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Laudatio de Álvaro García Linera en ocasión de otorgamiento Doctorado Honoris Causa de la UBA

 

Mario Toer

 

Estamos aquí con motivo del Doctorado Honoris Causa, que a instancias de la Facultad de Ciencias Sociales, la Universidad de Buenos Aires otorgará al Señor Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, licenciado Álvaro García Linera.

 

Y me complace decir que, aún considerando que este otorgamiento que lleva a cabo la Universidad no es un hecho usual, en esta ocasión se trata de un acontecimiento aún más extraordinario y que también nos honra. 

 

Estamos reconociendo un trabajo de condensación, síntesis y proyección muy poco frecuente, que viene siendo estudiado en varias cátedras de nuestra Facultad de Ciencias Sociales, en otras de la Facultad de Filosofía y Letras y en ámbitos como la Cátedra Salvador Allende y las Simón Bolívar, de ambas facultades. En ellas ha crecido este reclamo por un público reconocimiento en su máxima expresión que el Consejo Académico de la Facultad de Ciencias Sociales ha hecho suyo y elevado al Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires, permitiendo que hoy se haga realidad en este esperado encuentro.  

 

Enumerar aquí la trayectoria académica de Álvaro García Linera puede resultar un tanto ocioso. Y sería también parcial. Su práctica siempre estuvo entrelazada y enriquecida con el compromiso social, la indagación en el propio terreno de los conflictos sociales, con la toma de partido. Y esto no se debe a una mera complementación de vocaciones. Se desprende, entendemos, de una concepción de la práctica inherente a la producción de conocimiento, claramente expuesta en toda su obra, presente en sus escritos, en su trayectoria como comunicador y como docente en las Carreras de Sociología, Ciencias de la Comunicación y Ciencias Políticas en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la Maestría en Sociología de esa misma universidad, y en otras Maestrías en Filosofía,  Ciencia Política y Ciencias Sociales en otras casas de estudio.

 

Formado en una licenciatura en Matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México, muy pronto sus estudios se orientan a adentrarse, como pocos lo han hecho, en la obra de Carlos Marx, y también en la de Kant , la de Hegel y la de Lenin, entre otros, con una preocupación central: comprender, repensar, poner en cuestión la situación de los oprimidos de su país, en su gran mayoría componentes de pueblos indígenas.

 

A poco de andar, su intención apunta a intentar componer una síntesis entre el pensamiento originado en Carlos Marx y el indianismo que cuestionaba el sometimiento colonial de las mayorías indígenas por centurias y hasta nuestros propios días.  Para ello lleva a cabo un minucioso recorrido por los textos del autor de El Capital, particularmente por los Grundrisse, por los que se ocupan del campesinado en Rusia y en otras formas de producción precapitalista en diferentes regiones del planeta, por los que desarrollan su tesis sobre el modo de producción asiático, recurriendo incluso a correspondencia y notas que permanecen inéditas o muy poco difundidas, así como también atendiendo a las posturas de Fausto Raigada y otros compatriotas suyos, entre las que no deja de destacar las de René Zavaleta.

 

Su consiguiente práctica política, entonces, se vuelca a alentar la insurgencia indígena en tiempos en los que el discurso neoliberal se concentra en dar una vuelta de tuerca al sometimiento de nuestros pueblos en toda la región. Una consecuencia no buscada, pero inherente a las reglas del juego, fueron cinco años en prisión, que de todas maneras, parece ser que fueron muy bien aprovechados para proseguir con el estudio y la reflexión. Mariátegui, Gramsci, Foucault, Bourdieu, se fueron incorporando a su bagaje y reaparecen en sus trabajos, no de manera caprichosa o erudita, sino para potenciar, despejar el análisis, incrementar su elocuencia.

 

Porque en esta búsqueda que se evidencia en sus escritos vamos a encontrar una notable claridad, una prosa despojada y precisa, carente de retórica grandilocuente o efectista, cabalmente coherente con su manera de concebir la práctica social y los tiempos de la Historia, con una mirada reposada en el largo plazo, ausente de toda premura espasmódica, conciente de que los verdaderos protagonistas de las transformaciones profundas son los pueblos, son las mayorías, a las que el modo de producir capitalista, en todos los planos, empuja al cuestionamiento, a la búsqueda de un mundo mejor. Así se da este transcurso, nos dice García Linera, en sucesivas oleadas, un concepto que él destaca, que por fuerza también tiene que transitar por retrocesos para retornar con posibilidades de ir más allá, si los protagonistas son capaces de sacar enseñanzas sobre los caminos ya transitados. Movimiento de lo real que transcurre sin que los intelectuales tengamos nada que insuflar, basta con que reguemos y contribuyamos a cuidar a lo que tiene sus propias nutrientes, estableciendo todos los vasos comunicantes que nos sea posible pero sin ilusorias fusiones ni pretensiones dirigentes.

 

Su lenguaje cuidado, casi ascético, no se priva de la polémica. Pero sin brulotes descalificadores. Privilegiando el argumento y la paciente presentación de las evidencias, recurre a veces a la ironía y nos habla de sectas, de feligreses, de beatos de atrio, para mostrarnos actitudes perseverantes e inconducentes de quienes han entendido o aún entienden la revolución social como el producto de inspiradas vanguardias o patéticas y repetidas recetas. Casi diría que resultan alusiones que no se privan de una cierta ternura hacia esforzados militantes, justamente indignados por la sociedad en que vivimos pero cuyos esfuerzos no dejan de aportar a la confusión general y por último al desaliento, a la división.

 

En sus escritos García Linera no solo nos permite entender en profundidad a la sociedad boliviana, las variadas vicisitudes de sus tiempos actuales sino que incluso nos otorga la posibilidad de contar con elocuentes conceptos, como el de empate catastrófico o punto de bifurcación, tomados del físico Ilya Prigogine, para mejor entender distintos escenarios y poner en evidencia los variados momentos que el movimiento de masas necesita transitar para consolidar sus conquistas.

 

Pero quienes no conocen su obra no supongan que solo se trata de un analista o “traductor” que se encuentra con el movimiento social indígena de su país y se ocupa de sus apremios y horizontes, lo que ya sería mucho. Pero sin duda se trata de bastante más.

 

Con la misma coherencia García Linera ha incursionado en todos los temas que pueden preocupar a alguien interesado en el mundo que vivimos. No estoy exagerando. Pueden fácilmente comprobarlo leyendo las trece páginas de su artículo América, en el que, a propósito del trabajo de Marx sobre Bolivar, polemiza con José Arico y nos enfrenta con las sensibles limitaciones de las proclamas independentistas cuyos 200 años estamos conmemorando. O también recorriendo las páginas de su trabajo sobre “El Manifiesto comunista y nuestro tiempo” en el que se ocupa de las modalidades actuales del desarrollo planetario del capitalismo, las formas que adquiere hoy la enajenación material del trabajo, examina las variaciones de quienes revistan hoy en las filas de la burguesía y el proletariado, saliendo al cruce, con sólidos argumentos, a quienes se han apresurado a vaticinar el fin o aun la merma de la condición proletaria.

 

Finalmente aborda allí el crucial y polémico tema del “Partido”, en su dimensión trascendente, que no puede ser otra cosa, nos dice, que las diversas y efímeras formas que adquiere la articulación del movimiento real. Esta primacía del sentido de la práctica y del movimiento real es un hilo conductor en toda su obra. Allí habrá de decirnos:

 

“La revolución social no es un Putsch de vanguardias arriesgadas, no es un golpe de estado que derroca a los malos funcionario del poder estatal por otros más abnegados, comprometidos o letrados en el “programa”; es un largo proceso de autodeterminación social, económica, política y cultural que iniciándose en cada centro laboral, en varias regiones y países de manera aislada, es capaz de interunificar materialmente prácticas, actitudes y hechos para crear un sentido de totalización práctica del trabajo que totalice, que supere positivamente la totalización del capital. Es pues, un hecho de masas, de sus comportamientos, de sus creencias, de sus acciones, de sus creaciones, de sus sueños, de sus objetivaciones materiales que en su unificación son capaces de producir, tanto una nueva relación de poder a escala nacional primero (…) y luego mundial (porque el capital es una relación mundial) como una nueva forma de ejercicio no disciplinario del poder que permita que el hecho factual de masa se presente a si mismo sin intermediación re-presentable, que ha sido precisamente la técnica para escamotear y enajenar el rol de la fuerza colectiva.

 

La constitución de la clase revolucionaria es, entonces, desde todo punto de vista un hecho material de clase imposible de ser suplantado por la pericia de vanguardias, la mística de un puñado de militantes o la escritura prolífica de algún bienpensante. La constitución de la clase revolucionaria es un hecho histórico que compete a la experiencia histórica de la propia clase, de la multitud abigarrada que valoriza a el capital. A este movimiento material de autoconstrucción, que es un proceso de autodeterminación general del trabajo frente al capital, Marx lo llama partido político de la clase.”

 

Esta convicción sobre quien constituye el verdadero protagonista, lo lleva a sostener, veinte años después del texto citado y desde la responsabilidad de gobierno que ahora ocupa, que lo crucial no es ilusionarse con tareas que aún no están maduras, si no que se debe

 

“Apoyar lo más que se pueda el despliegue de las capacidades organizativas autónomas de la sociedad. Hasta ahí llega la posibilidad de lo que puede hacer un Estado de izquierda, un Estado revolucionario. Ampliar la base obrera y la autonomía del mundo obrero, potenciar formas de economía comunitaria allá donde haya redes, articulaciones y proyectos más comunitaristas. Sin controlarlos. No hay un proceso de cooptación ni de generación desde arriba de comunitarismo. Eso no lo vamos a hacer nunca.” [1]?

 

Estamos pues en presencia de un pensamiento sólido y elocuente, que encima ha pasado la prueba que cualquier pragmático en la academia podría exigir. Funciona. Lo encontramos en la vital Bolivia de hoy. Bolivia, que poco más de un año atrás creíamos que se encaminaba al precipicio de la guerra civil y a una imprevisible entropía. Y en esas circunstancias adquirió palmaria evidencia la capacidad de una conducción que supo sustraerse del terreno al que quería ser empujada por la derecha escisionista, aprovechó las diferencias en el bloque opositor, haciendo concesiones que parecían no menores en el texto de la Constitución, pero que mostraron su insignificancia relativa al permitir que se aprobase la concurrencia a un referéndum revocatorio de los cargos ejecutivos nacionales y departamentales. Se le cedió la voz al pueblo, y el resultado fue concluyente. Desde entonces la derecha no ha dejado de retroceder, dejando en evidencia a sus exponentes más primitivos, como los que recurrieron a una masacre en Pando, con lo que no hicieron más que mostrar ante los incrédulos su verdadero rostro.

 

Sabemos, por cierto, que aquí ha sido decisivo el carisma y la determinación de quien ha estado al frente de este proceso, el compañero Evo Morales. Pero resulta evidente que quien recibe el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, no es un Vicepresidente del montón. Cargo de intrascendente envergadura en nuestra región. O de poco encomiable gravitación en nuestro caso, si se me permite esta digresión movida por la envidia. Sin duda ambos componen un dueto que afina bien y han contribuido a que este colosal movimiento que lleva a cabo el pueblo boliviano siga avanzando a paso firme, como lo confirma el crecimiento en las elecciones departamentales y municipales del domingo pasado.

 

No estoy proponiendo ni alentando ningún evismo-garcíalinerismo. Sería una grosera contradicción. Solo digo que no debemos privarnos de tus trabajos porque sin duda pueden ayudarnos a encontrar nuestro propio camino de convergencia con las mayorías de nuestra patria y con las de todo un continente, mayorías que se han echado a andar. Y para referirme a este tiempo voy a citar las palabras del propio García Linera en una entrevista que le hicieran las publicaciones Brasil de fato, brasileña y Trapiche, de Bolivia el 25 de octubre pasado.

 

“Creo que éste es un ciclo muy novedoso que no tiene parangón en los últimos cien años de la historia política latinoamericana. Lo único común en el Siglo XX latinoamericano fueron las dictaduras militares; fuera de eso, la Izquierda tuvo una presencia esporádica, descompasada de un lugar a otro. (…)

Esta situación tiene que ver, evidentemente, con el ciclo de crisis neoliberal continental que más o menos golpeó a todos los países de una manera casi simultánea en sus efectos y eso es lo que ha permitido una oleada continental de gobiernos progresistas que han asumido el control de los gobiernos. Por eso, éste es un proceso muy novedoso: por su carácter continentalizado, por la búsqueda de políticas post-liberales -unas más radicales, otras menos-, porque es un ascenso de la Izquierda a través de las urnas, de la vía democrática, de la vía electoral; es novedoso porque, por primera vez, la Izquierda se plantea estrategias de carácter estructural coordinadas a nivel continental.

Antes la Izquierda manejaba la mirada del continente en términos de la conspiración revolucionaria y de la lucha armada, nunca en términos de economía, de comercio, de defensa. Son reflexiones muy novedosas: ¡en su vida había pensado imaginar la Izquierda eso!… así, la Izquierda está asumiendo una serie de retos que tienen que ver con el ejercicio del gobierno, con una madurez de su propia reflexión. (…)

Estamos en un momento de reconstrucción plural muy rico y diverso en el pensamiento de Izquierda todavía muy primitivo -evidentemente-, de niveles muy de base, pero se está reconstruyendo. (…)

Marx maneja el concepto de la revolución por oleadas: van y regresan, luego pueden ir más allá y regresan un poco… Estamos apenas en la primera oleada y quizás luego haya un pequeño reflujo a la espera de una nueva oleada que permitirá -y eso va a depender de lo que hagamos los hombres y mujeres de carne y hueso- que se puedan expandir a otros ámbitos territoriales y profundizar los cambios que hasta ahora, hoy por hoy, son cambios -en algunos casos- superficiales, parcialmente estructurales.”

 

 

Palabras precisas y medidas. Da ganas de seguir leyendo. Se lo dejo a ustedes.

 

Digamos por último que la obra de Álvaro García Linera es una permanente invitación a que debatamos el sentido de la producción de conocimiento en el ámbito de las Ciencias Sociales. Lo debemos hacer en nuestra facultad, en otras de nuestra Universidad y en todos aquellos ámbitos a los que podamos llegar, aprovechando también este estímulo que supone la presencia de nuestro invitado. Sigamos indagando en la perspectiva de la hora que vive hoy América Latina, auscultando y poniendo en evidencia el inequívoco aire de familia de quienes se desviven por poner trabas y pretenden desandar las transformaciones que se alientan en nuestros países. Y en particular, procuremos encontrar los caminos para sustraer a nuestras universidades del mero reclamo del mercado, del dócil alineamiento en la cadena de valorización que nos demandan, del destino de mero reproductor de mercancías. Interrogarnos sobre la recuperación del sentido de lo público y las maneras de reconstruir la potencia democratizadora que pueda contraponerse a la transnacionalización mercantil, con la perspectiva de una política de integración regional basada en la solidaridad, como contribución a una estrategia que facilite la incorporación de las mayorías a la posibilidad de la práctica universitaria.

 

 La UBA otorga este Doctorado Honoris Causa porque está reconociendo una trayectoria en la que la inteligencia recorre múltiples disciplinas, dándole consistencia y profundidad a un compromiso.

 

La UBA otorga este Doctorado Honoris Causa porque en la obra de Álvaro García Linera se reafirma el valor de la Universitas, del conocimiento sin pretensiones enciclopédicas y con la mayor riqueza productiva a la que se puede aspirar.

 

Los universitarios argentinos queremos seguir comprometidos con una convocatoria que en 1918 nos llamó a pisar una hora Americana…

 

Lo hemos intentado en el pasado, nos equivocamos muchas veces, tuvimos bríos variables. En el error y en el acierto muchos dieron su vida incluso desangrándose en la tierra de la que provenis.

 

Quisimos estar a la altura de aquella convocatoria, pero muchas veces solo proclamamos deseos y no entendimos a las mayorías que no transitaban por estos pasillos.  Y sabemos que tenemos que aprender. Buscamos maestros, es natural que así sea, estamos en un ámbito en el que debemos aprender, y hemos ido aprendiendo que quienes pueden enseñar son los que han conseguido penetrar y enriquecer la dura, variada y compleja realidad con elaboraciones que son recogidas y se transforman en brújulas consistentes que comparten caminos multitudinarios y nos devuelven sabiduría. Valoramos a los que buscan, erran y rectifican, a los que no se estancan en fórmulas anquilosadas. Valoramos a quienes se animan a buscar nuevas palabras para designar realidades propias, diferentes.

 

En los escritos de Álvaro García Linera encontramos este diálogo fecundo con lo más profundo que cimenta esta nueva hora latinoamericana que estamos viviendo en la actualidad con creciente fervor, con nuevo entusiasmo, con renovada esperanza.

 

La UBA te otorga este Doctorado Honoris Causa porque estamos profundamente agradecidos. Porque queremos tener como un par a un maestro del que tenemos mucho que aprender.

 

Este Doctorado Honoris Causa, me atrevo a decirlo, es solo un mínimo gesto que simboliza que los que hacemos esta universidad estamos dispuestos a alentar y defender el proceso que el pueblo de lo que “hoy conocemos como Bolivia” está llevando adelante. Gracias Álvaro García Linera.

 



[1]? Svampa Maristela y Stefanoni Pablo; entrevista con Álvaro García Linera en Observatorio Social de América Latina Nº 22, 2007.