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Actas del XI Coloquio Internacional de Geocrítica

LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL Y EL URBANISMO DESDE EL DIÁLOGO Y LA PARTICIPACIÓN

Buenos Aires, 2 - 7 de mayo de 2010
Universidad de Buenos Aires

 

 

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO EN LA RECEPCIÓN DEL DOCTORADO HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

 

Horacio Capel
Universidad de Barcelona


 

 

Mis palabras han de ser necesariamente de agradecimiento a la Universidad de Buenos Aires por este doctorado honorífico que me concede, y que es un gran honor para mí. Mi agradecimiento es especialmente grande para el Departamento de Geografía y para los amigos que dentro de él han propuesto en primer lugar este galardón.

 

Es el tercer doctorado que recibo de una universidad argentina. El primero, por la Universidad de San Juan, me llegó mucho al corazón por la novedad y porque supe que otro doctor de esa universidad había sido Jorge Luis Borges; lo que me llevó a hacer el discurso sobre la geografía y el pensamiento de este gran escritor. El segundo fue el de la Universidad de Cuyo. Me enorgulleció mucho también por el prestigio del grupo de geógrafos de Mendoza, que yo había tenido ocasión de conocer, primero, a través del profesor Zamorano y, luego, de los trabajos de otros miembros de esa escuela. La entrega del doctorado se hizo con ocasión del congreso sobre "Lo efímero y lo permanente en Geografía", lo que me obligó a pensar en ese tema, en el que encontré muchas más implicaciones de las que había imaginado.

 

Finalmente este tercero es para mí como una culminación de las distinciones universitarias argentinas, por el significado que siempre ha tenido esta ciudad en el mundo y el relieve de su universidad. Sé que entre sus doctores se encuentran geógrafos tan relevantes e influyentes como David Harvey, a cuyo doctorado tuve ocasión de asistir con motivo del EGAL en 1997, Mario Bunge, a quien también leí y conocí personalmente en Oviedo, y otros muchos profesores e investigadores cuya obra científica es verdaderamente valiosa. Me siento muy honrado con estar en compañía de todos ellos, y en vincularme a la universidad de Buenos Aires mediante este nuevo doctorado.

 

A través de estos doctorados es con toda Argentina con la que me vinculo.

Es sorprendente este afecto a mi persona por los geógrafos argentinos. Pero seguramente encuentra una explicación en la percepción que aquí se tiene de que es mucho el que yo siento por ellos y por este país. Mi abuelo fue inmigrante a Argentina a finales del siglo XIX y mi padre lo fue también a fines de la segunda década y comienzos de los años 1920. A través de ellos tuve en mi infancia un conocimiento de lo que representaba Argentina en las décadas brillantes de comienzos del siglo XX, cuando era uno de los países más prósperos y más dinámicos del mundo. Libros que habían traído de Argentina me permitieron conocer la geografía y la sociedad de este país, tal como era a comienzos del novecientos. Tengo el recuerdo infantil de relatos sobre la Piedra Movediza de Tandil, de la que hablaba con admiración mi padre, de la grandiosidad de la ciudad de Buenos Aires, de sus edificios, del gentío y la animación en la Avenida de Mayo, de su activo puerto, y muchas historias sobre la prosperidad de este país. Y de todo ello me quedó un afecto profundo por Argentina y por los argentinos.

 

Tal vez por ello sentí siempre un gran aprecio por la geografía y por la ciencia argentina. Las publicaciones geográficas de este país (como la de Gaea ), la obra de viejos profesores como Federico Daus, de historiadores como Tulio Halperin Donghi, formaron parte de mi formación  universitaria. En mi generación nos educamos leyendo libros editados en Buenos Aires (por las editoriales Losada, Espasa-Calpe, Sudamericana, Siglo XXI de Argentina, y tantas otras), y desarrollamos debates teóricos con trabajos de autores argentinos, entre ellos los que en Córdoba y luego en Buenos Aires se editaron en los Cuadernos de Pasado y Presente.

 

Renové el afecto por Argentina en los meses de septiembre y octubre de 1985 cuando, como profesor invitado, tuve ocasión de dar un curso sobre "Teoría e Historia de la Geografía" en esta Universidad de Buenos Aires, y en la del Comahue, invitado por el Conicet. Pude entonces profundizar el conocimiento de un buen número de geógrafos e historiadores argentinos, de su obra. Luego volví a visitar este país con ocasión del Sexto Encuentro de Geógrafos de América Latina, en marzo de 1997. Así pude conocer la personalidad y los trabajos de Carlos Reboratti, Luis Yanes, Marcelo Escolar, Claudia Natenzon, Vicente Di Cione, Hilda Sábato y tantos otros, con los que desde entonces me han unido relaciones muy amistosas y cordiales. Y con aquellos historiadores (como Hugo Gaggiotti), sociólogos y escritores (como Horacio Vázquez Rial) o geógrafos (como Cristina Hevilla) con los que he podido colaborar como orientador de sus Tesis doctorales, y otros que han pasado por Barcelona, como Perla Zusman o Carla Lois.

 

Las muestras de afecto de los geógrafos argentinos hacia mi persona son abrumadoras, ya que me hicieron Socio Extraordinario del Colegio de Graduados de Geografía de Buenos Aires, Socio honorario de la Sociedad Argentina de Geografía, también de esta ciudad. La relación con los historiadores de la ciencia fue asimismo especialmente intensa, sobre todo con Alfredo Kohn Longarica o César Lorenzano, entre otros. Fueron ellos los que me propusieron para formar parte como Miembro Honorario de la Sociedad Científica Argentina para la que fui nombrado por la Asamblea General de la Sociedad en abril de 2000.

 

Tal vez no acertaré a expresar plenamente el gran honor que se me hace al otorgarme este nuevo doctorado, y la gratitud que siento por ello hacia los que han promocionado y aprobado esta distinción, así como a todos los que amablemente asisten a este acto.

 

Ahora, según la tradición, debería hacer un discurso, que, naturalmente, escribí. Pero, como saben, se convirtió, a petición de los organizadores, en la conferencia inaugural de este Coloquio con el título "Urbanización generalizada, derecho a la ciudad y derecho para la ciudad".

 

Las ideas que allí expuse han dado lugar a algunas controversias. Muchos me han declarado su acuerdo con ellas, y otros han insinuado algunas críticas. He hablado con numerosos participantes en el Coloquio durante estos días, y he leído  y escuchado cerca de 150 comunicaciones presentadas. Dije en la conferencia que no tenía inconveniente en rectificar, si se demostraba que estaba equivocado. Pero todas las conversaciones y lecturas citadas me han llevado a reafirmarme en las ideas que allí expuse.

 

El capitalismo es un sistema económico que actúa agresivamente y es responsable de muchos desastres. Soy consciente de ello al menos desde 1974, cuando publiqué Capitalismo y morfología urbana en España. Desde entonces el mundo ha soportado diversas crisis del sistema, así como sucesivas recuperaciones, y ha aumentado su capacidad para actuar en la ciudad. Una muestra de ello son los desarrollos inmobiliarios y los megaproyectos analizados en este Coloquio, y que han transformado profundamente el espacio urbano de tantas ciudades.

 

En este Coloquio hemos visto los avances en la actuación del capital, pero también resistencias, cambios o paralización de proyectos como resultado de la acción de movimientos populares y, en algunos casos también, por la actuación de la administración pública. Eso sucede cuando se tienen ideas claras sobre los objetivos de la acción para paralizar la acción del capital.  O cuando se saben utilizar los recursos legales existentes.

 

Se han conseguido incorporar a la legislación aspectos básicos de la participación en el planeamiento. Por ejemplo, en las mejoras de los asentamientos irregulares, o en la movilidad, teniendo en cuenta las necesidades de los usuarios y del territorio.

 

Pero necesitamos profundizar más aún en el conocimiento de las estrategias de actuación del capital. Si queremos entender y actuar, hemos de realizar estudios en profundidad. Tal vez tenemos necesidad de pasar del estudio del capital al estudio de los capitalistas, de sus intereses, de sus estrategias, de sus relaciones personales y familiares, de la forma de imponer las decisiones.

 

En este sentido es esencial el estudio de los agentes urbanos, los propietarios, los industriales, las entidades financieras, los creadores de redes, la industria de la construcción o los técnicos y profesionales que actúan al servicio de todo ello. Así como también de los actores y de su posibilidad de conversión en agentes, por ejemplo, en el caso de los movimientos asociativos vecinales.

 

Hemos de realizar estudios científicos rigurosos, pero también tener la capacidad para difundir dichos estudios. Muchos trabajos científicos muestran claramente las consecuencias negativas de la extensión sin freno de la urbanización, de la contaminación, del deterioro ambiental y de otros muchos procesos. Tenemos datos sobre ello, y debemos difundirlos de forma amplia, sin que queden limitados a las publicaciones académicas.

 

Debemos hacer cambios importantes en la construcción de la ciudad. Y podemos hacerlos desde la ley, profundizando el marco legal democrático y asegurando la participación y el diálogo, las audiencias públicas. Hemos de insistir en los derechos y en los deberes de los ciudadanos.

 

Se deben elaborar leyes de ordenamiento del territorio y progresistas. Se están elaborando en Uruguay, en Argentina, a veces con la participación activa de los investigadores. Esas leyes comprometen a todo el Estado en la organización del territorio, en la defensa del medio ambiente, en la localización de las inversiones, y la protección de áreas de riesgo, y en tantos aspectos fundamentales para la buena gestión del territorio, del medio ambiente y de los recursos. En esas normas legales se habla de participación, de medidas cautelares para suspender usos inadecuados, de apropiación de las plusvalías por parte de la comunidad.

 

Es cierto que a veces las leyes no se cumplen, no solo por gobiernos de derechas, sino, a veces, también por los de izquierdas. Pero podemos presionar democráticamente para que lo sean, y acudir a la tutela judicial si es preciso. Que exista al marco legal es decisivo, a lo que podemos añadir la voluntad política para cumplirlo.

 

Debemos controlar el crecimiento de las ciudades a través de la planificación, con diálogo y participación. Luchar contra las pretensiones de privatizar todo, incluso el aire y la fauna salvaje.  No es cierto que los bienes comunes constituyan una tragedia, y que no se gestionen adecuadamente. Pueden serlo eficazmente al servicio de la comunidad. Y debemos hacer estudios históricos y actuales que lo muestre.

 

Hemos de rechazar una forma de crecimiento en la que los beneficios son para los promotores y los costes (infraestructuras, contaminación, pérdida de recursos naturales .. ) para el Estado y la comunidad. Debemos hacerlo y podemos hacerlo. Es la tarea que hemos de realizar con urgencia, y para la que necesitamos obtener un amplio apoyo, a partir de la difusión de nuestras investigaciones.

 

Referencia bibliográfica

CAPEL, Horacio. Palabras de agradecimiento en la recepción del Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires. La planificación territorial y el urbanismo desde el diálogo y la participación. Actas del XI Coloquio Internacional de Geocrítica, Universidad de Buenos Aires, 2-7 de mayo de 2010
<http://www.filo.uba.ar/contenidos/investigacion/institutos/geo/geocritica2010/08.htm>

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