Literatura Española I (Medieval)
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DON JUAN MANUEL: INSCRIPCIÓN DEL SUJETO EN EL TEXTO MEDIEVAL

Conclusiones del Seminario de Grado "Sujeto, narratividad e ideología en la escritura de don Juan Manuel"

Buenos Aires, diciembre de 1998

I


El marco teórico en el que se situaron las hipótesis de trabajo iniciales (formuladas en Funes, en prensa) correspondió a una perspectiva histórico-cultural, punto de encuentro de la teoría literaria, la crítica cultural y la historia literaria. La zona de intersección de estas disciplinas contenía, en principio, las siguientes cuestiones teóricas e históricas:
- el fenómeno de la narratividad, tal y como lo entiende la narratología hoy (v. Bal 1990), pero también, y sobre todo, la función narrativa como práctica cultural, y por tanto ideológica;
- el fenómeno de la ficción, concretamente la construcción textual de mundos posibles;
- la cuestión (relacionada) del estatuto de verdad en la escritura del siglo XIV y en la obra de don Juan Manuel (en adelante, DJM);
- el texto como objeto cultural, que no trasciende ni refleja la realidad, sino que reproduce en términos específicos las condiciones de la vida material e interviene en la construcción del imaginario social (todo lo cual involucra una serie de conceptos: ideología, mediación, representación, recepción, intertextualidad, interdiscursividad);
- el proceso de consolidación de la escritura en prosa como práctica discursiva, un aspecto de la historia de la escritura (historia que involucra reglas de producción, condiciones de posibilidad, modelos discursivos, procedimientos formales) que permite abarcar un problema histórico-cultural básico del período medieval: la relación oralidad/escritura.
Los objetivos generales planteados eran:
a) una nueva formulación descriptiva y explicativa del proceso discursivo por el cual DJM legitimó sus prácticas político-literarias en el marco de los géneros historiográficos y didáctico-narrativos de la primera mitad del siglo XIV;
b) la formulación, mediante el estudio de la voluntad de autoría manifiesta en la escritura juanmanuelina, de hipótesis sobre la construcción de una subjetividad en la literatura castellana del Trecientos.

II
Voluntad de autoría y cuestión biográfica

Planteamos inicialmente la problemática del sujeto en los términos "conciencia y voluntad de autoría", por un lado, y "relación vida/obra", por otro. El presupuesto teórico en este caso fue trabajar con una noción de sujeto alejada del concepto cartesiano del entendimiento y la voluntad y cercana a la idea del sujeto escindido y plurideterminado. La aparente contradicción entre esta concepción y la noción misma de "voluntad de autoría" se disipa aclarando que la acción de un sujeto sobre un texto está acotada por particulares condiciones de posibilidad discursivas y orientada por modalidades institucionales y sociales de configuración discursiva. En otras palabras, la dimensión autorial en la que esa voluntad se manifiesta es un punto de cruce entre lo individual y lo social (condiciones histórico-culturales concretas).
Diferentes trabajos del Seminario permitieron confirmar que, en el caso de DJM, voluntad de autoría y cuestión biográfica son aspectos de una misma problemática. Asimismo, se tomó distancia de la operación biografista que relaciona directamente avatares de la vida personal con elementos concretos de los textos a nivel del contenido. En cambio, se trabajó con la figura pública de DJM en sus aspectos político y literario; de modo que no se buscó la manifestación en los textos de pasiones y deseos personales (por ejemplo, el Libro Infinido como manifestación del temor de un padre por el futuro de su hijo) sino la correlación de estrategias y recursos en el ámbito de lo literario y en el de lo político. La literatura como política, la política como literatura (voluntad de autoría y voluntad de poder como caras de una misma moneda).
En suma: la emergencia de un sujeto en la textualidad medieval, segundo estadio en la evolución de la escritura en prosa como práctica discursiva, se concreta en DJM de acuerdo con determinadas condiciones de posibilidad, empujada por necesidades particulares de su circunstancia histórico-política, y adoptando la(s) modalidad(es) disponible(s) en el sistema cultural en el que le tocó actuar.
Un caso concreto que ilustra esta afirmación: habíamos visto que una serie de rasgos de los textos juanmanuelinos eran indicios claros de una conciencia del trabajo de escritura y de la voluntad de inscribir en esa escritura su nombre, su persona, su individualidad concreta; uno de esos rasgos era la preocupación por la pureza de sus textos, planteada explícitamente en el Prólogo general y en el Prólogo en tercera persona:
Et recelando yo, don Iohan, que por razon que non se podra escusar, que los libros que yo he fechos non se ayan de trasladar muchas vezes; et por que yo he visto que en el transladar acaeçe muchas vezes, lo vno por desentendi­miento del scriuano, o por que las letras semejan vnas a otras, que en transladando el libro porna vna razon por otra, en guisa que muda toda la entençion et toda la sentençia et sera traydo el que la fizo no aviendo y culpa; et por guardar esto quanto yo pudiere, fizi fazer este uolumen en que estan scriptos todos los libros que yo fasta aqui he fechos, et son doze. [...] Et ruego a todos los que leyeren qual quier de los libros que yo fiz que si fallaren alguna razon mal dicha, que non pongan a mi la culpa fasta que bean este uolumen que yo mesmo concerte. (OC, I, 32-33)

Et por que don Iohan vio et sabe que en los libros contesçe muchos yerros en los trasladar [...] et los que despues fallan aquello escripto, ponen la culpa al que fizo el libro; et por que don Iohan se reçelo desto, ruega a los que leyeren [...] que si fallaren alguna palabra mal puesta, que non pongan la culpa a el, fasta que bean el libro mismo que don Iohan fizo, que es emenda­do, en muchos lugares, de su letra. (OC, II, 23)

Esta suerte de códice testigo, que atesora la escritura autorial libre de intromisiones ajenas, sería un remedo de la práctica alfonsí de producir un códice definitivo de una obra aprobada oficialmente por el Rey Sabio (códice regio E1 de la Estoria de España y Códice Rico de las Cantigas de Santa María, por ejemplo; vid. Ayerbe-Chaux, 1982: 187) y al mismo tiempo, un intento de emular la práctica universitaria del ejemplar-matriz del cual se sacaban las pecia (copias para estudiantes): "El 'volumen' de don Juan refleja el exemplar de los círculos universitarios en tanto otorga autoridad decisiva a una copia revisada en una segunda instancia [...] y ejecutada expresamente para salvar los posibles errores de otros textos" (Rico, 1986: 413). De modo que DJM manifiesta en este gesto su voluntad de "firmar" su obra, pero lo hace dentro de los límites de los modelos culturales de su tiempo. Se cumple aquí el dictum de que un hombre puede ser el más grande de su época, pero no puede ser más grande que su época. Otra acotación: DJM trabaja dentro de los límites, pero en los márgenes, en la zona gris donde lo novedoso se abre paso entre lo establecido por la tradición.
Otro aspecto de la obra juanmanuelina que pone de manifiesto la estrecha relación autoría/cuestión biográfica es la elaboración de una figura paradigmática, una suerte de yo-ejemplar, pero dotado de rasgos individuales, de un nombre y de un linaje; una figura alrededor de la cual se desarrolla lo que Orduna (1982) llamó "autobiografía literaria", expresa y ocasional, fruto de una sutil estrategia político-literaria. El alto componente ficcional de esta figura y de su relato (combinación de mitos privados y ficciones públicas, según la exacta fórmula de Peter Dunn 1977) pone en evidencia el juego estratégico que supone el simulacro de historicidad que sostiene el discurso de DJM.
Un ejemplo ilustrativo del ingreso de la historia y de la vida en el texto por la vía del simulacro —vimos en Funes, en prensa, el caso de las fechas históricas de los bautismos de Joas y del rey Morabán en el Libro de los estados (en adelante, Lestados)— lo ofrece el tema del insomnio. En el Prólogo del Libro del cavallero et del escudero (en adelante, CavEsc), DJM dice, dirigiéndose a su cuñado don Juan, Arzobispo de Toledo:

Hermano sennor, el cuydado es vna de las cosas que mas faze al omne perder el dormir, et esto acaesçe a mi tantas vezes que me enbarga mucho a la salud del cuerpo; et por ende cada que so en algun cuydado, fago que me lean algunos libros o algunas estorias por sacar aquel cuydado del coraçon. [...] Et seyendo en aquel cuydado, por lo perder, començe este libro que vos envio. [...] Et por que se que vos que sodes muy mal dormidor, envio vos lo por que alguna vez, quando no pudierdes dormir, que vos lean assy commo vos dirian vna fabliella [...]. (OC, I, 39-40)

Ian Macpherson (1973) completó el inventario de los lugares en que se refiere al insomnio: en Lestados Julio aconseja al Emperador insomne que "deue mandar que leyan ante el algunas buenas estorias, de que tome buenos exemplos" (OC, I, 307) y finalmente en el Libro Infinido (en adelante, Infinido) atribuye el problema a su propio hijo don Fernando: "Et por que yo entiendo que sienpre acaeçio en el vuestro linage, et paresçe en bos que sodes mal dormidor [...]" OC, I, 154). Recordando lugares semejantes en Castigos e documentos del rey don Sancho y en la Segunda Partida de Alfonso X, Macpherson veía aquí un cruce entre el tópico y la referencia biográfica. Pero resulta por lo menos intrigante que el insomnio parezca afectar a la figura abstracta del emperador, a personas concretas del entorno de DJM (su cuñado, su hijo), a su propia persona y, por último, a todo su linaje. O el stress de la agitada vida del siglo XIV hizo del insomnio un mal muy extendido, o este elemento cumple aquí otra función que la meramente referencial. Pensemos que el hijo de DJM es apenas un niño, con lo cual las preocupaciones de gobierno no pueden motivar el problema. Si bien es cierto que el tópico, recibido de textos previos como Castigos y documentos o las Partidas, está presente en la referencia de Julio en el Lestados y es designado allí como un problema puntual, en los demás casos, ligados a lo biográfico, se trata de un estado o condición propia del linaje de los Manueles y sus allegados. Por ello, creo que el motivo del insomnio, conectado estrechamente con la escritura y la lectura, vale aquí como signo de la vigilia creativa, índice de una lucidez, privilegio de pocos, que producen o se alimentan intelectualmente mientras el mundo duerme. El tiempo del insomnio es la dimensión de una ventaja que DJM y los suyos tienen el privilegio de usufructuar. Condición de su linaje, suerte de atributo personal, el motivo del insomnio es, en rigor, simulacro de una referencia biográfica.


III
Don Juan Manuel y la herencia alfonsí

De toda la información necesaria para afrontar la investigación sobre la textualidad juanmanuelina sobresale, como especialmente significativa, aquella que corresponde a la primera etapa de su producción, el momento fundante de su actividad literaria. Como se sabe, no hay seguridad sobre la datación de las obras de DJM, pero del análisis interno se ha podido conjeturar una cronología y una discriminación en etapas. De acuerdo a lo establecido por Orduna (1970) esa primera etapa correspondería al "período alfonsí". En palabras de Gómez Redondo:

DJM discurre, inicialmente, por los cauces genéricos que su tío había dispuesto en la conformación de la prosa literaria. Primero, la historia, verdadero ámbito de enseñanzas, no sólo políticas, sino también estéticas. Después, las disposiciones jurídicas, aunque sean sólo las relativas al grupo social del que él se siente cabeza visible y, por tanto, pensante: la caballería. Por último, la actividad de la caza, regulada en uno de los más personales tratados escritos en la Edad Media. (Gómez Redondo, 1994: 327)

La primera obra de este período fue, pues, la Crónica Abreviada (en adelante, CA), dato que puede inferirse del prólogo, donde se titula "tutor del muy alto e muy noble sennor don Alfonso, su sobrino, e guarda de los sus regnos". Como sabemos, DJM fue regente después de la muerte de los infantes don Juan y don Pedro en la vega de Granada y hasta la mayoría de edad de Alfonso XI (de 1320 a 1325; v. Giménez Soler 1932: 68 y 76). Además del perdido Libro de la cavalleria (cuyo contenido conjetura Taylor 1984) y del LCaza, pertenecieron a esta época, según las hipótesis de Ayerbe-Chaux (1986 y 1990 respectivamente), los "perdidos" Libro de las cantigas (prosificaciones de las Cantigas de Santa María de Alfonso el Sabio) y Libro de los sabios (colección de proverbios luego incorporada como segundo libro del Libro del conde Lucanor et de Patronio, en adelante CLuc).
Estos datos nos sugieren que DJM decide dedicarse a las letras en una edad madura (alrededor de los 40 años) y en un momento de su carrera política muy especial: cuando consigue el máximo de su poder. Es muy probable que haya entrado en contacto y consultado in extenso la obra alfonsí en la ciudad de Sevilla, donde estuvo frecuentemente durante el período de su regencia y aún en años posteriores.
DJM hace explícita la deuda con su tío el rey Alfonso X y asume su herencia en los prólogos a la CA y al LCaza.
En el primer caso, comienza con una cita (inesperado gesto erudito) que de inmediato se hace problemática:
Segunt dize Iohan Damasçeno en el libro De las propiedades de las cosas, por que los omnes sson enbueltos en este carnalidat espessa non pueden entender las cosas muy sotiles [...] sy non por algunas maneras corporales, asi commo por yngenios o por semejanças. (OC, II, 573)
María Rosa Lida de Malkiel (1966: 113) ya apuntó que no se conoce obra de San Juan Damasceno con ese título, pero que una idea semejante aparece en el Proemio del libro con este título compilado por Bartolomeo Anglico, donde se da como cita de Dionisio el Areopagita (De caelesti hierarchia). Una cita mal atribuida, el simulacro de un gesto erudito, marca el ingreso de DJM en la literatura.
El primer tema del prólogo, anunciado por esta cita, pone sobre el tapete una cuestión que será recurrente en los escritos de DJM: los dilemas inherentes a la cultura manuscrita en lengua romance; razones sutiles, público no letrado, un discurso oscilante entre la facilidad y la dificultad, a la vez puente y muro para un saber que requiere el mérito de un trabajo para ser alcanzado.
Este primer tema enlaza con el gesto enunciativo primordial a que aspira DJM: escribir un prólogo.
Et por ende, en el prólogo deste libro [...] non quiso poner i palabras nin razones muy sotiles, pero quiso que lo fueran ya quanto [...]. E por ende ha en este prologo algunas razones ya quanto sotiles ssegunt parescera adelante; pero son tales que todo omne que aya buen entendimiento, aun que non sea letrado, las entendera. E el que lo oviere tal que las non pueda entender, es bien que las non entienda, pues non puede pasar tan flaco muro commo el de aquellos son çercados. (ibidem)
La conciencia de que está hollando por primera vez suelo literario se hace evidente en la frase de cierre:
E pues el prologo es acabado ansi commo lo sopo fazer omne que non a mayor parte en el saber de quanto por el paresce, de aqui adelante començaremos a contar de lo que a la estoria pertenesce, commo dicho es. (OC, II, 577; las cursivas son mías)
Quiero decir que es el prólogo mismo, y no la abreviación de la crónica alfonsí, lo que es considerado como propiamente literario por DJM. A riesgo de caer en sutilezas bizantinas habría aquí una distinción entre una práctica de escritura como huella directa de una lectura (la abreviación) y un trabajo (retórico) de composición literaria (el prólogo)1. Esto implica también que la factura de la CA nada tiene que ver con la operación retórica de la abbreviatio. Responde a otros criterios (no formalizados ni codificados), propios de la actividad de manuscritura.
El segundo movimiento del prólogo despliega un razonamiento "ya quanto sotil" a modo de puesta a prueba del entendimiento del eventual lector u oyente2, razonamiento que desemboca en un tópico dominante en las crónicas alfonsíes: la escritura y los libros como medio de superar la muerte, el olvido y las limitaciones físicas (y aún morales) del hombre. Baste recordar el encomio de la escritura que abre el Prólogo de la Estoria de España, a su vez traslado parafrástico del Prólogo de De rebus Hispaniae de don Rodrigo Ximénez de Rada.
El tercer movimiento del prólogo se concentra en la alabanza del rey Alfonso X como Rey Sabio. Este elogio se destaca contra la opinión dominante en su tiempo, que hacía al rey Alfonso culpable de los males sufridos por Castilla durante el último medio siglo, sea por su aventura imperial o por su afición a las letras y a las ciencias en desmedro de los asuntos de estado (menciona este contraste Diego Catalán 1992: 11-16; un rastreo de la leyenda negra sobre Alfonso puede verse en Funes 1993 y 1994). DJM deja aquí (y en el prólogo del LCaza) testimonio de su profunda comprensión de la relevancia de la actividad cultural de su tío; y ello lo amerita como su más digno heredero. En efecto, los términos en que describe la figura del rey sabio hablan tanto de las virtudes del elogiado como de las habilidades del elogiador, cuyo intelecto ha penetrado el significado político y cultural de la empresa alfonsí. La soledad de su elogio en un medio por lo menos indiferente (piénsese que la propia Crónica de Alfonso X, redactada por Ferrán Sánchez de Valladolid unos 20 años después, apenas menciona la actividad literaria y científica del rey), cuando no decididamente hostil (así se lo ve en la Crónica Geral de Espanha de 1344 del conde don Pedro de Barcelos), subraya la situación excepcional de DJM frente a la obra alfonsí.
El final del movimiento trae a colación el desastre político de las postrimerías del reinado de Alfonso y sus consecuencias hasta el presente del autor.
Mas por los pecados de Espanna e por la su ocasion e sennalada miente de los que estonçe eran, e avn agora son, del su linage, ovo tal postrimeria que es quebranto de lo dezir e de lo contar. E siguiosse ende tal danno que dura agora e durara quanto fuere voluntat de Dios.Bendito sea El por todo lo que faze, ca derechos e marauillosos e escondidos sson los sus juizios. E ansi commo agora e en otras muchas vezes enbio tribulaciones en Espanna, despues la libro, ansi commo lo puede fazer e que lo fara quando fuere la su merced. E creo que si mas amansassemos las muy malas nuestras obras, que amansaria El la su sanna que a contra nos; e todo esto se fara commo la su merced fuere. (OC, II, 576)
La misma cuestión se expresa en términos parecidos en el prólogo del LCaza:
¡O Dios padre, [...] marabillosos et derechureros son los tus juyzios et marabillosso fue el que vino contra este tan noble rey! Tu, Sennor, sabes lo que feziste; bendito seas tu por quanto feziste et quanto fazes et por quanto faras. (OC, I, 520)
Lo que interesa señalar aquí es cómo elude tratar esta cuestión política en términos estrictamente políticos y se remite a la voluntad divina desde una perspectiva que podemos llamar trascendente de los hechos políticos. El recurso es más significativo si se lo contrasta con el modo de tratar las cuestiones culturales, donde DJM no ha tenido inconvenientes en fundar la grandeza del rey en motivos específicamente culturales y no se ha limitado a vincular el genio de Alfonso a una gracia divina. En cambio, al hablar de la caída del rey elige remitirse a lo que a grandes rasgos podemos llamar concepción providencialista: nada sobre medidas de gobierno equivocadas, políticas erróneas, traiciones palaciegas, rebeldías nobiliarias; sólo el pecado y la "ocasión" del rey, de su linaje y de su pueblo y el consiguiente castigo divino3.
Podríamos decir, adelantando una conclusión, que el período alfonsí de la obra de DJM es un período de aprendizaje en el que éste ejercita y domina los instrumentos (compositivos, retóricos, discursivos) para emprender una escritura más personal, o mejor, independiente con respecto a las tradiciones circulantes en su tiempo.
La primera obra de la nueva etapa es el CavEsc y en su prólogo, dirigido a su cuñado, el infante don Juan de Aragón, arzobispo de Toledo, DJM alude a la situación política desfavorable en que se encuentra en idénticos términos a los que usara al referirse a Alfonso X.
Et acaeciome oganno, seyendo en Seuilla, que muchas vezes non podia dormir pensando en algunas cosas en que yo cuydaua que serviria a Dios muy granada mente; mas por mis peccados non quiso el tomar de mi tan grant seruiçio, ca si en algun comienço auia mostrado para se seruir de mi, fue todo por la su merçed et su piadat, et non por ningun mi mereçimiento. Et lo que se agora alongo, tengo que non fue si non por mi peccado. ¡Bendito sea el por quanto fizo et por quanto faze et por quanto fara! Ca çierto es que todas las cosas son en el su poder et en la su uoluntad, et todo lo que el faze es lo mejor. (OC, I, 39)
DJM se refiere aquí, seguramente, a la gloria política que significó el contrato matrimonial entre el rey y su hija, que pondría un nieto suyo en el trono castellano, y la gloria militar de la victoria sobre el caudillo moro Ozmín, el mismo que años antes provocara la derrota y muerte de los infantes don Juan y don Pedro4; luego alude a la caída en desgracia por la ruptura del compromiso matrimonial, el encierro de su hija en Toro, el asesinato de su aliado don Juan el Tuerto y la muy inoportuna muerte de su suegro el rey Jaime II de Aragón, con la consiguiente pérdida de apoyo político externo. La gloria pasada y la desgracia actual son aludidos como manifestación inescrutable de la voluntad divina.
De modo que la puesta en relación de la adversidad política con la concepción providencialista, utilizada para hablar de Alfonso X, es aquí aplicada al propio DJM, que se viste con las ropas del gobernante injustamente despojado (según la ley terrena) pero que se niega a atribuir su derrota a la habilidad de sus enemigos: sólo puede ser vencido por voluntad divina.
De pronto el Rey Sabio y su sobrino aparecen aunados por un mismo destino político, un mismo lugar (Sevilla), una misma virtud intelectual: "fazer libros". Podría decirse que DJM completa aquí un periplo: ocupa finalmente el lugar (geográfico, político, intelectual) de Alfonso y desde allí se asume finalmente como autor.
Como veremos a continuación, en la etapa alfonsí DJM asume los cauces formales establecidos por el Rey Sabio en un proceso de continuación y desvío donde se va perfilando una nueva impronta. Pero más allá de estos aspectos, lo que DJM lee en la obra alfonsí es, fundamentalmente, una figura de autor, una determinada forma de incidencia de la función-autor en los discursos del saber (de la historia, de la ley, de la devoción, del ocio).
Así como la CA es un traslado de la Estoria de España a las proporciones de un autor no letrado (así lo manifiesta el último movimiento del prólogo: "por que non touo por aguisado de començar tal obra e tan conplida commo la del rey, su tio, antes saco de la su obra conplida vna obra menor" [OC, II, 576]), así también DJM busca realizar en una escala menor la figura de autor que ha captado en la obra alfonsí: del vasto proyecto político-cultural del rey al proyecto político-literario del hijo de infante; de las escuelas alfonsíes al scriptorium señorial.
En cuanto al tema de la continuación y el desvío del modelo, comprobamos que el LCaza ya plantea una toma de distancia de la herencia alfonsí: acepta el modelo tratadístico, acepta la temática como una parcela del saber digna de ser puesta por escrito, acepta la teoría sobre el arte de cetrería, pero no intenta alcanzar la exhaustividad de los tratados alfonsíes. En cambio, redacta un texto atravesado por una mirada subjetiva que va recortando la materia de acuerdo con los gustos del autor.
Así, establece un orden que prioriza la cetrería por sobre la montería, elimina la pesca "por que tovo que non fazia mengua", establece una jerarquía en las clases de halcones según su gusto (que no coincide con otros libros de cetrería), explicita su preferencia por los halcones en detrimento de los azores —y el pasaje central de su argumentación no remite a razones técnicas ni a fuentes autorizadas sino a su placer ante los afanes del acto mismo de cazar5—, no se detiene en detalles y prefiere en muchos lugares cierta vaguedad, dejando las cosas en el entendimiento del halconero, al tópico de los tratados (todo el saber de cetrería "seria muy luengo e muy enojoso de escrivir e avn de leer") agrega su desconfianza en el saber puramente libresco (recordemos el pasaje irónico del cazador intentando seguir el libro cruzando un río durante la caza), dedica menor espacio a cuestiones veterinarias y en cambio se demora en describir el adiestramiento de los halcones, en las técnicas de la cetrería y su historia, y también en la geografía venatoria, mechada de anécdotas.
Por todo ello, el LCaza es a la vez continuación de un modelo tratadístico alfonsí y desvío hacia una construcción más personal, dominada por la subjetividad del autor. En suma, es el punto de arranque de la escritura plena de DJM.

IV
Oralidad y escritura en los textos de Don Juan Manuel

La peculiar libertad con que DJM manipula sus fuentes se ha explicado en parte por la incidencia de la oralidad en el proceso de composición de sus obras (Macpherson 1973): DJM se habría hecho leer o habría escuchado gran parte de los relatos utilizados, de modo que el trabajo con versiones memorizadas y no con textos presentes ante sus ojos le habría llevado casi forzosamente a generar resultados muy alejados de sus fuentes.
Ahora bien, sabemos que el proceso compositivo de DJM puede definirse como un "trabajo intertextual" (Funes 1986 y 1988), con lo cual se abre aquí una línea de investigación que en sus términos más generales podría formularse como "los orígenes orales de la intertextualidad". Esta investigación debería responder si la intertextualidad, fenómeno de la escritura, es una proyeccción del especial interjuego de variantes y refundiciones que tiene lugar en el seno de la memoria oral, nunca atada a la literalidad y autorizada por una lógica homeostática que garantiza cada nueva versión o cada cruce de relatos previos.
Tal como la crítica señaló en su momento (Ayerbe-Chaux 1982b), la cuestión de la oralidad en la obra de DJM puede incidir en tres niveles: la recepción de los materiales, la composición y la difusión. De acuerdo con lo trabajado en el Seminario por el Grupo I, tenemos que, en lo que hace al primer aspecto, el LCaza ofrece un ejemplo del modo en que funciona la apelación a fuentes orales:

por lo que oyo dezir al infante don Iohan, que fue muy grant caçador, et a falconeros que fueron del rey don Alfonso et del infante don Manuel, su padre, commo se vsaua quando ellos eran biuos, [...] touo que el vio commo se mudo la manera de la caça de aquel tienpo fasta aqueste que agora esta. (OC, I, 521)

Pero desque fuere acabado lo de la caça de los falcones, poner se a en este libro lo de la caça de los açores que don Iohan sabe, et lo que oyo dezir et vsar del infante don Iohan et a don Garcia de Villa Mayor et a Gomez Paez Bugallo et a Gonzalo Mendez de Abielos, et a otros caualleros de Portogal... (OC, I, 527)

Pero dize Sancho Martines [...] que querria el que [el halcón] oviesse los dedos cortos e gruesos e crespos, et don Iohan dize que lo querria el commo desuso es dicho... (OC, I, 529)

Otrosi dize que todo quanto sabe desta caça de las gruas que todo lo mas et lo mejor aprendio de don Remon Durche, que fue el omne que el nunca vio que mas sopiesse de caça de grua [...]. Et dize don Iohan que el oyo dezir al ynfante don Iohan et a Gonzçalo Royz de Ysla [...] et a Pero Lopez, vn cauallero falconero que era del infante don Manuel, et a otros falconeros muchos, que en tienpo del rey don Alfonso, que doze falcones o mas eran vn lançe de grua... (OC, I, 558)

De acuerdo con estas y otras declaraciones que van mechando la materia específica del arte de cetrería, el libro es el producto de la sabiduría colectiva de halconeros, profesionales y aficionados, nobles y servidores, reyes y magnates. Una sabiduría colectiva conocida de oídas y de vista y también tamizada por la opinión de DJM. No hay motivos para dudar de la existencia de esta sabiduría y de sus informantes; lo significativo está en el uso que DJM hace de esta oralidad originaria en el trabajo de reelaboración del tratado alfonsí a partir del cual escribe: funciona como recurso para desviarse de una tradición escrita recibida.
Distinto es el caso del Libro de las tres razones o Libro de las armas (en adelante, LArmas), cuyo texto se presenta como eco de una conversación previa, estableciendo una particular dicotomía entre la facilidad de la repetición oral y la dificultad de la fijación escrita ("Frey Iohan Alfonso, yo don Iohan pare mientes al ruego et afincamiento que me fiziestes que vos diesse por escripto tres cosas que me aviades oydo. [...] Mas por que las cosas son mas ligeras de dezir por palabra que de poner las por escripto, auer me he a detener algun poco mas en lo scriuir", OC, I, 121). En el prólogo, el recurso a las fuentes orales se equipara (paradójica­mente) a la labor del exégeta bíblico, una labor eminentemente escrita. Por todo ello, como comprobamos en el Seminario, la referencia a fuentes orales es, en realidad, una elaborada estrategia por la que DJM emula la práctica de los cronistas, al mismo tiempo verosimiliza el contenido altamente polémico de las historias y leyendas familiares que su relato contiene y también, por último, toma distancia de la exactitud de lo narrado, otorgando al texto un halo de objetividad.
Por último, en el LInfinido el propio DJM asume la voz didáctico-narrativa hacia un destinatario preciso, su hijo Fernando.

Et por que yo, don Iohan [...] querria quanto pudiese ayudar a mi et a otros a saber lo mas que yo pudiese, [...] asme de conponer este tractado que tracta de cosas que yo mismo proue en mi mismo et en mi fazienda et bi que conteçio a otros, et de las que fiz et vi fazer [...]. Et fiz lo para don Ferrando, mio fijo, que me rogo quel fiziese vn libro. Et yo fiz este [...] por que sepa por este libro quales son las cosas que yo proue et bi. (OC, I, 147)

Aquí la preeminencia de la experiencia personal es aparentemente absoluta. Sin embargo, abundan las citas puntuales a obras anteriores (CLuc, Lestados, CavEsc), a la Biblia y aún al De regimine principum de Egidio Colonna6.
Todos estos casos muestran (aunque sea parcialmente) la complejidad del problema de la oralidad como fuente en DJM. Lo visto en el Seminario nos deja concluir que la apelación explícita a la oralidad (como fuente, como pretexto, como postexto) es siempre un recurso para otra cosa y, en la mayoría de los casos, constituye una estrategia de escritura.
Por supuesto que, trabajando con textos, todo fenómeno estudiado será inevitable­mente un caso de confluencia de oralidad y escritura. Volviendo al LCaza, lo que tenemos allí es un caso de puesta por escrito de un saber transmitido oralmente; como tal, supone someterlo a una sistematización que adoptará la forma de una organización temática mediante la segmentación en capítulos. Y esto nos introduce a la segunda dimensión a considerar: la composición.
El aspecto compositivo donde la confluencia de oralidad y escritura se hace más evidente es en la frase inicial de cada capítulo, que posee una estructura fija mediante la cual se recuerda la materia del capítulo anterior y se anuncia la del capítulo que comienza7. En este caso, la escritura apela a un recurso formular, cuyo origen oral es indiscutible (pensemos en las fórmulas épicas y su función organizativa del discurso oral en la composición o improvisación juglaresca), con éste refuerza la operación distribucional de la composición escrita (división en capítulos) y se orienta a asegurar una efectiva inteligibilidad del texto en la difusión oral. Resumiendo, en la fórmula de apertura de cada capítulo confluyen las tres dimensiones planteadas sobre el contacto oralidad/escritura: fuentes, composición y difusión.
Otra cuestión que hace al aspecto compositivo tiene que ver con ciertos indicios de que el texto haya sido dictado por DJM a un escriba/narrador anónimo. Este escriba revelaría su presencia en algunos cambios de la tercera persona dominante en el texto a esporádicos casos de primera persona. Frente al recurrente "don Iohan oyo dezir" aparece un caso de "otrossi oy dezir en Portogal avia un conde que dizian don Gonçalo Garçia", que puede interpretarse como una variante de copia (oyo/oy, un caso de omisión de la segunda vocal) o como la aparición espontánea del escriba en una instancia de revisión de lo copiado al dictado o, por último, como una intervención premeditada del escriba para completar el texto dictado con otras fuentes (v. Seniff 1984). Sea como fuere, si no se trata de un error de copia, el juego 3ª/1ª persona testimoniaría el carácter de registro de una voz, transcripción de un texto oral, del LCaza.
El trabajo en el Seminario permitió inventariar las siguientes huellas de la oralidad en la escritura (verificables en el LCaza pero extensibles al resto de la obra de DJM)8:
- Frases formulares de apertura y cierre (además de lo dicho, véanse los trabajos de Funes sobre la capitulación del Lestados).
- Otras frases formulares de conclusión temática (ver más adelante lo dicho con respecto al "entendimiento").
- Acumulación del nexo coordinante "et".
- Alternancia 3ª/1ª persona.
- Uso amplio de los verba dicendi.
- Referencias a fuentes orales.
- Referencias al acto de hablar.
La constante intercambiabilidad de los verbos hablar, decir, escribir pone en evidencia ese encuentro de lo escrito y lo oral: una frase como "ca desuso es dicho en el capitulo ante deste dize don Iohan" homologa y distingue a la vez el decir del libro y el decir de DJM como instancias escrita y oral respectivamente.
Tal como se propuso en el Seminario, otra frase formular recurrente es la referida al entendimiento del halconero: "Pero dize don Iohan que todo esto a de fincar en el entendimiento del falconero". Esto nos remite a otra faceta de la relación oral/escrito ligada a la temática del texto. La cuestión del entendimiento jugaría como articulador entre la práctica y la teoría de un saber que se encuentra tensionado entre lo libresco y lo experiencial. Es también, por supuesto, un recurso que permite a DJM seleccionar la materia tractandi y regular la extensión del discurso.
Por último, en el capítulo final sobre los lugares de caza, dice el texto:

Pves en el capitulo ante deste dize lo que agora vsan fazer a las enfermedades que los falcones han, dira en este que caças ha et que lugares para la caçar en las tierras que don Iohan a andado. Et esto fizo don Iohan por que quando el acaesçiese en algunas de las tierras que en este libro son escriptas et se non acordare de los nonbres de las riberas e de los pasos o de los lugares, que los pueda saber leyendo en este libro, por que pueda fallar la caça mas çierta et mas sin trabajo et la pueda caçar mas a su voluntad; et esto mismo podran fazer todos los que este libro touieren et leyeren tan bien en su vida de don Iohan commo despues. Et por que fuese mas ligero de leer et de entender puso lo todo por obispados. (OC, I, 577-578)

Aquí se pone de manifiesto la multiplicidad de funciones de la escritura y del formato "libro": al igual que en la CAbreviada lo escrito tiene la función inmediata de ayuda-memoria personal y el libro se usa como instrumento de consulta (de allí la indexación de la materia según el principio de distribución geográfica más sistemático en la época: las jurisdicciones episcopales), luego se alude a la posibilidad de una difusión pública y el libro es entonces vehículo de transmisión de la escritura de un autor a un público (perfectamente delimitado: cazadores noveles y aficionados a la cetrería en general; siempre, claro está, miembros de la nobleza).

La extensión del análisis al resto de la obra de DJM —y de acuerdo con la perspectiva teórica que proveen los trabajos de Seniff, Ong y Zumthor— lleva a la conclusión de que el tipo de escritura presente puede definirse como oralidad elaborada, concepto que aprovecha la confluencia de oralidad y escritura. La intercambiabilidad de los verbos decir, hablar, escribir, la propia exhibición de la convención literaria del diálogo ficticio inscripto en un libro y de la conciencia de los personajes de su pertenencia a un libro (lo que puede ilustrarse con numerosos lugares del diálogo entre Julio y Joas en el Lestados y entre Patronio y Lucanor en el CLuc) pueden entenderse como manifestaciones del carácter doble del texto juanmanuelino y como huella de su anclaje en una zona de diglossia, según la propuesta de Seniff.

Ahora bien, es posible retomar la cuestión desde la perspectiva de la evolución histórica de las prácticas discursivas medievales y reconsiderar lo que la textualidad juanmanuelina representó para la consolidación de la escritura en prosa como práctica específica. Desde este punto de vista, el Grupo V propuso en el Seminario considerar el acto de escritura en DJM como un acto de autoafirmación que involucraba la construcción de un espacio (textual) de poder. DJM construye un universo narrativo particular donde reproduce y reordena elementos y relaciones del mundo real según una intencionalidad determinada. Se vale para ello del estatuto de verdad propio de la palabra escrita y de las potencialidades de la prosa escrita como práctica discursiva. Su universo reafirma los parámetros fundamen­tales del orden feudal pero introduce un sesgo personal que marca una diferencia y una disidencia con respecto al orden político vigente y su propia situación en él. Mediante la escritura DJM reivindica su figura política y "se hace justicia". El valor y la función del texto en este caso quedan especialmente ilustrados con el enxemplo XLVI del CLuc en que un filósofo injustamente caído en descrédito por apariencias engañosas busca recuperar su buen nombre y explicar su verdad mediante la composición de un "librete". Otro aspecto relacionado con la construcción de un espacio de poder desde la escritura es la preocupación por abarcar el público más amplio posible, según lo demostraría el uso tanto de un "fablar declarado" como de un "fablar breve et escuro", con lo cual busca captar tanto a los caballeros no letrados como a los letrados y clérigos en general.


V
La problemática de la escritura en don Juan Manuel
I. Afirmación textual de un orden y racionalidad narrativa

Desde otro punto de vista, y partiendo del presupuesto de la existencia de un poder inherente a la función narrativa en la cultura para ordenar los datos de la experiencia (individual y colectiva), se planteó la posibilidad de ver la escritura juanmanuelina como una operación discursiva de perpetuación (quizás sería más adecuado hablar de afirmación) de un orden (social, político, familiar).
Del trabajo del Grupo VIII en el Seminario surgió que esa aplicación de la racionalidad del relato para afirmar un orden establecido nos alejaba de la idea de reflejo, no sólo porque el concepto mismo sea teóricamente insostenible (como dijimos al comienzo) sino también porque los textos de DJM sólo dan cuenta del (des)orden de los críticos tiempos histórico-sociales en que se escribieron a través de formas muy sutiles, indirectas e implícitas, absolutamente ajenas a la idea de reflejo9.
La escritura de DJM —reproduzco una formulación exacta del Grupo IV— nos pone ante el paradójico espectáculo de un sujeto excéntrico viviendo en un mundo de pleno cambio, intentando a toda costa poner orden (un orden que responde, claro está, a un interés subjetivo). Para cumplir esta empresa, DJM toma como horizonte, marco general y punto de partida un universo organizado según principios jerárquicos: en lo social, la estructura trifuncional; en lo político, la estructura feudal piramidal; en lo familiar, la jerarquía en el matrimonio y la descendencia (protección del marido y del padre, obediencia de la mujer y de los hijos).
El caso del Lestados permitió comprobar de qué manera el texto reproduce en el plano de la forma una cierta concepción jerárquica de la sociedad. En la organización dialogística, el sistema de preguntas y respuestas ordena la doble materia del libro: la materia de las "leyes" —donde la jerarquía coloca al cristianismo en el lugar superior de la religión verdadera y, más abajo, como formas imperfectas o erróneas, el judaísmo, el islamismo y el paganismo— y la materia de los "estados", donde el orden trifuncional de la sociedad se reorganiza en la dupla laicos-religiosos, marcada por la división en dos "libros", donde la jerarquía estamental arma una descripción que va de lo superior a lo inferior. Por supuesto que la perspectiva del autor y la orientación del texto al modelo del "regimiento de príncipes" hacen que la descripción de los estados esté sesgada: el tratamiento del Tercer Estado (labradores) pone en evidencia tanto los intereses de un miembro de la alta nobleza (de allí la referencia esquemática a los oficiales de la casa señorial) como el hecho de que la irrupción de los burgueses complicaba la definición misma de labradores (campesinos y artesanos) como "los que trabajan por sus manos". En suma, el Lestados es un texto afirmativo de la correlación armoniosa entre mundo, texto y relato, lo que se hace más evidente si se lo compara con el componente principal de su intertexto, el Barlaam e Josafat. Si el Barlaam mostraba el contraste entre el caos del mundo exterior pagano y el orden del espacio interior cristiano (sea el refugio alejado del ermitaño o la sala en que a escondidas conversan Barlaam y Josafat), el Lestados presenta la armonía entre un mundo exterior ordenado y un interior adaptado (la sala en que dialogan Julio, Joas y el caballero Turín).
A la vez, en las motivaciones que van anudando el desarrollo del marco narrativo se observa la confluencia de la necesidad argumental con los principios de una verdad necesaria. El motivo del encierro del príncipe Joas muestra la supremacía de la "razón de estado" sobre el amor paterno, lo que ilustra también un orden jerárquico entre las diversas esferas y su interrelación (sociedad, res publica, familia).
Por supuesto que en la reproducción textual de este orden hay líneas de fisura: las más visibles son el problema de los conflictos entre los nobles y de los nobles con el rey y la cuestión de la primogenitura versus el mérito personal como condición para alcanzar el poder regio.
El impacto del conflicto político concreto en el universo narrativo de DJM deja su huella en el enxemplo XLV del CLuc, donde Patronio menciona, en la conclusión, a Alvar Núñez de Castro y Garci Lasso de la Vega, enemigos políticos de DJM, como modelos de necia fe en agorerías y de fin desastrado:
Et si non me credes, acordat vos de Aluar Nunnez et de Garcy Lasso, que fueron los omnes del mundo que mas fiaron en agueros et en estas tales cosas, et veredes qual acabamiento ovieron. (OC, II, 371)
El caso ilustra otra faceta del poder ordenador de la escritura: en el universo ficcional (que la autoridad de la historia contemporánea y de la experiencia política del autor dota de ejemplaridad) DJM ajusta cuentas de acuerdo con una 'justicia' ideal que no rige en el mundo real (a la manera de Dante en la Commedia).
La segunda fisura alude al orden político-familiar y encontramos su huella en la dramática descripción del estado de los "fijos de infantes" segundones que se hace en el Lestados y en la significativa subtrama del enxemplo XXIV del CLuc, donde el rey moro elige como sucesor no al primogénito sino al hijo menor de acuerdo con méritos personales y no por orden de precedencia. Esta línea culminará con su textualización más perfecta en el LArmas, donde los paradigmas bendito/maldito, elegido/réprobo, organizan un universo narrativo en el que se invierte la jerarquía de los linajes.

Volviendo a la cuestión del orden social, si el Lestados textualiza la estabilidad, armonía y permanencia de una organización estamental ideal, el CL da cuenta, parcialmente, del fenómeno, restringido, de la movilidad social. Se ofrecen casos de descenso social, como en los apólogos de los enxemplos X, XVII y XLV10. Otros casos ilustran el ascenso social, como en los apólogos de los enxemplos XXV y XXXV (el candidato elegido por el conde de Provenza para su hija y el hombre que casó con mujer brava), casos que ilustran dos acotaciones importantes de la cuestión: la movilidad es un fenómeno estrictamente intra-estamental y el ascenso sólo tiene como medio legítimo la alianza matrimonial11, lo cual reafirma la correlación de lo social, lo político y lo familiar.
Pero el caso más significativo de afirmación de este orden ideal quizás sea el enxemplo VIII. Aquí el propio conde Lucanor sufre apremios económicos y es llevado al extremo de pensar en vender una propiedad12. Asoma aquí uno de los conflictos esenciales de la crisis económica bajomedieval, coincidente con el proceso de la primera acumulación capitalista: tierra versus dinero como fuentes de riqueza; lo que enfrenta a nobleza y burguesía mercantil y financiera. Este enxemplo textualiza una concepción del problema desde la óptica señorial y en el marco idel de un orden social perfecto e inmutable. La moraleja que Patronio extrae del apólogo (que cuenta del "omne que avian de alimpiar el figado") es que Lucanor se atenga a lo seguro, a pesar de los problemas económicos pasajeros. El hígado del hombre enfermo equivale a las tierras del conde: ambos son valores firmes de los que no deben desprenderse ni uno ni otro, por más que momentáneamente estén enfermos o pasen apuros financieros.

En suma, si la explosiva situación de crisis de la primera mitad del siglo XIV multiplica los conflictos entre nobles, burgueses y campesinos (véase al respecto Valdeón Baruque 1977), si la lucha política y el devenir de las alianzas entre grupos de magnates terminan desplazando del poder a los que merecen ejercerlo (ambas instancias manifestacio­nes de un caos, de una irracionalidad, de un sinsentido), la racionalidad de la escritura viene a restaurar un orden ideal a la medida del proyecto político-literario de DJM.

VI
La problemática de la escritura en don Juan Manuel
II. Didactismo y experimentación formal

Se planteó como punto de partida la orientación didáctica de la obra completa de DJM, que, según hiciera notar Orduna (1972), responde al diseño de un "programa de estudios" para un joven noble13.
Para configurar los "contenidos mínimos" de este programa, DJM apela a las más variadas materias narrativas y doctrinales; pero una de las más significativas es, sin dudas, la materia histórica y familiar (la importancia linajística y política de DJM funde estos dos planos en una sola dimensión, según se observa en el LArmas y, en menor medida, en el Lestados y el CLuc). Roberto Ventades hizo en el Seminario un repaso exhaustivo de las alusiones históricas y su funcionalidad. En el Lestados las referencias a la elección del emperador Luis IV de Baviera, a la renuncia del papa Celestino X, a hechos de la política castellana contemporánea (ataque del infante don Felipe a DJM, la guerra entre Alfonso XI y DJM, la muerte de los infantes don Juan y don Pedro, la enemistad entre Fernando IV y el infante don Juan, etc.), constituyen en el discurso del personaje Julio, enmarcado en el diálogo ficcional con Joas, una fuente de autoridad que sostiene la eficacia didáctica de lo dicho: la historia, los nombres reconocidos, los actores del drama político, ilustran y corroboran las enseñanzas de la voz didáctico-narrativa. En el CLuc hay una manipulación de los textos cronísticos (Crónica particular de San Fernando, Crónica de Alfonso X, Gran Conquista de Ultramar) como parte del trabajo intertextual que funde los hilos del relato y de las figuras del discurso historiográfico con los del discurso ejemplar (Gesta romanorum, Liber exemplorum, Jacques de Vitry, etc.), tal como se comprobó en los enxemplos III, IX, XV, XVI, XXVII, XXVIII, XXXVII.
Dentro de este "programa de estudios" se planteó la posibilidad de pensar el CLuc como un manual de acción política. "Manual" en cuanto compendio elemental de una sabiduría práctica dirigido a un destinatario específico: los jóvenes de la nobleza castellana. "Acción" por cuanto domina la dimensión pragmática del discurso ejemplar; en el CLuc todo es visto en términos de acción: por un lado, un grupo importante de apólogos se organizan sobre el modelo de la prueba, por otro lado, todo lo enseñado por Patronio es llevado a la práctica y comprobada su eficacia (Lucanor tiene éxito, DJM lo hace escribir en el libro). Como propuso el Grupo IV, la experiencia es para DJM la base del conocimiento y el fin mismo de lo didáctico. La experiencia que se transmite está orientada a producir y conducir nueva experiencia. "Política" en el sentido amplio de la ciencia política, derivada de Aristóteles, tal y como podía conocerse en la 1ª mitad del s. XIV a través de obras como De regimine principum de Egidio Romano, los Castigos e documentos del rey don Sancho IV y las Partidas de Alfonso X. De las partes de la Política el CLuc presta especial atención a la "Económica", que atañe a las relaciones en la casa del señor feudal (mujer, hijos, parientes, amigos, vecinos) y, en menor medida, a la "Ética", ligada a los principios de la moral estamental. El trabajo del Grupo VI puso de relieve el marco ético general en que deben situarse los consejos "políticos" del CLuc, un marco que se fundamenta en el equilibrio y armonía de los asuntos terrenos y los trascendentes (véase especialmente Macpherson 1970-71); luego, mediante un relevamiento de las situaciones problemáticas planteadas por el conde Lucanor y de los consejos de Patronio, se repasó el espectro de cuestiones políticas que abarca el texto.
Planteados en tales términos los contenidos y orientaciones de la escritura didáctica de DJM, queda por ver a través de qué formas busca dotar al discurso de su eficacia, tarea encarada por el Grupo IV a partir de una hipótesis básica: se constituye en DJM una escritura en tanto "experiencia didáctica" que va más allá de lo meramente doctrinal porque experimenta formalmente.
Una primera forma básica es el diálogo, a través del cual se vehiculiza la narración misma y se textualiza o se escenifica tanto la puesta por escrito de una voz (palabra hablada) como la situación didáctica básica (un maestro enseña a su discípulo). Esta fórmula elemental de las figuras de los interlocutores se va matizando en los textos: caballero anciano/escudero joven en el CavEsc; sabio/discípulo en el Lestados; consejero/noble en el CLuc14; DJM/su hijo en el Linfinido; DJM/fray Johan Alfonso en el LArmas. DJM aprovecha así el prestigio didáctico de este género, cuyas tradiciones griega, cristiana y oriental tuvieron su punto de encuentro en la cultura cortesana alfonsí y post-alfonsí.
Otra forma básica es el "enxemplo", que DJM explota en una amplia gama de posibilidades mediante un trabajo de variación de los modos de inserción en el contexto, la manera de organizar la digresión ejemplar (fuera del Libro de los enxemplos del CLuc) y la intención con que se utiliza el procedimiento (véase al respecto Orduna 1977). El grado de elaboración de la forma ejemplar está sostenido en el juego paradójico de la preocupación formal y la búsqueda de una mayor eficacia instrumental; es el "dulce" (forma agradable de decir algo que bien puede resumirse en dos versos) que envuelve la "melezina" que restablecerá al "figado enfermo" (es decir, el ignorante, o mejor, el destinatario falto de saber). El "dulce" motiva el esfuerzo de lectura, la aplicación de voluntad y entendimiento para alcanzar el saber.
En el caso concreto del CLuc este saber, su universalidad, su exhaustividad, son el resultado de una serie de operaciones (en su mayor parte experimentales, en relación con el estadio evolutivo de la narrativa didáctica en prosa en la 1ª mitad del s. XIV) mediante las cuales DJM sitúa su escritura en un determinado marco de saber, recortando un horizonte específico. Una de esas operaciones es la selección de 50 situaciones (número simbólico que remite a una de las formas de la totalidad) dentro de la casuística infinita de la experiencia humana.

Terminamos este inventario parcial de la experimentación formal con el procedimiento retórico. El trabajo realizado por el Grupo VII permitió confirmar, en principio, que el trabajo textual realizado por DJM se afirma en la perfecta amalgama de lo puramente escriturario con la oralidad elaborada que guía su prosodia. Al mismo tiempo se ha podido superar lo dicho por la crítica sobre la presencia de la Retórica en la obra de DJM (véase fundamen­talmente Caldera 1966-67). El trabajo analiza la retórica como procedimiento constructivo del discurso ejemplar y también como problema tematizado en los textos, en relación con las estrategias discursivas de la lucha político-ideológica que DJM libra por intermedio de sus textos.
A partir del análisis de algunos pasajes del Libro de los enxemplos del CLuc se pudo observar que el problema al que se enfrenta DJM es el de la función que debe tener la retórica dentro del discurso didáctico. Ya no es ésta simplemente una preceptiva que apunta a la construcción de un discurso que pueda tratar cualquier asunto y proponer de él tanto una idea como su contraria con el único fin de persuadir: se trata —y lo vemos expuesto ya en Alfonso X— de un arte que presente de modo verosímil y esclarecedor un mensaje verdadero. Se pretende que este procedimiento formal se ligue a un principio moral. DJM pone en escena este problema: si bien la retórica debe servir a la verdad y al buen consejo, no deja de ser un sistema independiente de conformación del discurso, susceptible de ser utilizado engañosamente. La solución se nos brinda por medio de la narrativización de dicho sistema, según se analizó en los discursos de la zorra (enxemplo V) y de la Mentira (enxemplo XXVI). Aquí las herramientas retóricas se aplican a la configuración de personajes: por un lado, el consejero engañoso es portador de un discurso con exceso de figuras retóricas, claramente hiperbólico y con apreciable elaboración en el plano de la inventio y de la dispositio. Varios recursos concurren a identificar este discurso engañoso: se lo presenta en su propio contexto de acción, lo que resalta la oposición entre lo evidente y lo dicho; se utiliza la oratio obliqua para enmarcar y calificar el mal uso de la preceptiva retórica; por último, se inserta en cada caso un comentario en boca de Patronio que interrumpe el discurso y lo califica como "mala praxis retórica": palabra que miente diciendo la verdad, que exagera lo verdadero, que presenta de manera "fermosa et apuesta" aquello que no lo es. Por el contrario, el discurso de Patronio, analizado en sus respuestas al conde Lucanor de los enxemplos IV y V, usa moderadamente las figuras elocucionales, pone énfasis en la compositio, es decir, en el equilibrio de las partes con respecto al todo de la oración, pero sobre todo, se preocupa por que lo dicho mantenga su "naturalidad" y oculte su artificio. El texto señala la "buena retórica" del discurso de Patronio dándole carácter modélico, imitado por Lucanor en las Partes III y IV, cuando debe convencer a Patronio de seguir hablando. A este modelo ideal del discurso, que aúna lo retórico y lo narrativo, se agregan en la Parte V del CLuc nuevas características. En esta sección final, prácticamente desvinculada del marco dialógico y de gran extensión, resalta el uso de cuatro figuras: divisio, transitio, repetitio, commemoratio, pero su utilización no es puramente ornamental sino que funcionan como principios organizadores de la materia doctrinal. La aplicación masiva de estos recursos para ordenar y esclarecer la consecusión de las distintas ideas tratadas, a modo de marcas lingüísticas que explicitan su propio mecanismo, pone en el tapete el problema de la relación entre lo retórico y lo formulaico, como cruce de tradiciones cultas y populares (escritas y orales, en definitiva).
Con respecto a las partes centrales (Libro de los proverbios del CLuc) y la hipótesis de Guillermo Serès (1993 y 1994) sobre la presencia de una gradación retórica que va en aumento de la Parte I a la Parte IV, con el fin de adquirir un estatus cultural acorde con las pretensiones de escritor y el propio estamento de DJM, se arribó a la conclusión de que no existe tal gradación, sino que ya desde el primer prólogo se observa un uso diestro y variado de recursos retóricos. El libro de los proverbios se destaca porque algunas figuras están al servicio de un oscurecimiento del discurso que, como vimos (supra p. 6), responde a otra lógica.

VII
La contienda de los sentidos
Univocidad y pluralidad en la práctica significante de don Juan Manuel

Para entender la validez de una investigación en torno del problema del sentido en los textos juanmanuelinos se debe tener en cuenta la función cultural de la escritura como dadora de un sentido al mundo y a la praxis humana, como instrumento que los predica y permite aprehenderlos en un marco de inteligibilidad, basado, en la Edad Media, en parámetros fundamentalmente éticos.
En el sistema de los géneros narrativos de la 1ª mitad del s. XIV conviven en contienda versiones divergentes de la realidad, promovidas por posturas ideológicas diversas, difíciles de discernir por su tendencia a formularse con los mismos términos y a explicitar un acuerdo y un ajuste con una cosmovisión unitaria, tales serían, grosso modo, el regalismo de los grupos sostenidos por la curia regia, el particularismo señorial de la nobleza, el localismo de los grupos letrados urbanos. A ello hay que añadir los enfrentamientos políticos concretos (muchos de los cuales tuvieron a DJM como protagonista o participante), plasmados discursivamente en las crónicas. De hecho, el discurso historiográfico constituye uno de los escenarios más significativos de la lucha política, por su incidencia en la memoria colectiva y por su valor documental (y aún legal). Basta cotejar las diversas versiones de los acontecimientos políticos de los años 1300 a 1340 que traen la Crónica de Tres Reyes (Alfonso X, Sancho IV, Fernando IV) y la Crónica de Alfonso XI, ambas redactadas por Ferrán Sánchez de Valladolid, el Poema de Alfonso Onceno, de Rodrigo Yáñez, la anónima Gran Crónica de Alfonso Onceno y el Lestados y el LArmas de DJM, para entender de qué manera el relato cronístico continúa la lucha política en el plano del discurso intentando imponer determina­dos sentidos a los hechos narrados, lo que equivale a promover una determinada postura frente al pasado histórico, que sostendrá a su vez una conducta dada de cara al futuro del reino.
Por otra parte, la crítica ha juzgado mayoritariamente la obra de DJM como fruto de un discurso autoritario y unívoco (Biglieri 1989, Seidenspinner-Núñez 1988-89), una postura que merecía revisarse a fondo.
El trabajo del Grupo II en el Seminario puso en claro, como punto de partida, que ya dentro de la Retórica, el exemplum cuenta como una probatio artificialis dentro de la argumentatio; como tal, muestra un doble estrato de la voluntas semántica (según las palabras de Lausberg en su Manual de retórica literaria): la significación propia del contenido del exemplum y la significación "seria" al servicio de la "causa" —que queda asegurada por el contexto discursivo. Por todo ello, el exemplum resulta ser una forma narrativa intrínseca­mente polisémica. De hecho, el CLuc pone de relieve y elabora la relación entre estas dos significaciones mediante la complejización de la relación entre el apólogo y el marco dialogístico15 y mediante el agregado de un marco general dominado por la figura de "don Iohan".
Al mismo tiempo, pueden relevarse en los textos los indicios de una orientación hacia la univocidad16, en la medida en que el texto (nos estamos circunscribiendo al Libro de los enxemplos del CLuc) marca una relación única y particular, en cada enxemplo, entre apólogo y marco. Esta manipulación, operada en el universo ficcional a través del personaje Patronio, en tanto "acto de lectura" de una narración que encierra una experiencia polisémica, es el correlato textual del "acto de interpretación" de una realidad polimorfa. Hay en esta manipulación una fuerte voluntad de univocidad, de comunicar un mensaje que sea entendido clara y unívocamente. Pero esta voluntad no impide la posibilidad de otras lecturas, que permanecen imborradas por una decisión estratégica, toda vez que no debilitan sino que refuerzan la eficacia del sentido privilegiado por obra de lo que podríamos llamar "polémica implícita" que recorre la sutil construcción semántica del discurso ejemplar. La univocidad debe redefinirse como un recorrido a través de una pluralidad, cuya eficacia semántica descansa en su calidad de factor armonizador de esta pluralidad17.

También es posible encarar el estudio de la polisemia en los textos juanmanuelinos relevando aquellos elementos textuales capaces de socavar la univocidad propuesta en la medida en que escapan al control del autor y posibilitan otros campos de verdad no intencionales. Como en toda formación discursiva, como en todo texto, en la obra de DJM encontramos fisuras, puntos de contradicción, en los que el dispositivo semántico e ideológico del texto no "cierra". Allí se abre una puerta hacia otras posibilidades de lectura, o mejor, hacia nuevos panoramas del funcionamiento semántico de los textos.
En el Libro de los enxemplos del CLuc la naturaleza didáctico-narrativa del texto se concreta en la forma del consejo, cifra del mecanismo de transmisión de un saber cuya situación básica habíamos visto que era el diálogo entre un sabio y su discípulo. La figura del consejero carece, en principio, de una serie de garantías que posee el sabio o el maestro, de modo que puede observarse en este actor una problematización que termina abarcando tanto las condiciones en que se da el consejo como su enunciación misma.
Tomamos como punto de partida la situación planteada en el enxemplo XII, donde la consulta del conde Lucanor marca un desafío al buen criterio de Patronio, quien contesta:
Sennor conde Lucanor [...], en los grandes fechos et muy dubdosos son muy periglosos los conseios [...] Et, por ende, este conseio, en que ay muchas dubdas et muchos periglos, pazer me ya de coraçon si pudiese escusar de non lo dar, mas pues queredes que vos conseie, et non lo puedo escusar, digo vos que querria mucho que sopiesedes commo contesçio a vn gallo con vn raposo. (OC, II, 109)
Si el modo en que está construido el universo ficcional donde se desarrolla el diálogo entre el conde y su consejero parece garantizar a ese espacio los beneficios de la seguridad (lugar de la "poridat", a salvo de interrupciones y de espías, donde se puede hablar con libertad), esta escena viene a señalar una fisura en esta construcción armónica. El consejo se enuncia en el contexto de una situación peligrosa. Cabría la posibilidad de pensar que el consejo es sólo una construcción lingüística estratégica, una pura instancia de enunciación generada tanto por la imposibilidad del silencio como por la demanda de un interlocutor ávido por acceder a algún tipo de verdad. El sujeto de la enunciación es, pues, un "sujeto en peligro", que habla, en principio, para no perder la vida o su condición de consejero (el enxemplo I tematizaría también, con otros matices, esta situación).
El consejo es, pues, el resultado de una relación desigual, donde son distintos los intereses en juego y donde frente a la imposibilidad de renunciar del consejero, existe siempre la posibilidad de tomar o no el consejo por parte del aconsejado. En el juego de tensiones que provoca esta desigualdad se produce una instancia de sentido, una instancia de verdad.
Del análisis de los enxemplos I, II, XX, XXIV y XXXII surge que la escritura ejemplar de DJM es, en principio, una operación que intenta construir un espacio de saber práctico. Esto significa que está ligada a una condición particular: hacer de la palabra una herramienta, del enunciado un arma, del discurso un campo de batalla. En este sentido produce un saber estratégico, donde de lo que se trata es de generar la máxima movilidad con el menor riesgo posible. Esto es especialmente visible en los enxemplos relacionados con el tema del engaño. En ellos, el engaño es un montaje donde el que sabe leer los signos por fuera de las apariencias es el que logra superar la prueba. En este esquema gana en importancia el rol de la lectura; leer el texto es un acto performativo de la comunicación que implica superar los obstáculos, desengañarse, calificarse en "entendimiento".
Lo unívoco es la pretensión autorial de establecer esa dirección única de aprendizaje y además, de ganar en la contienda por el sentido: el que está establecido y el nuevo que se quiere establecer. Lo polisémico, lo que la producción no maneja, nos permiten ver las líneas de fisura. Lo polisémico hace que se tensione el sentido, pero a su vez pone en evidencia la ideología montada para que este no se produzca. La intelección queda sujeta a una condición: que el lector se ubique en una determinada posición, en una sola perspectiva de lectura y no en otra.

VIII
Autoría y autoridad en don Juan Manuel

El Grupo IX llevó a cabo la investigación de la condición autorial de la obra juanmanuelina a partir del estudio de las figuras y funciones de "don Iohan" en los textos. De allí surgió que las nociones de autoría y autoridad conforman una articulación casi inseparable que se manifiesta de diversas maneras. Así, por ejemplo, en el Lestados se nos dice en boca de Julio lo siguiente:
Sennor infante [...] sy yo uos ouiese a contar todas las maneras [de la] caualleria [...], so çierto que se alongaria mucho la razon; mas si lo quisieredes saber conplida mente, fallar lo edes en los libros que fizo don Johan, aquel mio amigo: el vno, que llaman De la caualleria, et otro, que llaman el Libro del cauallero et del escudero. Et commo quiere que este libro fizo don Iohan en manera de fabliella, sabet, sennor infante, que es muy buen libro et muy aprouechoso. Et todas las razones que en el se contienen son dichas por muy buenas palabras et por los mas fermosos latines que yo nunca oy dezir en libro que fuese fecho en romançe; et poniendo declarada mente et conplida la razon que quiere dezir, pone lo en las menos palabras que pueden seer. Et por que ayades talante de buscar aquel libro et leer en el en guisa que lo podades bien entender, quiero vos dezir abreuiada mente todas las maneras que fallaredes en el libro, que las puso muy declarada mente, en guisa que todo omne que buen entendimiento aya et uoluntad de lo aprender, que lo podra bien entender. (OC, I, 388-390)
Todos los elementos están aquí: pese a la extensión y complejidad del saber (en este caso, el saber de la caballería) un autor ha logrado plasmarlo por escrito en libros compuestos con los mejores recursos literarios ("muy buenas palabras") y retóricos ("los mas fermosos latines"), con lo que ha alcanzado el máximo logro ("nunca oy dezir") en el ámbito de la cultura romance. Su discurso didáctico, además, funda su excelencia en el equilibrio estilístico entre la claridad y la brevedad. Este sería el plano "histórico" de la condición autorial de DJM, inmersa en el universo ficcional regido por la voz del personaje Julio. Aquí el autor concreto se transfigura en personaje ("don Johan, aquel mio amigo") de esa suerte de segundo universo ficcional que es el "pasado hispánico" del personaje Julio18. Desde este lugar se apela al público lector y oyente (el infante Joas es, por supuesto, figura del lector) promoviendo la lectura de esos libros mediante el recurso de dar una síntesis de su contenido. Julio apela al "dulce" de facilitar el acceso: el libro sólo requiere —otra vez, y nada menos— entendimiento y voluntad de parte del destinatario. El interjuego de estos planos y la diversificación de funciones de "don Iohan" terminan dotando de autoridad al discurso didáctico: la voz convencionalmente autorizada del personaje del sabio Julio autoriza la excelencia literaria de los textos juanmanuelinos, estos mismos textos dan autoridad al saber transmitido por Julio a Joas; por este doble juego el texto autoriza la escena didáctica ante su público y garantiza su verdad.
Las figuras de autor se multiplican en el Lestados y se manifiestan en la intención de construir una actitud modélica por medio de la instrumentalización del sujeto y la transgresión de los géneros incorporados al trabajo intertextual (regimiento de príncipes, hagiografía, etc.).
La voluntad de autoría y de autoridad se asienta, pues, en un texto concebido como espacio de tensión, en la medida en que el lenguaje es pensado no como vehículo neutro sino como instrumento manipulable; don Johan como autor puede elegir y administrar no sólo qué dice sino cómo lo dice y a quién (los textos escenifican como discusión entre personajes estas decisiones autoriales, jugando en un nuevo plano con el carácter convencional del relato y de la literatura). El texto es, también, un espacio de incompletitud, por cuanto don Iohan "faze" libros voluntariamente "carentes" de citas o referencias a la tradición clásica (hasta entonces, condición imprescindible de lo literario); en cambio, la única tradición legitimadora es su propia voz, incompleta por su mengua de "entendimiento", "letradura", "latinidad" ("non sabria oy gobernar un proverbio de tercera persona").

Finalmente, y tomando en consideración los distintos aspectos investigados, analizados y discutidos de la obra de DJM, puede proponerse como conclusión que una escritura con tal grado de sofisticación técnica (narrativa, discursiva, retórica), con una orientación ideológica tan particular (en tanto responde a un programa político-literario individual), con una intencionalidad política manifestada tan sutilmente, necesita sostenerse en una figura de autor lo suficientemente fuerte como para satisfacer la voluntad de inscripción de una subjetividad en la obra. El punto culminante de la experimentación juanmanuelina es precisamente la construcción de esa figura de autor, inexistente hasta entonces en la literatura castellana. Por primera vez la obra se identifica y se autoriza con un nombre propio que remite a un sujeto históricamente individualizado.
La emergencia del autor en la literatura castellana medieval termina siendo el resultado de la opción táctica de un escritor en respuesta a las condiciones estratégicas de la lucha político-discursiva de su tiempo.

Redacción final a cargo de: Prof. Leonardo Funes

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Nota Final: Todas las citas remiten, mediante la sigla OC, a la edición de las Obras Completas de don Juan Manuel realizada por José Manuel Blecua (Madrid, Gredos, 1981-83, 2 vols.).




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