El río y la frontera. Movilizaciones indígenas, obras públicas y Mercosur en el Pilcomayo
de Gastón Gordillo y Juan Martín Leguizamón
Editorial Biblos. Buenos Aires, 2002.

Reseña de Axel Lazzari

Temas y ejes conceptuales

Quien esté interesado en los llamados procesos de integración transnacional que remiten al MERCOSUR, y a su vez, desee introducirse o profundizar en la cuestión de los movimientos políticos indígenas en Argentina, deberá leer este libro escrito por Gastón Gordillo y Juan
Martín Leguizamón.

A través del hilo argumental del río y la frontera, los autores construyen una interpretación convincente de cómo se enfrentan y asocian colectivos sociales con diversas agendas políticas y prácticas culturales, en el marco de procesos de transnacionalización. La atención está puesta en la experiencia y estrategias indígenas frente a los procesos políticos desencadenados por la realización de dos obras públicas sobre el río Pilcomayo: la canalización de su curso medio (a la altura de Formosa) comenzada en 1991 y la construcción del puente Misión La Paz (Salta, Argentina)- Pozo Hondo (Boquerón, Paraguay) en 1996.

Los autores comienzan exponiendo su marco de interpretación. El río Pilcomayo es concebido como "una región de frontera en un doble sentido" (Gordillo y Leguizamón 2002:15); es decir cómo límite administrativo jurisdiccional, que en este caso refiere a un límite internacional entre tres estados-nación (Argentina, Bolivia y Paraguay) y, por otro lado, como "espacio de articulación entre sistemas con dinámicas socioeconómicas heterogéneas" (ídem). Esta
distinción permite abordar las dinámicas políticas en dos niveles, en tanto producciones de comunidades políticas espacializadas, i.e. territorializaciones estatales con base en ideas de nación, derecho y seguridad y, también en tanto aspectos de la lógica de las relaciones
capitalistas en expansión.

Advierten que distinguir frontera-como-límite de frontera-como-articulación no supone oponer, en sus propios términos, lo "rígido" a lo "flexible" pues ambas instancias no están exentas de
"dinamismo". De hecho, ellos sugieren que es esencial pensar lo que yo llamaría el "dinamismo de lo rígido", es decir, las condiciones y velocidades de la delimitación fronteriza, en relación al "dinamismo de lo flexible", la "subversión" por parte del capital de las grillas
territoriales previas. Es esta dialéctica estructurante la que haría del río Pilcomayo una "zona intersticial de desplazamiento, desterritorialización y reterritorialización" (idem).

La afirmación teórica de que el territorio fronterizo se reconstruye constantemente a través de estas fuerzas estructurantes del capital y el estado es completada con otra que busca en la "subjetividad de los actores que habitan" la frontera (idem), las claves para la reproducción material y cultural (sensu significación social) del sistema. En este punto se articulan los dos caminos demostrativos del texto. Por una parte, la relación entre "experiencias de las
subjetividades" y procesos estructurales que nos habla de las posibilidades agentivas de los indígenas en ese campo, sin dejar de revelar sus contradicciones, y por la otra, la relación entre la "localización" de esas experiencias y su poder configurador del sistema, i.e. el énfasis heurístico en lo "local" para entender que las prácticas políticas de los indígenas, lejos de ser un elemento marginal, son una fuerza constitutiva de los procesos de transnacionalización y globalización.

En sus propias palabras, el objetivo del libro es "analizar cómo este proceso [de reconfiguración territorial] se expresa en la experiencia local de parte de la población indígena y cómo su propia práctica y movilización moldean la configuración de esta frontera y del MERCOSUR en la región (2002:17). Con este esquema en mente, Juan Martín Leguizamón y Gastón Gordillo hilvanan una lectura compleja y consistente de las movilizaciones indígenas en defensa de los territorios que ven amenazados por una nueva ola de modernización excluyente.


Los canales y el puente sobre el Pilcomayo

El análisis se centra en los materiales recogidos en sendos trabajos de campos realizados por los autores en el área. Es importante remarcar la familiaridad que tienen Gastón Gordillo y Juan Martín Leguizamón con los procesos descriptos pues vienen realizando investigaciones desde hace más de una década, el primero, en el Oeste formoseño, y el segundo en el Chaco salteño.

Si bien la entre pasado-presente es un recurso que atraviesa todo el texto, los estudios de caso están precedidos por un capítulo histórico sobre la conformación de la frontera del Pilcomayo. Allí se destacan los imaginarios referidos a la "impenetrabilidad" del Chaco desde el
siglo XVI y los efectos de regionalización producidos por diferentes proyectos geopolíticos y ciclos de capital. Se enfatizan las consecuencias de territorialización y etnogénesis de las guerras de la Triple Alianza, la Conquista del Chaco y la guerra del Chaco, destacándose dos contradicciones: cómo los imaginarios estatales acerca del Pilcomayo como límite internacional son constantemente subvertidos por la "naturaleza" desbordante del río, y cómo las visiones del río por parte de los indígenas se alimentan de utopías de retorno (la idea de "monte" o "banda" como espacios de autonomía) producto del sistema de diferencias que crea la propia
internacionalización de la frontera y las migraciones hacia los centros del capital.

Con estos elementos se aborda el análisis pormenorizado, primero por separado y luego comparativamente, de las movilizaciones indígenas producidas por las obras públicas sobre el río Pilcomayo. Apoyados en mapas y planos, los estudios cruzan niveles locales y transnacionales, distinguen tipos de actores en torno a la frontera del Pilcomayo
(criollos, diferentes grupos aborígenes, iglesias, agencias estatales locales y extralocales, gobiernos nacionales y provinciales, etc.) y toman nota de las representaciones sociales que actualizan y dinamizan las prácticas políticas.

A nivel comparativo, los autores enfatizan la similitud de ambos procesos políticos en tanto efectos de los procesos de reterritorialización y desterritorialización de la frontera producidos
recientemente por el MERCOSUR. Encuentran resonancias mutuas en las interpretaciones por parte de los indígenas de Formosa y Salta, acerca de planes intencionales de los gobiernos para "matarlos" mediantes puentes y canales que van "matando" al río, reduciendo de esta forma a límites insoportables su fuente de vida y autonomía simbólica; hay similitudes también en las representaciones indígenas del MERCOSUR como "cosa de ricos", amenaza de usurpación de tierras y aumento del control fronterizo, que contrastan con la propaganda oficial de modernización e integración transnacional. Otro punto de contacto entre indígenas de Formosa y Salta es la idea del río animado, compartida por wichí, chorote, toba, nivaklé, taipete y pilagá, idea que resignificada a través de las obras sobre el río suele adquirir el
tono de una confianza providencial en fuerzas superiores a las del capital y los estados.

Por otra parte, se señalan algunas diferencias interesantes entre ambos casos que atañen a las contradicciones del proceso de transanacionalización. Así, en un mismo río se notan dos tipos de fronterización diferente, la del puente de Salta que se postula como "conectiva" y por ende con tendencia a la integración internacional, y la de los canales formoseños, cuyo efecto es retrazar la "separación" entre Paraguay y Argentina. Muy atinadamente, los autores marcan que en la zona del paso fronterizo Misión La Paz-Pozo Hondo predominan los clivajes de clase y étnicos mientras que en Formosa los indígenas y pobladores locales encuentran menos obstáculos para actuar como "argentinos" y defensores del límite fronterizo. También se nota un mayor grado de conflictividad en el Chaco salteño que remite a la particular trayectoria de conformación de ese espacio territorial e interétnico. Allí incide la cuestión del reclamo de tierras por parte de los indígenas (ausente en Formosa por haberse otorgado títulos de
propiedad comunitaria), su relativamente exitosa organización política como Lakha Honhat y los imaginarios de "última frontera de civilización" producidos por los sectores criollos locales y las élites de provincias viejas como la salteña.


Comentarios finales

Mi lectura se sostiene en la virtud mimética que implica pertenecer a una misma generación. Si bien cada lector hará su propio recorrido, mi presentación al menos ha sido determinada por una fuerte adhesión a los argumentos centrales del libro. Gastón Gordillo y Juan Martín
Leguizamón se anotan varios "triunfos". Metodológicamente, su gran aporte es la comparación entre dos situaciones que muchas veces suelen tomarse por separado por efecto de las delimitaciones provinciales. Así, al sospechar de la "rigidez" de la línea Barilari que separa
Salta y Formosa, los autores construyen un nuevo objeto: la regionalización de la movilización indígena. Tampoco es menor el haber podido articular en torno a este objeto las prácticas políticas de los aborígenes (reivindicaciones por la autonomía), el campo de fuerzas socioeconómicas y las significaciones culturales de los actores. A nivel teórico, el libro continúa la ya iniciada problematización el campo de los estudios étnico-indígenas incorporando la dimensión estructurante de los distintos tipos de frontera. Finalmente, en tanto intervención político-académica, los autores se esfuerzan por poner a disposición de un público mayor -local y extralocal- las críticas al discurso de modernización excluyente y a la invisibilización de los
indígenas en Argentina. En este sentido, es importante el anexo documental en el que se rescatan estas críticas desde la palabra de los indígenas.

Una edición cuidada y un estilo de escritura diáfano y directo completan este importante logro etnográfico, teórico y político; con un valor agregado: articular fronteras académicas muchas veces impermeables por la herencia de "grillos" territoriales previos.