
ARNALDO MOMIGLIANO Y LA HISTORIOGRAFÍA
ITALIANA DEL SIGLO XX
Universidad de Buenos Aires
A
modo de introducción
El interés por indagar la persona y la
obra de Arnaldo Momigliano se intensifica en nuestro país a partir de los
efectos generados por la recepción y
difusión en el ámbito de lectores, en particular universitarios, de su obra, The Conflict between Paganism and
Christianity in the Fourth Century (Oxford 1963), sobre todo a través de la
primera traducción al castellano
(Madrid 1989) [1],
que representó la motivación fundamental para aventurarnos en el conocimiento
de la gran producción que le otorga a Momigliano su verdadera dimensión como
historiador de la historiografía, los eruditos Contributi alla storia degli studi classici e del mondo antico[2].
Los
Contributi representan más de medio siglo de una tarea que se condensa en
un rasgo historiográfico característico: el conocimiento crítico de la
Antigüedad tiene que acompañarse de una frecuentación de la historiografía
contemporánea e incorporar los problemas culturales de toda las épocas. Es
así que decide instalar tanto el
diálogo entre paganos, judíos y cristianos durante la Antigüedad como la
inserción de la tradición judía en la vida política e intelectual de la Italia
contemporánea.
No podemos dejar de conectar su mirada
sobre la cultura judía contemporánea, sin establecer relaciones con la obra
historiográfica de Pierre Vidal-Naquet, reconocido antiquista francés, que leyó
a Momigliano para entender mejor al historiador judeorromano Flavio Josefo [3],
pero también para reconocerlo como partícipe de similares tragedias familiares
generadas por un racismo al que condena con dureza [4].
Momigliano sanciona los etnocentrismos
culturales al demandar en su momento a los clasicistas italianos que estudiaran
la negativa incidencia del nazismo sobre la historia antigua.
La propia biografía de nuestro autor
nos proporciona argumentos para entender estos gestos. En su misma historia de
vida y en la de sus antecesores observamos el paso del ghetto a una clase
acomodada. A comienzos del siglo XIV un antepasado suyo abandona la comunidad
judía de Montmélian, en Saboya, por la capital de esa región, Chambéry, y
tiempo después sus descendientes, siguiendo la expansión hacia el Piamonte y a
través del comercio, préstamos y cargos rabínicos, irán configurando el linaje
de los Momigliano que pronto representará, a través de sus componentes, el
ingreso de los judíos a cargos relevantes dentro de la sociedad italiana, por
medio de su inserción en la administración pública y en las universidades.
Entre ellos se destaca una intelectualidad atraída por la política y por el
mesianismo que parecía fortalecer el socialismo de principios de nuestro siglo.
De este contexto sale Arnaldo Dante
Momigliano, nacido en Caraglio en l908 y muerto en Londres en l987,
perteneciente a una familia judía de buena posición económica estrechamente
ligada al ambiente del hebraísmo de un pequeño municipio piamontés.
Momigliano evocaba nostálgicamente que
los judíos en Italia[5],
con rituales diferentes y a menudo con intereses en conflicto, no padecían, sin
embargo, más diferencias lingüísticas que sus compatriotas cristianos.
Considera que la misma situación lingüística de Italia ya era bastante
complicada de por sí. Lo que se llama "italiano" fue una lengua escrita básicamente hasta fines del siglo
diecinueve. Todas las comunidades hablaban dialectos, y los judíos hablaban el
mismo dialecto que los demás habitantes del lugar. Los judíos venecianos
hablaban y hablan veneciano, y los judíos piamonteses hablan piamontés. Sus
padres hablaban piamontés entre ellos e italiano con los hijos, por eso él y
sus hermanas fueron los únicos hablantes nativos de italiano de su ciudad
piamontesa, y subrayaba que eran muy admirados por esa proeza lingüística.
Recordaba que cuando crecío, volvió al dialecto piamontés en conversaciones con
los padres, en su casa, pero no con sus hermanas [6].
Siempre valoró el esfuerzo familiar de fundir la tradición judía con la
realidad social y cultural italiana y al reivindicar a sus parientes, señala
tanto a Felice Momigliano, filósofo, que trató de combinar el socialismo con
Mazzini y la tradición judía, junto a Attilio Momigliano, el intérprete de
Dante, Ariosto y Manzoni [7].
Arnaldo Dante Momigliano había
nacido un 5 de septiembre de 1908 en una casa de la Piazza Cavour, en Caraglio, una pequeña ciudad del Piamonte, próxima
a la capital provincial, Cuneo, hijo de Riccardo Salomone, residente de
Caraglio, e Ilda Levi, perteneciente a una familia de industriales de Turín.
Su padre era una respetable figura
local, lo mismo que su abuelo Amadio, tío de Riccardo y padre adoptivo.
Riccardo que era opositor a la facción clerical en el Concejo de su ciudad
-llegó a asesor y obtuvo, entre 1917 y 1919, el cargo de
alcalde suplente de Caraglio- buscó para sus hijo nombres que evoquen la
aspiración de la Italia liberal con un cierto romanticismo: Arnaldo de Brescia [8]
y el gran poeta gibelino. Éste último, mi tocayo, al decir de Momigliano en sus
últimos años, al referirse a Dante.
En una familia de intelectuales, vive
una intensa atmósfera cultural. La presencia de su primo, el mencionado Felice
Momigliano, frecuente visitante de la casa, era profesor de teoría filosófica
de Roma, un admirador de Renan y Mazzini que conciliaba en su estructura
intelectual aspectos del mensaje social y ético del profetismo misionero con el
socialismo moderno, teniendo gravitación en la formación del adolescente.
Esta antigua familia piamontesa, en
cuya práctica de vida coexistían la cultura religiosa tradicional y los
fermentos innovadores, ricos de sugestiones filosóficas, literarias y
políticas, representaba una nueva generación de judíos que con entusiasmo
seguían el desarrollo del Risorgimento.
El Momigliano de la madurez, reflexionó
mucho sobre su background. Recordaba a Piamonte que no era Italia propiamente
dicha, en otro tiempo tierra celta, con la presencia de un gran número de
minorías tenaces, en particular judíos y protestantes. Los Momigliano parecen
haber absorbido la ambigüedad de la cultura piamontesa. En ellos se encuentra
el punto de vista judío piamontés donde
dialogan el hebreo, el latín, el griego y el piamontés con su transfondo
celta.
Luego de una corta experiencia en una escuela infantil católica, Arnaldo
había completado sus estudios con tutores privados en Cuneo. En Caraglio vivía
en un hogar de libros, ediciones de filósofos, novelistas y poetas del siglo
diecinueve, textos clásicos y el Zemah
David, El Vástago de David, un gran diccionario trilingüe con las columnas
en hebreo, latín e italiano, donde la biblioteca expresaba la diversidad
cultural familiar.
Como religiosos ortodoxos, cuidaban los
rituales, por lo tanto Momigliano tomó el Bar
Mitzvah como correspondía a todo adolescente de familia judía practicante.
Entre los hermanos de su abuelo Donato, que murió muy joven, Marco Momigliano
en 1866, en su condición, rabino mayor, reorganizó la comunidad judía de
Bolonia. Pero la personalidad más fuerte de la familia fue otro hermano, Amadio
(1844-1924), su abuelo adoptivo.
En un mundo familiar y aparentemente
seguro, Amadio, talmudista y particularmente ligado a la cultura cabalística,
cuidó la primera educación del pequeño Momigliano. Abuelo y nieto habitaron en
la misma casa desde 1914 a 1924 y todas las noches zio Amadio leía el Zohar,
el texto clásico de la Kabbalah,
atribuido por Gershom Scholem a Moses ben Scemtov de León (c. 1270-90). Como
piadoso lector de la tradición rabínica, le trasmitió el estudio y el amor por
la traducción de los textos sagrados, enseñándole el hebreo bíblico a través de
una gramática que preparó especialmente para él [9].
Esta experiencia de exégesis de textos y la frecuentación talmúdica signarán
para un futuro la práctica de elaboración de las numerosísimas recensiones
críticas que forman parte de la producción historiográfica momiglianesca.
Una
familia piamontesa judía
Riccardo Salomone, su padre el 28 de
agosto de 1906 en Turín desposa a Ilda Levi,
escogida en el seno de la comunidad israelita de la comarca. Figura que
ha dejado huellas políticas en Caraglio, Riccardo Salomone, muy joven ya aparece
como director de de la Società Filarmonica,
en 1905 (“La Sentinella delle Alpi”, 19 gennaio, 1911) [10].
Participa en la campaña anticlerical en
Italia, obra de socialistas, radicales y demócratas entre 1906 y 1911, en
respuesta a la condena pontificia del Modernismo y de la modernidad. Caraglio interviene
en ese proceso activamente, un grupo de sus ciudadanos dan vida al “Circolo democratico XX settembre” (“La
Sentinella delle Alpi”, 17 sett. 1907) [11]. En el primer consejo directivo, entre
los representantes socialistas, está Riccardo Momigliano.
El hombre político de la época,
Giovanni Giolitti, marcaba las contradiciones entre la masas populares de
inspiración católica y socialista, el encuentro entre clericales y
anticlericales, la lucha entre clientelismo y transformismo. Caraglio
precisamente era el corazón electoral de Giolitti, donde operaba su
lugarteniente el abogado E. Moschetti como presidente de la Deputazione Provinziale.
Los entes locales, en la visión
giolittiana, constituían el laboratorio para nuevas experiencias políticas e
institucionales. En la zona rural los principales grandes electores eran los
párrocos. En la ciudad, como consecuencia de la campaña electoral de octubre de
1912, triunfa la lista democrática en la que se encuentra Riccardo. Sin embargo
el triunfo es impugnado y entre la sucesión de varios actos electorales,
desempeñó diversas funciones en acciones de conciliación con los adversarios.
Finalmente, Riccardo fue asesor comunal, prosindaco
hasta que electo plebiscitariamente llegó a sindaco el 17 de abril de 1918 [12]. Dejada la carga administrrativa en 1919, lo
reencontramos en 1922 entre los protagonistas de la vida ciudadana cuando es
electo presidente de la Cassa Rurale, cargo
que tendrá hasta finales de 1937, dirigiendo una pequeña banca a la que imprime
gran impulso [13].
Los sectores del liberalismo dispuestos
a la alianza con el fascismo resultaron, en algunos centros de la provincia,
aquellos más anticlericales y/o antigiolittianos, entre ellos se contaban
Riccardo Momigliano y Tancredi Galimberti, propietario de la “Sentinella delle
Alpi”, y padre del futuro protomártir de la Resistencia, Duccio Galimberti.
Banderas del socialismo, patriotas en los años 1918 y 1919, como Ottavio Eva,
fundan el Fascio di Combattimento de
Caraglio en 1923. Riccardo se adhirió también al fascismo, llegando a ser
Secretario local del PNF; dimitirá años después, el 27 de abril de 1931[14].
Pero la actuación política de Riccardo Momigliano fue un legado arduo para la
posteridad de su hijo Arnaldo, más allá de adhesiones y críticas que todavía
nutren el estado de opinión sobre el fascismo.
En el clima de gran actividad política
de su padre, el adolescente Arnaldo fue a Cuneo para hacer el examen de Maturità Classica, con su amigo Michele
Pellegrino, futuro cardenal de Turín, donde será orientado a continuar los
caminos de la erudición. En noviembre de 1925, a la edad de diecisiete años, se
anotó en la Facultad de Letras en la Universidad de Turín. Joven precoz de
compleja identidad, su espíritu humanista se adheriría al historicismo idealista de Giovanni
Gentile y Benedetto Croce.
La Facultad de Letras era un centro de
cultura democrática y de oposición antifacista, en los años que la frecuentaba
el joven Momigliano. En el patio de la vieja Universidad de Turín, donde se
encontraban las dos Facultades de Leyes y Letras, se cruzaban con Momigliano,
Mario Soldati, Cesare Pavese, Giulio Carlo Argan, Norberto Bobbio, Leone
Ginzburg, entre muchos otros. Era la generación de los nacidos en el período de
1906-1910.
Después de graduarse, la aventura de la
partida a Roma, siguiendo al maestro
universitario Gaetano De Sanctis, convocado por la universidad, en la que se
había formado con el mommseniano Karl
Julius Beloch. En esta ciudad lo encontramos bajo una fuerte influencia del
ambiente crociano que dejó huellas en su producción intelectual.
Recordemos que la noción de que toda
historia es historia contemporánea y que los libros sobre el pasado sirven para
clarificar los problemas del presente,
junto con el énfasis puesto en la relación entre política y ética y, sobre
todo, la necesidad del nexo entre investigación histórica e historia de la
historiografía, permiten reconocer en Momigliano una fuerte inspiración basada
en la obra de Croce.
Esta constatación impone una reflexión
sobre la ecuación pasado-presente,
al considerar que las circunstancias históricas pesan, no sólo sobre el autor
sino también sobre el lector, generándose por lo tanto un diálogo necesario
entre el historiador y sus predecesores.
La influencia de Croce y el ambiente de
la Enciclopedia Italiana al que se
vinculó como colaborador, lo acercó a un contexto antifacista de carácter
frondista que para algunos compensó la línea política familiar identificada con
el primer fascismo.
En 1932 Momigliano tomó la cátedra de
Historia Griega, ocupando el lugar dejado por su maestro, como consecuencia del
rechazo de De Sanctis al juramento de fidelidad al régimen fascista. Después un
concurso universitario a fines de 1936, lo presentó como vencedor en la cátedra
turinesa. Momigliano aparecía como un ciudadano totalmente integrado a la vida nacional, que ya empezaba a mostrar las señales del
colapso.
Di Donato[15]
nos ofrece una cita de la carta a Federico Chabod, del 10 de noviembre de 1959,
conservada en copia dactilografiada en el archivo pisano, donde describe su
estado de ánimo, más de veinte años antes, durante la permanencia en la Enciclopedia Italiana. En ella expresa
la gran inquietud sentida en ese momento por la evolución de la situación entre
1933 y 1936, en particular, por la presión alemana de permear el fascismo de
ideas nazistas comenzada en torno a 1933, o aún antes, el conocimiento del
arresto de Ginzburg y sus compañeros y sobre todo, la ansiedad generada por su
condición de judío, cuestión que afectaba también a muchos otros intelectuales
italianos.
El
exilio
La acción de las leyes raciales del
gobierno de Mussolini, determinaron el abandono de su patria, debiendo
trasladarse en 1939 a una Inglaterra sacudida también por las visicitudes de la
guerra. Allí fue recibido por Hugh Last y se relacionó con el ambiente
oxoniense y con el Warburg Institute,
donde conoció a intelectuales como Fraenkel, Saxl, Gombrich y Bing.
Arnaldo Momigliano había llegado a
Oxford en abril de 1939, luego de haber sido depuesto de su cátedra de Historia
Romana de la Universidad de Turín como resultado de la política antisemita del
gobierno italiano.
Momigliano nunca había vivido fuera de
Italia. Su familia, en particular, la de su madre era de buena posición
económica, pero se había criado en un ámbito geográfico especialmente cerrado,
la provincia de Cuneo y dentro de un marco cultural específicamente judaizante.
Sus contactos previos con Inglaterra fueron Turín y Roma. Llama la atención que
recién hubiese viajado a Paris y conocido el Louvre en su viaje al exilio.
Encontró un mundo frío y lejano: la
Inglaterra de finales de los años ’30. Al comienzo la conversación en inglés se
había convertido en un tormento. Fue primero solamente un refugiado judío en
Oxford pero con el sorteo de dificultades y con el paso del tiempo terminó
seduciendo a los scholars ingleses
por su modelo enciclopedista de gran erudición.
Sin embargo, más allá de las
dificultades, desarrolló una nueva etapa de su crecimiento académico entre los
eruditos británicos. Los contactos con el Warburg
Institute y en especial con Gertrud Bing, oriunda de la burguesía judía de
Hamburgo que compartía tradiciones culturales comunes, parecen marcar una etapa
especial en la transición del intelectual italiano al scholar europeo.
La situación por la cual Momigliano no
regresó para instalarse en Italia de manera definitiva, convoca la objetividad
histórica junto con la subjetividad individual. El fin de la guerra, el
conocimiento de la muerte de sus padres en los campos de concentración alemanes,
la vuelta a Italia de manera intermitente, su vinculación con la Scuola Normale Superiore di Pisa donde
siempre colaboró en los Annali y en
el dictado de seminarios de historia de la historiografía, su presencia en
universidades norteamericanas calificadas, como Berkeley, Harvard, Yale,
Chicago; constituyen las otras secuencias de su evolución académica. Sin
embargo el diseño definitivo de su perfil intelectual y espiritual, se expresó
en los últimos años a través de una
profundación de su compromiso con el imaginario cultural familiar,
desarrollando en la etapa final de su vida un especial homenaje a sus orígenes
en Pagine ebraiche (1987).
Memoria
y posteridad
Prefirió Londres para morir, pero en un
modesto cementerio de la pequeña patria piamontesa, la memoria instituye el recuerdo del sabio judío que
por encima de todas las cosas quiso ser italiano.
La memoria se hace cargo también de un
mensaje legado a todos aquellos que discutimos su pertenencia al mundo de
la Antigüedad. Tardía, recordándonos, como historiador de la historiografía,
que los historiadores paganos del siglo IV no
murieron realmente. Se limitaron a estar adormecidos durante varios siglos.
Pertenecían a la tradición clásica de la historiografía para la que la historia
eclesiástica, tenga esta última los méritos que tenga, no podía ser sustituto.
Pero memoria y posteridad entrarán en
pugna cuando evaluamos las articulaciones existentes entre tradición familiar,
producción académica y compromiso político. Di Donato considera muy simplista e
incluso falso asimilar la posición del joven Arnaldo con la del padre. Riccardo
Momigliano, al que es posible entender, se había convertido en un judío
fascista, ligado a grupos piamonteses nacionalistas y de la Nostra Bandiera, revista quincenal de
cultura judía que se publicaba en Torino a cargo de un sector de judíos
fascistas, siendo fiduciario por la comunidad de Cuneo. Pero para Di Donato,
Arnaldo Momigliano sólo era uno de los tantos empleados públicos dependientes,
inscriptos al PNF, que sentían crecer en lo íntimo el rechazo al régimen y a
todas sus manifestaciones [16]
Tampoco encuentra en la producción científica del historiador adhesión o
aceptación del fascismo, ni en la dimensión ideológica ni en la de la práctica
política. Momigliano, en la reconstrucción de su propio proceso intelectual, en
circunstancias polémicas durante 1981, debe hacer un descargo resumiendo los
contenidos de la propia actividad científica entre los años 1929 y 1938, para
combatir la sospecha de pertenecer a los implicados en asuntos no transparentes
en el período fascista [17].
Las circunstancias del concurso turinés
no ayudan, a pesar de los esfuerzos de sus defensores, a clarificar la
situación de Momigliano en el contexto político de la época. De familia judía
fascista, él aparece como un democrático profesor de historia antigua al que le
permiten ganar un cargo para postergar a un experto colega fascista, aún
reconociendo el jurado falencias en las concepciones metodológicas y producción científica del ganador. Entonces
es lícito preguntarnos: ¿Momigliano fue un filofascista tibio, no peligroso
para sus colegas turineses, o un judío liberal ajeno a las prácticas políticas
paternas e inocente actor en el certamen académico, o tal vez, para los
hipercríticos, un advenedizo y ambicioso profesional que utilizó la situación
política interna de la institución turinesa para acceder a una cátedra por
encima de colegas más experimentados? Nosotros creemos que simplemente fue un
hombre intelectualmente valioso pero ambiguo en sus actitudes, utilizado por
opacos intereses académicos y convertido en víctima de las circunstancias
ideológicas dominantes en la Italia de la segunda preguerra.
Momigliano
entre “paganos, judíos y cristianos”.
Nuestra preocupación historiográfica
encuentra en el análisis de la estructura intelectual de la obra de Momigliano
escogida para la investigación, la
condensación de las tipologías más características de su producción científica, pero en este caso, con la peculiar
atmósfera de madurez profesional y espiritual de sus últimos años (1980-1986)[18].
De paganos, judíos y cristianos da
cuenta tanto de los resultados de las acciones desarrolladas a partir de una
presencia activa en instituciones académicas prestigiosas, como las
Universidades de Chicago y Princeton o la Fondation
Hardt de Ginebra, entre otras, como de las implicancias de las
contribuciones realizadas en pubicaciones períodicas calificadas, como los Annali de Pisa o History and Theory.
La compilación como unidad temática
reconoce un epicentro, abordado desde una preocupación constante en Momigliano,
desarrollada en sus primeros años profesionales y nunca abandonada. Nos
referimos al estudio de las formas de interpretación de las relaciones entre
paganos, judíos y cristianos, tanto en la antigüedad como en el devenir
contemporáneo. Pero tenemos que destacar que dentro de estas relaciones, el
estudio del aspecto religioso, para finales de la década de los ’80, tenía una
connotación particular, adquirida durante un proceso de larga duración marcado
por las vicisitudes personales del historiador, que trasciende los contornos de
categoría u objeto científico, para
formar parte de una instancia fundamental en las vivencias de su propia
experiencia espiritual, instalada en el proyecto de consolidación de sus raíces
culturales, que culminará en torno a la muerte en sus Pagine ebraiche. Obra que se instituye en el testamento cultural de un sabio judío del siglo veinte.
Por otro lado, desde un punto de vista
más técnico, el diseño de cada una de las unidades que integran este conjunto,
consideradas dentro del proceso de evolución de las prácticas escriturarias del
historiador, corresponde a la forma del
ensayo de limitada extensión, consecuencia de la adecuación a un público
acotado, ya que la mayoría tiene como punto de partida conferencias o ponencias
más formales. El ensayo termina
afectando la morfología de artículo de revista científica, o de enciclopedia
especializada, previsto para una publicación concreta, sujeta en general a
múltiples reediciones.
Nos preguntamos qué
interpretación podemos hacer de esta obra, que como señalamos es un reflejo del perfil adquirido por el
estudioso piamontés en su última etapa de vida, todavía vital y pleno de ideas.
Del mismo enunciado del título de la compilación, surge en principio la
perduración del temprano interés por los contactos entre la cultura judía y el
mundo romano-helenístico. Es esta
primera inquietud la que lo lanzó, años más tarde, y a través de un recorrido
largo y diverso, al estudio de la historia romana tardía, al que llegó a partir
de su intención personal de comparar los estudios bíblicos con los estudios
clásicos, tanto para reflexionar sobre el método histórico como para analizar
la cultura judía en los términos de la ecuación pasado-presente [19].
Observamos que Momigliano,
poseedor de un prestigio consolidado para los años ’80, en la elaboración de
los artículos que integran la obra, recurre tanto a su pasado erudito como a su vocación de recensionista
atento a la actualización bibliográfica,
para ordenar un texto excesivo en detalles pero claro en su expresión
pedagógica. Presenta comentarios y estados de la cuestión, apoyados en la
lectura prolija de las obras de los colegas especializados en las problemáticas
abordadas, cuyos posibles aportes son revisados críticamente desde su propia
experiencia profesional, para incorporarlos a la estructura intelectual de la
obra, sistematizadora de ideas seminales estimulantes para la reflexión y
sugerentes de nuevas indagaciones. Podemos considerar esta obra tardía como una
inteligente motivación para acceder al conocimiento general de estudios e
investigaciones historiográficas, sobre todo en lo referido al área de la
religión romana imperial, tema que recortamos del resto del conjunto, por el interés
que reviste para el desarrollo de nuestra investigación.
Momigliano, reconocido desde
siempre como historiador de la historiografía del mundo antiguo en particular
y, en los últimos años, desde la posteridad, como representante también de una Intellectual history, a partir de la
opinión de algunos integrantes del espacio historiográfico
anglo-norteamericano, como G.W. Bowersock y T.J. Cornell [20],
al omitir la presencia en la convocatoria del Warburg Institut de su colega
siciliano Santo Mazzarino, definió un conflicto que tendría consecuencias
importantes en la organización y evaluación del campo historiográfico
italiano.
Recordamos la opinión condicionada de a
quién le parece muy simplista e incluso
falso asimilar la posición del joven Arnaldo con la del padre porque -como ya
afirmamos- para Di Donato, Arnaldo Momigliano sólo era uno de los tantos
empleados públicos dependientes, inscriptos al PNF, que sentían crecer en su
interior un rechazo a todas las implicancias con el régimen [21].
Tampoco las circunstancias en las que se desarrolló el concurso turinés ayudan,
a pesar de las buenas intenciones de sus amigos, a clarificar la situación de
Momigliano en el contexto político de la época.
Consideramos, sin embargo, que
respetando las proyecciones humanas y espirituales de las vicisitudes del
exilio y el holocausto, tiene que buscarse un fundamento más convincente para
explicar las actitudes del historiador piamontés, posiblemente a través de un
mejor conocimiento de los aspectos ideológicos de las políticas institucionales
de la época.
Como consecuencia del exilio, la dura
adaptación durante su primera experiencia británica, la participación en
instituciones académicas de menor dimensión pero de aceptable atmósfera
intelectual y amistosa recepción, hasta el considerable logro representado por
el ingreso al University College de Londres, representan junto con sus
contactos con el Warburg, un fortalecimiento profesional que puede ir
acompañado por un distanciamiento académico y metodológico del panorama
académico italiano de la posguerra.
La década de los ’70 recuperará a
Momigliano de manera intermitente en Pisa, y en los años siguientes, aunque no
se establezca de manera definitiva, fortalece el desarrollo de redes y
contactos con colegas y en algunos casos, discípulos. que mantendrá hasta el
final de su vida en 1987, como Di Donato, en Pisa , Gabba en Pavía,
Cracco-Ruggini en Turín, Clemente en Florencia y Ginzburg en Bolonia, entre los
más representativos, que ya habíamos ubicado en particular en una parte de este
trabajo dedicada a la memoriosa secuencia de homenajes.
Esta es la dimensión topográfica de un
ordenamiento institucional que ubica y divide campos intelectuales: los
epígonos momiglianescos frente a la presencia de una Roma de herencia mazzariniana
con Mazza a la cabeza, acompañado por Giardina, Fraschetti entre otros, y de
una Catania, cuna de Mazzarino y Mazza, sin lugar a dudas fiel al historiador
siciliano, todos sin embargo conciliados hoy en la polémica construcción de la
posteridad de ambos maestros.
Finalmente, y para concluir con una
síntesis nuestra investigación historiográfica, recurrimos al colega y amigo
Mario Mazza. Coincidimos con él que se ha hablado mucho de la crisis de
identidad de la historiografía
italiana. La fórmula parece un tanto melodramática y precisamente, no demasiado
apropiada, para la situación de la historia antigua. Todavía parece advertirse
en el ámbito de los historiadores italianos, la falta de una propuesta general,
de un hipótesis de fondo metodológicamente e historiográficamente unificante,
de un paradigma en el sentido que
este término es usado por los historiadores del pensamiento científico. Es
cierto que ha habido un Arnaldo Momigliano, con su elevadas e incesantes
lecciones de método y reflexión, y un Santo Mazzarino, con su admirable
capacidad de abrir nuevos y originales territorios a la investigación, pero es
necesario reconocer, que si bien la historiografía italiana en su desarrollo
general no llegó a tener una respuesta unificante ni a instalar una hegemonía
excluyente, como en el caso de la paradigmática Escuela de los Annales francesa, siempre mantuvo un
estatuto epistemológico fuerte.
Nosotros entendemos y coincidimos con
Mario Mazza [22], que es
precisamente, la historiografía del Tardoantiguo, al enriquecer su empirismo,
heredado de historiadores pretéritos, con los planteos analíticos e
incorporaciones teórico-metodológicas tanto de los dos historiadores
mencionados -Momigiano y Mazzarino- como de sus epígonos italianos y
anglosajones, la que produjo resultados de gran originalidad que suscitan en
estos momentos un fuerte reconocimiento internacional, obteniendo así un nuevo
posicionamiento de gran protagonismo en los campos historiográficos actuales.
Espacio historiográfico donde siguiendo la huella de los maestros, encontramos
estratégicamente ubicados al mismo M. Mazza, E. Gabba, G. Clemente, L.Cracco
Ruggini, A. Fraschetti, y A. Giardina, entre los más distinguidos, manteniendo
permanente diálogo con la vecindad anglosajona, representada sin lugar a dudas
por el famoso Peter Brown, seguido por Averil Cameron y R. MacMullen, entre los
preferidos para esta constatación.
[1] Esta obra fue casi desconocida para la mayoría de los cultores de la Historia Antigua Clásica en la Argentina que estaban bajo el efecto de la influencia historiográfica francesa de los Annales. Por lo tanto no llegó de manera directa a nuestros estudiantes universitarios hasta l989 -casi treinta años después...- a través de la traducción castellana de una editoral madrileña - Alianza- con una introducción y un apéndice bibliográfico del tardoantiquista español Javier Arce que se hizo cargo de la desactualización bibliográfica debida a los años que pasaron entre la edición original y la traducción mencionada, ofreciendo un amplio y renovado panorama de los autores más recientes dedicados a la Antigüedad Tardía con el aporte especial de la historiografía anglosajona gestora de una excelente producción sobre Late Antiquity.
[2]Vide. Momigliano, A., Contributi alla Storia degli Studi Classici
e del Mondo Antico. I-IX, Roma, l955, l960, l966, l969, l975, l980, l984,
l987, l992. Largas jornadas en la Biblioteca de la École Francaise de Rome
(l993-1994, l996-1998) nos han permitido a través de un gran
esfuerzo de lectura el acceso al contenido y comprensión de tan vasta obra,
unas 6.300 páginas que reúnen más de medio siglo de producción historiográfica
(l928-1987).
[3] Momigliano, A. ‘Ciò che Flavio Giusseppe non vide’. En Settimo Contributo alla Storia degli Studi Classici e del Mondo Antico, Roma, 1984, pp. 305-307. Este trabajo sirvió de introducción a la traducción italiana del artículo de Vidal-Naquet, P., ‘Flavius Jasephe ou du bon usage de la trahison’. Cf. del mismo autor, Ensayos de historiografía, Madrid, l990.
[4] Cf. Vidal-Naquet, P. Mémoires, la brisure et l’attente. l. Paris, 1995.
[5] Momigliano, A., Los judíos de Italia. En: De paganos,...,op.cit., pp. 386-409.
[6] Ibidem, pp.388-389.
[7] Ibidem., pp. 402-403.
[8] Arnaldo de Brescia, alumno de Abelardo, pretendió establecer una suerte de república en Roma que intentaba conciliar con un reclamo de pureza y pobreza evangélicas. Consiguió expulsar al papa Adriano IV, pero finalmente fue ejecutado por orden de Federico I Barbarroja.
[9] Berti, S. ‘Introduzione’. En Momigliano, A. Pagine ebraiche, (a cura di Silvia Berti), Torino 1987, p. XI. y ss.
[10] Ibidem., p. 227. Cf. nota 12.
[11] Ibidem., p. 230. Cf. nota 24.
[12] Ibidem., p. 233.
[13] Berardo, L., ‘La “piccola patria” di Arnaldo Momigliano. Lotte politiche e ideologiche nel cuore del piemonte giolittiano’. En: “Biblioteca di Athenaeum”, 11, op.cit. p. 234.
[14] Ibidem., op.cit. pp. 235-236.
[15] Di Donato,
R., ‘Introduzione, uno storico, un testo,
un contesto’. En Momigliano, A., Pace
e libertà nel mondo antico, Firenze, 1996, p. XIII, nota 14. Recensione a
L. Canfora, Ideologie del classicismo,
Torino, 1980, En “Rivista Storica Italiana”, XCIII, 1981, pp. 252-258,
ristampato in Settimo Contributo, pp.
513-519.
[16] Di Donato, R., ‘Introduzione, un storico, un testo, un contesto’. En Momigliano, A., Pace e libertà nel..., op.cit. p. XII.
[17] Ibidem., p. XIII, nota 13: Referida al ataque a Momigliano de W.V. Harris, The Silences of Momigliano, en “TLS”, 12 de abril 1996, p. 7, que hace referencia a “the politics of Momigliano”.
[18]Momigliano, A., De paganos, judíos y cristianos. México, 1992 (1987).
[19] Vide. Momigliano, A., ‘Los estudios bíblicos y estudios clásicos: simples reflexiones sobre el método histórico’. En De paganos, judíos y cristianos, op.cit., pp.13-24, ‘La religión en Atenas, Roma y Jerusalén en el siglo I a.c.’, Ibidem., pp. 127-156, ‘Lo que no vió Josefo’, Ibidem, pp. 182-201, ‘Una autobiografía judía medieval, Ibidem., pp. 359-373, ‘Sobre la definición del judaísmo por Max Weber como religión de parias’, Ibidem., pp.374-385, ‘Los judíos de Italia’, Ibidem., pp. 386-409, ‘La autobiografía de Gershom Scholem’, Ibidem., p. 410-425. Siete artículos de los diecinueve que integran la compilación manifiestan el interés señalado por los contactos tanto entre la tradición judía y la cultura greco-helenística y cristiana como por la problemática de la percepción del tema judío en la Italia contemporánea tanto por la valoración de figuras carismáticas como Ghersom Scholen.
[20] Bowersock, G.W., Cornell, T.J., Introduction. En
A.D. Momigliano. Studies on
modern scholarship, op.cit.,
pp.VII-XVIII.
[21] Di Donato, R., Introduzione, un storico, un testo, un contesto. En Momigliano, A., Pace e libertà nel..., op.cit. p. XII.
[22] Mazza, M., La storia romana. En La storiografia italiana degli ultimo vent’anni. I. Antichità e Medioevo (a cura di De Rosa, L.), p. 102-103.