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Comunicado sobre amenazas de bomba en la Facultad

 

Entre el viernes 12 y el jueves 18 de agosto pasados se recibieron cuatro amenazas de bomba. En todos los casos se cumplió con lo que la rutina de seguridad indica: llamar a la comisaría, brindar la información y acatar la resolución del juez de turno. El juez de turno puede decidir que basta con una inspección ocular o que es necesario llamar al escuadrón de Explosivos (que concurre con perros y revisa el edificio). El jueves pasado, al finalizar el operativo, se nos informó que el juez había decidido que, ante nuevas amenazas de bomba, el edificio de la Facultad no se reabrirá al finalizar el operativo y que deberá permanecer cerrado hasta el día siguiente.


Vale la pena hacer una serie de consideraciones en relación a estos hechos y a la forma de reaccionar de nuestra comunidad.

 

Sobre los llamados y el accionar correspondiente

Desde hace unos años, las amenazas de bomba integran de alguna manera nuestra vida institucional. Se suelen atribuir a las fechas de parciales, no se cree en la veracidad del llamado y, tras la evacuación, docentes y alumnos permanecen en la calle mirando, sin temor ni precaución alguna, hacia el frente del edificio. Generalmente, en la salida, nos cruzamos con colegas y estudiantes que nos reprochan, un poco en serio y un poco en broma, el tiempo que se pierde, el por qué “no se hace nada” o se arriesga un “¿quién fue?”.


Los llamados de los últimos días no estuvieron dentro de lo habitual: las clases apenas estaban comenzando, no había parciales, se hicieron los llamados en horarios y días infrecuentes y uno de ellos se hizo directamente al 911. En ese llamado se denunció a una alumna, con nombre y apellido. Todo esto renovó la preocupación de la gestión por el tema y llevó a poner en marcha los mecanismos habituales con firmeza y celeridad, y a renovar las consultas sobre qué hacer.


Las amenazas de bomba y la posterior denuncia policial implican la pérdida de, por lo menos, cuatro horas de clase cada vez, un significativo gasto público con la movilización de la policía y toda clase de inconvenientes como suspensiones de conferencias, interrupciones de reuniones de trabajo, cancelaciones de actividades académicas, juras y etcéteras.

 

Sobre otras actitudes

En reiteradas oportunidades, en el momento de la evacuación, grupos de personas sacan del edificio sillas, parlantes, proyectores, pantallas. Mientras dentro de la Facultad funcionarios no docentes, autoridades y personal policial cumplen con las tareas necesarias para garantizar la seguridad, estos grupos realizan actividades como armar parrillas y vender choripanes, poner música a alto volumen, proyectar imágenes en pantallas o contra los frentes de los edificios. El jueves pasado, emplearon un cable en malas condiciones que enchufaron dentro de la Facultad y que ocasionó un cortocircuito e hizo saltar una llave térmica (la puerta de la Facultad es de hierro, es decir que todo podría haber sido peor).
Vale la pena detenerse a considerar la grave irresponsabilidad del accionar de quienes están aprovechando el momento de alarma para beneficio propio. Estas personas saben que, en medio de una evacuación, no hay manera razonable de detener a quienes salen precipitadamente del edificio, portando objetos que pueden formar parte del patrimonio común. En ese momento de alarma, en lugar de contribuir a la evacuación –situación de por sí incómoda y de delicada ejecución–, improvisan actividades como las mencionadas en la puerta de la Facultad.
Estar al frente de la gestión de la Facultad implica hacerse cargo de las medidas necesarias para garantizar la seguridad de las casi 4000 personas que se encuentran cumpliendo tareas de apoyo, dictando y asistiendo a clases a las 17 hs. de un día jueves. Estar a cargo de la gestión de la Facultad no implica de ninguna manera confrontar permanentemente con grupos que no poseen una representación institucional, que realizan frívolamente actividades que están fuera de lugar, indiferentes a las dificultades que atraviesan los demás, perjudicando los procedimientos de evacuación.


Intentaremos, por supuesto, que el juez revea la medida para que, frente a posibles nuevas amenazas de bomba, el perjuicio para docentes y alumnos se limite a los módulos de clase que dura la inspección. Pero sabemos que la respuesta no se limita a la posible decisión de un juez. En el marco de los necesarios esfuerzos para la seguridad de todos, solicitamos la colaboración de la comunidad para trabajar articuladamente, con conciencia compartida del peligro y con pautas de convivencia que impliquen respeto por el otro y por el espacio y el patrimonio públicos.

 

Autoridades de la Facultad de Filosofía y Letras