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Actas del XI Coloquio Internacional de Geocrítica

LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL Y EL URBANISMO DESDE EL DIÁLOGO Y LA PARTICIPACIÓN

Buenos Aires, 2 - 7 de mayo de 2010
Universidad de Buenos Aires

 

LA CULTURA DEL AGUA, EJE ORIENTADOR DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL PARA LOS HABITANTES DEL GRAN MENDOZA

 

Gloria Leticia Zamorano

Profesora de Geografía Instituto de Geografí, U.N.Cuyo

glozam@arnet.com.ar

 

María Belén González

Licenciada en Gestión Ambiental Instituto de Geografía, U.N.Cuyo.

gonzalezmbelen@gmail.com


La cultura del agua, eje orientador de la educación ambiental para los habitantes del Gran Mendoza (Resumen)

Entre las conclusiones de un estudio realizado recientemente sobre la contaminación por sólidos de las acequias en el Gran Mendoza, nos planteamos si realmente existe una valoración de estos cauces como un patrimonio cultural por parte de sus pobladores. El presente trabajo tiene como objetivo, en consecuencia, revalorizar la cultura del agua con vistas a desarrollar estrategias de gestión ambiental tendientes a mejorar la calidad de vida de los habitantes de la provincia, sean rurales o urbanos. Para ello se examina el sistema de símbolos materiales e inmateriales que representan la cultura del agua -propia de la identidad de los mendocinos-, a través del análisis de los resultados de 360 encuestas practicadas en el área de estudio.

Palabras clave: cultura del agua, sistema de riego, contaminación por sólidos, identidad, educación ambiental


The water culture, axe orientated to environmental education for Great Mendoza inhabitants (Abstract)

As one of the conclusions of a study recently developed about pollution by solid remainders in the acequias of the Great Mendoza, we ask if there really exist a valuation of these channels as a cultural patrimony by its inhabitants. The present work has as aim, consequently, to revalorize water culture to develop strategies of environmental management tending to improve life quality of the province inhabitants, either rural or urban ones. For this purpose it is examined the tangible and intangible symbols system that represent the water culture -characteristic of Mendocinos' identity-, through the results analysis of 360 surveys practiced in the study area.

Key words: water culture, irrigation system, pollution of solid remainders, identity, environmental education


Introducción

El Gran Mendoza constituye una aglomeración de aproximadamente un millón de habitantes, situada dentro del oasis del río homónimo, que representa un área irrigada de unas 55.000 hectáreas cultivadas. En los últimos años ha sufrido una expansión territorial desordenada, poco planificada, con una localización deficiente de las actividades económicas y con una superposición de usos del suelo: a causa de esto, la red de riego y de desagüe quedó inserta en la trama urbana. Entre los efectos nocivos de este crecimiento urbano, destacamos un aumento de la contaminación de distinta índole, como la generada por voluminosos y heterogéneos residuos depositados en las acequias, los cuales son luego trasladados, gracias a la pendiente, hacia el este, al área rural del oasis. Así se produce un incremento gradual del deterioro ambiental, con la consiguiente merma de la calidad de los productos agrícolas, la degradación del paisaje rural, la disminución de la calidad de vida de los habitantes.

Esta expansión territorial del Gran Mendoza ha sido posible gracias a un sistema de irrigación que ha modificado sustancialmente el ecosistema semiárido originario. Sin embargo, la creciente demanda de agua, su despilfarro, su contaminación, nos hacen suponer que actualmente no existe, en la población mendocina, una verdadera conciencia sobre la importancia que tiene el recurso hídrico para la vida y el desarrollo económico provincial.

Entre las conclusiones de un estudio realizado recientemente sobre la contaminación por sólidos de las acequias, nos planteamos si realmente existe una valoración de estos cauces como un patrimonio cultural por parte de los pobladores del Gran Mendoza. El presente trabajo tiene como objetivo, en consecuencia, revalorizar la cultura del agua con vistas a desarrollar estrategias de educación y de gestión ambiental tendientes a mejorar la calidad de vida de los pobladores de la provincia, sean rurales o urbanos.

Para esta investigación se utiliza una metodología hipotético-deductiva, en tres pasos. En primer lugar, dentro de la recolección de la información, se llevan a cabo 360 encuestas a la población de quince barrios del Gran Mendoza, seleccionados por categoría socioeconómica.

En segundo lugar, en el análisis, se realiza el procesamiento de las encuestas y se establecen correlaciones entre los atributos y variables considerados como modelo de la cultura del agua.

Finalmente, en la síntesis, se comprueba si el comportamiento de los habitantes de los barrios demuestra o no una valoración de la cultura del agua en el Gran Mendoza. Se extraen, además, conclusiones que permiten plantear una verdadera educación ambiental para los habitantes y una determinada gestión ambiental por parte de los actores involucrados.

La cultura del agua, legado de nuestros antepasados

En la provincia de Mendoza, por tratarse de una zona semidesértica, la acción del hombre ha intervenido sustancialmente en la conformación de los oasis bajo riego (norte, centro y sur) alrededor de los cuales se concentra la mayor parte de su población y actividades. A partir de la sistematización de las aguas de los ríos en su curso medio, el trabajo perseverante del hombre ha dado lugar a una particular cultura del agua, que constituye un legado que recibimos de nuestros ancestros sobre la construcción de los oasis en la provincia, y sobre este oasis en particular. Ésta se manifiesta en cinco características esenciales, que merecen ser explicadas:

·                   Herencia de la infraestructura de riego de nuestros antepasados en el oasis norte de la provincia de Mendoza.

·                   Construcción de obras hidráulicas y de mecanismos apropiados para controlar el caudal del río.

·                   Implantación de redes de distribución del agua con estructura jerárquica.

·                   Creación y acción permanente de entes que regulan el riego.

·                   Promulgación de leyes para el control de la irrigación y el mantenimiento del sistema de riego.

Luego, para comprender la cultura del agua es pertinente analizar aquí la evolución del uso del recurso hídrico en el territorio provincial, la cual puede dividirse en tres etapas: las de los sistemas huarpe, español y argentino.

El primer período corresponde al sistema huarpe, y abarca desde el siglo III hasta el XVI. Su economía es de autoconsumo, basada en el cultivo del maíz y legumbres[1] .Bajo una propiedad comunitaria, los indígenas debutaron en la práctica de la irrigación superficial, conduciendo las aguas de los ríos a través de canales e hijuelas, orientándolos según el sentido de la pendiente, aprovechando incluso las fallas geológicas que existían en el sitio de la ciudad[2].

La segunda etapa, del sistema español, es de economía de mercado y comienza luego de la fundación de la ciudad de Mendoza, en 1561. Los habitantes de la provincia de Cuyo -dependiente de la Capitanía General de Chile- aprovecharon los canales preexistentes que les servían para extraer el agua potable y de riego. Debido a los frecuentes robos y tomas clandestinas de agua, en 1603 se creó la Alcaldía de Aguas, que tenía la obligación de repartir y cuidar la distribución del recurso.

A mediados del siglo XVII, las tierras de los alrededores de la ciudad de Mendoza fueron distribuidas entre los colonizadores en chacras y estancias. Las primeras estaban consagradas a la explotación de cereales, frutales, legumbres, hortalizas y viñas; también se desecaban frutas y se fabricaba vino. En las estancias, por el contrario, se cultivaban plantas forrajeras destinadas a la cría de bovinos[3] .Gracias a esta producción, no sólo se satisfacían las necesidades de los habitantes, sino que también se vendían cereales, frutas secas, vinos, a diferentes regiones argentinas y al Uruguay, y se exportaba ganado en pie a Chile.

El tercer período, denominado del sistema argentino, se inicia en 1816 y continúa con la misma orientación agropastoril de la etapa precedente, aunque incrementando los intercambios dentro del interior del país.

La ciudad de Mendoza sufrió en 1861 un terremoto con epicentro en su mismo sitio, provocando el derrumbe de gran parte de la infraestructura edilicia del centro urbano y la muerte de la tercera parte de la población, "ya que de un total de 11.539 habitantes perecieron 4.247, se salvaron 6.545 y hubo 747 heridos"[4] . Como consecuencia de esta catástrofe, en 1863, el gobierno decidió trasladar la ciudad hacia el suroeste del sitio de su fundación. Por esta misma razón, en 1868 se creó el municipio de Capital. Hasta 1880 se llevó a cabo la reconstrucción urbana, trazando las acequias paralelas, a ambos lados de las calzadas, y plantando árboles que formaban hileras laterales en ambos lados de las calles[5] .Desde entonces, árboles, acequias y veredas son los elementos infaltables de la imagen mental de los habitantes mendocinos. Sin embargo, en esa misma época se arrojaba todo tipo de residuos a cunetas y canales, especialmente en el área afectada por el terremoto.

Pero en la década de 1880 se produjo una transformación de los usos del suelo en este sistema, generada en cierto modo por algunos factores coyunturales, tanto exógenos como endógenos. Así asistimos a una transformación de la economía mendocina, que pasó de un predominio ganadero a uno agrícola. El principal factor exógeno fue la creación de la Capital Federal en 1880, que tuvo como efecto el desarrollo rápido de la Pampa, acelerando la llegada de inmigrantes, sobre todo europeos, con la consiguiente expansión de las áreas cerealeras en esta región y el retroceso de dichas áreas en Mendoza.

Entre los factores endógenos, en primer lugar, en 1884 se promulgó la Ley General de Aguas para organizar el riego superficial en todo el territorio provincial. De este modo, se incorporó como responsable del manejo del recurso hídrico al Departamento General de Aguas, actual Departamento General de Irrigación. A partir de esta reglamentación se inició la construcción de diques y represas para conducir las aguas por canales de diferente rango: en el caso del río Mendoza, el 15 de diciembre de 1889 se inauguró el dique Cipolletti. Estas obras posibilitaron una expansión más ordenada de las tierras de cultivo. En segundo lugar, la implantación de las vías férreas hasta la ciudad de Mendoza, también desde 1884, permitió mejorar y aumentar de un modo extraordinario el desplazamiento de personas, el transporte de mercancías y de maquinarias agrícolas. Así llegaron inmigrantes de diversos orígenes: italianos, españoles y franceses fueron los más numerosos.

Como resultado de todos estos hechos, se acrecentó la demanda de tierras regadías y se intensificó el desarrollo agroindustrial -especialmente vitivinícola-, con el lógico desplazamiento de la actividad cerealera y de los molinos hidráulicos. Además, en la ciudad de Mendoza se renovaron y ampliaron las conexiones domiciliarias y se extendió la red de surtidores públicos. 

En las décadas de 1950 a 1970, debido al incremento en el consumo de la electricidad por el aumento de la actividad industrial, la empresa Agua y Energía Eléctrica de la Nación se dedicó a la construcción de diques de embalse para la regulación de los caudales y la generación de la energía. En el año 2001 se comenzó el llenado de la presa Potrerillos que regula las aguas del río Mendoza. Esta obra hidráulica tiene como objetivo minimizar los efectos negativos de las épocas de escasez del recurso hídrico y satisfacer más adecuadamente los aumentos estacionales de la demanda.

Actualmente, luego de 400 años de proceso de consolidación de la cultura del agua, la provincia de Mendoza cuenta con casi 360.000 hectáreas regadas y un empadronamiento para todos los usos de 700.000 hectáreas. Esto incluye los usos agrícola, energético, industrial, recreativo, público, urbano y de desagüe [6].

Por todo lo expuesto, advertimos que la construcción del oasis ha sido posible gracias al ingenio puesto de manifiesto en el uso del agua en la provincia, desde la antigüedad.

La cultura del agua expresada en un sistema de símbolos  de la identidad mendocina

La cultura del agua es el producto de la identidad colectiva de la población, y se originó a partir de la internalización de los elementos del sistema de riego en los oasis, primero en las áreas rurales y luego en las urbanas. Esta cultura está representada entonces por un sistema de símbolos materiales e inmateriales que son el reflejo de la construcción social del espacio por parte de los habitantes[7] . Se traduce en el paisaje mendocino, que define, en consecuencia, identidades individuales y colectivas.

Los símbolos materiales son los elementos realmente visibles en el paisaje, que constituyen el reflejo de una herencia cultural, resultado del proceso de construcción del territorio por parte de las generaciones anteriores y de las colectividades actuales. Su origen se remonta a la apreciación positiva del sistema de riego en el ámbito rural durante varios siglos: en éste sobresalen, por un lado, diques y represas; por el otro, la red de riego, con su estructura jerárquica de canales primarios (ramas) y secundarios (ramos), hijuelas y acequias; por último, edificios que sirven para el control y la investigación relativos al sistema de riego, tales como el Departamento General de Irrigación, la Dirección de Hidráulica, el Instituto Nacional del Agua. En el Gran Mendoza, los elementos paisajísticos que identifican a la población son las acequias y los árboles, a los que se suman las veredas, con la tradición de su impecable limpieza[8] . Esta valoración también es producto de la influencia del concepto europeo de sociedad moderna del siglo XIX, en conjunción con la necesidad de reconstruir la ciudad luego de la catástrofe de 1861. Están además vigentes los criterios higienista, estético y funcional de evaluación del sitio y la posición de las ciudades [9].

Los componentes del paisaje citados son símbolos materiales de la identidad de los mendocinos. Constituyen la representación de símbolos inmateriales de la identidad, como son los sentimientos de amor al terruño, de apego al lugar, al espacio geográfico vivido a través de las experiencias y las relaciones con el otro. El lugar es, por lo tanto, producto de tiempos sucesivos que se engloban en la historia, la tradición y la cultura. En el caso de las acequias, que hace unos ciento cincuenta años, inmediatamente después del terremoto, eran núcleo de infecciones, se han convertido en uno de los elementos distintivos de la urbanidad en Mendoza. Pero los individuos, al tener la vivencia cotidiana de estos cauces, los descuidan, se olvidan de su existencia. Se pierde la dimensión histórica; se ignora en parte el legado de nuestros antepasados. No se afianzan las raíces compartidas a través de la vivencia en comunidad, del aprendizaje heredado acerca de la cultura del agua y todo lo que ella implica en los oasis provinciales. El paisaje tiene un valor afectivo. En el caso de Mendoza, El valor afectivo del paisaje identitario mendocino les impide a algunos advertir la contaminación de las acequias; a otros, los hace minimizarla. Pero quienes tienen conciencia de esta cultura advierten tanto la belleza de las acequias en el paisaje como la insalubridad que generan los residuos depositados en ellas.

Según Roger Brunet, "el espacio vivido no solamente es el espacio de vida, el que se practica, sino el espacio tal como es vivido, sentido más aún que percibido, frecuentado y habitado, con todos sus afectos. Está hecho de lugares, de edificios y de personas, y también de signos y de referencias, de pulsiones y de repulsiones, de recuerdos y de proyectos"[10] .

La representación del espacio, visible en el paisaje, demuestra el vínculo con los lugares, con los medios, posee infinitas imágenes que guían los comportamientos, que orientan las decisiones de los individuos sobre el espacio. Se trata de un juego recíproco de sociedad y espacio; éste es considerado como producto de la sociedad, y a su vez se traduce en el paisaje, que es su apariencia. Es la manifestación de la praxis, de las acciones de los pobladores del Gran Mendoza en este caso. Por eso el paisaje es signo y firma social; es significante y significado; es signo y sema. Luego, el signo está compuesto por los símbolos materiales de la identidad; el sema por los símbolos inmateriales de ésta.

Contaminación de los cauces de riego del Gran Mendoza por residuos sólidos

Una breve alusión al estudio que motivó este trabajo nos permitirá comprender mejor las derivaciones que tuvo con respecto a la cultura del agua.

El oasis Norte comprende un área irrigada por las cuencas de los ríos Mendoza y Tunuyán Inferior, de unas 55.000 hectáreas cultivadas. Hacia el centro-oeste se encuentra el Gran Mendoza, aglomeración de aproximadamente un millón de habitantes -848.660 habitantes, en 2001-, que representan la mitad de la población provincial[11] .

En los últimos quince años, el Gran Mendoza ha sufrido un crecimiento urbano desordenado y espontáneo, que dejó a la red de riego y de desagüe (de aproximadamente 4.200 kilómetros de longitud) inserta en la trama urbana. Este aumento progresivo de la densidad y la concentración de la población en el área metropolitana conlleva un crecimiento en la generación de residuos sólidos per cápita, que ascienden a un total de 778 toneladas por día [12].Esta basura es arrojada, en una proporción importante, a sitios no habilitados, entre los que se destacan los canales de desagüe y las acequias. Según el Consejo de Inspecciones de Cauces, de los residuos que se depositan en la red de irrigación, 67% corresponde a envases de gaseosas, 22,1% a envases de detergentes, aderezos y lácteos, 6,3% a tetrabrik, 3,1%  a aerosoles y 1,5% de latas.

Esta problemática fue encarada en un estudio sobre la contaminación de acequias por residuos sólidos en el Gran Mendoza. Se estudiaron quince barrios de tres departamentos: Capital, Godoy Cruz y Guaymallén (figura 1). En cada unidad administrativa se eligieron, según un muestreo sistemático estratificado, cinco polígonos muestrales: el centro y cuatro niveles socioeconómicos: alto, medio-alto, medio-bajo y bajo. Cada polígono contiene, por lo general, nueve manzanas, en cada una de las cuales se tomaron cuatro observaciones. En cada punto observado se analizó la fluctuación de la contaminación de las acequias durante las cuatro estaciones del año.

Por ejemplo, en el departamento Capital se seleccionaron los siguientes polígonos: en el sureste, el centro de la ciudad de Mendoza, conformado por la plaza Independencia y sus alrededores; al noroeste, el barrio Maristas representa el nivel socioeconómico alto; al sur, en la Quinta Sección, prevalece la clase media-alta; en el noreste, en la Cuarta Sección, predomina el nivel medio-bajo; finalmente el barrio San Martín representa a la población del estrato socioeconómico bajo (figura 2).

Los residuos generados y depositados en los cauces de riego, en el área urbana del oasis, generan la proliferación de vectores y malos olores -riesgos potenciales de enfermedad-; taponamiento de las acequias y posterior anegamiento de calles y veredas en la ciudad. Luego, éstos son trasladados, gracias a la pendiente, hacia el este, al área rural del oasis. Así se produce un incremento gradual de la contaminación del agua de los cauces que conforman la red de riego, con el deterioro de la calidad de los productos agrícolas, la degradación del paisaje rural, el impacto negativo sobre las expectativas económicas de los habitantes del oasis. La problemática implica un crecimiento constante de los costos de inversión, operación y mantenimiento de limpieza urbana y de redes de riego y aluvionales. El costo anual correspondiente a la extracción de residuos de los cauces es superior 1,8 millones de pesos, suma que deben afrontar los usuarios de la cuenca, a través de las Inspecciones de Cauce.

 

 

 

Figura 1. Localización del área de estudio.

Fuente: Google Earth, 06/04/2009.

 

 

 

 

 

Figura 2. Polígonos muestrales del departamento Capital, Mendoza.

Fuente: Municipalidad de la Capital, Catastro, 2008.

 

Los impactos de la contaminación por residuos sólidos urbanos sobre los cauces de riego originan un conflicto ambiental y de gestión para los usuarios, sobre la equidad de la distribución y la calidad del recurso hídrico. Todo esto afecta a la población en general, restringiendo los usos del agua, deteriorando la calidad de vida y generando un estancamiento en el proceso de desarrollo del área afectada.

Además de la contaminación, la creciente demanda de agua y su despilfarro nos hacen plantear si realmente existe una valoración de estos cauces como patrimonio cultural por parte de sus pobladores. Para analizar esto, se efectuaron 360 encuestas en barrios del Gran Mendoza, que se distribuyeron en tres departamentos, en cada uno de los cuales se consideraron cinco polígonos muestrales, según la siguiente clasificación: el centro, caracterizado por la heterogeneidad de usos del suelo, y cuatro barrios residenciales de clase alta, media-alta, media-baja y baja. De la encuesta analizamos las respuestas de los individuos a siete preguntas sobre la cultura del agua (cuadro 1).  

Cuadro 1: Preguntas de la encuesta relativas a la cultura del agua

 

 

 

 

Fuente: elaboración del equipo de investigación, 2008.

 

En el análisis de las respuestas de las encuestas advertimos numerosos matices. En primer lugar, al contestar qué elemento es esencial para que exista el área cultivada en la provincia, aproximadamente la mitad de los encuestados posee una representación clara de la cultura del trabajo y del riego en este sistema de oasis (54,4% de los encuestados para la primera y 46,7% para la segunda). Los habitantes valoran más en su estructura mental la cultura del trabajo que la cultura del agua. En efecto, han absorbido la fuerte referencia cultural que representa el legado de sus antepasados -dentro de una población que tuvo 31,8% de extranjeros en 1914 (277.540 habitantes en total)- [13]. Tienen más conciencia de la laboriosidad individual de sus ancestros (abuelos o bisabuelos) y del esfuerzo colectivo de los inmigrantes, que los llevó en general a buenos logros personales y sociales, a través de la construcción del oasis vitivinícola en un ecosistema semiárido que presentaba fuertes obstáculos.

En segundo término, notamos que también prácticamente la mitad de los interrogados conoce las funciones de la acequia, de desagüe de lluvias (52,8%) y de cauce de riego (47,85). Aquí es evidente que los pobladores sí tienen conocimiento de los usos que se pueden dar a estos conductos de agua; que constituyen símbolos materiales y bien visibles del sistema de riego. Sin embargo, pocos son los habitantes que mencionaron ambas funciones. Asimismo, casi 15% visualiza a las cunetas como receptáculos de basura.

Cuadro 2: Resultados del tratamiento de las encuestas en Capital, Godoy Cruz y Guaymallén

 

Variable

Modalidades

Cantidad

%

1

Elemento esencial del oasis

Trabajo perseverante

196

54,4

Riego organizado

168

46,7

Buen suelo

121

33,6

Relieve llano

15

4,1

2

Función de las acequias

Desagüe de lluvias

190

52,8

Cauce de riego

172

47,8

Vaciadero de residuos

52

14,4

3

Significado de las acequias

Buena imagen para el barrio

180

50,0

Factor de contaminación

88

24,4

Factor de inseguridad

36

10,0

Imagen fea para el barrio

27

7,5

Obstáculo para estacionamiento

20

5,6

Obstáculo para la circulación

18

5,0

4

Antigüedad de las acequias

Desde la fundación de Mendoza

114

31,6

Otros

69

19,2

No sabe/no contesta

66

18,4

Desde los huarpes

57

15,8

Desde siempre

54

15,0

5

Creador(es) de las acequias

Los huarpes

158

43,9

No sabe/no contesta

105

29,2

Otros

97

26,9

6

Organismo de control del riego provincial

Departamento Gral. Irrigación

199

55,3

No sabe/no contesta

72

20,0

Otros

49

13,6

Obras Sanitarias

47

11,1

7

Jerarquía de los cauces

Canales/canales e hijuelas

268

74,4

No sabe/no contesta

81

22,5

11

3,1

 

Fuente: 360 encuestas realizadas para el proyecto de investigación, 2008.

 

La tercera respuesta, acerca del significado de las acequias para los encuestados, ratifica lo que expresamos anteriormente, ya que 50% de ellos tiene presente en su representación la "buena imagen" que dan las cunetas al barrio. Reaparece aquí este símbolo inmaterial del paisaje que implica el valor que representan estos elementos en la identidad de los habitantes del Gran Mendoza. Para la segunda opción de respuesta, 24,4% de los interrogados advierten que las cunetas son un factor de contaminación, mientras que sólo 7,5% consideran que éstas aportan al barrio una fea imagen. Ambas apreciaciones pueden homologarse, ya que esta última respuesta se relaciona con ver a las acequias como receptáculos de residuos: en suma, la representación de estos conductos como insalubres está presente en casi 32% de los encuestados. Las otras tres opciones  totalizan poco más de 20% de las respuestas: se refieren a que estos cauces son factor de inseguridad (10%) u obstáculo para el estacionamiento (5,6%) o para la circulación peatonal (5%); también representan una valoración pesimista por parte de los individuos interrogados. 

En cuanto a la antigüedad de las acequias, 31,6% de los encuestados tienen una opinión errónea, pues respondieron que éstas datan de la fundación de la ciudad de Mendoza. Sólo 15,8% de los habitantes tiene un conocimiento preciso sobre este tema, ya que contestaron que las cunetas existen desde que vivían los huarpes en este territorio. Esta respuesta refleja un desconocimiento bastante generalizado del aporte de los huarpes a nuestra cultura en este sentido. Sin embargo, en la respuesta a la pregunta 5, sobre quién o quiénes cree que las propuso como sistema de riego, 43,9% de los interrogados da una respuesta acertada cuando expresa que los indígenas implantaron este sistema.

En la sexta respuesta, acerca de cuál es el organismo de control del riego, se registra 55,3% de aciertos, por parte de quienes opinan que dicho organismo es el Departamento General de Irrigación. Por otro lado, 11,1% considera que esta institución de supervisión es Obras Sanitarias. Por último, el resto de las respuestas traduce nuevamente un desconocimiento acerca de este tema.

Finalmente, a la pregunta sobre si existen cauces de distinta jerarquía para conducir el agua de riego, casi 75% de los encuestados respondió que existen canales de diferente rango en el sistema de irrigación provincial, mientras que 22,2% eligió la opción no sabe o no contesta. Esta jerarquización de los canales sí es percibida en general por la población: podríamos afirmar que sí es un símbolo material de la identidad de los mendocinos.

En resumidas cuentas, si a partir de esta muestra extendemos estos resultados al Gran Mendoza, aproximadamente para la mitad de sus habitantes el sistema de riego está presente entre los símbolos materiales que conforman su identidad, pues saben de la importancia del agua en el territorio provincial y conocen las funciones de los canales y su jerarquía, desde el área rural a la urbana. Un 32% de la población advierte, además, la insalubridad de las cunetas. Por otro lado, los símbolos inmateriales de la cultura del agua, en lo que respecta al conocimiento de quiénes implantaron el regadío en Mendoza, qué organismo dictó las leyes de Aguas y qué institución controla el riego de los árboles urbanos, también están presentes en las representaciones de un 50% de la población: estos saberes han sido adquiridos en gran medida a partir de la experiencia personal.

El otro 50% de la población, si bien advierte quizás la presencia de cauces de distinta jerarquía, no tiene incorporados, en su estructura mental, los símbolos inmateriales de la cultura del agua, pues no conoce la historia del sistema de riego ni la forma de supervisarlo. Para explicar los factores que influyen en este desconocimiento parcial de los habitantes, examinamos la combinación de los siete atributos de las encuestas con las características personales de los encuestados, tales como sexo, grupo de edad, sector económico y antigüedad de residencia en el lugar.

Ejemplificamos con el resultado obtenido luego del procesamiento de las encuestas realizadas en el polígono "Centro", del departamento Capital, mediante la matriz Bertin, donde aparecen cuatro grupos de variables correlacionadas (figura 3).

El conjunto 1 agrupa a las unidades de análisis 9, 8, 3 y 14, que se caracterizan por las variables A, D, H, J, K, O, P, R, T y V, puede definirse como un grupo de profesionales de sexo masculino de entre 31 y 50 años de edad que viven en el barrio hace más de diez años. Ellos consideran que las acequias aportan una buena imagen al barrio, sin embargo, para ellos son factor de contaminación y vaciaderos de residuos. Saben que los huarpes implantaron el sistema de riego en Mendoza y que el Departamento General de Irrigación efectúa el control de los cauces.

El grupo 2 comprende las observaciones 6, 17, 1, 18 y 2; en él se agrupan las variables A, D, G, I, M, Q, S, U y W. Está también representado por hombres de 31 a 50 años de edad, pero en este caso trabajan en el sector servicios y habitan en el centro hace menos de 10 años. Ellos opinan que las cunetas son cauces de riego que contribuyen a dar una fea imagen al barrio. Además, su conocimiento acerca de la creación del sistema de irrigación es difuso y no saben cuál es el organismo que supervisa el riego.

El conjunto 3 reúne a las unidades de análisis 10, 16, 7 y 13, e incluye las variables B, C, F, I, L, M, Q, S, V y W: Está constituido en su mayoría por mujeres jóvenes pasivas (de 15 a 30 años de edad) con una antigüedad de residencia menor a diez años. Ellas aciertan al considerar que las acequias sirven como desagües de lluvias y conductos de riego; no obstante, perciben la imagen desagradable que aportan al barrio y no poseen un conocimiento preciso acerca del origen ni del organismo de control del sistema de irrigación.

El grupo 4 está formado por las observaciones 5, 4, 12, 15 y 11: aquí se correlacionan las variables B, E, F, I, M, Ñ, O, S, V y W. Está integrado por mujeres pasivas de más de 50 años, que residen en el centro hace menos de diez años. Para ellas, las cunetas son cauces de riego que obstaculizan la circulación peatonal y vehicular y constituyen un factor de contaminación. No saben a ciencia cierta quiénes instalaron el sistema de riego en el pasado y quiénes lo supervisan en la actualidad.

 

 

Co

UA

N

C

K

V

H

D

T

A

G

Q

S

U

I

M

W

L

B

F

E

O

R

J

P

Ñ

1

9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

14

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

6

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Figura 3. Tratamiento gráfico de los resultados de las encuestas del centro de Capital.

Fuente: Elaboración propia.

 

Referencias: en números, las unidades de análisis (UA) y los conjuntos obtenidos (Co); en letras, las variables:

A: sexo masculino

G: servicios

M: acequia = cauce de riego

R: origen = desde los huarpes

B: sexo femenino

H: profesionales

N: factor de inseguridad

S: no conoce origen

C: 15 a 30 años

I: menos de 10 años en el lugar

Ñ: obstáculo autos y peatones

T: creadores = huarpes

D: 31 a 50 años

J: más de 10 años en el lugar

O: factor de contaminación

U: creadores = otros

E: más de 50 años

K: acequia = vaciadero residuos

P: buena imagen para el barrio

V: organismo de control: DGI

F: pasivos

L: acequia = desagüe de lluvias

Q: fea imagen para el barrio

W: otro organismo de control

 

En resumidas cuentas, si analizamos los resultados de esta matriz gráfica, se aprecia que aquéllos que tienen un mayor conocimiento sobre la cultura del agua son profesionales con más de diez años de residencia en el lugar. Es evidente que la vivencia del barrio da la experiencia del espacio, lo cual permite advertir los atributos positivos y negativos de las cunetas. Luego de analizar las combinaciones de variables y atributos en los barrios seleccionados, concluimos que quienes demuestran una mayor internalización de la cultura del agua son los mayores de 30 años, los profesionales y quienes llevan más de diez años de residencia en el lugar.

La cultura del agua como eje orientador de la educación ambiental

En suma, los habitantes de la provincia poseen, en general, percepción y conocimientos de la cultura del agua fragmentados, poco integrados al desarrollo de sus prácticas cotidianas. Las causas principales de esta situación están tanto en una educación medioambiental dispersa e incompleta, como en la gestión política insuficiente, con escasas estrategias de acción comunitaria.

Por las razones expuestas, se examinan dos conclusiones que orientan futuras estrategias de acción. En primer lugar, no existe una formación coherente e integrada sobre la cultura del agua en lo que respecta a la educación formal, en los distintos niveles educativos. En este sentido, el equipo de investigación presentó una propuesta de educación y capacitación ambiental al Instituto de Ciencias Ambientales de la UNCuyo, elaboró un curso dirigido a docentes de diferentes niveles de enseñanza, preparó charlas conducentes a valorizar la cultura del agua para ser expuestas en escuelas del oasis norte de la provincia de Mendoza.

Por otro lado, la inmensa amplitud de la información de la radio y la televisión sobre temas que se relacionan con la cultura del agua contribuye a la internalización de los símbolos inmateriales de la identidad por parte de la población, pero al mismo tiempo introduce desvíos o deformaciones: los individuos incorporan en su estructura mental imágenes fragmentadas e información incompleta. 

En segundo lugar, la propaganda sobre la valoración de la cultura del agua en el oasis por parte del Estado provincial y/o de los municipios es insuficiente. Por ejemplo, algunos municipios del Gran Mendoza han manifestado su interés en trabajar en forma conjunta con la Universidad Nacional de Cuyo: ya se ha puesto en marcha un proyecto de articulación Universidad-municipios de Lavalle, Junín y La Paz para el desarrollo local, sobre educación y cultura comunitaria para la sostenibilidad del arbolado público vial.

Conclusión

En conclusión, debe intentarse la revalorización de la cultura del agua en el ámbito de todas las instituciones de la provincia, tanto públicas, como privadas, en una acción conjunta e integrada. Esta cultura está plasmada en el paisaje que constituye una verdadera "firma social", porque nos informa justamente del significado de los símbolos materiales que reconocemos en nuestras prácticas cotidianas, de la relación profunda del hombre con su espacio vivido.

En la actualidad, el signo emblemático del paisaje mendocino es la cultura del trabajo asociada a la del agua, porque ambas estuvieron íntimamente ligadas desde la apropiación primitiva del espacio provincial. En el caso de nuestros oasis, esta mayor valoración de la cultura del trabajo tiene su explicación: hace cinco siglos, los colonizadores llegaron a estas tierras con la idea de romper con el pasado: por ello negaron el paisaje autóctono para reconocerse como amos del nuevo territorio.

Las acciones conjuntas e integradas de educación y gestión ambiental permitirán, pues, que al profundizar la incorporación de los símbolos inmateriales de la cultura del agua para que los mendocinos recuperemos nuestro legado, nuestras tradiciones, que nos permitan proyectarnos del mejor modo sobre nuestro territorio, visible en el paisaje.

 

Notas



[1] Chambouleyron, 2004, p. 121.

[2] Ponte, 1999, p. 65

[3] Zamorano, 2008, p. 438.

[4] Romano, 2010, p A 17.

[5] Ponte, 1999, p. 83.

[6] Chambouleyron, 2004, p. 142.

[7] Córdova Aguilar, 2008, p. 3.

[8] Capella Miternique y Benedetto, s./f., p. 8.

[9] Ozouf-Marignier, 1992, pp. 57-88.

[10] Ozouf-Marignier, 1992, pp. 57-88.

[11] Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 2001.

[12] Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 2001

[13] Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, 2001

 

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