con Frondizi, lo mismo pasa con Illia, levantado por todos como el gran presidente democrático, y vez de resistir, él, que era un viejo, y demostrar que por lo menos alguien defendió la Casa de Gobierno, apenas llega el general Alsogaray y le dice que lo va a sacar con la brigada de gases, el Presidente de la República dice “Bueno, voy a pedir un coche de alquiler”. Y se va en un coche de alquiler.

Hay un desprecio, una cobardía, una falta de coraje civil en toda esta trayectoria de la democracia argentina. No hay ninguno que hace como Allende, que dice “De acá no me voy, de aquí no me van a saca”. Es un gesto para aplaudir, para aprender.

Y los generales que se pelean entre sí, las luchas callejeras de diversos grupos militares, como en 1963, que de paso le pegaron un cañonazo a un local de Juan Manuel Fangio y hubo una protesta formal de la embajada alemana. Se peleaban y se cambiaban entre ellos. El general Levingston, que reemplaza a Onganía con la ayuda del coronel “Tú” Guevara, el general golpista. El “Tú” Guevara para diferenciarlo del Che.

Los cambios de militares entre sí. Lanusse. Después llegamos con toda esperanza, de todos los queridos amigos que lucharon tanto, llega Cámpora al poder, y se previó una segunda república por fin. Habían podido por fin presentarse los peronistas, hubo una elección, fue electo por muchos votos, y durará apenas 41 días todo ese sueño. Y es reemplazado por un tipo que mueve a risa, por Lastiri. ¿Qué es el respeto a la democracia, a las instituciones? ¿Por qué este país que asomaba al Primer Mundo con todas esas riquezas no pudo formar una democracia como la de un país europeo, por lo menos ese modelo, donde los ejércitos no se levantan en cualquier momento. O imitar a esa España que después de esa guerra terrible, se organizó de alguna manera –estemos en contra o no– y tiene una especie de estabilidad. Al coronel que se levantó lo agarraron de una oreja y se acabó todo ese movimiento. Pero nada de eso hubo en Argentina.

Lastiri de pronto presidente de la República. Y después Perón muere y queda la esposa de él. ¿Qué es esto? ¿Lo hemos visto en alguna democracia seria, donde el vicepresidente es la mujer del presidente? Y esta última cosa, el arreglo entre Alfonsín y Duhalde, para mantener el poder de los dos partidos que no quieren dejar el poder. Acuérdense que Chacho Jaroslavsky siempre recomendaba que uno de los partidos esté siempre en la oposición y el otro en el gobierno, pero no hacer diferencias, para quedar siempre o peronistas o radicales en el poder. Y a esto se ha llegado. De alguna manera el radicalismo, con sus dos ministros, se siente un poco en el poder. Es un arreglo.

Creo que todo esto, esta impunidad con los militares, viene de eso. Uriburu murió en París, tranquilamente. El fraude patriótico, fíjense qué expresión, de los conservadores liberales con ayuda de los radicales en la década infame… ¿fue juzgado alguno? No. Gobernaron, se hicieron ricos, favorecieron los intereses que ellos querían y quedaron ahí. Nadie les preguntó nada, el Congreso no hizo nada, la justicia tampoco. Y parece que entre nosotros fuera un negocio esto de ser presidente. Total después no pasa nada. Como el otro que está en Anillaco.

Asistente

Hablás sobre la persecución de los nazis a los judíos. Acá no se intitulaban nazis. Acá en el sur en el año 21, un coronel del Ejército fusiló a 1.500 obreros. Los militares argentinos no se han caracterizado por matar judíos. Se han caracterizado por matar obreros. 1.500 obreros en la Patagonia. Habían comenzado en Ingeniero White en 1907, que mataron a 7 obreros. Allá quizás era Hitler el que daba las órdenes, y estaban los de las SS.

Allá el Ejército mataba judíos. Acá mataban obreros, y siguen matando obreros. Y son próceres. El coronel Falcón es un prócer de la patria.

La huelga de la Forestal también asesinando obreros, una empresa inglesa que dominaba al gobierno de Mosca, en la provincia de Santa Fe.

Los alemanes nazis mataban judíos.

Asistente

No solo judíos. Los nazis mataron a muchos más que a judíos.

Asistente

Sí, claro. Pero el tema que desarrolló Osvaldo es el de los nazis y los campos de concentración donde estaban los judíos.

Acá los militares asesinaban obreros, porque los obreros planteaban pliegos de condiciones reclamando mejores condiciones de trabajo. Luchaban por la conquista de las 8 horas. Por esa simpleza los sanmartinianos argentinos que utilizan el sable corvo, asesinaban y siguen asesinando obreros. Así como a los alemanes y a la humanidad les duele la intolerancia, la persecución, a los judíos a los alemanes no nazis, a nosotros nos tiene que doler la cantidad enorme de obreros que fueron asesinados por nuestros patriotas, mandados por Yrigoyen, e incluso por Perón, y por Videla, y por Alfonsín…

Yo soy obrero, jubilado, y me duele como obrero que se siga persiguiendo a los obreros, porque le piden a la patronal un convenio de trabajo y la defensa de las conquistas que fueron logrando los hombres de la Federación Obrera Regional Argentina y posteriormente los que siguieron…

Osvaldo Bayer

Felipe Solá acaba de crear el cuerpo de los paleros en la Policía de la Provincia. Los tipos especializados en reprimir las concentraciones.

Graciela Daleo

Quiero completar lo que planteaste, Osvaldo, y lo que plantearon otros compañeros. Es absolutamente cierto todo este desarrollo, pero quiero poner una nota a favor de la resistencia. Todo esto que se planteó sucedió y ésta es la historia social argentina, la historia de explotación, de miseria y represión de nuestro pueblo. Pero quiero subrayar que no pasa solamente eso. Porque del lado de los trabajadores, de los obreros, de los resistentes, muchas cosas –no todas las que son necesarias, pero sí muchas– no les dejamos pasar.

Es cierto, vivimos entre asesinos. Pero me permito recordarles que vivimos entre asesinos pero ya no tanto como ellos quisieran. Porque en este país, podríamos hacer una historia más larga pero me voy a limitar a por lo menos lo que sucedió durante la dictadura militar. Durante la dictadura militar los obreros y los organismos de derechos humanos resistieron y muchas veces con el costo de su vida, y eso era precisamente para ponerle el pecho a esa explotación y además para no dejar pasar la impunidad.

Durante los gobiernos constitucionales hubo grandes patrañas para dejar pasar la impunidad desde los gobiernos. Pensemos en Alfonsín planteándose como el gran campeón de los derechos humanos hacia el fin de la dictadura, que creo que entre otras cosas ganó las elecciones en el 83 porque había asumido un compromiso público de que él iba a castigar a los responsables de crímenes de lesa humanidad.  Compromiso que por supuesto no cumplió. Pero si en algún momento hubo milicos en cana, y si hoy hay algunos milicos en cana, aunque algunos de ellos estén en detención domiciliaria, hay otros que están en Campo de Mayo, en Gendarmería…, es porque luchamos. Eso no nos alcanza, es insuficiente, tienen que estar todos adentro, es cierto. Pero si hay algunos en cana, si los que asesinaron el 19 y 20 de diciembre no la están sacando tan barata como la sacaron los asesinos de los trabajadores de la Patagonia es porque acá hemos aprendido mucho. Y es cierto que nos ha dominado durante mucho tiempo la cultura de la impunidad, pero creo que hemos aprendido, y estamos aprendiendo como pueblo.

Quiero subrayar esto, porque si no parece que no se puede hacer nada y que no hacemos nada. Yo creo que esta Cátedra ha hecho, poquito, modestamente, pero ha hecho, por ejemplo, para enfrentar esa cultura de la impunidad. Y los organismos de derechos humanos, y los militantes estudiantiles, y los militantes populares, Osvaldo con su tribuna permanente en contra de la cultura de la impunidad. Hemos hecho, y vale la pena que lo anotemos. Si no parece que nada de lo que nosotros hagamos va a mellar en algo al poder. Que no hacemos suficiente, que tenemos que hacer mucho más, es cierto.

Osvaldo leía sobre los escraches. Los escraches no suplantan a la justicia, no suplantan que estos tipos tienen que estar en cana, sino que denuncian esa falta de justicia. Pero si los represores salen a la calle son insultados, son segregados, eso tiene que ver con que nos pusimos al hombro la lucha contra la impunidad.

Si hay milicos que tienen que ir ante jueces, que no son jueces ni de la revolución ni de la patria socialista ni los del mundo que queremos construir, son los jueces de la burguesía, que los pusieron ellos mismos, pero para cualquier milico ir en cana, es terrible. En el organismo que integro hemos hecho bastante para llevar más de un milico en cana, como hay hecho tantos compañeros. Para cualquier milico, convencidos de ser dueños de la vida y de la muerte –porque así nos decían en el campo de concentración: “somos los dueños de la vida y de la muerte”–, haber tenido que ir a rendir cuentas y salir esposados… Sabemos lo que significa  esa humillación de las manos sujetas con esposas. Y esto no es producto de que Alfonsín nos haya regalado nada, ni de que Menem nos regalara nada. Al contrario. Ellos hicieron lo posible para que nada de esto sucediera. Pero si sucedió, si algunos están en cana, y si eso puede y debe seguir sucediendo, es porque nosotros nos ponemos al hombro esa lucha.

Completemos esta reflexión con la convicción de que se les puede poner una valla. Y que nosotros tenemos colectivamente una responsabilidad de romper la cultura de la impunidad. Porque la impunidad no es solamente que estén los asesinos en la calle, y que tengamos que compartir el mismo aire. Cultura de la impunidad también es que si hace algo desde arriba, desde cualquiera que tenga una cuotita de poder, está bien hecho porque ellos lo pueden hacer porque total no pasa nada. Resignarnos a vivir en la impunidad forma parte de la cultura de la impunidad. Y eso sí es responsabilidad nuestra romperlo.

Si los asesinos del 19 y 20 de diciembre, algunos de ellos están en cana, si Mathov con su pinta y discurso de nazi, tuvo que ir a declarar a los tribunales y hoy está en cana, es porque nuestro pueblo, con todas las fallas que tenemos, con la insuficiencia de nuestras resistencias y con que sigan dominando estos dos partidos que se reparten como si fuera una torta el gobierno y las instituciones, a pesar de todo eso, Mathov está en cana, porque precisamente quedó en claro que nosotros no íbamos a seguir bancándonos una impunidad tan terrible. Que tienen que ir muchos más, que también tiene que ir De la Rúa en cana, está claro. Pero anotemos que cuando nos ponemos con fuerza y con convicción a hacer algo algunos resultados obtenemos.

Osvaldo Bayer

Lo que falta todavía y no hemos logrado para nada, recién ahora asomó una punta, es la reivindicación de los luchadores. Cuando uno ve este aspecto de Argentina se dice “qué razón tenían aquellos que realmente salieron a combatir”. Hemos visto en los medios de comunicación, en revistas, reportajes a los denominados héroes de Malvinas. Pero no hemos visto la reivindicación de un obispo Angelelli, o el recuerdo de De Nevares, o de tantos luchadores. Sí por los 25 años Rodolfo Walsh, pero creo que tenemos que luchar por la reivindicación de todos esos luchadores, muertos en esas condiciones que, en el fondo, tenían razón. Pueden haber cometido errores en ciertos procedimientos, pero quién les puede negar que luchaban realmente por un país con más dignidad. Es como si se hubieran dado cuenta de que íbamos a terminar en esto.

Osvaldo Cucagna

Yo quería centrarme más en lo que pasa en tu novela. Porque creo que hay un aspecto que no se tiene en cuenta, y que es lo que constituyen las trampas del afecto. Aquello de considerar como sagrado determinado sentimiento, sobre todo de hijo a padre, o madre a hijo y demás, como si eso fuera algo que no se puede tocar. La melancolía de este personaje que lo lleva a la muerte es por una identificación con el padre de cuyo afecto no se puede desprender. La prueba está que sigue manteniendo un vínculo con la madre mientras vive, y con la hermana, que las dos eran nazis. Cómo alguien que comprende que el nazismo había sido una aberración, puede seguir sintiendo amor por la madre y por la hermana. Del padre no habla. Pero sí habla por ejemplo Martín Bormann en un trabajo que se hizo sobre el arquitecto de Hitler, Speer. Precisamente muestra todo un grupo de hijos de nazis que terminaron haciendo un grupo más o menos terapéutico con un rabino, y ahí al hijo de Bormann le preguntan si sigue sintiendo amor por el padre, y dice: “Desgraciadamente tengo que reconocer que sí, que lo sigo amando”.

Cuando hay un crimen semejante no hay amor verdadero que pueda sostenerse. Todo amor cae si está prostituido por semejante nivel de crimen. E identificarse con un padre asesino que lo lleva a la muerte es aceptar la misma crueldad nazi.

La posición de Rainer, de querer identificarse también con las víctimas y dejarse morir de hambre… Eso no lo hace una víctima de un campo de concentración. El elige esa forma de morirse que en el fondo es sacarse el sombrero al padre y darle la razón al padre, aun cuando conscientemente no quiera hacerlo.

Por otro lado, decías que algunos te criticaron que no hubieras nombrado a Arafat en el acto por el aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia. Una palestina que invité a la Cátedra para hablar del tema de Medio Oriente en mi seminario me dio un material sobre los sucesos de Shabra y Chatila. Este año se cumplen 20 años. El carnicero Sharon, si bien no comenzó su carrera en Shabra y Chatila, porque venía de antes, ahí se consagró. El es el responsable. Cuando Arafat habló del tema, responsabilizándolo, dijo: “Sharon no merece ser judío”. Creo que es la mejor definición de este asesino.

Creo que este aspecto del afecto como trampa es una cosa permanente de la cual acá se siguen pagando las consecuencias. Una de las cosas más espantosas es uno de los mellizos Reggiardo Tolosa por televisión declarándole su amor al comisario Miara, al asesino de sus padres, el tipo que los robó. Eso sí que es la prueba del ultraje a todos nosotros, máximo. El pibe no puede escapar, precisamente, por las trampas del afecto. Ese es el problema.

Marcelo dijo bien el día que habló sobre la deuda externa: “Se dice que hay que honrar al padre”. Hay que honrar al padre si se lo merece. Y Miara no se merece la honra.

Pero eso no es llevado hasta las últimas consecuencias. En un texto aparecía el hijo de un militar argentino que repudiaba al padre, que Gelman publicó. Hubo acá quienes fueron capaces de repudiar a sus padres criminales, o por lo menos socios de los criminales.

En ese sentido, cosas que pasaron acá han pasado en otros lados. En Europa.

Y respecto a lo de los judíos matados por los nazis, los obreros acá. Los nazis fueron antisemitas por antimarxistas. Porque consideraban que los judíos eran los inventores del comunismo. Marx era judío. Su odio fundamental a los judíos era por esa razón, y Hitler no se cansaba de señalarlo. Los primeros que van a los campos de concentración son los obreros socialistas y comunistas. Después fueron los judíos. La masacre de los judíos se lleva a cabo con total saña y sistematización porque precisamente querían sacar de raíz toda idea de igualdad. Ese es el aporte que dan los judíos a la Humanidad, ese sentido de igualdad, que ya viene de los profetas. Las ideas de comunismo primitivo aparecen ahí, y por eso, con toda razón Arafat dice “Sharon no merece ser judío”, porque Sharon traiciona con sus crimen y con su actitud colonialista toda la tradición judía. Los judíos de izquierda en Israel y en Estados Unidos se encargan de señalarlo saliendo a la calle y protestando contra la acción de la invasión a Palestina y permanecer en esa tierra.

Si no se va a fondo con ese problema de la trampa del afecto, hay cosas que son imposibles de resolver.

Asistente

Hay un personaje, el guionista polaco. Es un personaje muy importante porque en realidad lo que él trae es la memoria más dura. Es el que denuncia verdades. Verdades que son las verdades que no se pueden decir. Vos me dijiste que él termina siendo linyera. ¿Podés ampliar un poco eso? De dónde aparece este personaje, y cómo es que termina siendo linyera o psicótico.

Osvaldo Bayer

Bueno, no sé si terminar siendo linyera es ser psicótico… Querer la naturaleza, recorrerla, no trabajar… Es interesante. Mi abuelo fue vagabundo. Un buen día se despidió de toda la familia y empezó a recorrer Europa.

Asistente

Pero en realidad lo que no puede él es seguir sosteniendo la memoria que sostiene como guionista. Como guionista él permanentemente está, a través de estas cosas que recuerda, que es la historia de su familia, él denuncia, frente a los personajes de tu novela, lo que les está pasando a ellos mismos. Lo que ellos mismos no pueden soportar y no pueden pensar. Después se retira del mundo. ¿No soporta más esa memoria?

Osvaldo Bayer

Es un personaje que yo tomo de la realidad, con un sentido de la verdad un poco cínica. No sé si llamarla cínica. El es el que critica a los judíos que van a hacer negocios a Alemania, pero no reconoce que él también vive de hacer guiones para los alemanes.

Asistente

Es más. El recibe el dinero por la muerte de su hermanito.

Osvaldo Bayer

Sí. Es un tema de acá también, que se discutió tanto, de las reparaciones. Todo eso entre los judíos está siempre, permanente. El presidente de Israel cuando estuvo en Alemania dijo que todos los judíos que vivían en Alemania son traidores. Y yo me imagino, por las reacciones, que el 95% de los judíos se hicieron los sordos. No quisieron reconocer eso. Que también es un poco injusto. Uno vive donde se le da la gana. O donde puede.

Pero él es una especie de filósofo cínico este polaco. Habla de los defectos de los judíos pero también de los propios defectos. Como diciendo “bueno, a mí me gusta vivir trabajando poco y viviendo bien”. Pero sueña alguna vez también con volver a Israel.

Creo que elegir el camino de la vagancia, del vagabundeo, era lo único que le quedaba, donde tal vez gozaba más él. Y con ese cinismo de vida que tenía, de que nada, ninguno es bueno, ninguno hace por buena voluntad, estas organizaciones judías que hay en Alemania. Se ríe de los alemanes también. De la autoculpa permanente de los alemanes la toma un poco a risa, porque también en algunos hay negocio en esto. Hay algunos políticos que han crecido mucho por su pro judaísmo. Y hay otros absolutamente honrados que cayeron rotundamente. Me acuerdo de un ministro demócratacristiano que criticó, con justa razón, cierta actitud del gobierno judío y cayó de inmediato. Nadie lo apoyó. Lo judío en Alemania no se puede tocar. Es algo intocable.

Asistente

En ese librito que dio tanto trabajo y encantó a tanta gente, Mi lucha, Hitler hace responsable de la guerra del 14 a los judíos, especialmente al capitalismo judío. Incluso hay un sentimiento generalizado de que los judíos son usureros. Si a los argentinos nos raspan un poco la piel, aparece el antisemitismo, y que los judíos son sucios, están siempre defendiendo al capitalismo y son usureros.

Osvaldo Bayer

Sobre el antisemitismo, una anécdota. En tercer año, un profesor que ponía las notas al fin del bimestre mirándote a la cara. Llamaba por la lista: “Alvarez, 6. Bayer… ¿usted tiene sangre alemana? 10. Scliar, ¿polaco? 2”. Yo nunca he pasado más vergüenza que eso, abiertamente. Eran curas católicos, en Belgrano