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El violento encanto de las mujeres

Marcela Gamberini

En el cine hubo siempre imágenes de mujeres. De todo tipo, fatales, sumisas, sexys, amantes, alocadas, tranquilas. Siempre existió el registro de la "mirada femenina" y el cuerpo de las mujeres suele ser un campo propicio para rastrear complejos procesos . Sin embargo, llama la atención, en el cine de hoy - el de las carteleras, que aparece raído y desgastado, en crisis, híbrido, homogéneo y engañosamente democrático - que tres de las más sobresalientes películas estrenadas en 1996 sean protagonizadas por mujeres. Se tratará de analizar de qué manera, en el corpus de los tres films elegidos se trabaja la figura de la mujer, su representación, de qué manera esa representación produce sentido y qué tiene esa producción de sentido de novedoso. Sobre todo teniendo en cuenta que las tres películas elegidas son dirigidas por hombres.
Así, "Criaturas celestiales" de Jackson, "La ceremonia" de Chabrol y "La Carnada" de Tavernier aparecen atravesadas por enloquecidas, transgresoras y sobre todo violentas miradas femeninas. La mujer se constituye desde estos films, como la pieza que desestabiliza el orden representacional, poniendo en tensión no sólo la narración misma sino, cierto nivel formal que vuelve a poner en escena la pregunta por la existencia de un cine que registre y que ponga en funcionamiento el recorrido de la mirada femenina. En el llamado Cine Clásico, las mujeres funcionan como un significante dentro de un circuito de intercambio donde los valores que se intercambian son, fundamentalmente masculinos. Así, el cuerpo de la mujer siempre fue, no sólo objeto de contemplación por parte de la mirada masculina sino un objeto de deseo sexual. Y como casi todos los objetos, estaban insertos en un circuito de intercambio de tipo mercantil.
Sin embargo es el "deseo de la mujer" el que configura el texto fílmico. En el caso de las tres películas citadas, los deseos de las mujeres - concientes o inconcientes - aparecen como transgresiones del orden patriarcal, y por ende masculino, y funcionan como rupturas en el flujo lineal de la narración. Son mujeres que no necesitan de los hombres, que no sólo critican el orden patriarcal y familiar, sino que lo transgreden y lo revierten (véase como ejemplo, la historia que escriben las mujeres de "Criaturas Celestiales", una historia fantástica que tiene como tema central a una familia real plagada de crímenes violentos)
En estos films, las mujeres configuran su identidad a través de la trangresión y del deseo, que se expresa con un claro significante : la violencia, se produce sentido a través de la violencia. Además, buscan una existencia fuera del discurso masculino dominante. De esta manera, el discurso de la mujer excede los límites de la narración, - sobre todo en "Criaturas celestiales" este exceso a nivel narrativo tiene que ver con un exceso del nivel formal y del nivel representacional. El "gestus" que ellas establecen, que al decir de Deleuze es el desarrollo de la actitud misma que opera en una puesta en escena directa de los cuerpos, siempre es de tipo social donde se capta no sólo la historia misma de los hombres sino la crisis del mundo actual1, crisis que, en estos casos, da cuenta de desigualdades sociales que suelen engendrar desigualdades de tipo genéricas. Esta "gestus" en "Criaturas celestiales", aparece como una teatralización - en el sentido literal de la palabra - que pone en escena el movimiento violento de los propios cuerpos rodeados por una muralla casi, infranqueable y acompañadas siempre por una cámara que se mueve al compás enloquecido e irrefrenable de estas criaturas . Criaturas y cuerpos que actúan no en pos de una historia sino que pareciera que los mismos cuerpos de estos personajes segregaran la historia , una historia desesperada, monstruosa donde no se sabe bien si ellas son víctimas o victimarias. En cambio en "La Ceremonia" el gestus es, en principio el de la sumisión, luego el de la alianza y después el de la violencia incontrolada. Pero hay algo que es llamativo, sobre todo si hablamos de una cine de mujeres, y que hace a la formación del gestus y es la falta de carisma, de belleza de la protagonista de "La ceremonia".
En definitiva este es un cine de mujeres hecho por hombres que, de alguna manera revisa y da vuelta las representaciones habituales, no sólo de la femineidad sino también de la masculinidad. Dice Noel Burch que el pasaje entre un modo de representación primitivo a un modo de representación institucional, es puesto en escena por el cuerpo femenino2. Dicho de otra manera, el cuerpo de la mujer es entregado a la mirada de los hombres, al deseo masculino pero con la condición que ese cuerpo, el de la mujer, sea representado como lleno y sin fisuras, sin quiebres, completo. Lo interesante, (como ya cité un caso más arriba ) es que las tres películas con las que trabajo, ponen en pantalla el recorrido de la mirada de una mujer, del cuerpo de mujer que aparece como incompleto, quebrado, tanto desde la narración como desde el nivel formal. "La ceremonia" muestra un personaje sin carisma, incompleta en su analfabetismo, sin sensualidad. "Criaturas celestiales", muestra personajes que han estado mucho tiempo enfermas, con cicatrices en las piernas y con los pulmones marcados. De esta manera, se perturban los modos dominantes de la representación del cuerpo de la mujer y, en consecuencia, se altera el orden dominante. Quizá este modo de lo femenino sea posible sólo en esta nueva configuración social. Efectivamente, no es la misma mirada que ejerció sobre la mujer, Buñuel por ejemplo en "Belle de Jour" - casualmente, o no, también un reestreno del mismo año - que Chabrol , Tavernier o Jackson.. Es otra la manera de acercarse al misterio de lo femenino, otro modo de producción de sentido, ya no para desentrañar conductas que tienen que ver con lo sexual, como en el cine clásico, sino que son mujeres que se desplazan, se corren de las normas, perturbando el orden establecido y resolviendo de una manera diferente dilemas éticos (que tienen que ver en su conjunto con la esfera de lo individual) y morales (que tienen que ver con el ámbito de lo social). Esta mirada femenina está, en estos films atravesada por un componente que, casi nunca había aparecido antes de este modo. Este componente es la violencia. Mujeres que ejercen violencia, que "producen violencia" para intentar establecer otro orden que no tiene nada que ver con el discurso de lo masculino, ni con el discurso acerca de la familia.
Tanto "La Ceremonia", como "La carnada", como "Criaturas celestiales" ponen en juego cierto crimen que, podríamos llamar posmoderno, como la eliminación del otro, su desaparición. Así, es posible constituir otro orden social, ya no basado en la masculinidad, ni en el orden patriarcal. Esto se hace más que evidente en La Ceremonia: Sandrine Bonnaire, acompañada por Isabel Huppert, extermina a los otros, hombres, mujeres o niños indistintamente, no es ni siquiera aquí una cuestión de género, pero lo que no es indistinto es que representan a otra clase social. En "La Carnada" aparece esta misma estrategia: Marie Gilliam extermina a los otros de dos maneras diferentes: a través de la indiferencia, hacia su novio, hacia el amigo de su novio, hacia su madre y a través de la solapada participación en los crímenes que cometen los que la rodean, por ejemplo walkman de por medio. Sin embargo todas las víctimas son de otra clase social, aparentemente más elevada. Tanto las protagonistas de "La Ceremonia" como la de "La Carnada" se deleitan frente a la pantalla de los televisores ajenos y se regodean con sólo pronunciar prestigiosas marcas. El deseo aparece de esta manera no puesto en la sexualidad, ni siquiera en el amor y menos en los cuerpos como materia significante, sino que el deseo aparece, por ejemplo, en el valor de cambio que representa el dinero. El universo de lo sexual, que antes era casi propio del género femenino, y hacía a su representación, deja en estos casos de tener relevancia. El misterio ya no pasa por ahí - como en el ya citado Buñuel, por ejemplo -, sino que pasa por las alianzas que hacen las mujeres con otras mujeres, donde ni siquiera se ponen de manifiesto aspectos de la sexualidad de manera explícita, pero que sin embargo estos aspectos, quizá silenciados, de alguna manera, estructuran la narración, como en el caso de "Criaturas Celestiales" o en "La Ceremonia".
Retomando la idea de la alianzas, pareciera ser que "Criaturas Celestiales" empieza donde termina "La Carnada". En el primer film, la alianza femenina toma cuerpo y se vuelve aparentemente indestructible. Esta alianza gira alrededor del "secreto" -material profundamente femenino -, pero en este caso es el secreto del relato de la propia historia que tiene que ver con lo artístico y con lo excepcional. Lo interesante es que el develamiento último de esta instancia privada que representa el "secreto" no se resolverá. El secreto íntimo, nunca se develará al espectador, las preguntas como ¿estaban locas, eran lesbianas, eran simples conductas adolescentes? nunca encuentran respuesta, ni siquiera otorga tranquilidad al espectador la explicación final del film. En definitiva, lo interesante de este film es que no juzga la conducta femenina, sólo la muestra. No sucede lo mismo en "La Carnada" donde aparece cierta moral, del tipo condenatoria, por parte del realizador de la película, y podemos pensar que de la sociedad. En "La ceremonia" también aparece el secreto, como una práctica profundamente femenina, ligado al tema de la alianza. La Bonnaire mantiene en secreto su analfabetismo, articula toda su existencia alrededor de este secreto que ni siquiera le confiesa a su amiga.
Estas mujeres, constituyen una especie de ghetto, donde si hay algo interesante, siempre está del lado de lo femenino. Pareciera empezar una época donde la mirada masculina se excluye, ya sea eliminándola o ignorándola. Lo que antes se denominaba "diferencia sexual" en materia de género, se convierte en cierta indiferencia que se transmite en los textos fílmicos como acosos sexuales, como streap-tease o como pornografía como último recurso.

Hay una esencia irreductible en estos films que dicen que estos crímenes o desmanes o transgresiones no podrían haber sido cometidos por hombres. Lo que para el cine clásico era desentrañar el "misterio" femenino, mostrar la "diferencia" sexual a través de la diferencia corporal, establecer la identidad femenina en contrapartida con la figura masculina ; el cine reciente propone una imagen de mujer diferente, capaz de los más cruentos crímenes, se trata de mostrar el revés de trama de un encanto ahora violento y poco o nada sexual. En el cine clásico, las mujeres no contaban sus propias historias, ni controlaban sus propias imágenes y sus discursos aparecían reprimidos , ausentes o subsumidos bajo la palabra del hombre. Las mujeres se representaban siempre alrededor de la mirada masculina, en una posición satelital. Ahora, en estos tres films, las mujeres cuentan sus historias y controlan las imágenes, sobre todo en "Criaturas celestiales" donde las protagonistas producen sus propias imágenes, a través de la instalación de un discurso propio y original.
Estas mujeres ya no son enigmáticas, ni amorosas, ni maternales, ni sumisas, ni sexuales, ni malvadas. Son un peligro latente que puede estallar en cualquier momento, como Sandrinne Bonnaire en "La ceremonia". Todas aparecen superficialmente dominadas pero nunca confundidas, portan un espectacular poder de decisión. Saben lo que hacen. Como si en el final de Casablanca, Ingrid Bergman, hubiera acuchillado de quince puñaladas a Humprey Bogart en el aeropuerto. Otra hubiera sido la historia, no sólo la del cine sino la de las mujeres.

Notas
1.
Deleuze, Gilles. La imagen tiempo. Estudios sobre cine 2, Paidós Comunicación, Buenos Aires, 1987.
2. Burch, Noel. El tragaluz del infinito. Cátedra, Madrid, 1995.


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Ultima edición de esta página: Lunes 19 de Febrero de 2001