Revista electrónica: Actas y Comunicaciones
Instituto de Historia Antigua y Medieval
Facultad de Filosofía y Letras UBA
Volumen: I
2005
ISSN: 1669-7286

 

 

 

ARNALDO MOMIGLIANO Y LA HISTORIOGRAFÍA 

ITALIANA DEL SIGLO XX

 

Hugo Zurutuza

Universidad de Buenos Aires

 

A modo de introducción

El interés por indagar la persona y la obra de Arnaldo Momigliano se intensifica en nuestro país a partir de los efectos generados por la  recepción y difusión en el ámbito de lectores, en particular universitarios, de su obra, The Conflict between Paganism and Christianity in the Fourth Century (Oxford 1963), sobre todo a través de la primera traducción al castellano  (Madrid 1989) [1], que representó la motivación fundamental para aventurarnos en el conocimiento de la gran producción que le otorga a Momigliano su verdadera dimensión como historiador de la historiografía, los eruditos Contributi alla storia degli studi classici e del mondo antico[2].

Los Contributi representan más de medio siglo de una tarea que se condensa en un rasgo historiográfico característico: el conocimiento crítico de la Antigüedad tiene que acompañarse de una frecuentación de la historiografía contemporánea e incorporar los problemas culturales de toda las épocas. Es así  que decide instalar tanto el diálogo entre paganos, judíos y cristianos durante la Antigüedad como la inserción de la tradición judía en la vida política e intelectual de la Italia contemporánea.

No podemos dejar de conectar su mirada sobre la cultura judía contemporánea, sin establecer relaciones con la obra historiográfica de Pierre Vidal-Naquet, reconocido antiquista francés, que leyó a Momigliano para entender mejor al historiador judeorromano Flavio Josefo [3], pero también para reconocerlo como partícipe de similares tragedias familiares generadas por un racismo al que condena con dureza [4].

Momigliano sanciona los etnocentrismos culturales al demandar en su momento a los clasicistas italianos que estudiaran la negativa incidencia del nazismo sobre la historia antigua.

La propia biografía de nuestro autor nos proporciona argumentos para entender estos gestos. En su misma historia de vida y en la de sus antecesores observamos el paso del ghetto a una clase acomodada. A comienzos del siglo XIV un antepasado suyo abandona la comunidad judía de Montmélian, en Saboya, por la capital de esa región, Chambéry, y tiempo después sus descendientes, siguiendo la expansión hacia el Piamonte y a través del comercio, préstamos y cargos rabínicos, irán configurando el linaje de los Momigliano que pronto representará, a través de sus componentes, el ingreso de los judíos a cargos relevantes dentro de la sociedad italiana, por medio de su inserción en la administración pública y en las universidades. Entre ellos se destaca una intelectualidad atraída por la política y por el mesianismo que parecía fortalecer el socialismo de principios de nuestro siglo.

De este contexto sale Arnaldo Dante Momigliano, nacido en Caraglio en l908 y muerto en Londres en l987, perteneciente a una familia judía de buena posición económica estrechamente ligada al ambiente del hebraísmo de un pequeño municipio piamontés. 

Momigliano evocaba nostálgicamente que los judíos en Italia[5], con rituales diferentes y a menudo con intereses en conflicto, no padecían, sin embargo, más diferencias lingüísticas que sus compatriotas cristianos. Considera que la misma situación lingüística de Italia ya era bastante complicada de por sí. Lo que se llama "italiano" fue una lengua escrita básicamente hasta fines del siglo diecinueve. Todas las comunidades hablaban dialectos, y los judíos hablaban el mismo dialecto que los demás habitantes del lugar. Los judíos venecianos hablaban y hablan veneciano, y los judíos piamonteses hablan piamontés. Sus padres hablaban piamontés entre ellos e italiano con los hijos, por eso él y sus hermanas fueron los únicos hablantes nativos de italiano de su ciudad piamontesa, y subrayaba que eran muy admirados por esa proeza lingüística. Recordaba que cuando crecío, volvió al dialecto piamontés en conversaciones con los padres, en su casa, pero no con sus hermanas [6]. Siempre valoró el esfuerzo familiar de fundir la tradición judía con la realidad social y cultural italiana y al reivindicar a sus parientes, señala tanto a Felice Momigliano, filósofo, que trató de combinar el socialismo con Mazzini y la tradición judía, junto a Attilio Momigliano, el intérprete de Dante, Ariosto y Manzoni [7].  

Arnaldo Dante  Momigliano había nacido un 5 de septiembre de 1908 en una casa de la Piazza Cavour, en Caraglio, una pequeña ciudad del Piamonte, próxima a la capital provincial, Cuneo, hijo de Riccardo Salomone, residente de Caraglio, e Ilda Levi, perteneciente a una familia de industriales de Turín.

Su padre era una respetable figura local, lo mismo que su abuelo Amadio, tío de Riccardo y padre adoptivo. Riccardo que era opositor a la facción clerical en el Concejo de su ciudad -llegó a asesor  y  obtuvo, entre 1917 y 1919, el cargo de alcalde suplente de Caraglio- buscó para sus hijo nombres que evoquen la aspiración de la Italia liberal con un cierto romanticismo: Arnaldo de Brescia [8] y el gran poeta gibelino. Éste último, mi  tocayo, al decir de Momigliano en sus últimos años, al referirse a Dante.

En una familia de intelectuales, vive una intensa atmósfera cultural. La presencia de su primo, el mencionado Felice Momigliano, frecuente visitante de la casa, era profesor de teoría filosófica de Roma, un admirador de Renan y Mazzini que conciliaba en su estructura intelectual aspectos del mensaje social y ético del profetismo misionero con el socialismo moderno, teniendo gravitación en la formación del adolescente.

Esta antigua familia piamontesa, en cuya práctica de vida coexistían la cultura religiosa tradicional y los fermentos innovadores, ricos de sugestiones filosóficas, literarias y políticas, representaba una nueva generación de judíos que con entusiasmo seguían el desarrollo del Risorgimento. 

El Momigliano de la madurez, reflexionó mucho sobre su  background. Recordaba a Piamonte que no era Italia propiamente dicha, en otro tiempo tierra celta, con la presencia de un gran número de minorías tenaces, en particular judíos y protestantes. Los Momigliano parecen haber absorbido la ambigüedad de la cultura piamontesa. En ellos se encuentra el punto de vista  judío piamontés donde dialogan el hebreo, el latín, el griego y el piamontés con su transfondo celta. 

Luego de una corta experiencia  en una escuela infantil católica, Arnaldo había completado sus estudios con tutores privados en Cuneo. En Caraglio vivía en un hogar de libros, ediciones de filósofos, novelistas y poetas del siglo diecinueve, textos clásicos y el Zemah David, El Vástago de David, un gran diccionario trilingüe con las columnas en hebreo, latín e italiano, donde la biblioteca expresaba la diversidad cultural familiar.

Como religiosos ortodoxos, cuidaban los rituales, por lo tanto Momigliano tomó el Bar Mitzvah como correspondía a todo adolescente de familia judía practicante. Entre los hermanos de su abuelo Donato, que murió muy joven, Marco Momigliano en 1866, en su condición, rabino mayor, reorganizó la comunidad judía de Bolonia. Pero la personalidad más fuerte de la familia fue otro hermano, Amadio (1844-1924), su abuelo adoptivo.

En un mundo familiar y aparentemente seguro, Amadio, talmudista y particularmente ligado a la cultura cabalística, cuidó la primera educación del pequeño Momigliano. Abuelo y nieto habitaron en la misma casa desde 1914 a 1924 y todas las noches zio Amadio leía el Zohar, el texto clásico de la Kabbalah, atribuido por Gershom Scholem a Moses ben Scemtov de León (c. 1270-90). Como piadoso lector de la tradición rabínica, le trasmitió el estudio y el amor por la traducción de los textos sagrados, enseñándole el hebreo bíblico a través de una gramática que preparó especialmente para él [9]. Esta experiencia de exégesis de textos y la frecuentación talmúdica signarán para un futuro la práctica de elaboración de las numerosísimas recensiones críticas que forman parte de la producción historiográfica momiglianesca.

 

Una familia piamontesa judía

Riccardo Salomone, su padre el 28 de agosto de 1906 en Turín desposa a Ilda Levi,  escogida en el seno de la comunidad israelita de la comarca. Figura que ha dejado huellas políticas en Caraglio, Riccardo Salomone, muy joven ya aparece como director de de la Società Filarmonica, en 1905 (“La Sentinella delle Alpi”, 19 gennaio, 1911) [10]. Participa en  la campaña anticlerical en Italia, obra de socialistas, radicales y demócratas entre 1906 y 1911, en respuesta a la condena pontificia del Modernismo y de la modernidad. Caraglio interviene en ese proceso activamente, un grupo de sus ciudadanos dan vida al “Circolo democratico XX settembre” (“La Sentinella delle Alpi”, 17 sett. 1907) [11]. En el primer consejo directivo, entre los representantes socialistas, está Riccardo Momigliano.  

El hombre político de la época, Giovanni Giolitti, marcaba las contradiciones entre la masas populares de inspiración católica y socialista, el encuentro entre clericales y anticlericales, la lucha entre clientelismo y transformismo. Caraglio precisamente era el corazón electoral de Giolitti, donde operaba su lugarteniente el abogado E. Moschetti como presidente de la Deputazione Provinziale.

Los entes locales, en la visión giolittiana, constituían el laboratorio para nuevas experiencias políticas e institucionales. En la zona rural los principales grandes electores eran los párrocos. En la ciudad, como consecuencia de la campaña electoral de octubre de 1912, triunfa la lista democrática en la que se encuentra Riccardo. Sin embargo el triunfo es impugnado y entre la sucesión de varios actos electorales, desempeñó diversas funciones en acciones de conciliación con los adversarios. Finalmente, Riccardo fue asesor comunal, prosindaco hasta que electo plebiscitariamente llegó a sindaco el 17 de abril de 1918 [12].  Dejada la carga administrrativa en 1919, lo reencontramos en 1922 entre los protagonistas de la vida ciudadana cuando es electo presidente de la Cassa Rurale, cargo que tendrá hasta finales de 1937, dirigiendo una pequeña banca a la que imprime gran impulso [13].

Los sectores del liberalismo dispuestos a la alianza con el fascismo resultaron, en algunos centros de la provincia, aquellos más anticlericales y/o antigiolittianos, entre ellos se contaban Riccardo Momigliano y Tancredi Galimberti, propietario de la “Sentinella delle Alpi”, y padre del futuro protomártir de la Resistencia, Duccio Galimberti. Banderas del socialismo, patriotas en los años 1918 y 1919, como Ottavio Eva, fundan el Fascio di Combattimento de Caraglio en 1923. Riccardo se adhirió también al fascismo, llegando a ser Secretario local del PNF; dimitirá años después, el 27 de abril de 1931[14]. Pero la actuación política de Riccardo Momigliano fue un legado arduo para la posteridad de su hijo Arnaldo, más allá de adhesiones y críticas que todavía nutren el estado de opinión sobre el fascismo.   

En el clima de gran actividad política de su padre, el adolescente Arnaldo fue a Cuneo para hacer el examen de Maturità Classica, con su amigo Michele Pellegrino, futuro cardenal de Turín, donde será orientado a continuar los caminos de la erudición. En noviembre de 1925, a la edad de diecisiete años, se anotó en la Facultad de Letras en la Universidad de Turín. Joven precoz de compleja identidad, su espíritu humanista se adheriría  al historicismo idealista de Giovanni Gentile y Benedetto Croce.

La Facultad de Letras era un centro de cultura democrática y de oposición antifacista, en los años que la frecuentaba el joven Momigliano. En el patio de la vieja Universidad de Turín, donde se encontraban las dos Facultades de Leyes y Letras, se cruzaban con Momigliano, Mario Soldati, Cesare Pavese, Giulio Carlo Argan, Norberto Bobbio, Leone Ginzburg, entre muchos otros. Era la generación de los nacidos en el período de 1906-1910.

Después de graduarse, la aventura de la partida a Roma,  siguiendo al maestro universitario Gaetano De Sanctis, convocado por la universidad, en la que se había formado con el  mommseniano Karl Julius Beloch. En esta ciudad lo encontramos bajo una fuerte influencia del ambiente crociano que dejó huellas en su producción intelectual.

Recordemos que la noción de que toda historia es historia contemporánea y que los libros sobre el pasado sirven para clarificar los  problemas del presente, junto con el énfasis puesto en la relación entre política y ética y, sobre todo, la necesidad del nexo entre investigación histórica e historia de la historiografía, permiten reconocer en Momigliano una fuerte inspiración basada en la obra de Croce.

Esta constatación impone una reflexión sobre la ecuación pasado-presente, al considerar que las circunstancias históricas pesan, no sólo sobre el autor sino también sobre el lector, generándose por lo tanto un diálogo necesario entre el historiador y sus predecesores.  

La influencia de Croce y el ambiente de la Enciclopedia Italiana al que se vinculó como colaborador, lo acercó a un contexto antifacista de carácter frondista que para algunos compensó la línea política familiar identificada con el primer fascismo.

En 1932 Momigliano tomó la cátedra de Historia Griega, ocupando el lugar dejado por su maestro, como consecuencia del rechazo de De Sanctis al juramento de fidelidad al régimen fascista. Después un concurso universitario a fines de 1936, lo presentó como vencedor en la cátedra turinesa. Momigliano aparecía como un ciudadano totalmente  integrado a la vida nacional,  que ya empezaba a mostrar las señales del colapso.

Di Donato[15] nos ofrece una cita de la carta a Federico Chabod, del 10 de noviembre de 1959, conservada en copia dactilografiada en el archivo pisano, donde describe su estado de ánimo, más de veinte años antes, durante la permanencia en la Enciclopedia Italiana. En ella expresa la gran inquietud sentida en ese momento por la evolución de la situación entre 1933 y 1936, en particular, por la presión alemana de permear el fascismo de ideas nazistas comenzada en torno a 1933, o aún antes, el conocimiento del arresto de Ginzburg y sus compañeros y sobre todo, la ansiedad generada por su condición de judío, cuestión que afectaba también a muchos otros intelectuales italianos.

 

El exilio        

La acción de las leyes raciales del gobierno de Mussolini, determinaron el abandono de su patria, debiendo trasladarse en 1939 a una Inglaterra sacudida también por las visicitudes de la guerra. Allí fue recibido por Hugh Last y se relacionó con el ambiente oxoniense y con el Warburg Institute, donde conoció a intelectuales como Fraenkel, Saxl, Gombrich y Bing. 

Arnaldo Momigliano había llegado a Oxford en abril de 1939, luego de haber sido depuesto de su cátedra de Historia Romana de la Universidad de Turín como resultado de la política antisemita del gobierno italiano. 

Momigliano nunca había vivido fuera de Italia. Su familia, en particular, la de su madre era de buena posición económica, pero se había criado en un ámbito geográfico especialmente cerrado, la provincia de Cuneo y dentro de un marco cultural específicamente judaizante. Sus contactos previos con Inglaterra fueron Turín y Roma. Llama la atención que recién hubiese viajado a Paris y conocido el Louvre en su viaje al exilio.

Encontró un mundo frío y lejano: la Inglaterra de finales de los años ’30. Al comienzo la conversación en inglés se había convertido en un tormento. Fue primero solamente un refugiado judío en Oxford pero con el sorteo de dificultades y con el paso del tiempo terminó seduciendo a los scholars ingleses por su modelo enciclopedista de gran erudición.

Sin embargo, más allá de las dificultades, desarrolló una nueva etapa de su crecimiento académico entre los eruditos británicos. Los contactos con el Warburg Institute y en especial con Gertrud Bing, oriunda de la burguesía judía de Hamburgo que compartía tradiciones culturales comunes, parecen marcar una etapa especial en la transición del intelectual italiano al scholar europeo.

La situación por la cual Momigliano no regresó para instalarse en Italia de manera definitiva, convoca la objetividad histórica junto con la subjetividad individual. El fin de la guerra, el conocimiento de la muerte de sus padres en los campos de concentración alemanes, la vuelta a Italia de manera intermitente, su vinculación con la Scuola Normale Superiore di Pisa donde siempre colaboró en los Annali y en el dictado de seminarios de historia de la historiografía, su presencia en universidades norteamericanas calificadas, como Berkeley, Harvard, Yale, Chicago; constituyen las otras secuencias de su evolución académica. Sin embargo el diseño definitivo de su perfil intelectual y espiritual, se expresó en los últimos años a través de una  profundación de su compromiso con el imaginario cultural familiar, desarrollando en la etapa final de su vida un especial homenaje a sus orígenes en Pagine ebraiche (1987).

 

Memoria y posteridad     

Prefirió Londres para morir, pero en un modesto cementerio de la pequeña patria piamontesa, la  memoria  instituye el recuerdo del sabio judío que por encima de todas las cosas quiso ser italiano. 

La memoria se hace cargo también de un mensaje legado a todos aquellos que discutimos su  pertenencia al  mundo de la Antigüedad. Tardía, recordándonos, como historiador de la historiografía, que los historiadores paganos del siglo IV no murieron realmente. Se limitaron a estar adormecidos durante varios siglos. Pertenecían a la tradición clásica de la historiografía para la que la historia eclesiástica, tenga esta última los méritos que tenga, no podía ser sustituto.

Pero memoria y posteridad entrarán en pugna cuando evaluamos las articulaciones existentes entre tradición familiar, producción académica y compromiso político. Di Donato considera muy simplista e incluso falso asimilar la posición del joven Arnaldo con la del padre. Riccardo Momigliano, al que es posible entender, se había convertido en un judío fascista, ligado a grupos piamonteses nacionalistas y de la Nostra Bandiera, revista quincenal de cultura judía que se publicaba en Torino a cargo de un sector de judíos fascistas, siendo fiduciario por la comunidad de Cuneo. Pero para Di Donato, Arnaldo Momigliano sólo era uno de los tantos empleados públicos dependientes, inscriptos al PNF, que sentían crecer en lo íntimo el rechazo al régimen y a todas sus manifestaciones [16] Tampoco encuentra en la producción científica del historiador adhesión o aceptación del fascismo, ni en la dimensión ideológica ni en la de la práctica política. Momigliano, en la reconstrucción de su propio proceso intelectual, en circunstancias polémicas durante 1981, debe hacer un descargo resumiendo los contenidos de la propia actividad científica entre los años 1929 y 1938, para combatir la sospecha de pertenecer a los implicados en asuntos no transparentes en el período fascista [17].

Las circunstancias del concurso turinés no ayudan, a pesar de los esfuerzos de sus defensores, a clarificar la situación de Momigliano en el contexto político de la época. De familia judía fascista, él aparece como un democrático profesor de historia antigua al que le permiten ganar un cargo para postergar a un experto colega fascista, aún reconociendo el jurado falencias en las concepciones metodológicas y  producción científica del ganador. Entonces es lícito preguntarnos: ¿Momigliano fue un filofascista tibio, no peligroso para sus colegas turineses, o un judío liberal ajeno a las prácticas políticas paternas e inocente actor en el certamen académico, o tal vez, para los hipercríticos, un advenedizo y ambicioso profesional que utilizó la situación política interna de la institución turinesa para acceder a una cátedra por encima de colegas más experimentados? Nosotros creemos que simplemente fue un hombre intelectualmente valioso pero ambiguo en sus actitudes, utilizado por opacos intereses académicos y convertido en víctima de las circunstancias ideológicas dominantes en la Italia de la segunda preguerra.

 

Momigliano entre “paganos, judíos y cristianos”.

Nuestra preocupación historiográfica encuentra en el análisis de la estructura intelectual de la obra de Momigliano escogida para la investigación, la condensación de las tipologías más características  de su producción científica, pero en este caso, con la peculiar atmósfera de madurez profesional y espiritual de sus últimos años  (1980-1986)[18]. De paganos, judíos y cristianos da cuenta tanto de los resultados de las acciones desarrolladas a partir de una presencia activa en instituciones académicas prestigiosas, como las Universidades de Chicago y Princeton o la Fondation Hardt de Ginebra, entre otras, como de las implicancias de las contribuciones realizadas en pubicaciones períodicas calificadas, como los Annali de Pisa o History and Theory.

La compilación como unidad temática reconoce un epicentro, abordado desde una preocupación constante en Momigliano, desarrollada en sus primeros años profesionales y nunca abandonada. Nos referimos al estudio de las formas de interpretación de las relaciones entre paganos, judíos y cristianos, tanto en la antigüedad como en el devenir contemporáneo. Pero tenemos que destacar que dentro de estas relaciones, el estudio del aspecto religioso, para finales de la década de los ’80, tenía una connotación particular, adquirida durante un proceso de larga duración marcado por las vicisitudes personales del historiador, que trasciende los contornos de categoría u objeto científico,  para formar parte de una instancia fundamental en las vivencias de su propia experiencia espiritual, instalada en el proyecto de consolidación de sus raíces culturales, que culminará en torno a la muerte en sus Pagine ebraiche. Obra que se instituye en el testamento cultural de un sabio judío del siglo veinte.

Por otro lado, desde un punto de vista más técnico, el diseño de cada una de las unidades que integran este conjunto, consideradas dentro del proceso de evolución de las prácticas escriturarias del historiador,  corresponde a la forma del ensayo de limitada extensión, consecuencia de la adecuación a un público acotado, ya que la mayoría tiene como punto de partida conferencias o ponencias más formales. El ensayo  termina afectando la morfología de artículo de revista científica, o de enciclopedia especializada, previsto para una publicación concreta, sujeta en general a múltiples reediciones.

Nos preguntamos qué interpretación podemos hacer de esta obra, que como señalamos es un  reflejo del perfil adquirido por el estudioso piamontés en su última etapa de vida, todavía vital y pleno de ideas. Del mismo enunciado del título de la compilación, surge en principio la perduración del temprano interés por los contactos entre la cultura judía y el mundo romano-helenístico. Es esta  primera inquietud la que lo lanzó, años más tarde, y a través de un recorrido largo y diverso, al estudio de la historia romana tardía, al que llegó a partir de su intención personal de comparar los estudios bíblicos con los estudios clásicos, tanto para reflexionar sobre el método histórico como para analizar la cultura judía en los términos de la ecuación pasado-presente [19].

Observamos que Momigliano, poseedor de un prestigio consolidado para los años ’80, en la elaboración de los artículos que integran la obra, recurre tanto a su pasado erudito como a su vocación de recensionista atento a la actualización bibliográfica, para ordenar un texto excesivo en detalles pero claro en su expresión pedagógica. Presenta comentarios y estados de la cuestión, apoyados en la lectura prolija de las obras de los colegas especializados en las problemáticas abordadas, cuyos posibles aportes son revisados críticamente desde su propia experiencia profesional, para incorporarlos a la estructura intelectual de la obra, sistematizadora de ideas seminales estimulantes para la reflexión y sugerentes de nuevas indagaciones. Podemos considerar esta obra tardía como una inteligente motivación para acceder al conocimiento general de estudios e investigaciones historiográficas, sobre todo en lo referido al área de la religión romana imperial, tema que recortamos del resto del conjunto, por el interés que reviste para el desarrollo de nuestra investigación.

Momigliano, reconocido desde siempre como historiador de la historiografía del mundo antiguo en particular y, en los últimos años, desde la posteridad, como representante también de una Intellectual history, a partir de la opinión de algunos integrantes del espacio historiográfico anglo-norteamericano, como G.W. Bowersock y T.J. Cornell [20], al omitir la presencia en la convocatoria del Warburg Institut de su colega siciliano Santo Mazzarino, definió un conflicto que tendría consecuencias importantes en la organización y evaluación del campo historiográfico italiano. 

Recordamos la opinión condicionada de a quién le  parece muy simplista e incluso falso asimilar la posición del joven Arnaldo con la del padre porque -como ya afirmamos- para Di Donato, Arnaldo Momigliano sólo era uno de los tantos empleados públicos dependientes, inscriptos al PNF, que sentían crecer en su interior un rechazo a todas las implicancias con el régimen [21]. Tampoco las circunstancias en las que se desarrolló el concurso turinés ayudan, a pesar de las buenas intenciones de sus amigos, a clarificar la situación de Momigliano en el contexto político de la época. 

Consideramos, sin embargo, que respetando las proyecciones humanas y espirituales de las vicisitudes del exilio y el holocausto, tiene que buscarse un fundamento más convincente para explicar las actitudes del historiador piamontés, posiblemente a través de un mejor conocimiento de los aspectos ideológicos de las políticas institucionales de la época.

Como consecuencia del exilio, la dura adaptación durante su primera experiencia británica, la participación en instituciones académicas de menor dimensión pero de aceptable atmósfera intelectual y amistosa recepción, hasta el considerable logro representado por el ingreso al University College de Londres, representan junto con sus contactos con el Warburg, un fortalecimiento profesional que puede ir acompañado por un distanciamiento académico y metodológico del panorama académico italiano de la posguerra.

La década de los ’70 recuperará a Momigliano de manera intermitente en Pisa, y en los años siguientes, aunque no se establezca de manera definitiva, fortalece el desarrollo de redes y contactos con colegas y en algunos casos, discípulos. que mantendrá hasta el final de su vida en 1987, como Di Donato, en Pisa , Gabba en Pavía, Cracco-Ruggini en Turín, Clemente en Florencia y Ginzburg en Bolonia, entre los más representativos, que ya habíamos ubicado en particular en una parte de este trabajo dedicada a la memoriosa secuencia de homenajes.

Esta es la dimensión topográfica de un ordenamiento institucional que ubica y divide campos intelectuales: los epígonos momiglianescos frente a la presencia de una Roma de herencia mazzariniana con Mazza a la cabeza, acompañado por Giardina, Fraschetti entre otros, y de una Catania, cuna de Mazzarino y Mazza, sin lugar a dudas fiel al historiador siciliano, todos sin embargo conciliados hoy en la polémica construcción de la posteridad de ambos maestros.

Finalmente, y para concluir con una síntesis nuestra investigación historiográfica, recurrimos al colega y amigo Mario Mazza. Coincidimos con él que se ha hablado mucho de la crisis de identidad de la historiografía italiana. La fórmula parece un tanto melodramática y precisamente, no demasiado apropiada, para la situación de la historia antigua. Todavía parece advertirse en el ámbito de los historiadores italianos, la falta de una propuesta general, de un hipótesis de fondo metodológicamente e historiográficamente unificante, de un paradigma en el sentido que este término es usado por los historiadores del pensamiento científico. Es cierto que ha habido un Arnaldo Momigliano, con su elevadas e incesantes lecciones de método y reflexión, y un Santo Mazzarino, con su admirable capacidad de abrir nuevos y originales territorios a la investigación, pero es necesario reconocer, que si bien la historiografía italiana en su desarrollo general no llegó a tener una respuesta unificante ni a instalar una hegemonía excluyente, como en el caso de la paradigmática Escuela de los Annales francesa, siempre mantuvo un estatuto epistemológico fuerte.

Nosotros entendemos y coincidimos con Mario Mazza [22], que es precisamente, la historiografía del Tardoantiguo, al enriquecer su empirismo, heredado de historiadores pretéritos, con los planteos analíticos e incorporaciones teórico-metodológicas tanto de los dos historiadores mencionados -Momigiano y Mazzarino- como de sus epígonos italianos y anglosajones, la que produjo resultados de gran originalidad que suscitan en estos momentos un fuerte reconocimiento internacional, obteniendo así un nuevo posicionamiento de gran protagonismo en los campos historiográficos actuales. Espacio historiográfico donde siguiendo la huella de los maestros, encontramos estratégicamente ubicados al mismo M. Mazza, E. Gabba, G. Clemente, L.Cracco Ruggini, A. Fraschetti, y A. Giardina, entre los más distinguidos, manteniendo permanente diálogo con la vecindad anglosajona, representada sin lugar a dudas por el famoso Peter Brown, seguido por Averil Cameron y R. MacMullen, entre los preferidos para esta constatación.

 

 

 



[1] Esta obra fue casi desconocida para la mayoría de los cultores de la Historia Antigua Clásica en la Argentina que estaban bajo el efecto de la influencia historiográfica francesa de los Annales. Por lo tanto no llegó de manera directa a nuestros estudiantes universitarios hasta l989 -casi treinta años después...- a través de la traducción castellana de una editoral madrileña - Alianza- con una introducción  y un apéndice bibliográfico del tardoantiquista español Javier Arce que se hizo cargo de la desactualización bibliográfica debida a los años que pasaron entre la edición original y la traducción mencionada, ofreciendo un amplio y renovado panorama de los autores más recientes dedicados a la Antigüedad Tardía con el aporte especial de la historiografía anglosajona gestora de una excelente producción sobre Late Antiquity.

[2]Vide.  Momigliano, A., Contributi alla Storia degli Studi Classici e del Mondo Antico. I-IX, Roma, l955, l960, l966, l969, l975, l980, l984, l987, l992. Largas jornadas en la Biblioteca de la École Francaise de Rome (l993-1994,  l996-1998)  nos han permitido a través de un gran esfuerzo de lectura el acceso al contenido y comprensión de tan vasta obra, unas 6.300 páginas que reúnen más de medio siglo de producción historiográfica (l928-1987).

 

[3] Momigliano, A. ‘Ciò che Flavio Giusseppe non vide’. En Settimo Contributo alla Storia degli Studi Classici e del Mondo Antico, Roma, 1984, pp. 305-307. Este trabajo sirvió de introducción a la traducción italiana del artículo de   Vidal-Naquet, P., ‘Flavius Jasephe ou du bon usage de la trahison’. Cf. del mismo autor, Ensayos de historiografía, Madrid, l990.

[4] Cf. Vidal-Naquet, P.  Mémoires, la brisure et l’attente. l. Paris, 1995.

[5] Momigliano, A., Los judíos de Italia.  En: De paganos,...,op.cit., pp. 386-409.

[6] Ibidem, pp.388-389.

[7] Ibidem., pp. 402-403.

[8]  Arnaldo de Brescia, alumno de Abelardo, pretendió establecer una suerte de república en Roma que intentaba conciliar con un reclamo de pureza y pobreza evangélicas. Consiguió expulsar al papa Adriano IV, pero finalmente fue ejecutado por orden de Federico I Barbarroja.

[9] Berti, S. ‘Introduzione’. En Momigliano, A.  Pagine ebraiche, (a cura di Silvia Berti), Torino 1987,  p. XI. y ss.

[10] Ibidem., p. 227. Cf. nota 12.

[11] Ibidem., p. 230. Cf. nota 24.

[12] Ibidem., p. 233.

[13] Berardo, L., ‘La “piccola patria” di Arnaldo Momigliano. Lotte politiche e ideologiche nel cuore del piemonte giolittiano’. En: “Biblioteca di Athenaeum”, 11, op.cit. p. 234.

[14] Ibidem., op.cit. pp. 235-236.

 

[15] Di Donato, R., ‘Introduzione, uno storico, un testo, un contesto’. En Momigliano, A., Pace e libertà nel mondo antico, Firenze, 1996, p. XIII, nota 14. Recensione a L. Canfora, Ideologie del classicismo, Torino, 1980, En “Rivista Storica Italiana”, XCIII, 1981, pp. 252-258, ristampato in Settimo Contributo, pp. 513-519.

 

[16] Di Donato, R., ‘Introduzione, un storico, un testo, un contesto’. En Momigliano, A., Pace e libertà nel..., op.cit. p. XII.

[17]  Ibidem., p. XIII, nota 13: Referida al ataque a Momigliano de W.V. Harris, The Silences of Momigliano, en “TLS”, 12 de abril 1996, p. 7, que hace referencia a “the politics of Momigliano”.

[18]Momigliano, A., De paganos, judíos y cristianos. México, 1992 (1987).

[19] Vide. Momigliano, A., ‘Los estudios bíblicos y estudios clásicos: simples reflexiones sobre el método  histórico’. En De paganos, judíos y cristianos, op.cit., pp.13-24,  La religión en Atenas, Roma y Jerusalén en el siglo I a.c.’, Ibidem., pp. 127-156,  Lo que no vió Josefo’, Ibidem, pp. 182-201, ‘Una autobiografía judía medieval, Ibidem., pp. 359-373,  Sobre la definición del judaísmo por Max Weber como religión de parias’, Ibidem., pp.374-385,  Los judíos de Italia’, Ibidem., pp. 386-409, ‘La autobiografía de Gershom Scholem’, Ibidem., p. 410-425. Siete artículos de los diecinueve que integran la compilación manifiestan el interés señalado por los contactos tanto entre la tradición judía y la cultura greco-helenística y cristiana como por la problemática de la percepción del tema  judío en la Italia contemporánea tanto por la valoración de figuras carismáticas como Ghersom Scholen.

[20] Bowersock, G.W., Cornell, T.J., Introduction. En  A.D. Momigliano. Studies on modern scholarship, op.cit., pp.VII-XVIII.

[21] Di Donato, R., Introduzione, un storico, un testo, un contesto. En Momigliano, A., Pace e libertà nel..., op.cit. p. XII.

[22] Mazza, M.,  La storia romana. En La storiografia italiana degli ultimo vent’anni. I. Antichità e Medioevo (a cura di De Rosa, L.), p. 102-103.