Literatura Española I (Medieval)
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Ian Macpherson, Don Juan Manuel: The Literary Process (En:Studies in Philology, LXX [1973] , 1-18).

Los historiadores de la literatura que han rastreado fuentes de la obra de Don Juan Manuel se han topado con grandes desacuerdos. La primera parte del Libro de los estados depende claramente del Barlaam, aunque no se corresponde con ninguna versión existente1. El Llibre del orde de la cavaylería puede haber dado el ímpetu inicial para el Libro del cavallero et del escudero, pero ya nadie sugiere seriamente que DJM lo haya compuesto teniendo la obra de Llull abierta ante sí: ambos libros sólo tienen en común el esqueleto del argumento. No hay problemas en encontrar análogos a los exempla del Conde Lucanor, pero nadie ha descubierto fuentes directas.
Algunos rasgos del estilo de DJM han inspirado un número de artículos2 y se cita frecuentemente a Menéndez Pelayo: "la grande y verdadera originalidad de don Juan Manuel consiste en el estilo"3. Precisamente lo que Menéndez Pelayo entiende aquí por "estilo" es pocas veces cuestionado, sin embargo, es raro que las propias opiniones de DJM sobre sus aspiraciones literarias sean directamente tenidas en cuenta. La altanería y el orgullo son lugares comunes de la crítica, y es generalmente presentado como arrogante en cuanto a su habilidad literaria.
Hay una considerable cantidad de comentarios directos en la obra de DJM (sea por el autor mismo o a través de personajes como el Caballero Anciano, Julio o Patronio) que ilustran los métodos del autor para adquirir materia conveniente, sus intenciones como escritor de prosa en romance, y sus recelos acerca de su posición un tanto vulnerable en la España del s. XIV de guerrero-hombre de estado con inclinación literaria; es mi intención aquí revisar las propias observaciones de DJM sobre estos aspectos de su obra. Mi esperanza es clarificar algo el proceso de creación literaria de un hombre que, según María Rosa Lida, "permite vislumbrar con excepcional claridad las coordenadas de su universalismo y de su individualidad"4.
Como adulto, DJM puede haber tenido poco tiempo, escatimado a sus empresas políticas y militares, para gastar en bibliotecas. En el Libro de la caza (Prólogo) menciona el placer derivado de la lectura de las obras de su tío, Alfonso X, y aquí y allá se encuentran breves alusiones tales como "algunas cosas que fallé en un libro" (Cavallero, I, 15) o "otras razones que fallé scriptas" (Cavallero, I, 19). Pero aunque DJM rara vez cita una "autoridad" para sus juicios, y sus referencias a las fuentes clásicas y bíblicas son generalmente vagas y erróneas5, hay claras indicaciones sobre cómo se las arreglaba para mantenerse en contacto con sus intereses literarios.
DJM se distingue entre los escritores medievales en que mucho de lo que escribió fue compuesto a la luz de su propia y variada experiencia personal de vida. Subraya esto en su Libro infinido (Prólogo): "por ende asmé de conponer este tractado que tracta de cosas que yo mismo prové en mí mismo e en mi fazienda e bi que conteçió a otros, de las que fiz e vi fazer". Más adelante en el Prólogo vuelve sobre esto, asegurándole a su hijo que ha compuesto el libro "porque sepa por este libro quáles son las cosas que yo prové e bi", y lo reitera en la primera oración del segundo capítulo.
Aunque el tema de la composición por pedido, cuando el pedido proviene ostensiblemente de un niño de dos años, pueda difícilmente ser más que convencional, la repetida insistencia en que el tema proviene de la experiencia personal debe tratarse más seriamente. El Libro infinido mismo consiste en una colección de avisos muy prácticos, de los que una gran proporción —no obstante la única referencia "erudita" al De regimine principum de Egidio Colonna (IV, 30.13)— deriva de la madura experiencia de un hombre de estado, la mayor parte ya elaborada en Estados, donde abundan las alusiones directas a DJM y sus asuntos personales6. El Libro de las armas contiene una selección de anécdotas acerca de la familia de DJM, y muchos de los ejemplos del Conde Lucanor, como ha mostrado Giménez Soler, pueden relacionarse con acontecimientos de la turbulenta vida política de DJM7.
Pero DJM no se apoya exclusivamente en la experiencia personal. Regularmente señala la utilidad de aprender en forma erudita de otros. El autor anuncia que el material para su Libro de la caza fue recogido oralmente de los mejores cazadores de la región: "Et lo que él entendió e acordó con los mejores caçadores con quien él departió muchas vegadas sobre esto" (Prólogo). Julio sostiene que su consejo a los sacerdotes sobre cómo convertir a los moros al Cristianismo está basado en los debates con sabios moros en los que su amigo DJM había participado: "dígovos que me dixo don Johan, aquel mío amigo, que ya obiera él departimiento con algunos moros muy sabidores" (Estados, II, 3.95). El Caballero Anciano se refiere a lo deseable de que un joven aproveche los dichos de los hombres más sabios en una casa noble: "et commo quier que yo nunca leí nin aprendí ninguna sçiençia, que só mucho ançiano et guareçí en casa de muchos sennores, oí departir a muchos omnes sabios, et bien cred que para los legos non ha tan buena escuela en el mundo cuemo criarse omne et bevir en casa de los sennores" (Cavallero, XXI, 26.20). Se le recuerda al escudero que la sabiduría de su mentor fue adquirida atendiendo las palabras de sus mayores, como es apropiado para un laico, y no es el producto de un aprendizaje libresco.
En el Prólogo al Libro de las armas, DJM vuelve al tópico:

et así non vos do yo testimonio que bí todas estas cosas, más oí las a personas que eran de crer. Et non lo oí todo a una persona, más oí unas cosas a una persona et otras a otras, et ayuntando lo que oí a los unos et a los otros con razón, ayunté estos dichos (et por mi entendimiento entendí que passara todo el fecho en esta manera que vos yo porné aquí por escripto) que fablan de las cosas que passaran; et así contesçe en los que fablan de las scripturas; toman de lo que fallan en un lugar et acuerdan en lo que fallan en otros lugares et de todo fazen una razón; et así fiz yo de lo que oí a muchas personas que eran muy crederas ayuntando estas razones.

Aquí el noble puntualiza que, puesto que no estaba en posición de tener conocimiento personal de los hechos ocurridos cuando nació su padre, debe apoyarse necesariamente en el testimonio oral de otros. Significativamente, hace el mismo pedido para la información obtenida de este modo —que sus fuentes sean "crederas"— que el de los poetas de "cuaderna vía" de los ss. XIII-XIV para sus fuentes eruditas escritas. El poeta del Libro de Apolonio, para seleccionar uno entre muchos ejemplos, insiste en la naturaleza escrita (y por lo tanto auténtica) de su material:

Su nombre fue Teófilo, si lo saber queredes,
catat lo en la estoria si a mi non creyedes. (372)8

Además de hacer este pedido, del que presumiblemente pocos escritores medievales expresarían aprobación instantánea, DJM se atreve a comparar su proceso creativo con el de los comentadores medievales de las Escrituras, que producen una obra de síntesis de múltiples fuentes. Es muy conciente de la gran diferencia de su caso —donde el material usado es oral (e, implícitamente, menos confiable)— pero sin embargo insiste en que el proceso creativo es comparable. DJM también revala al final del Libro de las armas que sabe de la posible existencia de errores en los detalles menores como resultado de este tipo de procedimiento, pero observa que "la justiçia et la sentencia et la entençión et la verdat así passó commo es aquí scripto". Cualquiera sea la suerte del detalle, está seguro de su habilidad para dar el significado y el propósito didáctico correcto9.
Entre sus amigos, sabemos que DJM enumeró a Fray Ramón Masquefa, el Prior de Peñafiel a quien dedicó su Tratado de la Asunçión de la Virgen, y Fray Juan Alfonso, para quien escribió el Libro de las Armas y a pedido de quien agregó su tratado sobre las Maneras del amor al Libro infinido. Como M. R. Lida ha mostrado, expresa odio por los hipócritas en general, y por los heréticos bergandos y beguinos en particular (una preocupación dominica en el siglo XIV); tres ejemplos del Conde Lucanor (14, 31, 42) son claramente de origen dominico y al menos otros siete (4, 6, 11, 18, 36, 45, 49) pueden serlo10. En otro lugar, he prestado atención a las maneras en que las ideas de DJM sobre el amor propio, el amor al prójimo y la vida activa derivan de las enseñanzas de St. Tomás de Aquino11. Pero mientras en una alta proporción de los argumentos, prejuicios y materia didáctica que aparecen en los escritos de DJM puede demostrarse un origen tomista o dominico, otra vez la falta de fuentes identificables con correspondencias verbales es sorprendente. La hipótesis más probable construible sobre la base de esta evidencia es que DJM adquirió el grueso de su material oralmente, de las conversaciones con sus amigos dominicos más que de largas horas de estudio privado, y que, como ha escrito, se apoyaba más en la memoria que en el manuscrito para su inspiración12.
Esto no implica que DJM no amara los libros. Se los hacía leer regularmente. En la dedicatoria del Libro del cavallero et del escudero a su cuñado, Don Juan de Aragón, se refiere a las noches de insomnio en Sevilla, por los problemas de su oficio: "Hermano sennor, el cuidado es una de las cosas que más faze al omne perder el dormir, et esto acaeçe a mí tantas vezes que me enbarga mucho a la salud del cuerpo, et por ende cada que só en algún cuidado, fago que me lean algunos libros o algunas estorias por sacar aquel cuidado del coraçón". La solución de DJM es que alguien le lea en voz alta durante la noche, y ofrece el libro a su cuñado con el mismo propósito: "por que alguna vez, quando non pudierdes dormir, que vos lean assí commo vos dirían una fabliella". Vuelve al tema del insomnio en Estados, en el que Julio aconseja el mismo remedio.
La costumbre de hacerse leer para instrucción, entretenimiento, o como remedio para el insomnio, estaba bien establecida en la España medieval. Así, en Castigos e documentos, "facer leer ante sí hestorias buenas en que el home tome placer" es recomendado, junto con dormir, bañarse y estudiar, como un antídoto contra la melancolía13. En las Siete Partidas (II: XXI, 20) se nos dice que "acostumbraban los caballeros quando comien que les leyesen las hestorias de los grandes fechos de armas que los otros fecieran... Et eso mesmo facien que quando non podiecen dormir, cada uno en su posada se facie leer et retraer estas cosas sobredichas". Más tarde en el siglo XIV, en la Corónica del Rey don Juan el Primero (XII, 2), el consejero recuerda a su rey las "coronicas e libros de los fechos de Espanna que son en la vuestra camara, e vos las leen delante vos quando a la vuestra merçed plaze"14.
Aunque el lamento de DJM sobre la imposibilidad de dormir a la noche ocurre aquí en la materia dedicatoria, y aunque hay un precedente escrito en las Siete partidas, representa algo más que un tópico introductorio. DJM recuerda a su hijo Fernando que el insomnio es corriente en la familia: "Sienpre acaeçió en el vuestro linage e paresçe en Bós que sodes mal dormidor" (Infinido, II, 21.5). En forma similar, sus comentarios sobre la práctica de la lectura en voz alta tienen todos los signos de ser reacciones personales. Observa que los beneficios de esta práctica son dobles: o consigue dormirse o aprovechará el tiempo aprendiendo algo beneficioso. DJM recomienda al insomne llevar a su cuarto materiales para la escritura, como precaución por la falibilidad de la memoria, para poder anotar algo que podría serle útil al día siguiente15.
Las evidencias internas en las obras de DJM sugieren que trabajó el material de sus actividades literarias principalmente a partir de tres tipos de fuente. Por su propia cuenta, se basó en su experiencia personal hasta un grado inusual en el siglo XIV y, aprovechándose de una excelente memoria, que había preparado para asistirlo en ocasión de hacer notas escritas, recogió mucha de su información por cuidadoso registro de conversaciones con sus mayores y sus amigos, religiosos y seculares, y del material caballeresco y ejemplar que se hacía leer, en romance, a la noche. El fracaso hasta ahora de los estudiosos en encontrar paralelos verbales estrechos entre sus obras y posibles fuentes directas —como es más obvio en el Conde Lucanor (y más contrastante con las similitudes verbales que se han encontrado entre el Libro de buen amor y sus fuentes directas)— no hace más que reforzar la evidencia interna.
Habiendo recogido su material, DJM expresa sus opiniones sobre cómo debe elaborarse. Pretende escribir "declaradamente" (Estados I, 90.41, II, 3.108, CL II, 264, 284), desea alcanzar su propósito "en las menos palabras que pueden ser" (Estados I, 90.42), "en las menos palabras que yo pudiere" (Infinido, 14.1), desea que la argumentación sea "conplida" (Cavallero XXXI, 26.6, Estados I, 90.42)16. En suma, considera a la claridad, la concisión y la exhaustividad como las virtudes por las que desearía ser admirado por la posteridad. Será inmediatamente obvio que son las cualidades que la mente moderna admira más a menudo en el maestro que en el artista, y el hecho de que DJM preste atención a estos atributos de su obra más que a otros nos recuerda que el hombre medieval no hacía generalmente distinción formal entre intención didáctica y artística.
Dos pasajes en Estados ilustran la preocupación de DJM acerca de la adecuación de su presentación con su propósito didáctico. En I, 61.11, el Príncipe Johas pide a Julio que responda a cada una de sus preguntas "bien conplida et declaradamente. Ca tengo que mejor es que la escriptura seya ya quanto más luenga, en guisa quel que la faze —reçelando quel ternán por muy fablador— que la faga tan avreviada, que sea tan escura que non la pueda entender el que la aprende". Dos capítulos después, Julio recuerda a Johas su elección de tratamiento extenso y el Príncipe confirma su preferencia: "Pero en esto que me dezides, commo yo quería et me paresçría mejor que lo vós fiziésedes, sería que en tal que lo dixiésedes declaradamente, que fuere en las menos palabras que vós pudiésedes. Et çierto só yo que tan sabio sodes vós que así lo faredes. Pero de lo uno o de lo otro, más de consentir et más aprovechoso para el que ha de aprender es en ser la scriptura más luenga et declarada que non abreviada et escura; ca el que aprende, entre todas las cosas que ha mester, es que aya vagar para aprender" (Estados I, 63.35). Entre los dos estilos, Johas opta sin dudar por el "fablar conplido", no por lo que hoy se considerarían razones artísticas sino por razones pedagógicas. El maestro debe combinar hablar "declaradamente" "en las menos palabras que pudiésedes".
Las características de claridad y concisión son aquellas a las que DJM presta más atención. En Estados, sin embargo, Julio también recomienda las "buenas palabras" y los "fermosos latines" que pueden encontrarse en el Libro del cavallero et del escudero de su amigo DJM. En el Prólogo del Conde Lucanor, se habla de las "apuestas palabras" que se encontrarán en el cuerpo del libro. Pero cualquier intento de evaluar este reclamo de belleza de expresión requeriría un análisis estilístico de la prosa de DJM que vaya más allá de los límites del presente estudio. Una reacción subjetiva a rasgos tales como la elección y despliegue de adjetivos, que es probablemente en lo que primero piensa el crítico moderno cuando se formulan tales pretenciones, generalmente revela que la prosa de DJM no contiene nada notable, y que es poco imaginativa comparada con el verso de su contemporáneo Juan Ruiz. Pero en ausencia de un estudio sintáctico del castellano del siglo XIV comparable al realizado por Keniston para el siglo XVI, nos falta perspectiva para la prosa de DJM17. Hasta que ese estudio se realice, es difícil ver cómo realizar una seria evaluación estilística en el nivel verbal de la obra de un solo autor18.
Lo que puede decirse aquí, en resumen, es que mientras DJM se refiere en ocasiones a la "belleza" de su escritura, está mucho más interesado en la materia que en la forma. Su consideración primaria es transmitir sus enseñanzas clara y completamente, sin verbosidad innecesaria. Su falta de interés en retórica y cuestiones retóricas, aunque esas cuestiones no están totalmente ausentes de su obra, es uno de los rasgos más "personales" de su escritura,
DJM muestra interés por la fortuna de sus manuscritos, que lo llevó a enumerar sus obras completas en el Prólogo General y en el Prólogo del Conde Lucanor, y a depositar una copia autógrafa en el monasterio de Peñafiel. Sus comentarios sobre la poca confiabilidad de los copistas son bien conocidos y frecuentemente citados como un ejemplo de conciencia artística y de preocupación no medieval por la integridad de su obra.
Hay, sin embargo, algo de excesiva simplicación al contrastar la actitud de DJM hacia la fortuna de sus manuscritos con la de Juan Ruiz, cuya exhortación final en el Libro de buen amor habla de entregar la obra a la tradicionalidad:

Qualquier omne que lo oya, sy byen trobar sopiere,
mas ay añadir e emendar si quisiere,
ande de mano en mano a quienquier quel pydiere,
commo pella a las dueñas, tomelo quien podiere. (1629)19

DJM ha sido presentado tradicionalmente como celoso de preservar el texto original de sus manuscritos, mientras Juan Ruiz fue ubicado como deseoso de ofrecer su obra para que sea enmendada a placer20. Recientemente, sin embargo, se ha prestado atención al hecho de que mientras la exhortación de Juan Ruiz es un topos de modestia, hay algo inusual en que la invitación a recrear se limite a los suficientemente hábiles ("sy byen trobar sopiere")21, y se ha argumentado persuasivamente acerca de la posible dependencia de este pasaje del lugar similar del Prólogo del Zifar22.
De hecho, la actitud de DJM es muy similar a las de Juan Ruiz y el autor del Zifar. Él no está ansioso por ver su obra en manos de un copista incompetente, y aun anuncia en una ocasión que escribe sobre la fe católica de un modo suficientemente oscuro como para frustrar los intentos de alteración del ignorante23. Pero, por otro lado, ofrece humildemente su obra para que su cuñado la corrija: "Et muchas cosas que só cierto que fallaredes y que non son tan bien puestas nin tan aprovechosas commo era mester, tenet por bien de las emendar" (Estados I, 2.34). DJM se muestra listo para aceptar las enmiendas de su culto cuñado, a quien admira por su "entendimiento" y "grant letradura" (Estados I, 2.21) y a quien antes había alabado como "clérigo et muy letrado" (Cavallero, 10.33).
DJM vuelve al tema en Estados, II, 1.31, donde expresa inquietud sobre su presunción en torno a los asuntos del Primer Estado, sobre el cual se declara incapaz de escribir. Otra vez invita a Don Juan de Aragón (ahora elevado a Patriarca de Alejandría) a corregir su obra: "Et lo que y fallaredes que es dubdoso de entender, emendadlo, et poned la culpa a mí porque me atreví a fablar en tan altas maneras". Esta vez extiende su invitación a otros competentes en el tema: "Et qualquier dubda que y sea, déxolo en vuestra emienda et de los maestros et doctores de Sancta Eglesia" (II, 1.45). Aquí parece ser algo más que el despliegue convencional de una fórmula de apertura. Lo que sorprende no son las diferencias entre el topos seleccionado por DJM, Juan Ruiz y el autor del Zifar, sino las similitudes: los tres ofrecen su obra para enmienda, pero exigen que sea hecha sólo por personas calificadas.
En Estados, I, 63.20, Julio hace una observación general sobre la capacidad de los críticos literarios para ver lo peor en todo: "Et dígovos que muy pocos libros leí yo que algún sabio fiziese, que los que vinieron después non dixiesen contra ellos: contra los unos diziendo que fablavan muy luengo, et contra los otros que fablavan muy breve et scuro". Además, hay alguna evidencia interna de que la inmediata recepción del Conde Lucanor, escrito en romance y específicamente para legos, fue algo bastante dispar. En las Maneras del amor DJM replica a sus críticos:24

Et commo quier que yo sé que algunos profaçan de mí porque fago libros, dígovos que por eso non lo dexaré, ca quiero crer al enxienplo que yo pus, en el libro que yo fiz de Patronio, en que dize que
Por dicho de las gentes,
sol que non sea mal,
al pro tened las mientes,
e non fagades ál.
Et pues en los libros que yo fago ay en ellos pro e verdad e non danno, por ende non lo quiero dexar por dicho de ninguno. Et los que dello profaçarán, quando ellos fizieren su pro e vieren que fago yo mi danno, estonçe deven seer creídos que fago lo que me non cae de fazer libro. (73.12)

La actitud defensiva de esto, en contraste con la autoconfianza de DJM en otros temas, es sorprendente. A juzgar por la respuesta, la crítica fue que DJM, escribiendo libros para el público general, había sido indulgente en una actividad que no era apropiada a su status, siendo la imputación que la actividad literaria probablemente iba a dañar su honra, la fama del noble. La respuesta de DJM es subrayar sus buenas intenciones: puesto que sus libros están destinados a hacer el bien, no perjuicios, arguye que su composición sólo puede conducir a un acrecentamiento de su reputación. Toma entonces la ofensiva: "Et pues yo tengo que maguer en mí aya muchas menguas, que aun fasta aquí non he fecho cosa porque se mengüe mi estado, et pienso que es mejor pasar el tienpo en fazer libros que en jugar los dados o fazer otras viles cosas" (75.3). Aunque los últimos sentimientos son vagamente reminiscentes de los expresados por Cicerón (Pro Archia, VI, 13), en respuesta a las acusaciones de haber desatendido sus deberes como ciudadano romano en favor de sus actividades literarias, el interés de DJM sobre el posible efecto de su obra en su reputación es muy personal y medieval25. Que la actividad literaria era totalmente apropiada para un miembro del estrato superior del Segundo Estado, era una tesis que necesitaba defenderse y DJM siente una real compulsión a defender su caso26.
Si DJM toma una positiva línea defensiva contra las críticas generales, se muestra más vulnerable a las críticas de detalle de su amigo Don Jaime de Xérica. Éste sentía que la obra de DJM hasta ese momento estaba falta de sutileza, y le recomienda una presentación más "oscura": "me dixo que querría que los mis libros fablasen más oscuro, et me rogó que si algund libro feziesse, que non fuesse tan declarado. Et só çierto que esto me dixo porque él es tan sotil et tan de buen entendimiento, et tiene por mengua de sabiduría fablar en las cosas muy llana et declaradamente" (CL, II, 263.20). El resultado fue el intento de complacerlo con las partes II-IV del Conde Lucanor27.
En descargo de DJM, digamos que hace lo imposible por deslindar responsabilidades en la empresa: "et los que non las entendieren non pongan la culpa a mí, ca yo non lo quería fazer sinon commo fiz los otros libros, más pónganla a Don Jayme, que me lo fizo assí fazer, et a ellos porque lo non pueden o non quieren entender" (II, 264.12). Además, el alivio de Patronio al permitirle el autor volver a su estilo más natural en la Parte V es claramente evidente: "Et pues tantas cosas son escriptas en este libro sotiles et oscuras et abreviadas, por talante que don Johan ovo de complir talante de don Jayme, dígovos que non quiero fablar ya en este libro de enxiemplos, nin de proverbios, mas fablar he un poco en otra cosa que es muy más aprovechosa" (V, 284.16). La normalidad se restituye porque Patronio puede volver a su estilo y porque puede ocuparse de su tema favorito: la salvación del alma. DJM hizo el intento de escribir más "oscuro" para complacer a Don Jaime, pero claramente no le gustaba. El hecho de que fuera tan sensible a la crítica, sin embargo, y tan dispuesto a tenerla en cuenta, subraya la dificultad de su posición en tanto guerrero-estadista inmiscuido en el mundo literario y su deseo de complacer a los más eruditos de sus amigos, como Don Jaime y Don Juan, cuyo juicio literario valoraba.
Hay considerable ironía en las trampas que la historia ha jugado a DJM. Ha sido ascusado, a veces severamente, de altanería, arrogancia, orgullo28. Sin embargo, estas acusaciones generalmente provienen de una simple aceptación por parte del noble de lo que en el siglo XIV se tenía por verdadero. La supremacía del Cristianismo era indisputada en Europa occidental. La visión del mundo era teocéntrica, y la división de la humanidad en tres estados se entendía como deseo de Dios, un reflejo de la Trinidad y de los tres órdenes de ángeles; todo hombre tenía su lugar en una sociedad jerárquica, y su posición implicaba deberes y privilegios29. DJM está comprensiblemente orgulloso por haber sido colocado por el Creador en una alta y responsable posición dentro del Segundo Estado, orgulloso de sus privilegios pero también conciente de sus deberes como uno de los nobles defensores de España. En tal área se apoya su "arrogancia", y éstas son las cosas de las que estaba seguro. Pero nada de esto es aceptado hoy: no resistió el examen del tiempo.
Por otro lado, DJM se muestra desconfiado en cuanto a su habilidad y sus procedimientos literarios. Sus métodos eran excéntricos en la Edad Media: escribía en romance, cuando los más ilustrados podían ser tentados a escribir en latín; se apoyaba en la experiencia personal, cuando los hombres más educados buscaban basarse en autoridades clásicas o bíblicas; expresaba el deseo de escribir llana y acabadamente, en un tiempo en que un conocimiento cabal y un despliegue de retórica eran tenidos en alta estima. Irónicamente, estos son rasgos de escritura en prosa que han sido alabados siglos después. La incuestionable aceptación de DJM del status quo social y religioso hace de él un escritor didáctico que permanece firmemente dentro de la tradición medieval. Con todo, demuestra, a pesar de su algo inusual timidez acerca de sus habilidades creativas, ser con claridad un pensador independiente y de rasgos progresistas cuando se lo considera primariamente como figura literaria.


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