menú principal                                                                                       volver al programa


Actas del XI Coloquio Internacional de Geocrítica

LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL Y EL URBANISMO DESDE EL DIÁLOGO Y LA PARTICIPACIÓN

Buenos Aires, 2 - 7 de mayo de 2010
Universidad de Buenos Aires

 

 

 

LAS RELACIONES ENTRE LO URBANO Y LO RURAL EN LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL EN ARGENTINA. ALGUNOS APORTES DESDE UNA MIRADA ANTROPOLÓGICA

 

 

Héctor Hugo Trinchero

Decano de la Facultad de Filosofía y Letras

Universidad de Buenos Aires

 


 

En primer lugar, permítanme elogiar esta iniciativa de los miembros de Geocrítica, del Instituto y del departamento de Geografía de la Facultad. Es que retomar la noción de planificación luego de tantos años de discurso neoliberal, de tanta diatriba en torno al equilibrio de los mercados, constituye con toda seguridad un interesante augurio. En el mismo sentido, el estar festejando en este encuentro el otorgamiento del doctorado Honoris Causa  a Horacio Capel por parte de la UBA es parte de este reencuentro crítico de la geografía con el planeamiento.

 

Para confirmar lo expresado cito palabras escritas en la misma convocatoria del coloquio, donde los organizadores  expresan, luego de discutir aquellas cavilaciones del discurso hegemónico.

 

"Es preciso pasar a un tipo de planeamiento elaborado de una forma diferente, y basado en la participación y el diálogo entre todos los agentes interesados y el conjunto de los ciudadanos. Sin duda, son necesarios equipos interdisciplinarios de técnicos competentes y bien formados, abiertos además a la relación interdisciplinaria. Pero los proyectos se han de elaborar a partir de las necesidades y las demandas claramente formuladas por la población y los poderes políticos democráticamente elegidos, y con la aceptación de un diálogo continuado con ellos. Debe reconocerse que no es un proceso fácil, pero necesitamos explorar distintas vías para ponerlo en marcha".

 

Aunque sea imprescindible, hoy no es suficiente contar con equipos multidisciplinarios de especialistas para poder analizar las complejidades del mundo urbano contemporáneo. Superar el neoliberalismo y su carga de discurso único implica también reconocer el necesario protagonismo de los pueblos en el diseño y el planeamiento de las ciudades que habitan.

 

En segundo lugar,  pienso que este encuentro se condice con una realidad: El  proceso de urbanización configura hoy un fenómeno que se acrecienta día a día y nos pone frente a dilemas novedosos. A ninguno de los presentes se nos escapa que hace sólo un siglo, la gran mayoría de la población mundial vivía en áreas rurales -en 1900 sólo un 10% de la población habitaba las ciudades-, pero esta situación se ha revertido y son más los que habitan las urbes que los poblados rurales. Jamás había ocurrido eso desde los albores de la civilización, tras el sedentarismo humano que siguió al Neolítico. Así lo refleja el informe Estado del Mundo 2007: Nuestro futuro urbano, elaborado por el Instituto Worldwatch.

 

En 2005, el 49% de la población mundial vivía en ciudades, pero por primera vez en la historia y desde el año 2007 comenzó a ser el año de los urbanistas. Es que según  cálculos y estimaciones las Naciones Unidas, en este año 2010, año estipulado como el de los bicentenarios de las independencias de los países latinoamericanos, un 51,3 % de la población mundial será urbana. Los investigadores identificaron el 23 de mayo de 2007 como el día de la transición, basándose en el promedio de los incrementos diarios de la población urbana y rural desde el año 2005 hasta el año 2010. Ese día, según las previsiones teóricas, una población urbana global de 3.303.992.253 personas superó a la rural de 3.303.866.404.

 

Y es que más de 60 millones de personas -aproximadamente la población de Francia- se añaden cada año a las crecientes ciudades y a sus suburbios, la gran mayoría en asentamientos urbanos de bajos ingresos en los países denominados en desarrollo donde no están aseguradas necesidades básicas como agua potable, saneamiento y viviendas dignas.

 

Otro indicador que nos habla de cierto despropósito de los programas de desarrollo es que a contrapelo de las cifras antes mencionadas, desde el año 1970 al año 2000, la ayuda a las ciudades en todo el mundo se estimaba en 60.000 millones de dólares, es decir sólo el 4% de la ayuda total al desarrollo hacia los países denominados "subdesarrollados".

 

En tercer lugar y teniendo en cuenta el contexto mencionado, quisiera referirme brevemente y tal como lo propongo en el título de la conferencia a las relaciones entre la cuestión urbana y la cuestión rural en nuestro medio.

 

Argentina, es un caso particular del mencionado proceso de urbanización creciente. En 1869 tenía el 11% de su población en aglomeraciones urbanas de más de 100.000 habitantes, concentración cinco veces superior al promedio mundial, similar al de los Estados Unidos y, aproximadamente, el doble de la concentración de la población europea. En 1914 la población urbana superó por primera vez a la rural. Uno de los principales factores del rápido crecimiento de las zonas urbanas fue la gran inmigración europea que fue incorporándose a los principales centros urbanos del país como Buenos Aires, Córdoba y Rosario.

 

En 1960 quince ciudades tenían una población de más de 100.000 habitantes, en donde vivía el 71% de la población urbana. Entre estas ciudades se destaca Buenos Aires, la única que superaba los 100.000 habitantes en 1869 y que constituye uno de los ejemplos más destacados de primacía en la urbanización. Por entonces, las zonas urbanas de Argentina constituían el 59% de la población, igual que en los Estados Unidos, en forma ligeramente superior a Oceanía (53%) y por debajo de Inglaterra, país que lideró el porcentaje de conglomeraciones urbanas desde los inicios del siglo XIX, con 69 %. En 1970, Argentina alcanzó el 78,5 % en su índice de urbanización y en 1975 llegó al 80,7%. En 1990 el 86,9 % de la población vivía en zonas urbanas, proceso impulsado desde los años 1950, a semejanza de lo que sucedía en toda América Latina. El Censo de 2001 estableció que la urbanización del país había llegado al 89,3% de la población total. Todos estos datos ratifican la idea de que  Argentina presenta uno de los procesos más rápidos de urbanización temprana entre los países latinoamericanos.

 []

Este proceso, generalmente se explica por el flujo de inmigración interna de zonas rurales hacia zonas urbanas a causa de las condiciones económicas y sociales desfavorables. Sin embargo, este proceso lejos de constituir un indicador de prosperidad económica, social y cultural como muchas veces se propone, esconde situaciones aberrantes desde el punto de vista del modelo socioeconómico y de la conformación la estructura agraria  en Argentina.

 

Con ello quiero decir lo siguiente: Argentina entra en la modernidad capitalista, como productora a gran escala de bienes salariales (carne y trigo) baratos para ser parte del abastecimiento de esos bienes a la  revolución industrial europea (en el marco del sostenimiento de la tasa de ganancia industrial y en sintonía con los planteamientos ricardianos de economía política)[1], expandiendo su frontera agraria en el marco de un proceso de expropiación por la fuerza de las tierras y territorios de los pueblos originarios. Ello significó desde el vamos la conformación de una estructura agraria capitalista con inmensas explotaciones a cargo de una próspera burguesía agraria, pero con un formidable mecanismo de eliminación física de la población rural preexistente como así también una escasa integración a dicha estructura por parte de la población inmigrante. Salvo algunas excepciones (que fueron una confirmación de la regla) dicha estructura estuvo muy lejos de incorporar los enormes contingentes de población inmigrante de ultramar, en su mayoría de origen campesino, que llegaron al país atraídos por aquel proceso de expansión rural y que se suponía iban a integrar. Por el contrario, dicha población inmigrante terminó asentada fundamentalmente en las grandes ciudades que crecían a un ritmo sostenido al calor del temprano proceso de industrialización sustitutiva. Aunque en un ritmo mucho más lento que la llegada de fuerza de trabajo.

 

Es por ello que tal vez en Argentina cuando hablamos de proceso de  urbanización debemos hacerlo en relación al tipo de modelo de desarrollo rural al que se asocia. Un modelo asentando en la sistemática expansión de la frontera agraria, con escasa o prácticamente nula retención de población y la consecuente expulsión de dicha población hacia las grandes ciudades.

 

No debemos olvidar que Argentina es el único país de América Latina que ha naturalizado la idea de una estructura rural que en el marco de su desarrollo capitalista no requiere de una reforma agraria capaz de sostener una producción alimentaria en consonancia con su desarrollo industrial. Aún mas, desarrollo industrial y desarrollo agrario han sido antes hipótesis alternativas que complementarias. Una estructura agraria que expulsa en forma permanente y cada vez mas aguda a la población rural, campesina e indígena de sus tierras y un desarrollo industrial en el mejor de los casos acotado a la sustitución de exportaciones y en la mayoría de los casos soportando políticas claras de des-industrialización.

 

Un modelo que al calor de la mercantilización constante de la producción agraria ha dejado en la actualidad incluso de producir alimentos humanos para producir soja, una variedad de plantación que ya no está incorporada a la dieta humana (no al menos en las dimensiones de su oferta) sino que se constituye como insumo para la producción de proteína animal en países como India y China. Se revitaliza de esta manera la utopía setentista de los organismos internacionales de planeamiento respecto de las posibilidades de esta supuesta "revolución verde" para paliar el hambre en el mundo, a pesar de su reconocido fracaso. Por el contrario, este modelo productivo sigue poblando con pobreza las ciudades. En el caso argentino dando lugar a una paradoja que conmueve el sentido común: En el famoso granero del mundo del planeta como se regodeaba de llamar a la Argentina la burguesía terrateniente, el gran problema sigue siendo la soberanía alimentaria. Esta cuestión ha estado indudablemente en el centro de los debates políticos, económicos y culturales recientes sobre el desarrollo en Argentina, cuando esta burguesía agraria pretende impedir que al menos una parte de su renta extraordinaria sea reasignada mediante retenciones a la exportación con el objeto de generar políticas de intervención para contener la pobreza  generada por el modelo agrario del cual dicha burguesía es la principal beneficiaria.

 

Así, la permanente y creciente expulsión de población rural hacia la ciudad, junto a la producción de bienes que compiten con la demanda alimentaria nacional, genera una situación de agravamiento de las desigualdades sociales que ponen al planeamiento territorial en una situación de emergencia.

 

Para poner otro ejemplo de tal situación tenemos que (según datos propios recientemente elaborados en nuestro Programa de investigación) más del 80% de la población indígena vive en ciudades. Se agrega a dicha situación la alta presencia de comunidades inmigrantes de países limítrofes, haciendo que el desafío para el nuevo modelo la planificación territorial urbana se presente tanto en términos de una cuestión de participación como en términos de que dicha participación deba asumir especificidades culturales en sus modalidades, demandas y expectativas de integración ciudadana.

 

Sin embargo, a pesar de los problemas de producción alimentaria sustentable tanto desde el punto de vista ambiental como social (soberanía alimentaria) y de los derechos conculcados por la Constitución en lo que respecta a los pueblos originarios sobrevivientes de las campañas de exterminio,  se continúa con un modelo expulsivo para la población rural y con la falta de regularización de los asentamientos de población campesina e indígena.

 

Si se hace necesario un nuevo modelo de planeamiento urbano, debe considerarse que este sólo será posible si se pone un límite a la expulsión sistemática  y no deseada de población rural y para ello es necesario un nuevo pacto social de regularización territorial con dichas comunidades.

 

El neoliberalismo dejó a las ciudades a merced del capital rentístico que al unísono de la expansión de la frontera agraria produjo un nuevo movimiento de expansión de la frontera urbana, fragmentando los espacios del hábitat urbano, mediante un proceso de formación prácticamente de ghettos en los modos de asentamiento de los sectores populares. Es por ello que la herencia de dicho modelo para el planeamiento de las ciudades latinoamericanas en un contexto de autoafirmación soberana y reivindicación de las demandas populares produce desafíos insospechados hace algunas décadas.

 

Hoy debemos recuperar la necesidad del planeamiento y retomar un modelo para dicho planeamiento que atienda, preferentemente y mediante la participación efectiva, las demandas de los sectores populares y que al mismo tiempo represente a la enorme diversidad cultural presente. Sin embargo, semejante desafío no deber implicar una antropologización del planeamiento urbano ya que precisamente ello podría dar lugar a una nueva vuelta de tuerca en la exclusión social al propender, tal vez con las mejores intenciones por parte de los antropólogos, a la formación de nuevos ghettos culturales. El derecho a la ciudad debería implicar ante todo a la noción de igualdad. A la igualdad  en el acceso a la educación, a la salud,  al trabajo y a la vivienda, sólo desde la satisfacción de estas necesidades podemos pensar realmente en procesos identitarios que las acompañen. Es que de la mano de una geografía crítica, la Antropología crítica debería estar alerta y al mismo tiempo alertar sobre los usos oportunistas del multiculturalismo que tienden a esconder procesos discriminatorios detrás de reivindicaciones, generalmente formales, de  identidades particulares.

 

 

Notas



[1] Me refiero obviamente al planteo de D. Ricardo en sus Principios de Economía Política. Planteaba Ricardo en sus Principios... la existencia de una relación inversa entre renta del suelo-salario y tasa de ganancia, en referencia al modelo de relación campo-ciudad de su país, Inglaterra. No por casualidad ha sido D. Ricardo el referente en Teoría económica de intelectuales conspicuos nacionales como J. M. Belgrano, J. B. Alberdi, entre otros, de suma importancia en la legitimación del incipiente modelo de desarrollo capitalista argentino, basado en la expansión de su frontera agraria como modo de integración al mundo moderno.

 

 

Referencia bibliográfica

 

TRINCHERO, Héctor Hugo. Las relaciones entre lo urbano y lo rural en la planificación territorial en argentina. Algunos aportes desde una mirada antropológica. Conferencia dictada en la inauguración del XI Coloquio Internacional de Geocrítica. La planificación territorial y el urbanismo desde el diálogo y la participación. Actas del XI Coloquio Internacional de Geocrítica, Universidad de Buenos Aires, 2-7 de mayo de 2010 <http://www.filo.uba.ar/contenidos/investigacion/institutos/geo/geocritica2010/04.htm>



Volver al programa