Abstract

La mujer se convierte en sujeto de su escritura en tanto puede construirla a partir de representaciones propias. En este trabajo estudio cómo se construyen esas representaciones y cómo se manifiesta esa subjetividad en Oroonoko: or, the Royal Slave de Aphra Behn,

Considero que la subjetividad se ve facilitada por la introducción de una nueva forma, la novela, que permite una mayor libertad por ser un género menos explorado. Por otro lado, veo en la elección de Surinam como escenario, otro elemento que favorece la subjetividad, porque, al presentárselo como “nuevo mundo”, favorece una representación adaptada a la visión propia de la voz narradora. También de esta forma son construidos los personajes, a los que analizo en tanto hombres y mujeres que cumplen papeles que aparecen fuertemente ligados a su género - tanto en la novela como objeto, como en la historia que en ella se relata.

Finalmente, contrasto esta novela en tanto producto-que debe ser vendido y por lo tanto debe ser aceptable- con la poesía de Aphra Behn, en la cual, a mi entender, existe una mayor libertad en cuanto a lo que puede decirse.

“Hablar es un acto de auto transformación

activa y además un rito de transición en el que

se pasa de la posición de objeto a la de sujeto”

(bell hooks)

Virginia Woolf dice que “Todas las mujeres deberían arrojar flores sobre la tumba de Aphra Behn[…],porque fue ella quien les conquistó el derecho de decir lo que piensan” (1) . Sin embargo, hay mucho más que considerar en Aphra Behn y su trabajo que su papel como primera escritora profesional- o al menos como la primera que utilizó la escritura para ganarse la vida en el sentido más estricto.

No es tampoco lo poco convencional de su vida lo que hace su trabajo tan interesante, a pesar del hincapié que se hace sobre este punto. Si bien parece ser que su vida, más pública e independiente de lo esperable, despierta el rechazo de sus contemporáneos, es sólo por su escritura que esa vida llega a ser del dominio público y puede, al ser conocida, ser condenada. En “The Incomprable Astrea” se afirma que “Mrs. Behn chose not to sell herself but her wits and words, and was branded a whore for her efforts…”(2). Aphra Behn es principalmente criticada por su escritura, por la existencia misma de su escritura, lo cual nos remite a Karma Lochrie, quien afirma que “…el silencio es condición de castidad tanto como puede serlo el renunciamiento sexual…”(3)

Sin embargo, no es el propósito de este trabajo encarar los problemas relacionados con la biografía de Aphra Behn, sino analizar su novela Oroonoko: or, the Royal Slave. Dado que se abordará la novela desde la perspectiva de género, sí será necesario poner la obra en relación con su autora y con su época, variables que determinarán, al menos en parte, la forma de narrar de Behn, sobre todo en lo que concierne a lo que puede o no decirse. En este sentido, considero que Aphra Behn se enfrenta con dos limitaciones al escribir Oroonoko. Por un lado, su situación como mujer durante la Restauración y, por otro, el hecho de que su novela es la primera en lengua inglesa y, por lo tanto, carece de referentes.

Este trabajo, entonces, girará sobre las estrategias que Behn utiliza para hacer de Oroonoko un producto aceptable para su época, venciendo las barreras impuestas por la falta de tradición literaria y por su situación como mujer. Esta última condición determinará la obra de diferentes maneras, no sólo en su aceptabilidad, sino porque el género no puede dejar de estar presente en la escritura, al surgir esta última del conocimiento de sí y de la transformación en sujeto. “Ser mujer, ser hombre, es algo que vive en los márgenes del texto; está dentro de la escritura, en la carne viva de la palabra…”(4)

Siguiendo a Simone de Beauvoir, podría afirmarse que es el escribir en tanto actividad rentada lo que convierte a la mujer en sujeto, ya que, según ella, la mujer “[…] en sus proyectos se afirma concretamente como sujeto; por su relación con el objetivo que persigue.”(5) Es en la escritura donde se realiza como sujeto, por la forma de representar, de crear una ficción y en ese acto crearse así misma.

Oroonoko y la novela

Con su novela Oroonoko: or, the Royal Slave, Aphra Behn instaura una nueva forma, que anticipa la novela inglesa. En este sentido, Maria Rosa Cutrufelli dice que la innovación en el campo de la literatura corresponde precisamente a las mujeres porque ellas escriben a partir de su subjetividad, para romper con los parámetros de interpretación de la realidad, creando otros propios. La escritura que surge de esta forma -en tanto interpretación de la realidad-está, de por sí, ligada fuertemente al contexto en el que surge.

Mario Praz menciona a Aphra Behn como una de las precursoras de la novela, que será inaugurada por Daniel Defoe (6). Estos primeros esbozos tienen por objetivo, según Praz, oponerse a la novela caballeresca anterior. En este contexto, no es de extrañar que se afirme sobre Aphra Behn que “[…]había experimentado la necesidad de dar una pátina de veracidad a su “heroic romance”, Oroonoko…”(7) Efectivamente, el texto de Behn se construye a partir de la declaración de que es una historia real “I do not pretend […] to entertain my reader with adventures of a feigned hero, whose life and fortunes fancy may manage at a poet’s pleasure...”(1)(8), lo que se complementa con la cuidadosa referencia a las diferentes formas en que la narradora entra en contacto con la historia y sus participantes “[…]having already made a friendship with Caesar, and from his own mouth learned what I have related; which was confirmed by his Frenchman” (33)

Además del posicionamiento con respecto a la verdad de lo narrado y la oposición a la literatura de la época, con estas expresiones se rechaza la figura del héroe y el engrandecimiento de su historia. “[…]it shall come simply into the world, recommended by its own proper merits and natural intrigues…”(1) No se trata de una historia de los grandes hechos, sino de una historia más simple e inmediata, lo que parece ser una marca de género, ya que, como afirma Ruth Nestvold, son las mujeres las encargadas de trabajar, tanto en historia como en literatura, con historias menores, desvinculadas de los grandes hechos políticos.(9) Por otro lado, la introducción de un esclavo como héroe representa una innovación que será retomada por muchos otros autores y, a la vez, un distanciamiento del héroe tradicional. (10)

Esta inmediatez también se refleja en la interpelación casi constante al lector que lleva a cabo la narradora y que recupera características del relato oral. “But before I give you the story...”(1), ”I had forgot to tell you…”(34),“You may imagine that…”(47), lo que también aporta a la verosimilitud de la obra.

Sobre esta verosimilitud afirma Barthes que “[…] disfrazaría el hecho irreal de la vestimenta sucesiva de la verdad y luego de la mentira denunciada…”(11) Efectivamente, Behn presenta a su obra como una historia real, tomada de su propia experiencia y relatada como tal. Sin embargo, en tanto creación literaria, en tanto construcción, es necesariamente un artificio, una ficción. Es el texto mismo, por otro lado, el que muestra la ficción a través de ciertas marcas que denuncian al artificio claramente; la declaración de que se va a narrar la verdad, la alusión a que la narradora es también una escritora “[…]whom I have celebrated in a character of my new novel…”(50) y los diversos momentos en que la acción es interrumpida para hacer referencia a la narración misma “[…]though this digression is a little from my story, however, […] I was content to omit nothing…”(44). Cuando el texto vuelve sobre sí mismo, el artificio se revela.

Siguiendo a Barthes, esta creación no es vana, sino que “[…] se trata de ofrecer una esencia bajo la forma de una artificio…”(12). Una esencia que, en este caso, podría interpretarse como una denuncia a ciertos valores de la época, a la esclavitud y, en una forma más velada o tal vez menos intencional, a la situación de la mujer. Pero la esencia de esta obra - o al menos la que me interesa descubrir- también podría leerse como la configuración de la mujer en sujeto de su escritura.

Así, en Oroonoko: or, the Royal Slave, se combinan esta creación activa con las restricciones que el contexto impone a la escritura. Estos dos elementos, junto con la crítica, se proyectan claramente tanto en la descripción de lo nuevo, principalmente de los espacios, como en la construcción de los personajes.

Un paisaje propio

La mujer se convierte en sujeto de su escritura en tanto es capaz de crear representaciones propias. “…El cambio se produjo en el momento en que las mujeres fueron conscientes de su capacidad para crear un ‘paisaje’ propio…”(13), creación que, en el caso de Aphra Behn, adquiere un sentido literal por ser, en parte, en sus descripciones de los paisajes que enmarcan la acción donde se puede ver la subjetividad, donde hay más libertad para crear representaciones propias.

La introducción de algo nuevo aparece en la descripción de Surinam, donde transcurre la segunda parte de la historia; descripción que se hace por comparación de lo nuevo con lo ya conocido- presuntamente también conocido por el lector- por ser la única forma de crear un escenario creíble “[…]marmosets, a sort of monkey, as big as a rat or weasel, but of a marvelous and delicate shape, having face and hands like a human creature” (2).

La instauración de la subjetividad no se da solamente por la descripción en sí, sino por ser original, lo que la convierte en un acto de apropiación, en una actividad casi adánica que se corresponde con la asimilación del “nuevo mundo” al Paraíso, tanto por sus características naturales como por la forma de actuar de quienes viven allí. “And though they are all thus naked, if one lives forever among’em there is not to be seen an undecent action, or glance[...], so like our first parents before the Fall...” (2)

La caracterización del nuevo mundo como paradisíaco no se hace en vano, sino que sirve para introducir una crítica a la sociedad europea a través del contraste. “[...]they have a native justice, which knows no fraud, and they understand no vice, or cunning, but when they are taught by the white men…” (3) Surinam y sus habitantes son presentados en ese estado inocente, previo a la Caída, donde el único elemento de corrupción será introducido por los blancos. Esta asimilación de la civilización europea- al menos de origen europeo- con la corrupción y la Caída, será reintroducida, junto con la crítica a la esclavitud, en el relato de las acciones contra Oroonoko, que analizaré más adelante.

Es importante notar que, si bien esta crítica no involucra directamente cuestiones de género, lo que la vuelve relevante para mi lectura es precisamente que implica “[…] crear, imaginar, inventar, simbolizar…”(14) Supone la creación de una realidad propia, una visión del mundo absolutamente subjetiva. Al mismo tiempo, considero importante destacar que la crítica canalizada a través de la oposición entre los nativos de Surinam y los hombres blancos raramente se introduce en forma directa, sino que la narradora se limita a presentar ambos mundos en un obvio pero implícito contraste. Esto podría constituir una estrategia: evita tomar una posición, pero determina el juicio del lector a través de la forma en que presenta los hechos.

Los personajes: el deseo y las palabras

La constitución de la mujer como sujeto a través de la creación de representaciones no sólo se da en la descripción de ambientes sino también en la instauración de una visión de mundo y de una crítica. También en las imágenes de hombres y mujeres que se encarnan en los personajes (15) se puede leer una creación activa, así como otra forma de introducir la crítica.

Considero especialmente relevante para el análisis trabajar con los personajes de Oroonoko, Imoinda y la narradora, como tal y como personaje.

En la figura de Oroonoko se presentan dos innovaciones. Por un lado, la ya mencionada introducción del “noble-savage” y, por otro, como afirma Anne Rochwalsky, el personaje caracterizado como individuo, descripto en detalle y no como estereotipo (16).

Efectivamente, si bien en algunos aspectos aparece caracterizado como un héroe “[…]that real greatness of soul, those refined notions of true honor, that absolute generosity, and that softness that was capable of the highest passions of love and gallantry…”(5), no es el héroe tradicional: sólo en Coramatien, de donde es originario, es importante por ser príncipe y general. En cambio, en Surinam será convertido en esclavo; la imagen del héroe es substituída para enfatizar la figura del “noble-savage” y para introducir la crítica, ya que adquiere relevancia en tanto es percibido como salvaje.

Oroonoko es descripto como poseedor de diversas virtudes, todas ellas subordinadas a los valores europeos. “He had nothing of barbarity in his nature, but in all points addressed himself as if his education had been in some European court”(6) Es gracias a esta caracterización que se vuelve un personaje completamente aceptable a través del cual es posible introducir ciertas críticas. Esto es muy claro cuando es llevado a Surinam mediante los engaños del capitán del barco, a quien Oroonoko critica duramente: “Oroonoko then replied, he was very sorry to hear that the captain pretended to the knowledge and worship of any gods, who had taught him no better principles than not to credit as he would be credited”. (26) La oposición es clara; la condena de Oroonoko al capitán, definido como representante del cristianismo, es ratificada por las acciones de éste, sus engaños y artimañas para lograr que Oroonoko sea esclavizado sin que oponga resistencia.

A partir de la llegada de Oroonoko a Surinam en calidad de esclavo, la crítica a la esclavitud será cada vez más directa y más fuete, hasta convertirse en rebelión. “And shall we render obedience to such a degenerate race, who have no human virtue left, to distinguish them from the vilest creatures?”(45) Hacia el final de la novela la rebelión se transformará en acción, en el rechazo por parte de Oroonoko del nombre que le han dado como esclavo- Caesar- y en su muerte, elegida en oposición a la esclavitud.

La crítica sólo puede ser introducida a través del personaje de Oroonoko, por las virtudes que se le atribuyen-que lo distinguen de los demás esclavos- y por ser el único personaje masculino importante. Así, tras su muerte, es otro hombre quien retoma sus palabras mientras la narradora se borra, sin emitir ningún juicio sobre estos hechos. “Colonel Martin[…] swore he had rather see the quarters of Banister, and the Governor himself, that those of Caesar, on his plantations...”(57)

Dice Todorov que “la palabra de los personajes, en una obra literaria, goza de un status particular. Se refiere, como toda palabra, a la realidad designada, pero representa también un acto, el acto de articular esa frase”(17). En este sentido, en tanto tiene como referente la “realidad” designada, el juicio emitido vale para esa “realidad” y es una crítica efectiva. Sin embargo, en tanto acto- que es propio del personaje y lo caracteriza- vale sólo como su palabra. En el marco de una narración que se autoproclama verídica, el hecho de que la crítica implique únicamente al personaje que la emite libera a la narradora-autora de un compromiso explícito, siendo únicamente responsable de favorecer la solidaridad del lector con el héroe y los juicios que éste hace.

Es interesante, entonces, confrontar esta imagen de Oroonoko como hombre noble y valiente- aunque en una posición desventajosa como esclavo- a través del cual puede hacerse la crítica, con las imágenes de mujeres que aparecen en la obra.

Por un lado la narradora, relativamente identificada en el texto con la autora, también se encuentra en una posición desfavorable, pero no accidental como en el caso de Oroonoko, sino inherente a su condición de mujer. Ruth Nestvold afirma que Oroonoko: or, the Royal Slave se trata precisamente de la relación entre estos dos personajes- la narradora y el propio Oroonoko- que se encuentran en posiciones desventajosas.(18)

Según esta autora, en esta relación el esclavo negro sólo puede hablar a través de la mujer blanca. Sin embargo creo que lo contrario también ocurre; la narradora no puede verbalizar la crítica sino a través de Oroonoko. Efectivamente, es ella quien cuenta la historia, por lo que las palabras de él sólo existen y son relevantes porque ella las relata. Sin embargo, las relata como palabras ajenas por no poder decirlas ella misma, como una forma de velar su toma de posición. La forma en que la voz de Oroonoko implica a la de la narradora y viceversa permite postular cierta asimilación entre los personajes, lo que convertiría a las palabras de Oroonoko en la materialización de la visión de la narradora.

En este sentido, cabe notar que son raras las veces en que la narradora emite un juicio y, cuando lo hace, sus palabras carecen de la fuerza de las de Oroonoko. “[…] I will spare my sense of it, and leave it to my reader to judge as he pleases. It may be easily guessed in what manner the prince resented this indignity...” (25)(La cursiva es mía) Afirma no emitir juicios, sin embargo, la calificación del hecho como “indignity” es, sin lugar a dudas, una evaluación negativa y una invitación al lector a realizar el mismo juicio, aprovechando su posición de “autoridad”.

En contraste con esto, la narradora se autoproclama poderosa o al menos influyente en su comunidad. “[…]I suppose I had authority and interest enough there…” (50) y es representada como una mujer independiente y tan capaz de aventuras como los hombres. ”[…]we, who had a mind to surprise them, by making them see something they never had seen[…] resolved only myself, my brother and woman should go…”(41)

Imoinda, por otro lado, es un personaje femenino especialmente interesante para este análisis ya que aparece representada primero como objeto y luego como sujeto. Principalmente es presentada como objeto en su relación con el rey, sobre la cual- al menos en principio- Imoinda no tiene ninguna capacidad de decidir. “[…]what love would not obligue Imoinda to do, duty would compel her to”(9). Pero también al comienzo de su relación con Oroonoko es presentada como objeto, en tanto se insiste sobre el deseo de él y no el de ella y su placer aparece subordinado al de Oroonoko “Nor did Imoinda employ her eyes to any other use than in beholding with infinite pleasure the joy she produced in those of the prince.”(16) Si bien se reconoce la existencia del placer de Imoinda, sólo se lo explicita como consecuencia del placer de Oroonoko y no en sus propios términos.

En este sentido, creo interesante comparar esta imagen de Imoinda con la de Onahal. Esta última, de la que se dice que “[…]she had some decays in her face…”(14) ya no es considerada un objeto por haber perdido belleza y juventud y, en cambio, ha adquirido cierto poder, por ser una antigua amante del rey. “[…]these being the persons that do all affairs and bussiness at court.”(14) Por estas características, Onahal puede, al contrario de Imoinda, expresar sus propios deseos y actuar sobre ellos. “[…] having subdued the finest of all the king’s subjects to her desires…”(16)(La cursiva es mía)

En la representación de Imoinda como objeto puede leerse una crítica a la situación de la mujer, especialmente a través de su sufrimiento, al tener que doblegarse a los deseos del rey “[…] trembling and almost fainting, she was obligued to suffer herself to be covered and led away” (9)

Es recién a partir de su transgresión, cuando se reúne con Oroonoko, a pesar de que el deber la obliga a pertenecer exclusivamente al rey, que comienza a perfilarse como sujeto. El cambio de Imoinda de objeto a sujeto se da, entonces, cuando puede decirse de ella que es culpable, en tanto se afirma su participación voluntaria, como sujeto capaz de tomar sus propias decisiones y de sufrir por ellas. “[…] but would have it that Imoinda made a false step on purpose to fall into Oroonoko’s bosom, and that all things looked like a design on both sides...(17)

Una vez en Surinam, después de la transgresión que la convierte en sujeto, Imoinda será representada como una mujer fuerte, tan libre y capaz como cualquier otro: “[…] Imoinda, who was a sharer in all our adventures…” (43) Incluso se resalta su valor al representarla luchando por su libertad estando embarazada, lo cual, por otro lado, también plantea la posibilidadde esta igualdad- en tanto ella y Oroonoko pelean juntos por lo mismo- sin relegar la maternidad, como muestra de su identidad como cuerpo femenino. También Imoinda muere en contra de la esclavitud, y resigna, tal vez más que Oroonoko, su nombre de esclava, Clemene.

En tanto participantes de la acción de la novela los personajes femeninos y masculinos se ponen- al menos en algún momento- al mismo nivel; hombres y mujeres son representados como iguales: todos realizan hazañas y se embarcan en aventuras, las mujeres también son fuertes, guerreras y capaces de decidir por si mismas. Todos desean, padecen y luchan. Sin embargo, hay límites para esta igualdad, como la crítica que sólo puede ser puesta en la voz de Oroonoko o la poca frecuencia con que las mujeres expresan sus deseos eróticos frente a la forma explícita en que la hacen los hombres.

El erotismo, la novela, la poesía

Creo que estos límites a la igualdad tienen su razón de ser en el hecho de que Oroonoko: or, the Royal Slave es escrita para su venta y, en tanto producto para el mercado, debe ser aceptable. Al compararla con la poesía puede verse como en ésta hay una mayor libertad. El yo lírico puede expresar deseos y pasiones, sin las restricciones que limitan su expresión en la novela.

En “La palabra en la poesía y en la novela”, Mijail Bajtin afirma que en la novela “Toda palabra está orientada hacia una respuesta y no puede evitar la influencia profunda de la palabra réplica prevista”(19) De esta manera, el erotismo presente en Oroonoko: or, the Royal Slave debe ser matizado o compensado para no ser rechazado. En la poesía de Aphra Behn, por el contrario, el erotismo se expresa sin disculpas y sin estrategias que lo oculten o lo justifiquen. En este sentido Mijail Bajtin concibe a la palabra poética como monólogo, opuesta a la palabra en la novela que es dialógica. La palabra de la poesía se abstrae de su contexto social, es“[…] autosuficiente y no presupone enunciados ajenos fuera de su marco.” (20) , por lo que no entran en consideración ni la aceptación ni el rechazo que pueda provocar: todo puede ser dicho.

Sin embargo, en la novela el erotismo también está presente. Tanto Oroonoko como Imoinda son descriptos físicamente en términos eróticos “He was pretty tall, but of a shape the most exact that can be fancied: the most famous statuary could not form the figure of a man more admirable turned form head to foot”(6) Ya he descripto, por otro lado, la forma en que los personajes expresan sus deseos, cómo el rey y Oroonoko reclaman a Imoinda, cómo ella también puede hacerlo al convertirse en sujeto y cómo esto es posible para Onahal.

En la novela, el erotismo es principalmente dominio de lo masculino, son ellos los que más expresan sus pasiones y los que lo hacen con menos artificios. El deseo de las mujeres sólo aparece en contadas ocasiones, contrariamente a la poesía, donde no sólo el deseo de un yo lírico femenino es expresado abiertamente sino que Aphra Behn lo considera característico de la mujer. Así, en “Love Armed”, donde se describe las cualidades que el amor toma de cada uno de los sexos, se dice que:

From thy bright eyes he took his fire,

Which round about, in sport he hurled;

But ‘twas from mine he took desire,

Enough to undo the amorous world.(21)

La representación más fuerte del erotismo aparece en la relación entre Imoinda y Oroonoko. Esto es así, en parte, porque en esta relación la pasión es compartida y es aquí donde Imoinda deviene sujeto y es capaz de sentir y expresar su deseo. “[…] oftentimes could not forbear speaking of him, though her life were, by custom, forfeited by owning her passion.”(11)

Sin embargo, más importante que esto es el asesinato de Imoinda a manos de Oroonoko como forma de protegerla de quienes los persiguen, tras su escape, para esclavizarlos nuevamente. Es un asesinato cargado de amor y erotismo, lo que se ve claramente en la forma en que es narrado “[…] the lovely, young and adored victim lays herself down before the sacrificer; while he, with a hand resolved, and a heart breaking within gave the fatal stroke”(53) Cabe citar a Georges Bataille quien concibe al erotismo ligado a la muerte porque “en ambos casos la ‘violencia’ nos sobrepasa extrañamente: lo que pasa es extraño al orden dado de las cosas”(22) El quiebre del orden implica una transgresión: el asesinato es erótico y transgresor, implica el rechazo a la esclavitud tanto de Imoinda que muere, como de Oroonoko que morirá poco después.

Sin embargo, todo esto se contrasta con la exaltación de la castidad y la pureza de Imoinda. El deseo del rey, por ejemplo, es justificado porque supone que con Imoinda “[…] he could but innocently play” (8). De la misma forma, en su encuentro con Oroonoko ella le jura que “[…] what she did with his grandfather had robbed him of no part of her virgin-honor”(18)

Esto está en claro contraste con “To the Fair Clarinda, who Made Love to me, Imagined More than Woman”, donde se toma la imagen de la inocencia para descartarla inmediatamente con un tono irónico.

For sure no crime with thee we can commit;

Or if we should- thy form excuses it.(23)

En “On Desire” Behn va más allá de este tono burlón para revertir absolutamente esta valoración y condenar las actitudes de la época acerca de la virtud:

Some dear, some sweet, youth that gives the wound

Informs you, all your virtue’s but a cheat

And honour but a false disguise.(24)

El erotismo, más o menos explícito, que se introduce en la novela, está, en cierta medida, subordinado a la moral de la época, de la misma manera que se subordinan las cualidades deOroonoko a los valores europeos “[…] contrary to the custom of his country, he made her vows she should be the only woman he would possess”(8). Esta exaltación de la monogamia también es desechada en la poesía, donde adquiere un carácter aún menos convencional por tratarse de un yo lírico femenino

How strongly does my passion flow,

Divided equally ´twixt two? (25)

También es pertinente notar que, más allá de la forma particular de velar lo poco convencional, la novela misma culmina con una declaración de humildad, una suerte de disculpa “Thus died this great man, worthy of a better fate, and a more sublime wit than mine to write his praise…” (57). No existe nada similar en la poesía, donde lo dicho no es comentado; en donde, siguiendo a Mijail Bajtin, cada palabra es tomada como“[…] evidente, incontestable, universal…” (26) Una palabra total que no tiene porqué justificarse.

Conclusión

Héléne Cixous concibe a la escritura poética como liberación por constituir un acto libidinoso (27). Pero esto no es sólo cierto para la poesía, Oroonoko: or, the Royal Slave aparece cargada de erotismo- presente, aunque velado-, de representaciones de mujeres poderosas; de lo poco convencional. Cixous (28) entiende la literatura de mujeres en general como inscripción del deseo, algo que promueve la diferencia, que la distingue de otra literatura.

En Aphra Behn la diferencia reside en lo no convencional: la introducción de una forma nueva, una nueva manera de narrar que se acerca a lo que Cixous destaca como representativo de la escritura de mujeres; la literatura como extensión del acto de hablar, presente en las numerosas veces que la narradora vuelve sobre la narración misma, en la forma en que interpela al lector. Pero también en la clara subjetividad que se manifiesta a lo largo del texto, esa capacidad de crear representaciones propias a las que me he referido.

Si bien creo encontrar en la novela de Aphra Behn cierta subordinación a los códigos de la época, cierto convencionalismo intencional que limita al texto desde afuera, lo no convencional atraviesa el texto, con o sin intención. Lo subjetivo no puede ser sino poco convencional, transgresor, en tanto surge del interior. “Las palabras que se forjan en el silencio femenino tienen que ser capaces pues de romper las reglas y las convenciones culturales” (29) Se rompe el silencio y por ese acto las demás reglas, lo que nos remite nuevamente a la concepción de Cixous de la escritura de mujeres como extensión del acto de habla.

En este sentido, es una escritura que implica el cuerpo, el cuerpo de mujer del que brota la palabra y que la limita, pero que también la carga de una subjetividad, una visión particular que le da vida al texto. “La mujer sólo será un individuo completo e igual al varón si es también un ser humano sexuado.” (30) Es esto lo que permite la autotransformación y el convertirse en sujeto: manifestar no sólo la palabra sino también la presencia del cuerpo que la hace posible.


Daniel Riera

 

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(1) Wolf, Virginia. “Un cuarto propio” en Un cuarto propio y otros ensayos.Buenos Aires: AZ, 1993, pág. 88

(2) “The Incomparable Astrea: an Introduction to Aphra Behn en An Aphra Behn Web Site, 2003

(3) Lochrie, Karma. “El lenguaje de la transgresión: cuerpo, carne y palabra en el discurso místico”, traducción de Elina Montes para la Cátedra de Literatura Inglesa, UBA, 2004, pág. 9

Si bien consciente del anacronismo, creo pertinente la introducción de esta relación entre el silencio y la castidad ya que la identificación entre ambos parece mantenerse.

(4) Cutrufelli, Ma. Rosa. “Creación y crítica literaria en femenino” en Proyecto Polite: www.aie.it/polite/SPAcutrufelli.pdf, octubre 2004, pág.4

(5) de Beauvoir, Simone. El segundo sexo. Vol II: La experiencia vivida. Madrid: Cátedra, 1999. pág.493

(6) Praz, Mario. La literatura inglesa de la Edad Media al Iluminismo. Buenos Aires: Losada, 1975

(7) Praz, Mario.Ibidem, pág. 297

(8) Behn, Aphra. Oroonoko: or, the Royal Slave, Adelaida, Australia: The University of Adelaide Library Electronic Text Collection, 1998, http://etext.library.adelaide.edu.au/b/behn/aphra/b42o/index.html, octubre 2004 (A partir de aquí todas las citas sin referencia pertenecerán a este texto)

(9) Nestvold, Ruth. “Aphra Behn and the Beginnings of a Female Narrative Voice”, The Aphra Behn page, 1995
www.lit-arts.net/behn/beginab.htm, octubre 2004

(10) Rochwalsky, Anne Katherine. “Credibility and Realism in Daniel Defoe’s Moll Flanders and Aphra Behn’s Oroonoko”, The Aphra Behn Page, 1997, , www.lit-arts.net/behn/rochwals.htm, octubre 2004

(11) Barthes, Roland. El grado cero de la escritura. Edición electrónica, pág. 9

(12) Barthes, Roland. Ibidem, pág. 9

(13) Cutrufelli, Ma. Rosa. Op. Cit., pág. 2

(14) Cutrufelli, Ma. Rosa. Op. Cit. Pág. 4

(15) En Barthes, Roland. “Introducción al análisis estructural del relato”, en Barthes, Roland,Umberto Eco, Tzvetan Todorov. Análisis estructural del relato, México: Seuil, 1982. El personaje se entiende como el agente de determinadas secuencias de acciones a las cuales aporta significación.

(16) Rochwalsky, Anne Kathrin. Op. Cit.

(17) Todorov, Tzvetan. “Las categorías del relato literario” en Barthes, Eco, Todorov, Análisis estructural del relato. México: Ediciones Coyoacán, 1996. pág.187

(18) Nestvold, Ruth. “The White Mistress and the Black Slave: Aphra Behn’s Racism and the Beginning of the English Novel”, The Aphra Behn page, 1995, www.lit-arts.net/behn/begin-ab.htm, octubre 2004

(19) Bajtin, Mijail. “La palabra en la poesía y en la novela” en Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus, 1991. pág. 97

(20) Bajtin, Mijail. Ibidem, pág. 102

(21) Behn, Aphra. “Love Armed” en Poetry Archive, 2002

(22) Bataille, Georges. “Las lágrimas de Eros” en Las lágrimas de Eros. Ediciones Lunaria, 2003. (Sin lugar de edición) pág. 18

(23) Behn, Aphra. “To the Fair Clarinda, who Made Love to me, Imagined More than Woman” en Poetry Archive, 2002.

(24) Behn, Aphra. “On Desire” en Poetry Archive, 2002

(25) Behn, Aphra. “On her Loving Two Equally” en Poetry Archive, 2002.

(26) Bajtin, Mijail. Op. Cit., pág. 103

(27) En Moi, Toril.Teoría literaria feminista. Madrid: Cátedra, 1999, segunda parte: “Teoría feminista francesa”, capítulo 6: “Héléne Cixous: una utopía imaginaria”, pág. 123

(28) En Moi, Toril.Op. Cit., pág. 123

(29) Cutrufelli, M. Rosa, Op. Cit, pág.3

(30) de Beauvoir, Simone. Op. Cit., pág. 496