Ian Macpherson, Don Juan Manuel:
The Literary Process (En:Studies in Philology, LXX [1973] , 1-18).
Los historiadores de la literatura que han rastreado fuentes de la obra
de Don Juan Manuel se han topado con grandes desacuerdos. La primera parte
del Libro de los estados depende claramente del Barlaam, aunque no se
corresponde con ninguna versión existente1. El Llibre del orde
de la cavaylería puede haber dado el ímpetu inicial para
el Libro del cavallero et del escudero, pero ya nadie sugiere seriamente
que DJM lo haya compuesto teniendo la obra de Llull abierta ante sí:
ambos libros sólo tienen en común el esqueleto del argumento.
No hay problemas en encontrar análogos a los exempla del Conde
Lucanor, pero nadie ha descubierto fuentes directas.
Algunos rasgos del estilo de DJM han inspirado un número de artículos2
y se cita frecuentemente a Menéndez Pelayo: "la grande y verdadera
originalidad de don Juan Manuel consiste en el estilo"3. Precisamente
lo que Menéndez Pelayo entiende aquí por "estilo"
es pocas veces cuestionado, sin embargo, es raro que las propias opiniones
de DJM sobre sus aspiraciones literarias sean directamente tenidas en
cuenta. La altanería y el orgullo son lugares comunes de la crítica,
y es generalmente presentado como arrogante en cuanto a su habilidad literaria.
Hay una considerable cantidad de comentarios directos en la obra de DJM
(sea por el autor mismo o a través de personajes como el Caballero
Anciano, Julio o Patronio) que ilustran los métodos del autor para
adquirir materia conveniente, sus intenciones como escritor de prosa en
romance, y sus recelos acerca de su posición un tanto vulnerable
en la España del s. XIV de guerrero-hombre de estado con inclinación
literaria; es mi intención aquí revisar las propias observaciones
de DJM sobre estos aspectos de su obra. Mi esperanza es clarificar algo
el proceso de creación literaria de un hombre que, según
María Rosa Lida, "permite vislumbrar con excepcional claridad
las coordenadas de su universalismo y de su individualidad"4.
Como adulto, DJM puede haber tenido poco tiempo, escatimado a sus empresas
políticas y militares, para gastar en bibliotecas. En el Libro
de la caza (Prólogo) menciona el placer derivado de la lectura
de las obras de su tío, Alfonso X, y aquí y allá
se encuentran breves alusiones tales como "algunas cosas que fallé
en un libro" (Cavallero, I, 15) o "otras razones que fallé
scriptas" (Cavallero, I, 19). Pero aunque DJM rara vez cita una "autoridad"
para sus juicios, y sus referencias a las fuentes clásicas y bíblicas
son generalmente vagas y erróneas5, hay claras indicaciones sobre
cómo se las arreglaba para mantenerse en contacto con sus intereses
literarios.
DJM se distingue entre los escritores medievales en que mucho de lo que
escribió fue compuesto a la luz de su propia y variada experiencia
personal de vida. Subraya esto en su Libro infinido (Prólogo):
"por ende asmé de conponer este tractado que tracta de cosas
que yo mismo prové en mí mismo e en mi fazienda e bi que
conteçió a otros, de las que fiz e vi fazer". Más
adelante en el Prólogo vuelve sobre esto, asegurándole a
su hijo que ha compuesto el libro "porque sepa por este libro quáles
son las cosas que yo prové e bi", y lo reitera en la primera
oración del segundo capítulo.
Aunque el tema de la composición por pedido, cuando el pedido proviene
ostensiblemente de un niño de dos años, pueda difícilmente
ser más que convencional, la repetida insistencia en que el tema
proviene de la experiencia personal debe tratarse más seriamente.
El Libro infinido mismo consiste en una colección de avisos muy
prácticos, de los que una gran proporción —no obstante
la única referencia "erudita" al De regimine principum
de Egidio Colonna (IV, 30.13)— deriva de la madura experiencia de
un hombre de estado, la mayor parte ya elaborada en Estados, donde abundan
las alusiones directas a DJM y sus asuntos personales6. El Libro de las
armas contiene una selección de anécdotas acerca de la familia
de DJM, y muchos de los ejemplos del Conde Lucanor, como ha mostrado Giménez
Soler, pueden relacionarse con acontecimientos de la turbulenta vida política
de DJM7.
Pero DJM no se apoya exclusivamente en la experiencia personal. Regularmente
señala la utilidad de aprender en forma erudita de otros. El autor
anuncia que el material para su Libro de la caza fue recogido oralmente
de los mejores cazadores de la región: "Et lo que él
entendió e acordó con los mejores caçadores con quien
él departió muchas vegadas sobre esto" (Prólogo).
Julio sostiene que su consejo a los sacerdotes sobre cómo convertir
a los moros al Cristianismo está basado en los debates con sabios
moros en los que su amigo DJM había participado: "dígovos
que me dixo don Johan, aquel mío amigo, que ya obiera él
departimiento con algunos moros muy sabidores" (Estados, II, 3.95).
El Caballero Anciano se refiere a lo deseable de que un joven aproveche
los dichos de los hombres más sabios en una casa noble: "et
commo quier que yo nunca leí nin aprendí ninguna sçiençia,
que só mucho ançiano et guareçí en casa de
muchos sennores, oí departir a muchos omnes sabios, et bien cred
que para los legos non ha tan buena escuela en el mundo cuemo criarse
omne et bevir en casa de los sennores" (Cavallero, XXI, 26.20). Se
le recuerda al escudero que la sabiduría de su mentor fue adquirida
atendiendo las palabras de sus mayores, como es apropiado para un laico,
y no es el producto de un aprendizaje libresco.
En el Prólogo al Libro de las armas, DJM vuelve al tópico:
et así non vos do yo testimonio que bí todas estas cosas,
más oí las a personas que eran de crer. Et non lo oí
todo a una persona, más oí unas cosas a una persona et otras
a otras, et ayuntando lo que oí a los unos et a los otros con razón,
ayunté estos dichos (et por mi entendimiento entendí que
passara todo el fecho en esta manera que vos yo porné aquí
por escripto) que fablan de las cosas que passaran; et así contesçe
en los que fablan de las scripturas; toman de lo que fallan en un lugar
et acuerdan en lo que fallan en otros lugares et de todo fazen una razón;
et así fiz yo de lo que oí a muchas personas que eran muy
crederas ayuntando estas razones.
Aquí el noble puntualiza que, puesto que no estaba en posición
de tener conocimiento personal de los hechos ocurridos cuando nació
su padre, debe apoyarse necesariamente en el testimonio oral de otros.
Significativamente, hace el mismo pedido para la información obtenida
de este modo —que sus fuentes sean "crederas"— que
el de los poetas de "cuaderna vía" de los ss. XIII-XIV
para sus fuentes eruditas escritas. El poeta del Libro de Apolonio, para
seleccionar uno entre muchos ejemplos, insiste en la naturaleza escrita
(y por lo tanto auténtica) de su material:
Su nombre fue Teófilo, si lo saber queredes,
catat lo en la estoria si a mi non creyedes. (372)8
Además de hacer este pedido, del que presumiblemente pocos escritores
medievales expresarían aprobación instantánea, DJM
se atreve a comparar su proceso creativo con el de los comentadores medievales
de las Escrituras, que producen una obra de síntesis de múltiples
fuentes. Es muy conciente de la gran diferencia de su caso —donde
el material usado es oral (e, implícitamente, menos confiable)—
pero sin embargo insiste en que el proceso creativo es comparable. DJM
también revala al final del Libro de las armas que sabe de la posible
existencia de errores en los detalles menores como resultado de este tipo
de procedimiento, pero observa que "la justiçia et la sentencia
et la entençión et la verdat así passó commo
es aquí scripto". Cualquiera sea la suerte del detalle, está
seguro de su habilidad para dar el significado y el propósito didáctico
correcto9.
Entre sus amigos, sabemos que DJM enumeró a Fray Ramón Masquefa,
el Prior de Peñafiel a quien dedicó su Tratado de la Asunçión
de la Virgen, y Fray Juan Alfonso, para quien escribió el Libro
de las Armas y a pedido de quien agregó su tratado sobre las Maneras
del amor al Libro infinido. Como M. R. Lida ha mostrado, expresa odio
por los hipócritas en general, y por los heréticos bergandos
y beguinos en particular (una preocupación dominica en el siglo
XIV); tres ejemplos del Conde Lucanor (14, 31, 42) son claramente de origen
dominico y al menos otros siete (4, 6, 11, 18, 36, 45, 49) pueden serlo10.
En otro lugar, he prestado atención a las maneras en que las ideas
de DJM sobre el amor propio, el amor al prójimo y la vida activa
derivan de las enseñanzas de St. Tomás de Aquino11. Pero
mientras en una alta proporción de los argumentos, prejuicios y
materia didáctica que aparecen en los escritos de DJM puede demostrarse
un origen tomista o dominico, otra vez la falta de fuentes identificables
con correspondencias verbales es sorprendente. La hipótesis más
probable construible sobre la base de esta evidencia es que DJM adquirió
el grueso de su material oralmente, de las conversaciones con sus amigos
dominicos más que de largas horas de estudio privado, y que, como
ha escrito, se apoyaba más en la memoria que en el manuscrito para
su inspiración12.
Esto no implica que DJM no amara los libros. Se los hacía leer
regularmente. En la dedicatoria del Libro del cavallero et del escudero
a su cuñado, Don Juan de Aragón, se refiere a las noches
de insomnio en Sevilla, por los problemas de su oficio: "Hermano
sennor, el cuidado es una de las cosas que más faze al omne perder
el dormir, et esto acaeçe a mí tantas vezes que me enbarga
mucho a la salud del cuerpo, et por ende cada que só en algún
cuidado, fago que me lean algunos libros o algunas estorias por sacar
aquel cuidado del coraçón". La solución de DJM
es que alguien le lea en voz alta durante la noche, y ofrece el libro
a su cuñado con el mismo propósito: "por que alguna
vez, quando non pudierdes dormir, que vos lean assí commo vos dirían
una fabliella". Vuelve al tema del insomnio en Estados, en el que
Julio aconseja el mismo remedio.
La costumbre de hacerse leer para instrucción, entretenimiento,
o como remedio para el insomnio, estaba bien establecida en la España
medieval. Así, en Castigos e documentos, "facer leer ante
sí hestorias buenas en que el home tome placer" es recomendado,
junto con dormir, bañarse y estudiar, como un antídoto contra
la melancolía13. En las Siete Partidas (II: XXI, 20) se nos dice
que "acostumbraban los caballeros quando comien que les leyesen las
hestorias de los grandes fechos de armas que los otros fecieran... Et
eso mesmo facien que quando non podiecen dormir, cada uno en su posada
se facie leer et retraer estas cosas sobredichas". Más tarde
en el siglo XIV, en la Corónica del Rey don Juan el Primero (XII,
2), el consejero recuerda a su rey las "coronicas e libros de los
fechos de Espanna que son en la vuestra camara, e vos las leen delante
vos quando a la vuestra merçed plaze"14.
Aunque el lamento de DJM sobre la imposibilidad de dormir a la noche ocurre
aquí en la materia dedicatoria, y aunque hay un precedente escrito
en las Siete partidas, representa algo más que un tópico
introductorio. DJM recuerda a su hijo Fernando que el insomnio es corriente
en la familia: "Sienpre acaeçió en el vuestro linage
e paresçe en Bós que sodes mal dormidor" (Infinido,
II, 21.5). En forma similar, sus comentarios sobre la práctica
de la lectura en voz alta tienen todos los signos de ser reacciones personales.
Observa que los beneficios de esta práctica son dobles: o consigue
dormirse o aprovechará el tiempo aprendiendo algo beneficioso.
DJM recomienda al insomne llevar a su cuarto materiales para la escritura,
como precaución por la falibilidad de la memoria, para poder anotar
algo que podría serle útil al día siguiente15.
Las evidencias internas en las obras de DJM sugieren que trabajó
el material de sus actividades literarias principalmente a partir de tres
tipos de fuente. Por su propia cuenta, se basó en su experiencia
personal hasta un grado inusual en el siglo XIV y, aprovechándose
de una excelente memoria, que había preparado para asistirlo en
ocasión de hacer notas escritas, recogió mucha de su información
por cuidadoso registro de conversaciones con sus mayores y sus amigos,
religiosos y seculares, y del material caballeresco y ejemplar que se
hacía leer, en romance, a la noche. El fracaso hasta ahora de los
estudiosos en encontrar paralelos verbales estrechos entre sus obras y
posibles fuentes directas —como es más obvio en el Conde
Lucanor (y más contrastante con las similitudes verbales que se
han encontrado entre el Libro de buen amor y sus fuentes directas)—
no hace más que reforzar la evidencia interna.
Habiendo recogido su material, DJM expresa sus opiniones sobre cómo
debe elaborarse. Pretende escribir "declaradamente" (Estados
I, 90.41, II, 3.108, CL II, 264, 284), desea alcanzar su propósito
"en las menos palabras que pueden ser" (Estados I, 90.42), "en
las menos palabras que yo pudiere" (Infinido, 14.1), desea que la
argumentación sea "conplida" (Cavallero XXXI, 26.6, Estados
I, 90.42)16. En suma, considera a la claridad, la concisión y la
exhaustividad como las virtudes por las que desearía ser admirado
por la posteridad. Será inmediatamente obvio que son las cualidades
que la mente moderna admira más a menudo en el maestro que en el
artista, y el hecho de que DJM preste atención a estos atributos
de su obra más que a otros nos recuerda que el hombre medieval
no hacía generalmente distinción formal entre intención
didáctica y artística.
Dos pasajes en Estados ilustran la preocupación de DJM acerca de
la adecuación de su presentación con su propósito
didáctico. En I, 61.11, el Príncipe Johas pide a Julio que
responda a cada una de sus preguntas "bien conplida et declaradamente.
Ca tengo que mejor es que la escriptura seya ya quanto más luenga,
en guisa quel que la faze —reçelando quel ternán por
muy fablador— que la faga tan avreviada, que sea tan escura que
non la pueda entender el que la aprende". Dos capítulos después,
Julio recuerda a Johas su elección de tratamiento extenso y el
Príncipe confirma su preferencia: "Pero en esto que me dezides,
commo yo quería et me paresçría mejor que lo vós
fiziésedes, sería que en tal que lo dixiésedes declaradamente,
que fuere en las menos palabras que vós pudiésedes. Et çierto
só yo que tan sabio sodes vós que así lo faredes.
Pero de lo uno o de lo otro, más de consentir et más aprovechoso
para el que ha de aprender es en ser la scriptura más luenga et
declarada que non abreviada et escura; ca el que aprende, entre todas
las cosas que ha mester, es que aya vagar para aprender" (Estados
I, 63.35). Entre los dos estilos, Johas opta sin dudar por el "fablar
conplido", no por lo que hoy se considerarían razones artísticas
sino por razones pedagógicas. El maestro debe combinar hablar "declaradamente"
"en las menos palabras que pudiésedes".
Las características de claridad y concisión son aquellas
a las que DJM presta más atención. En Estados, sin embargo,
Julio también recomienda las "buenas palabras" y los
"fermosos latines" que pueden encontrarse en el Libro del cavallero
et del escudero de su amigo DJM. En el Prólogo del Conde Lucanor,
se habla de las "apuestas palabras" que se encontrarán
en el cuerpo del libro. Pero cualquier intento de evaluar este reclamo
de belleza de expresión requeriría un análisis estilístico
de la prosa de DJM que vaya más allá de los límites
del presente estudio. Una reacción subjetiva a rasgos tales como
la elección y despliegue de adjetivos, que es probablemente en
lo que primero piensa el crítico moderno cuando se formulan tales
pretenciones, generalmente revela que la prosa de DJM no contiene nada
notable, y que es poco imaginativa comparada con el verso de su contemporáneo
Juan Ruiz. Pero en ausencia de un estudio sintáctico del castellano
del siglo XIV comparable al realizado por Keniston para el siglo XVI,
nos falta perspectiva para la prosa de DJM17. Hasta que ese estudio se
realice, es difícil ver cómo realizar una seria evaluación
estilística en el nivel verbal de la obra de un solo autor18.
Lo que puede decirse aquí, en resumen, es que mientras DJM se refiere
en ocasiones a la "belleza" de su escritura, está mucho
más interesado en la materia que en la forma. Su consideración
primaria es transmitir sus enseñanzas clara y completamente, sin
verbosidad innecesaria. Su falta de interés en retórica
y cuestiones retóricas, aunque esas cuestiones no están
totalmente ausentes de su obra, es uno de los rasgos más "personales"
de su escritura,
DJM muestra interés por la fortuna de sus manuscritos, que lo llevó
a enumerar sus obras completas en el Prólogo General y en el Prólogo
del Conde Lucanor, y a depositar una copia autógrafa en el monasterio
de Peñafiel. Sus comentarios sobre la poca confiabilidad de los
copistas son bien conocidos y frecuentemente citados como un ejemplo de
conciencia artística y de preocupación no medieval por la
integridad de su obra.
Hay, sin embargo, algo de excesiva simplicación al contrastar la
actitud de DJM hacia la fortuna de sus manuscritos con la de Juan Ruiz,
cuya exhortación final en el Libro de buen amor habla de entregar
la obra a la tradicionalidad:
Qualquier omne que lo oya, sy byen trobar sopiere,
mas ay añadir e emendar si quisiere,
ande de mano en mano a quienquier quel pydiere,
commo pella a las dueñas, tomelo quien podiere. (1629)19
DJM ha sido presentado tradicionalmente como celoso de preservar el
texto original de sus manuscritos, mientras Juan Ruiz fue ubicado como
deseoso de ofrecer su obra para que sea enmendada a placer20. Recientemente,
sin embargo, se ha prestado atención al hecho de que mientras la
exhortación de Juan Ruiz es un topos de modestia, hay algo inusual
en que la invitación a recrear se limite a los suficientemente
hábiles ("sy byen trobar sopiere")21, y se ha argumentado
persuasivamente acerca de la posible dependencia de este pasaje del lugar
similar del Prólogo del Zifar22.
De hecho, la actitud de DJM es muy similar a las de Juan Ruiz y el autor
del Zifar. Él no está ansioso por ver su obra en manos de
un copista incompetente, y aun anuncia en una ocasión que escribe
sobre la fe católica de un modo suficientemente oscuro como para
frustrar los intentos de alteración del ignorante23. Pero, por
otro lado, ofrece humildemente su obra para que su cuñado la corrija:
"Et muchas cosas que só cierto que fallaredes y que non son
tan bien puestas nin tan aprovechosas commo era mester, tenet por bien
de las emendar" (Estados I, 2.34). DJM se muestra listo para aceptar
las enmiendas de su culto cuñado, a quien admira por su "entendimiento"
y "grant letradura" (Estados I, 2.21) y a quien antes había
alabado como "clérigo et muy letrado" (Cavallero, 10.33).
DJM vuelve al tema en Estados, II, 1.31, donde expresa inquietud sobre
su presunción en torno a los asuntos del Primer Estado, sobre el
cual se declara incapaz de escribir. Otra vez invita a Don Juan de Aragón
(ahora elevado a Patriarca de Alejandría) a corregir su obra: "Et
lo que y fallaredes que es dubdoso de entender, emendadlo, et poned la
culpa a mí porque me atreví a fablar en tan altas maneras".
Esta vez extiende su invitación a otros competentes en el tema:
"Et qualquier dubda que y sea, déxolo en vuestra emienda et
de los maestros et doctores de Sancta Eglesia" (II, 1.45). Aquí
parece ser algo más que el despliegue convencional de una fórmula
de apertura. Lo que sorprende no son las diferencias entre el topos seleccionado
por DJM, Juan Ruiz y el autor del Zifar, sino las similitudes: los tres
ofrecen su obra para enmienda, pero exigen que sea hecha sólo por
personas calificadas.
En Estados, I, 63.20, Julio hace una observación general sobre
la capacidad de los críticos literarios para ver lo peor en todo:
"Et dígovos que muy pocos libros leí yo que algún
sabio fiziese, que los que vinieron después non dixiesen contra
ellos: contra los unos diziendo que fablavan muy luengo, et contra los
otros que fablavan muy breve et scuro". Además, hay alguna
evidencia interna de que la inmediata recepción del Conde Lucanor,
escrito en romance y específicamente para legos, fue algo bastante
dispar. En las Maneras del amor DJM replica a sus críticos:24
Et commo quier que yo sé que algunos profaçan de mí
porque fago libros, dígovos que por eso non lo dexaré, ca
quiero crer al enxienplo que yo pus, en el libro que yo fiz de Patronio,
en que dize que
Por dicho de las gentes,
sol que non sea mal,
al pro tened las mientes,
e non fagades ál.
Et pues en los libros que yo fago ay en ellos pro e verdad e non danno,
por ende non lo quiero dexar por dicho de ninguno. Et los que dello profaçarán,
quando ellos fizieren su pro e vieren que fago yo mi danno, estonçe
deven seer creídos que fago lo que me non cae de fazer libro. (73.12)
La actitud defensiva de esto, en contraste con la autoconfianza de DJM
en otros temas, es sorprendente. A juzgar por la respuesta, la crítica
fue que DJM, escribiendo libros para el público general, había
sido indulgente en una actividad que no era apropiada a su status, siendo
la imputación que la actividad literaria probablemente iba a dañar
su honra, la fama del noble. La respuesta de DJM es subrayar sus buenas
intenciones: puesto que sus libros están destinados a hacer el
bien, no perjuicios, arguye que su composición sólo puede
conducir a un acrecentamiento de su reputación. Toma entonces la
ofensiva: "Et pues yo tengo que maguer en mí aya muchas menguas,
que aun fasta aquí non he fecho cosa porque se mengüe mi estado,
et pienso que es mejor pasar el tienpo en fazer libros que en jugar los
dados o fazer otras viles cosas" (75.3). Aunque los últimos
sentimientos son vagamente reminiscentes de los expresados por Cicerón
(Pro Archia, VI, 13), en respuesta a las acusaciones de haber desatendido
sus deberes como ciudadano romano en favor de sus actividades literarias,
el interés de DJM sobre el posible efecto de su obra en su reputación
es muy personal y medieval25. Que la actividad literaria era totalmente
apropiada para un miembro del estrato superior del Segundo Estado, era
una tesis que necesitaba defenderse y DJM siente una real compulsión
a defender su caso26.
Si DJM toma una positiva línea defensiva contra las críticas
generales, se muestra más vulnerable a las críticas de detalle
de su amigo Don Jaime de Xérica. Éste sentía que
la obra de DJM hasta ese momento estaba falta de sutileza, y le recomienda
una presentación más "oscura": "me dixo que
querría que los mis libros fablasen más oscuro, et me rogó
que si algund libro feziesse, que non fuesse tan declarado. Et só
çierto que esto me dixo porque él es tan sotil et tan de
buen entendimiento, et tiene por mengua de sabiduría fablar en
las cosas muy llana et declaradamente" (CL, II, 263.20). El resultado
fue el intento de complacerlo con las partes II-IV del Conde Lucanor27.
En descargo de DJM, digamos que hace lo imposible por deslindar responsabilidades
en la empresa: "et los que non las entendieren non pongan la culpa
a mí, ca yo non lo quería fazer sinon commo fiz los otros
libros, más pónganla a Don Jayme, que me lo fizo assí
fazer, et a ellos porque lo non pueden o non quieren entender" (II,
264.12). Además, el alivio de Patronio al permitirle el autor volver
a su estilo más natural en la Parte V es claramente evidente: "Et
pues tantas cosas son escriptas en este libro sotiles et oscuras et abreviadas,
por talante que don Johan ovo de complir talante de don Jayme, dígovos
que non quiero fablar ya en este libro de enxiemplos, nin de proverbios,
mas fablar he un poco en otra cosa que es muy más aprovechosa"
(V, 284.16). La normalidad se restituye porque Patronio puede volver a
su estilo y porque puede ocuparse de su tema favorito: la salvación
del alma. DJM hizo el intento de escribir más "oscuro"
para complacer a Don Jaime, pero claramente no le gustaba. El hecho de
que fuera tan sensible a la crítica, sin embargo, y tan dispuesto
a tenerla en cuenta, subraya la dificultad de su posición en tanto
guerrero-estadista inmiscuido en el mundo literario y su deseo de complacer
a los más eruditos de sus amigos, como Don Jaime y Don Juan, cuyo
juicio literario valoraba.
Hay considerable ironía en las trampas que la historia ha jugado
a DJM. Ha sido ascusado, a veces severamente, de altanería, arrogancia,
orgullo28. Sin embargo, estas acusaciones generalmente provienen de una
simple aceptación por parte del noble de lo que en el siglo XIV
se tenía por verdadero. La supremacía del Cristianismo era
indisputada en Europa occidental. La visión del mundo era teocéntrica,
y la división de la humanidad en tres estados se entendía
como deseo de Dios, un reflejo de la Trinidad y de los tres órdenes
de ángeles; todo hombre tenía su lugar en una sociedad jerárquica,
y su posición implicaba deberes y privilegios29. DJM está
comprensiblemente orgulloso por haber sido colocado por el Creador en
una alta y responsable posición dentro del Segundo Estado, orgulloso
de sus privilegios pero también conciente de sus deberes como uno
de los nobles defensores de España. En tal área se apoya
su "arrogancia", y éstas son las cosas de las que estaba
seguro. Pero nada de esto es aceptado hoy: no resistió el examen
del tiempo.
Por otro lado, DJM se muestra desconfiado en cuanto a su habilidad y sus
procedimientos literarios. Sus métodos eran excéntricos
en la Edad Media: escribía en romance, cuando los más ilustrados
podían ser tentados a escribir en latín; se apoyaba en la
experiencia personal, cuando los hombres más educados buscaban
basarse en autoridades clásicas o bíblicas; expresaba el
deseo de escribir llana y acabadamente, en un tiempo en que un conocimiento
cabal y un despliegue de retórica eran tenidos en alta estima.
Irónicamente, estos son rasgos de escritura en prosa que han sido
alabados siglos después. La incuestionable aceptación de
DJM del status quo social y religioso hace de él un escritor didáctico
que permanece firmemente dentro de la tradición medieval. Con todo,
demuestra, a pesar de su algo inusual timidez acerca de sus habilidades
creativas, ser con claridad un pensador independiente y de rasgos progresistas
cuando se lo considera primariamente como figura literaria.
University of Durham, England
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