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Discurso del Decano

Señores miembros de los claustros de profesores, graduados, estudiantes y personal administrativo y técnico, colegas, compañeras y compañeros.

En las jornadas electorales del pasado mes de octubre, los distintos claustros decidieron cual es el rumbo que debe tomar nuestra Facultad en los próximos cuatro años. Es decir, decidieron por un lado quienes los representarán en el Consejo Directivo y también dieron su mandato para elegirme Decano de nuestra querida Facultad de Filosofía y Letras, lo cual a la vez de enorgullecerme significa un compromiso asumido con la comunidad universitaria. Quiero agradecerles a todos por la confianza y el enorme trabajo realizado para concretar un proyecto que esperamos nos conduzca hacia mejores condiciones de trabajo y a la potenciación de las inmensas capacidades que nuestra institución posee y que se expresa en el cotidiano esfuerzo de profesores, graduados, personal técnico administrativo, mal llamado no-docente, y estudiantes.
Quiero también, agradecer al decano saliente, el profesor Félix Schuster por haber dado lugar en estos meses a una transición en la cual primó el trabajo y el respeto por garantizar una continuidad institucional necesaria para todos.

La educación superior pública y, en particular la Universidad de Buenos Aires, viven desde hace ya mucho tiempo una situación crítica en términos presupuestarios, edilicios, pero sobre todo de rumbo, de proyecto. Es que la universidad pública en los últimos treinta años no estuvo al margen del enorme deterioro de las condiciones de vida en nuestro país en prácticamente todos lo órdenes. Desde la imposición en el año 1976 de una dictadura militar genocida, se dieron lugar las políticas más bochornosas de enajenación del patrimonio nacional conocidas en el siglo XX. Incluso en democracia, se privatizaron los recursos energéticos estratégicos del país, los aportes jubilatorios, los transportes, las redes camineras, se fomentó una masiva des-industrialización en prácticamente todas las ramas de la producción, se desfinanciaron áreas vitales como la salud y la educación, todo ello siguiendo claras directrices de los centros de poder internacional y a costa de los derechos soberanos de nuestra nación y el pueblo argentino.

En este contexto los gobiernos de turno no han sabido, no han querido o no han podido dar un sostenimiento adecuado a la educación pública en general y en particular a la educación universitaria. Por el contrario, la política seguida ha sido el des-financiamiento progresivo y un desinterés por parte del Estado en los aportes científicos y tecnológicos que como fruto de las actividades académicas de la Universidad pudieran aportar al menos al mejoramiento de la situación creada.

Aún hoy, continúa siendo un lastre de aquellas políticas la Ley de Educación Superior que prestó fuerza de ley en 1995 a un modelo de Universidad segmentada, privatista, que vulnera la autonomía universitaria en el marco de la descentralización impuesta por los organismos internacionales de crédito y por los orientadores político-técnicos de la “Reforma educativa”, además de haber sido legitimada por los consensos de cúpula sobre política educativa que se venían gestando desde la década del 80 en Argentina. Frente a ello y, mas allá de algunos gestos resistentes, la UBA sólo genero una política de autocentramiento defensivo que agravó aún mas su desvinculación con los grandes problemas nacionales intentando sobrevivir a duras penas gracias al esfuerzo de la mayoría de su comunidad universitaria.

Doble es el esfuerzo entonces al que la realidad nos interpela, ya que a la par de profundizar en la tarea por la recomposición de la universidad pública, orientándolo hacia el logro de un ámbito cada vez más democrático e inclusivo, con condiciones laborales y profesionales dignas para todos sus trabajadores, donde la ciencia esté al servicio de los legítimos intereses populares sin perder su tensión hacia la universalidad y el logro de altos niveles de excelencia académica, nos debemos aún la tarea de su transformación.

En eso estamos cuando juntamente con las conducciones electas de otras facultades nos proponemos unir esfuerzos en dos cuestiones centrales: Por un lado sostener las históricas conquistas de gratuidad, autonomía, ingreso irrestricto y co-gobierno pues sin ellas todo intento de cambio significaría un retroceso, es decir, profundizar nuestras más caras banderas de lucha. Pero, al mismo tiempo, debemos esforzarnos por encontrar una nueva legitimidad social a la producción académica científica y tecnológica de cara, como dije, a las necesidades más urgentes de nuestro pueblo.
En honor a la claridad, debemos ser precisos. No es posible seguir confundiendo, universidad pública con el mero sostenimiento de los intereses, aunque legítimos, de la propia comunidad universitaria. Universidad pública implica universidad del pueblo que la sostiene. De allí que el esfuerzo científico-tecnológico de la universidad pública debe orientarse principalmente a contribuir con las innovaciones necesarias y específicas que demandan los sectores más postergados de la sociedad, fortaleciendo el trabajo interdisciplinario, teniendo como mira el aporte en la solución del problema de la vivienda social, la salud pública, la educación, el empleo, los derechos humanos, la recuperación del trabajo digno urbano y rural, entre otros, innovando en el conocimiento crítico, el desarrollo científico y las tecnologías apropiadas para poner en marcha el enorme potencial del trabajo nacional hoy desechado por los límites propios del capital concentrado.

Nuestro proyecto propone una gestión interclaustros, pues todo lo anterior sería una mera enunciación de principios si no avanzásemos en una profunda democratización en todos los ámbitos de la vida universitaria. En este sentido, la excelencia académica a la que todos aspiramos debe definirse hoy de cara hacia aquel objetivo democratizador . ¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrenta nuestra búsqueda de la excelencia académica? Que todos nuestros docentes participen en el trabajo de investigación y de una formación continua gratuita, incluyendo el postgrado. Que el objetivo de alta calificación académica sea compatible con la creatividad en función de los problemas que hoy enfrenta nuestra sociedad. Que ante una universidad pública masiva debemos aceptar el reto de que lo sea aún mas, ya que quienes verdaderamente la sustentan deben tener acceso a ella. Que el modelo de cátedra debe ser redefinido, dando oportunidades a los jóvenes que han sido capacitados para ello. Que debemos repensar nuestros planes de estudio para que dejen de ser instrumentos de la reproducción de saberes pensados desde intereses corporativos por los general trasnacionales. En fin, debemos superar el obstáculo que representa hoy, sobre todo en la UBA, aquello que en un reciente reportaje periodístico varios decanos hemos denominado “la nostalgia de la universidad del pasado”. Se trata, entonces, de plantarnos con claridad erigiendo tales principios. Sin ninguna soberbia, sin ningún encono. Simplemente se trata de cumplir con nuestro programa debidamente difundido y legitimado en elecciones absolutamente transparentes en todos los claustros.
En este sentido y con toda humildad quiero recordar a este honorable Consejo Directivo y a todos aquellos que hoy nos acompañan los doce principios que sintetizan y guían nuestro programa para el que fuimos elegidos:

  1. Rechazo a la Ley de Educación Superior, en defensa de la Universidad pública, gratuita, co-gobernada, pluralista , autónoma, y al servicio de la comunidad. Por una Asamblea universitaria que se afirme como auténtica conducción de la UBA, debatiendo sobre las transformaciones estatutarias que garanticen una auténtica democratización en todas las instancias de gobierno
  2. Impulso de la participación gremial docente en defensa del salario, las condiciones de trabajo y la estabilidad laboral.
  3. Presencia sistemática de la gestión en las instancias del Consejo Superior y Rectorado para garantizar un seguimiento más sistemático de los temas de incumbencia de nuestra Facultad. Garantizar la implementación de las decisiones del Consejo Directivo en el Consejo Superior de la U.B.A. reglamentando en ese sentido las incumbencias de cada instancia en la toma de decisiones.
  4. Por la triplicación del presupuesto universitario y su distribución acorde a pautas consensuadas. Transparencia en la ejecución del presupuesto. No al manejo arbitrario del presupuesto de la UBA.
  5. Por una gestión participativa, creativa y de amplio consenso Inter-claustros. Fortalecer la capacidad de los departamentos y las juntas departamentales en el planeamiento educativo de la Facultad. Discusión curricular en todas las carreras en el marco del debate interclaustros garantizando la gratuidad en todos los niveles, la estabilidad y la promoción del trabajo docente y de investigación.
  6. Impulso sostenido de los concursos docentes garantizando la equidad, la transparencia y promoviendo la retención de los recursos formados en nuestra Facultad. Democratización de las estructuras de cátedras.
  7. No más docentes sin renta en la Facultad. Duplicación de las rentas exclusivas fortaleciendo la oferta docente en todos los niveles
  8. Reorganización integral del posgrado. Hacia un proyecto de formación continua mediante al aprobación de posgrados (Maestrías y doctorado) tendientes a la gratuidad y de excelencia académica.
  9. Profundización y extensión del proceso de informatización en todas las áreas clave de la Facultad apuntando a la aceleración de trámites (p.e. títulos) y el mejoramiento de la calidad del proceso enseñanza / aprendizaje.
  10. Promoción pluralista del conocimiento crítico y atento a las demandas de los sectores mas postergados de la sociedad, profundizando los vínculos logrados con la comunidad.
  11. Democratización y regularización del funcionamiento de los institutos de investigación y promoción de la investigación impulsando ante el Consejo superior una mejora en los criterios de selección y asignación de recursos.
  12. Mejora sustancial de las condiciones edilicias de la Facultad, atendiendo principalmente a criterios de seguridad construyendo nuevas unidades de aulas, institutos y un espacio multiusos en el predio donde actualmente funciona el estacionamiento. Impulsar las actividades del Centro Cultural del edificio de 25 de Mayo.

Finalmente permítanme ustedes eludir una tradición en los discursos que solemos dar en nuestra Facultad. Permítanme ustedes, entonces, despojarme de la obligación de citar a Borges...... No porque deje de admirar su enorme literatura, sino porque soy consciente que sus palabras no lograrían sintetizar lo que intentamos forjar, no estarían representando en toda su dimensión aquello que anhelamos quienes nos hemos comprometido en esta tarea. Mas allá de cualquier especulación, ahora sí, desearía recuperar un mensaje producido también desde la literatura, aunque en momentos aciagos para el país. Me refiero a ciertas palabras de Roberto Arlt quien desde el dolor de lo vivido, desde la transición de un gobierno de facto a otro ( de Uriburu a Justo, allá por Noviembre de 1931) y desde el sopor que produce la afectación presumida de algunos críticos de elite, se atrevió a decir que a pesar de todo ¡el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo!. Nada mas y nuevamente gracias.


Buenos Aires, 7 de marzo de 2006