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Actas del XI Coloquio Internacional de Geocrítica

LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL Y EL URBANISMO DESDE EL DIÁLOGO Y LA PARTICIPACIÓN

Buenos Aires, 2 - 7 de mayo de 2010
Universidad de Buenos Aires

 

IMAGINARIOS DEL DESARROLLO Y PRÁCTICAS DE TRANSFORMACIÓN DEL AMBIENTE. UNA DISCUSIÓN CONCEPTUAL DESDE LA GEOGRAFÍA SOCIAL

 

Enrique Aliste Almuna

Departamento de Geografía, Universidad de Chile

ealiste@uchile.cl


Imaginarios del desarrollo y prácticas de transformación del ambiente. Una discusión conceptual desde la geografía social. (Resumen)

Las huellas y las dinámicas territoriales pueden convertirse en herramientas de análisis para verificar ciertos imaginarios y en particular, para desprender desde las prácticas sociales y particularmente espaciales, los imaginarios del desarrollo.

Estos imaginarios del desarrollo, por lo general a-espaciales, encuentran sentido y forma sin embargo en los discursos que van moldeando un territorio en virtud de ellos, reflejando por lo tanto a través de sus huellas, las marcas de esos imaginarios en la construcción social de la ciudad. Mirar este proceso desde los postulados de la geografía social, ayuda a encontrar un nicho conceptual y un recurso epistemológico, conceptual y metodológico para enfrentar el análisis territorial de los procesos sociales que construyen la ciudad, pudiendo convertirse en un insumo interesante para repensar el ordenamiento territorial.

Palabras Clave: Discursos, huellas territoriales, imaginarios del desarrollo, Concepción (Chile) 


Development imaginaries and environmental transformation practices. A conceptual discussion from a social geography point of view.(Abstract)

Territorial traces and dynamics can become key analytical tool to verify specific imaginaries, and particularly in order to apprehend development imaginaries from social, especially spatial, practices.

However, these, often a-spatial, development imaginaries, gain meaning and form in the discourses that shape a territory in virtue of them. These discourses are a reflection of the marks from those imaginaries in the social construction of the city through the traces they leave behind. Observing this process from a social geography point of view, contributes to finding a conceptual niche and an epistemological, conceptual and methodological resource to face a territorial analysis of the social processes that construct the city, enabling them to become an interesting input to rethink territorial development.

Key words: Discourses, territorial traces, development imaginaries, Concepcion (Chile) 


Introducción

 

Abordar conceptualmente el tema de las huellas y dinámicas territoriales, se considera posible de desprender desde el uso de las categorías conceptuales de imaginarios del desarrollo y las prácticas de transformación del ambiente.

Esta discusión, que se da en el marco del proyecto FONDECYT 1090248 de Chile, debe tener en consideración la existencia de ciertas hipótesis y recursos metodológico-conceptuales que basen su exploración en la posibilidad de revisar, a partir de ciertas prácticas discursivas y la identificación de ciertos imaginarios en torno al desarrollo, una respuesta territorial determinada, cuya configuración y trayectoria temporal, dibujará las llamadas huellas territoriales. La presente exploración conceptual, centra su análisis en el caso del Gran Concepción, importante conurbación del centro-sur de Chile[1].

La propuesta que se presenta, se mueve en el campo de la geografía social en donde se debe "reconocer y tener en cuenta las múltiples relaciones e interacciones que crean una organización, un orden, una jerarquía, todo generando procesos que van incluso contra esta misma organización" (Di Méo & Buléon, 2005: 9). Es decir, se busca rescatar la idea de un correlato entre la práctica discursiva sobre el desarrollo y las respuestas territoriales en tanto elemento dinámico de la manifestación espacial (formas, huellas) o significación otorgada (imaginarios, percepciones) de esos mismos discursos. Se busca delimitar así, los contornos de una geografía social para el Gran Concepción desde la década del ´50 al presente, haciendo inteligible imbricaciones entre relaciones sociales y relaciones espaciales, determinando además posiciones sociales, itinerarios cotidianos y prácticas espaciales que permiten mirar la ciudad como producto social complejo, diverso y por lo mismo, con la necesidad de reinterpretarse para ejercer acciones de gestión sobre él.

La relación entre discurso y territorio

 

Hay dos supuestos teóricos básicos. Primero, que la delimitación o elucidación de contornos de una geografía social, necesita de una mirada crítica que explore tanto paradigmas como estrategias y acciones, de modo que se develen enfoques y maneras de construir y establecer las diversas expresiones de este vínculo, al tiempo que se complementen las actuales visiones existentes sobre el rol del territorio en el discurso del desarrollo (Di Méo, 1998; Rist, 2007). Segundo, que el discurso del desarrollo, más que un ejercicio meramente retórico, debe mirarse desde una óptica dinámica en la medida que se contrasta con hechos y consecuencias palpables en la cotidianeidad de un territorio (De Castro, 1997; Musset, 2009).

En la ciudad, más allá de los lugares en donde se manifiesta el espacio público en términos estrictamente físicos, se reconocen consecuencias que, miradas en la perspectiva territorial y reflexiva de sus significados e interpretaciones (Salcedo, 2002), entregan interesantes pistas al estudio de los diferentes procesos urbanos pasados, recientes y futuros, siendo posible de avanzar con ello hacia una posible concepción territorial de la sustentabilidad. Para lo anterior, se considera la trayectoria o transformación de los discursos del desarrollo y sus consecuentes influencias sobre la transformación del territorio, como una pista que se puede seguir a través de sus huellas.

En el caso de análisis considerado (Gran Concepción, Chile) durante la segunda mitad del Siglo XX, el escenario post-guerra marcó de manera decisiva el curso de las prácticas discursivas en torno a la idea de la reconstrucción[2] y el rescate de la noción de progreso económico. En la perspectiva de la reconstrucción de Europa y de la economía mundial entonces, se comenzó a estructurar un modo de pensar las relaciones entre los países, sus perspectivas económicas y, por cierto, el nuevo rol de los territorios en este contexto, todo lo que redundó en una visión del desarrollo económico que, en América Latina, necesitó de una adecuación (Faletto, 1996). Cada país comenzó a escribir y trazar sus itinerarios en la búsqueda del progreso, desde distintas estrategias e influencias. En Europa el Plan Marshal desarrolló toda una estrategia y, posteriormente, en América Latina, La Alianza para el Progreso y la escuela sociológica de CEPAL hacen lo suyo con una importante inyección de recursos en diversos campos, siendo uno de ellos, el reconocimiento de los recursos naturales existentes en la región como la base del desarrollo. Es importante entender que esta estrategia consistió verdaderamente en una inyección ideológica en torno a una idea de progreso, la cual con el tiempo comenzó a entenderse paulatinamente como desarrollo (Furtado, 1998; Prebisch, 1985; Faletto, 1996; Escobar, 1996; Bernard, 1989; CEPAL, 2008; Gusdorf, 1972). Trabajos clásicos como los de Perroux (1981) o Vilar (2001), permiten comprender el curso ideológico de estas estrategias y el significado que pueden tener a la luz de las acciones que los países emprenden en distintos territorios del globo (Bernard, 1989).

En Chile por su parte, se suma lo asociado a la reconstrucción de una zona muy devastada por el terremoto de 1939 (conocido como el terremoto de Chillán), que afectó fuertemente al país y en particular a la zona centro sur, especialmente al Gran Concepción. Ello motivó no sólo acciones de reparación de los daños, sino un giro general de la estrategia del país, incorporando con fuerza la idea de industrializar para así, encaminarse al progreso económico que condujera al desarrollo. Tanto así, que el plan general de fomento industrial fue el gran proyecto impulsado por el Frente Popular y puesto en práctica por el gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941) a través de la creación de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) en 1939. Un papel sin duda relevante también tienen en el proceso, la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) y el Instituto de Ingenieros de Chile, que aportaron con estudios técnicos y propuestas al proceso, básicamente desde el sector privado, también interesado en el fortalecimiento de la industria nacional (Echeñique & Rodríguez, 1990) que frente al terremoto, demostró no estar preparada para hacer frente a las necesidades y urgencias derivadas de la catástrofe (Pacheco, 1997; Echeñique & Rodríguez, 1990; Hernández, 1983).

La usina de Huachipato, en la ciudad de Talcahuano (hoy parte fundamental del Gran Concepción), es uno de los hitos más relevantes a nivel nacional del mencionado Plan General de Fomento Industria. La Compañía de Aceros del Pacífico (CAP) sería uno de los pilares del desarrollo industrial a nivel nacional, pese a las dificultades que en general encontrara esta industria por la estrechez del mercado interno (Góngora, 1981). Sin embargo, su impulso ante la falta de abastecimiento de acero para el mercado nacional producto de la II Guerra Mundial, refuerza la idea de la creación de una nueva planta siderúrgica. Así, entre 1942 y 1946 se da forma a lo que sería la Compañía de Aceros del Pacífico (CAP), luego de que en 1942 se formara una Comisión gubernativa sobre la industria siderúrgica en Chile, dedicada a estudiar el tema. Entre sus conclusiones, se propone la localización en el extremo norte de la bahía de San Vicente una nueva usina. Entre las razones de esta localización, figuran la proximidad al abastecimiento de carbón (cuenca carbonífera de Arauco), las ventajas portuarias, de abastecimiento eléctrico, agua dulce, entre otras.

Poco a poco, la idea del desarrollo va incubándose en una sociedad que ve en el crecimiento de la actividad industrial una vía que encamine el progreso y la posibilidad efectiva de incrementar la calidad de vida. En 1949 y en el marco de su discurso de envestidura, el Presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, señalaba que los Estados Unidos de Norteamérica darían "un impulso decisivo a los avances científicos y tecnológicos que permitan fortalecer el progreso industrial al servicio del mejoramiento y del crecimiento de las regiones ‘subdesarrolladas'" (Rist, 2007:130). Lo interesante de este discurso radica en la instalación, a partir de dicho momento, de la existencia de países desarrollados y países subdesarrollados; de esta forma, se marca una diferencia y se da inicio a una práctica discursiva en que la idea del desarrollo no dejará de estar presente desde entonces en las acciones e intervenciones de todo tipo y en donde en su mayor parte, es a través del territorio que éstas pueden verse y quedar en evidencia. La forma y el testimonio a partir del cual se pueden ver en el territorio estos discursos, es a lo que llamaremos huellas territoriales.

Conocer y explicar entonces las evocaciones que rescatan los relatos sobre la relación desarrollo - territorio, se hace necesario tanto para comprender la historicidad del proceso, como para otorgar un valor especial, o al menos una ponderación, a las estadísticas y testimonios territoriales, que deben ser examinados para comprender los alcances que existen en las transformaciones ambientales y territoriales en el área de estudio durante la segunda mitad del Siglo XX. Los acontecimientos, circunstancias, descripciones y efectos anteriormente expuestos, deben ser reflexionados a partir de preguntas tendientes a explorar aspectos complementarios, pues si bien es cierto que la relación desarrollo - territorio tiene un derrotero posible de seguir mediante algunos testimonios (ya sean documentales o territoriales), es importante también entender qué sucede en el marco de la comprensión de la dinámica propia de los territorios y del paisaje, de los procesos sociales y económicos que los acompañan y en las nociones que en determinado momento, van guiando la idea del desarrollo.

Imaginarios del desarrollo: ¿el territorio como puente?

¿Puede el territorio ser la expresión material de los imaginarios del desarrollo? Es lo que se busca demostrar y explorar en la presente investigación. En consecuencia, se espera contribuir con elementos nuevos en la definición de estrategias y principios en el campo del ordenamiento territorial. Específicamente, se propone que al incluir respuestas a la pregunta antes descrita, se puede influir positivamente en un concepto de ordenamiento del territorio con pertinencia, que implique tanto la historia y trayectoria de éste, como una comprensión adecuada de las condiciones posibles para el desarrollo y la sustentabilidad de territorios específicos y con particularidades como el Gran Concepción. Entre ellas, sobretodo, considerar las notables adversidades naturales que están contenidas en su imaginario territorial (Ther, 2008), la noción del polo industrial (Hernández, 1983), la ciudad-puerto, etc. Por lo demás, se considera que este aspecto puede adquirir notable relevancia y una oportunidad en el marco de un proceso de reconstrucción de las condiciones de habitabilidad de la ciudad recientemente devastada.[3]

os supuestos en general, se mueven en el orden de considerar que, a través del territorio y de las acciones que en él se plasman producto de los discursos del desarrollo, lo que se hace no es otra cosa que materializar y hacer patentes algunos elementos de los imaginarios del desarrollo y, al mismo tiempo, potenciar otros que no siendo acciones materiales, sí pueden condicionar e influir en el proceso de construcción social de la ciudad. De esta forma, algunas expresiones como "retroceso", "empobrecimiento", "devastación", "pérdida", "derrumbe", etc., se hacen desde posiciones, desde lugares situados en una especie de línea imaginaria que mostraba a una ciudad muy próxima a llegar al desarrollo, muy próxima a cruzar esa meta imaginaria que se veía a través de esos logros materiales ("obras de adelanto" medianamente recientes, como puentes, carreteras concesionadas, un aeropuerto remodelado y concesionado, nuevo barrio estación, edificios, una ciudad que crecía en altura, etc.). Ahora, una vez más, la naturaleza se encarga de impedir esa posibilidad. Una vez más, pues lo viene haciendo desde el siglo XVI que es desde cuando se tiene registro de catástrofes en la zona (Mazzei De Grazia & Pacheco, 1985).

En la perspectiva de lo señalado en el párrafo anterior, y sumando lo que significa el peso de ser una ciudad que ha de recibir cada cierto tiempo la visita a estas alturas no inesperada de terremotos (entre los cuales se puede señalar los terremotos de 1562, 1570, 1657, 1737, 1751, 1816, 1831, 1835, 1898, 1920, 1939, 1949, 1953, 1960, 1962, 1974, 1975, 1985 y 2010), de maremotos (o tsunamis) y de inundaciones, cabe preguntarse por la relación o forma en que los habitantes del Gran Concepción se han de relacionar con su medio natural y, del mismo modo, de las formas, maneras y estrategias que han puesto en práctica para ocupar el territorio (ver figuras 1 a la 5). En tal sentido, cabe aún precisar algunas respuestas en torno a la pregunta ¿es el territorio una expresión material de los imaginarios del desarrollo? Y relacionado con ello, agregar la pregunta ¿cómo se entiende entonces el territorio en esta relación de tensión con la naturaleza?[4] Sólo enfrentados a estas interrogantes, creemos que abordar el tema del ordenamiento del territorio sin explorar los imaginarios del desarrollo y su relación con el territorio, puede ser un esfuerzo estéril que nos lleva, de tiempo en tiempo, a aceptar la fragilidad y vulnerabilidad ante hechos de la naturaleza.

 

 

Figura 1: Efectos sobre las calles de Concepción, terremoto de 1939.

Fuente: archivo fotográfico Sr. Alejandro Mihovilovic, Biblioteca Municipal de Concepción.

 

 

 

Figura 2: Calles de Concepción, terremoto de 1939.

Fuente: archivo fotográfico Sr. Alejandro Mihovilovic, Biblioteca Municipal de Concepción.

 

 

 

Figura3: Puente sobre el río Bio-Bío, destruido por el terremoto de 1960.

Fuente: archivo fotográfico Sr. Alejandro Mihovilovic, Biblioteca Municipal de Concepción.

 

 

 

Figura 4: Desolación en las calles de Concepción. Terremoto de 1960.

Fuente: archivo fotográfico Sr. Alejandro Mihovilovic, Biblioteca Municipal de Concepción.

 

 

 

Figura 5: Inundaciones de principios del siglo XX, Concepción.

Fuente: archivo fotográfico Sr. Alejandro Mihovilovic, Biblioteca Municipal de Concepción.

 

Prácticas espaciales, transformaciones del ambiente y geografía social: las tensiones con la naturaleza

No puede soslayarse el tema de las tensas relaciones de los habitantes del Gran Concepción con una naturaleza hostil. Ello mismo conlleva a una interesante posibilidad de exploración en torno al significado y alcance que las transformaciones del ambiente tengan en la ciudad. Su significado, más allá de los aspectos morfológicos, sin duda de gran relevancia, nos invitan a la necesidad de interpretar en perspectiva y conforme con los significados propios de cada etapa y época. En el ámbito de estas transformaciones, se sugiere la idea de un territorio que se aprecia y se materializa en el paisaje. Al explorar las transformaciones del paisaje, resulta importante comprender que éstas son el resultado propio de una sociedad que también, junto con el paisaje, se transforma. Las intervenciones en el espacio geográfico, sean éstas por y para el uso y explotación de sus recursos naturales, para generar condiciones de habitabilidad en áreas urbanas, para extender el dominio territorial por razones geopolíticas, etc., son un proceso propio de lo que significa el accionar y el movimiento de una sociedad que es en esencia dinámica (Aliste, 2010).

Estas dinámicas tienen por lo tanto diversas direcciones. Por una parte se pueden ver aquellas que acusan las transformaciones propias del paisaje y que pueden ser reveladas a través del seguimiento de su morfología y estructura. Otras pueden enfocarse a las implicancias y consecuencias que estas transformaciones tienen en el medio ambiente y en la estructura territorial (Romero et al., 2003; Romero y Vásquez, 2005; Azócar et al., 2003). Pero por otra, están también aquellas transformaciones que derivan de valoraciones que, con el paso del tiempo y el estado del conocimiento (científico o tradicional) permiten asignar valor (de diversa naturaleza) a estos paisajes, poniendo acento en el peso que, en tal sentido, tienen las representaciones espaciales (Roncayolo, 1997; Musset, 2009).

Es en virtud de lo anterior que la idea de una trayectoria y dinámica del territorio se convierte en un recurso conceptual interesante para explorar la relación entre ciencias sociales y medio ambiente. Allí también, la noción de una geografía social coadyuvante a este propósito adquiere sentido. Y es también en este punto donde el concepto de representaciones comienza a contornearse como un aspecto de interés en esta construcción. En tal sentido, M. Roncayolo (1997) señala en su libro "La ciudad y sus territorios" que

"(…) la relación entre representación y prácticas de la ciudad quedan reflejadas en las cartas (mapas) mentales de sus habitantes (…), quedando así la representación de la ciudad inscrita como una etnohistoria a la vez que en una crítica de las ideologías (…)" (Roncayolo, 1997:177).

De esta forma, pone el acento en la forma en que las percepciones y valoraciones del territorio son parte del modo en que los diferentes grupos sociales van poniendo en evidencia sus diferentes prácticas espaciales, las que finalmente, quedarán reflejadas en mecanismos y disposiciones que terminarán por otorgar al territorio una valoración en determinadas direcciones (sea por la identificación de las potencialidades económicas de un territorio, su valoración patrimonial, ecológica u otras). Aquí, será vital encontrar y revisar las disposiciones que van haciendo en la práctica a la ciudad, ya sea por decisiones institucionales (v.gr. planes reguladores) o bien, por la acción planificada y no de agentes privados (empresas, pobladores, etc.)

Es en virtud de ello que se ha recurrido al concepto de imaginarios (Musset, 2009; Ricoeur, 2008; Castoriadis, 2007; Lindón, 2007) que permiten mirar con mayor detención y fascinación las diversas prácticas espaciales a partir de los modos de poner en ejercicio las diferentes prácticas discursivas, los itinerarios cotidianos y/o, a partir de la relación con el otro.

Desde otro frente, es interesante revisar a A. Corbin (2001), quien define el paisaje como "la forma de apreciar y probar el espacio, la que no cesa de modificarse en el tiempo" (Corbin, 2001:9). El autor, alude a la fascinación de los geógrafos por las imágenes aéreas como una señal de la búsqueda de una ciencia ávida de objetividad y consiguientemente, de una noción de paisaje fuertemente dominada por su materialidad. Sin embargo, esta noción, señala, se complejiza con la intervención de los filósofos, sociólogos y antropólogos, quienes ponen luego una noción de paisaje entendida como una lectura y análisis del espacio, una representación, con la necesidad de internalizar desde lo sensorial y sensible. Emerge desde esta mirada, una concepción del paisaje como una lectura indisociable de la persona que lo contempla, siendo por lo tanto también un portador de los esquemas, apreciaciones estéticas y en definitiva de la significación y emociones que son también parte de esa realidad construida tanto interna como externamente por parte de quienes viven estos paisajes (Corbin, 2001:11).

El paisaje también es fuente de percepciones y valores éticos y culturales, y al mismo tiempo, es una instancia privilegiada de la percepción territorial, en la que los actores invierten entremezclando su afectividad, su imaginario y su aprendizaje socio-cultural (Ther, 2006).

Estas ideas nos conectan con un territorio dinámico que cambia en la medida que sus paisajes cambian, que cambia la experiencia de intervención en él, pero que también cambia por la experiencia de valoración de éstos, en tanto reflejo de esa sociedad que va mutando con sus paisajes. Por eso la emergencia de una geografía social que vaya dibujando estas trayectorias, estas transformaciones que no son sólo de la superficie terrestre visible hoy en día, sino que también de aquella superficie que en el plano gnoseológico, va mutando como mutan también los distintos estados del conocimiento e, incluso, de las creencias.

Conclusión

Esta exploración de orden conceptual, cuyo desarrollo está en curso a partir de algunas observaciones empíricas a partir de las cuáles se espera desarrollar y profundizar la discusión aquí iniciada, busca en esta primera exposición mostrar algunos elementos de partida para un análisis por venir. En virtud de ello, se estima que el proceso de construcción social del Gran Concepción como ciudad, no está ajeno a una serie de elementos que van más allá de sus testimonios físicos o materiales.

Se estima que el peso de la idea del desarrollo, y en particular de un imaginario del desarrollo, ha ido marcando la ciudad a partir de ciertas huellas que son testimonios de procesos de transformación del territorio. Pero estas transformaciones, son por una parte materiales y por otra, de carácter valorativo y perceptivo. Una memoria colectiva y un imaginario que necesita explorarse para apreciar y elucidar, cuál es el peso que tienen ciertas prácticas en el proceso de contornear la ciudad que se va dibujando al paso de los discursos que la justifican. Elucidar, en buenas cuentas, esa geografía social que se va dibujando implícitamente en el territorio.

Al mismo tiempo y a propósito de ciertos hechos que marcan hitos e inflexiones importantes en el proceso de hacer ciudad, los fenómenos o acontecimientos importantes (como las catástrofes, planes nacionales u otros de relevancia) merecen ser mirados desde una perspectiva crítica y al mismo tiempo, puesto en tensión en la relación con los elementos y hechos del medio natural. En este sentido, las relaciones entre la sociedad y la naturaleza merecen una exploración en un orden algo diferente a lo realizado a la fecha. La sustentabilidad de un territorio, no puede lograrse sólo a partir de discursos supranacionales o de orden global si no encuentran un eco y un correlato con las realidades locales. Y estas realidades, pueden estar muchas veces escondidas bajo los discursos políticamente correctos de ciertas épocas[5].

Lo anterior no tiene otro propósito que, en el mediano y largo plazo, incorporar en el desarrollo de los instrumentos para la gestión del territorio (o de los territorios), elementos conceptuales tradicionalmente no incluidos en este proceso, que eventualmente pueden ayudar a una mejor comprensión de territorios complejos, lo que permita en cierto modo identificar acciones de diverso orden y con lógicas probablemente diferentes de las empleadas en las últimas décadas, dando mayor cabida a las ciencias sociales y humanas en esta dimensión de la gestión y acción sobre los territorios.

Notas



[1] Ciudad recientemente devastada por el terremoto y posterior tsunami del día 27 de febrero de 2010.

[2] Este es un tema que a propósito de lo recientemente sucedido con el terremoto del 27 de febrero de 2010, se reposiciona como un tema de gran relevancia, toda vez que una de las acciones más anunciadas por las nuevas autoridades ha sido precisamente la reconstrucción de las zonas devastadas del país. En tal sentido, conviene explorar el derrotero de decisiones llevadas a cabo en este contexto durante la segunda mitad del siglo XX y las consecuencias territoriales asociadas a este proceso, como una oportunidad de contribuir a una mirada reflexiva que ayude en las decisiones que se tomarán en este sentido.

[3] Como ya se ha señalado, con ocasión de la serie de acciones que se propondrán en el marco del proceso de reconstrucción, producto del terremoto del 27 de febrero de 2010.

[4] Respecto de lo anterior, no deja de ser interesante que, ya durante el siglo XVIII, decisiones administrativas de la época motivaron el traslado de la ciudad de Concepción (desde el antiguo sitio de Penco al Valle de La Mocha, donde se ubica hasta el día de hoy) con ocasión del devastador terremoto y posterior maremoto del 25 de mayo de 1751 (Mazzei De Grazia & Pacheco, 1985).

[5] Hoy por ejemplo, no sería extraño encontrar a habitantes disgustados o cuando menos en conflicto con una naturaleza en extremo hostil, castigadora, etc., con la que durante años se ha tenido una relación distante, displicente o a veces, indiferente. Ello, sin buscar caer en juicios de valor fáciles (como la dicotomía entre lo bueno y lo malo, por ejemplo), mostraría una importantísima oportunidad para develar posibilidades y sobretodo, formas que podrían ayudar a las estrategias de ocupación sustentable del territorio si exploramos los alcances y forma que estas relaciones poseen.

 

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Referencia bibliográfica

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