TITULO: LA ACTUALIDAD DE LA TEORÍA OBJETIVA DEL VALOR.

AUTOR: Claudio Katz.

RESUMEN: La teoría marxista del valor plantéa una caracterizaciòn del funcionamiento y de la crisis del capitalismo a partir de una interpretaciòn de la explotaciòn y de una ley de formaciòn de los precios. Postula que el trabajo abstracto es la sustancia del valor y analiza la forma del valor a través de una crítica al fetichismo de la mercancía y el dinero. Indaga cómo los cambios en primer lugar en la productividad y en segundo término en las necesidades sociales modifican el tiempo socialmente necesario para la producciòn de las mercancìas y puntualiza de qué forma impactan estos cambios en el proceso de valorizaciòn. También esclarece porqué la asignaciòn mercantil de los recursos crea un marco de desequilibrios acumulativos que desembocan en las crisis periódicas.

            La teoría marxista del valor subraya  la relevancia que tiene el trabajo como fundamento del proceso econòmico. En oposiciòn a la ortodoxia plantéa que la utilidad es una condiciòn objetiva para el consumo de las mercancìas y no un paràmetro de la satisfacciòn personal. Critica el rechazo pragmático del concepto de valor por parte de los neoclàsicos, señalando que conduce a una descripciòn superficial de los acontecimientos del mercado.

            La teoría destaca la importancia del valor para comprender las causas y los límites del condicionamiento institucional de la economìa y de la manipulaciòn monopólica de los precios, que la heterodoxia presenta como los rasgos predominantes del capitalismo contemporàneo. Subraya ademàs, que el valor es indispensable para entender la lògica de las variables distributivas y de las condiciones tècnicas, que los neoricardianos consideran suficientes para interpretar los precios, la ganancia y la acumulaciòn.

            La teoría marxista le asigna al valor un significado preciso, frente al uso difuso de este concepto que predomina en la actualidad. Se han desarrollado, por otra parte, importantes aplicaciones empíricas de esta categoría en el terreno de la crisis y del intercambio desigual. Los debates más recientes entre los marxistas giran en torno a tres temas: la resoluciòn lògica del problema de la transformaciòn, la comprobaciòn empírica de la correlaciòn entre los valores y los precios y el significado polìtico del valor.

             

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                        LA ACTUALIDAD DE LA TEORÍA OBJETIVA DEL VALOR.

            La teoría marxista del valor contempla tres aspectos: una interpretaciòn de la explotaciòn, una ley de formaciòn de los precios y una concepciòn sobre el funcionamiento y la crisis del capitalismo. Al integrar estos componentes, la teoría ofrece una explicaciòn de cómo se reproduce el sistema econòmico-social vigente y cuales son los desequilibrios intrínsecos que dificultan su perdurabilidad.

            Debido a esta significaciòn la teoría fue tradicionalmente muy cuestionada por las concepciones ortodoxas y heterodoxas, que propusieron caracterizaciones alternativas del valor para explicar las relaciones entre el salario y el beneficio, el origen y comportamiento de los precios y la dinámica general de la acumulaciòn. Las cuatro principales objeciones a la teoría marxista fueron planteadas por las corrientes austrìaca y walrasiana de la ortodoxia y por los autores neokeynesianos y neoricadianos de la heterodoxia.

             Dentro del marxismo predomina un generalizado reconocimiento de la importancia del valor. Pero se ha polemizado intensamente en la definciòn de las conexiones lógicas y empíricas existentes entre los valores y los precios y en la caracterizaciòn de la relevancia polìtica del valor. Revisar los ejes de la teoría y debatir sus críticas y su defensa permite comprender porqué esta concepciòn comienza a recobrar actualidad y puede llegar a inspirar una renovaciòn del pensamiento econòmico.

                                    INTERPRETACIÓN DE LA EXPLOTACIÒN.    

            La teoría del valor surgió en el siglo XVIII para explicar el comportamiento de los precios, cuando la expansión del mercado inviabilizó el sistema de regulaciones medievales. La economìa polìtica clásica consideraba que la industria manufacturera se había convertido en el centro del proceso productivo y atribuía la variación de los precios a la cantidad de trabajo incorporado en las mercancías. A partir de esta relación buscó establecer una forma de cálculo de las principales variables econòmicas. Al formular una crìtica a esta concepciòn, Marx modificó por completo el objetivo de la la teoría.

             Mientras que Smith intentaba ilustar la pérdida de relevancia del intecambio mercantil y de la vieja agricultura frente a la nueva industria y Ricardo pretendía probar que el aumento de la renta deterioraba la ganancia, Marx se propuso demostrar que el capitalismo es un sistema històricamente transitorio, que se basa en la explotación de los trabajadores. Este cambio transformó radicalmente el sentido del concepto de valor.

            Marx recurriò a esta última categorìa para explicar còmo los capitalistas expropian una parte del valor creado por los trabajadores en el proceso productivo y cómo se redistribuyen esta plusvalía a través de distintas modalidades del beneficio. Semejante apropiaciòn es posible porque los asalariados generan durante su jornada laboral más valor que el requerido para su propia reproducciòn. La magnitud del valor que incorporan a las mercancìas es superior al valor de su fuerza de trabajo expresada en salarios. Esta desigualdad no es un ¨engaño¨, ni una estafa circunstancial. Es un producto de la propiedad privada de los medios de producciòn, que otorga a los capitalistas el derecho a apropiarse del fruto del trabajo ajeno. Los empresarios detentan la atribuciòn de contratar y despedir asalariados, que al carecer de medios propios de subsistencia estàn obligados a vender sus fuerza de trabajo en el mercado. En estas condiciones surge la plusvalìa, cuya acumulaciòn permite la apariciòn y el acrecentamiento del capital

            Marx desarrollò esta concepciòn a partir de su contacto con los socialistas ricardianos que remarcaban el fundamento del valor en el trabajo, frente al creciente abandono y desaprobaciòn de esta nociòn por parte de la burguesìa. A mediados del siglo XIX resultaban cada vez màs evidentes las consecuencias teóricas y polìticas de asignarle al trabajo un papel central en la interpretaciòn del proceso econòmico: todo el secreto de la valorizaciòn del capital podía a explicarse a partir del aprovechamiento empresario de este ¨factor¨. Desarrollando este plantéo Marx desenvolviò su teoría de la plusvalìa. Rechazò la interpretaciòn smithiana del salario, la ganancia y la renta como ¨retribuciones naturales¨ a los trabajadores, los empresarios y los terratenientes. Y tampoco aceptò que el nivel de ingresos percibido por los trabajadores debìa situarse -como pensaba Ricardo- en los ¨salarios de subsistencia¨.

            Al considerar que el centro del capitalismo es la explotaciòn, Marx postuló que el trabajo abstracto, nutrido de los asalariados y uniformado en el proceso de intercambio, es la sustancia del valor. Destacó que esta modalidad social del trabajo es específica del capitalismo y por lo tanto no se identifica con el gasto fisiològico laboral que se desarrolla en cualquier sociedad, ni con el trabajo concreto de un tipo particular de actividad. Marx subrayò esta dimensiòn cualitativa del valor, antes de abordar su estimaciòn cuantitativa. Por eso -a diferencia de Ricardo- en lugar de indagar las ¨propiedades¨ del valor y buscar su mediciòn con criterios de cálculo semejantes al volumen o al peso, puso de relieve las relaciones sociales en que se fundamenta el valor.

            Marx utilizò esta categorìa para demostrar que bajo la apariencia de armonìa y justicia, el capitalismo se basa en la desigualdad social. Pero, ademàs, destacó que esta inequidad estructural es universalizada como un acontecimiento natural por toda la sociedad. En la actividad cotidiana desarrollada en el mercado se torna comùn observar que las mercancías se intercambian como equivalentes, que el dinero circula y que el capital se acumula, cómo si estos elementos motorizaran automàticamente y por sus propias fuerzas la reproducciòn econòmica, sin ninguna intervenciòn de los hombres. Las huellas de la acciòn humana quedan borradas en el universo de compras, ventas, contrataciones y negociaciones corrientes, opacando el control que detenta la clase dominante de todo este proceso. Y lo que se torna particularmente invisible es el origen del beneficio en la plusvalía y las causas de sus acrecentamiento en la explotaciòn.

            La teoría del valor es una crítica a este fetichismo y al ocultamiento de las relaciones sociales que viabilizan la acumulaciòn del capital y la distribuciòn de la ganancia. Es una concepciòn que demuestra porqué la mercancía, el dinero y el capital no tienen cualidades màgicas para generar satisfacciòn, riqueza y poder, sino que representan distintas instancias de un mismo proceso de valorizaciòn asentado en la apropiaciòn empresaria de una parte del valor generado en la actividad productiva.

             A fin de probar que la mercancìa, el dinero y el capital no son simples instrumentos tècnicos del proceso econòmico, sino expresiones de relaciones de producciòn y por lo tanto, categorìas sociales específicas del capitalismo, Marx acompañó su análisis de la sustancia de valor con una investigaciòn de la forma de valor. Explicó que la mercancìa y el dinero constituyen dos modalidades de un mismo proceso de intercambio, que requiere el desdoblamiento de la forma mercantil del producto en su forma monetaria, para que el trabajo abstracto contenido en las diferentes mercancìas pueda valuarse a traves de un mismo equivalente general. Las mercancìas que se adquirieren en atenciòn a su valor de uso son vendidas por su valor de cambio, en sucesivas transformaciones de las formas equivalentes y relativas. Marx ilustró asi que las formas de valor consitituyen fases necesarias de un mismo proceso de valorizaciòn, basado en la incorporaciòn el trabajo abstracto en la esfera de la producciòn y en su realización en el plano de la circulaciòn. Posteriormente utilizò este mismo razonamiento para analizar cómo el capital adopta diversas modalidades mercantiles, monetarias o productivas en su reproducciòn y cómo la plusvalìa asume formas variadas (interés, ganancia, renta) en su distribuciòn entre la clase dominante.

            La teoría del valor es la clave para entender estos desdoblamientos que oscurecen la naturaleza del capitalismo. La interpretaciòn que propuso Marx es totalmente original y no corresponde englobarla bajo una misma denominaciòn de ¨teoría del valor-trabajo¨ con el enfoque de Ricardo. Subrayar esta especificidad del enfoque y su énfasis en la sustancia del valor, la forma del valor y la funciòn del fetichismo es un mérito de toda la corriente de autores contemporàneos (Salama, Itoh, Mohn, entre otros), que continuaron el camino de investigaciòn del valor propuesto en las primeras décadas del siglo XX por el economista ruso Isaac Rubín.

                        LEY DE FORMACIÒN DE LOS PRECIOS.

            Marx explícitamente destaca que su teoría incluye una ley de formaciòn de los precios basada en el valor. Pero señala que este principio rige como una determinaciòn general del total de los precios por la suma total del trabajo abstracto incorporado en los bienes y no cómo una relaciòn particular y directa del precio de cada mercancìa con la magnitud del trabajo que contiene. Cómo el trabajo abstracto es la única fuente de valor de las mercancìas, el total de los precios no puede superar ni ser inferior al total de los valores. Los precios de los bienes surgen del trabajo abstracto invertido en su producciòn y no de una sumatoria de ¨costos diversos¨ (del trabajo, del capital, del financiamiento, de los insumos).

            Pero al subrayar que esta igualdad de los precios con los valores se expresa como  una equivalencia de totales, Marx se separò de la economìa clàsica que buscó sin éxito una relaciòn de proporcionalidad directa entre los precios y las magnitudes de trabajo incorporado en cada producto. Justamente al notar esta falta de correspondencia, Adam Smith renunciò a la teoría del valor y se deslizò hacia una explicaciòn de los precios por el ¨costo de producción¨, optando por una intepretación distributiva en desmedro de los fundamentos productivos en que se basó inicialmente su análisis. Supuso equivocadamente que el salario, la ganancia y la renta ya no era magnitudes que debían ser explicadas, sino explicaciones de los precios de las mercancìas. Ricardo intentó preservar el valor, pero al chocar con la evidencia de bienes con alto contenido de trabajo y precios bajos (y viceversa) comenzò a enunciar ¨excepciones¨ a la teoría y concluyó postulando que la ganancia es un regulador independiente de los precios.

            Marx superò estas dificultades al plantear que la teoría del valor debía analizarse en varios niveles de razonamiento, distinguiendo un plano más abstracto que ilustra una relaciòn de clase (la plusvalìa valoriza los capitales de todos los empresarios) y otro más concreto que describe una relaciòn de competencia (mediante la concurrencia los empresarios se distribuyen la apropiaciòn de esta plusvalìa). En el primer caso, el valor de cambio de la mercancía representa el tiempo de trabajo socialmente necesario para recrear las condiciones materiales de la producciòn y asegurar la continuidad de la explotaciòn y en esta instancia de razonamiento los precios de mercado -determinados coyunturalmente por la oferta y la demanda- giran estructuralmente en torno al valor. Pero en el segundo caso, el valor de cambio (ahora denominado precio de producciòn) expresa la magnitud de trabajo requerido para reproducir condiciones materiales de producciòn de cada rama y remunerar a cada capitalista en proporciòn a la magnitud de su capital adelantado y ya no en relaciòn al trabajo incorporado en las mercancías. En esta segunda instancia de análisis los precios de mercado oscilan en torno a los precios de producciòn y por lo tanto se rompe la proporcionalidad -infructuosamente buscada Ricardo- entre la magnitud del trabajo incorporado a las mercancías y los precios.

            Este desvío entre los valores y los precios de producciòn es una consecuencia de la homogenenizaciòn de todo el proceso de valorizaciòn en torno a una ganancia media, que unifica en un mismo nivel a sectores que operan con tasas de explotaciòn, proporciones de mano de obra y maquinaria (composiciòn orgànica del capital) y tiempos de maduraciòn de la inversiòn (velocidad de rotación del capital) muy distintos. Esta igualaciòn se concreta mediante la movilidad del capital que acompaña la búsqueda de los beneficios superiores, surgidos del aumento de la productividad en cada sector o del desarrolló de nuevas ramas con nuevos mercados.

            La estructuraciòn de la acumulaciòn en torno a esta base común de valorizaciòn implica redistribuciones de plusvalìa y por lo tanto desvìos ignorados por la economìa polìtica clàsica. A diferencia de sus precursores, Marx considera que  la ley del valor se desenvuelve por este camino indirecto de la redistribuciòn de la plusvalìa y de la separaciòn de cada precio individual de su valor. Llegò a esta explicaciòn de la formaciòn de los precios recurriendo a varias instancias de reflexiòn y al uso de categorías muy abstractas (valor individual, valor social), intermedias (precios de producciòn) y concretas (precios de mercado, precio de monopolio). Estas categorías son instrumentos analíticos y no instancias empíricamente observables, ya que en el proceso real e inmediato de la acumulaciòn sólo existen los precios de mercado o los de monopolio. El uso de estas nociones contribuye a explicar que los precios dependen del valor, pero divergen al mismo tiempo de esa magnitud en el plano de cada mercancía.

            Marx precisò que al interior de cada sector, la ley del valor explica la formaciòn de los precios a partir del establecimiento de una magntiud social dominante (y referencial de las magnitudes individuales), que se establece en torno a la productividad (alta, media o baja) de las empresas que predominan en la oferta de la rama. Este nivel de productividad premia y castiga respectivamente a las empresas que economizan o derrochan trabajo social. Pero ademàs -como puntualizaron varios autores (Rosdolsky, Mandel, Carchedi, Giusani)- la productividad interactùa con las necesidades sociales, que establecen un marco condicionante para dirimir si la oferta es dominada por empresas de menor o mayor productividad. Si las necesidades sociales de la rama estàn aumentando (por ejemplo, calzado deportivo) habrá lugar para ambas, mientras que en el caso inverso (por ejemplo, sombreros) tenderàn a subsistir sólo las màs eficientes.

            A escala de toda la economìa, la ley del valor explica el sentido de la redistribuciòn de la plusvalìa que se dirije hacia los sectores de mayor composiciòn orgánica, porque de esta manera se forja una ganancia media que asegura la remuneraciòn a cada empresario en proporciòn a su capital adelantado. Pero este proceso -concebido en torno a los precios de producciòn- es una anàlisis teòrico y explicativo de la dinàmica observable en los precios de mercado, que oscilan segùn los movimientos de la oferta y la demanda. Cuando existen limitaciones a la movilidad del capital y aparecen los precios de monopolio cambian muchos aspectos de este proceso, pero no se altera el principio de formaciòn de los precios en base al tiempo de trabajo.

             En términos generales la ley del valor explica, por lo tanto, cuánto tiempo de trabajo social necesario destina la sociedad capitalista a la producciòn de cada bien, en cada época y circunstancia del proceso de acumulaciòn. Esta es la explicaciòn integral que Marx propone de la formaciòn de los precios a partir del valor.

                        FUNCIONAMIENTO Y CRISIS DEL CAPITALISMO.

            Al definir cómo se estructuran los precios, la teoría del valor explica tambièn el comportamiento de las principales variables econòmicas y ofrece una concepciòn general del funcionamiento y de las crisis periódicas del capitalismo

            La teoría plantéa que el tiempo de trabajo opera como un principio coordinador de la actividad econòmica, en un sistema estructurado en torno a la competencia mercantil y carente de un plan común de organizaciòn de la producciòn y del consumo. Describe cual es el mecanismo que permite ordenar la reproducciòn económica en sucesivos intervalos de acumulación y crisis, en el marco de la competencia empresaria por producir, invertir e innovar siguiendo las señales del mercado. En ausencia de un sistema de planificaciòn que oriente racionalmente la producciòn de los bienes requeridos y deseados mayoritariamente por la poblaciòn, la determinaciòn de los precios por el tiempo de trabajo actúa como un principio depurador de las empresas que derrochan trabajo social produciendo por debajo de la productividad de su sector y de las ramas que se divorcian de la demanda solvente.

            La teoría del valor explica en què medida la carencia de un mecanismo de regulaciòn anticipada de las principales variables econòmicas crea las condiciones para la apariciòn y la repeticiòn de los desequilibrios cíclicos del capitalismo. La competencia por el beneficio impide una asignaciòn ex ante de los recursos que equilibre las posibilidades de la producciòn con el consumo deseado. Por esta razòn el trabajo es incorporado en las mercancìas a partir de un cálculo aproximativo de los costos y una expectativa de ganancias, que el mercado valida o invalida a posteriori, sancionando en cada caso si hubo desperdicio o ahorro del trabajo socialmente necesario.

             Este mecansimo ¨pos-festum¨ es la causa de las desproporciones que obstaculizan la acumulaciòn y crea el marco en que se desencadenan las crisis del capitalismo. Cómo recièn en la transacción mercantil se efectiviza la conversiòn del trabajo privado, concreto e individual en trabajo abstracto y socialmente necesario, no resulta posible evitar -mediante la planifiaciòn- el periòdico desfasaje de la producciòn con respecto al consumo.

            La teoría del valor analiza cómo funciona el capitalismo en su tendencia al desequilibrio. Estudia cómo es posible la continuidad de la reproducción de un sistema que por su propia dinámica mercantil tiende a la desporporcionalidad, a la sobreproducción y a la declinaciòn tendencia de la tasa de ganancia. Este significado de la teoría fue puesto de relieve por todos los autores (Rubin, Rosdolsky, Mandel,Weeks) que estudiaron cómo el tiempo de trabajo regula la distribuciòn del trabajo social, orientando las inversiones, en el marco potencialmente caótico del mercado.

            La teoría del valor es el fundamento de los distintos modelos que a partir de Marx se han utilizado para explicar la lògica de la reproducciòn capitalista, considerando las proporciones y relaciones inter-sectoriales que deben cumplirse para que este proceso sea factible. Pero la teorìa del valor es al mismo tiempo el pilar conceptual de todos los anàlisis de la crisis. No es una interpretaciòn adicional a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, la desproporcionalidad o a los desajustes de la realización, sino un principìo explicativo general de todos estos desequilibrios.

                  Por la multiplicidad de problemas que aborda y la importancia de las respuestas que propone, la teoría del valor es el ¨núcleo duro¨ de la concepciòn econòmica marxista. Su aporte es vital en la esfera cualitativa del trabajo abstracto y la explotaciòn, en el plano cuantitativo de la formaciòn de los precios y en terreno articulador de la lògica general del funcionamiento y de la crisis del capitalismo.

                                          LA OBJECIÓN SUBJETIVISTA.

                  La corriente neoclàsica austríaca (Bohm Bawerk), que a principio de siglo lideró una reacciòn ortodoxa contra la tradiciòn de la economía polìtica y que en la actualidad  constituye un soporte teórico del neoliberalismo, contrapone la concepciòn subjetiva de la utilidad a la teoría objetiva del valor. Afirma que el trabajo no es el único ¨factor¨ de la economìa, que la explotaciòn es una anomalìa circunstancial bajo el capitalismo, que los precios expresan las preferencias de los consumidores y que el mercado armoniza estos deseos con la maximizaciòn de las ganancias de los productores.   

                  Pero este enfoque ignora que el trabajo no es un ¨factor¨ complementario del ¨factor capital¨, sino que constituye el pilar de toda la producciòn y es la fuente en que se nutre la existencia y reproducciòn del propio capital. Ningún proceso econòmico puede desarrollarse prescindiendo del trabajo humano y por eso la ¨productividad del trabajo¨ es el principal indicador del desarrollo econòmico. El trabajo es una cualidad comùn a todas las mercancìas y su magnitud es determinante de los precios. Es cierto que existen bienes inmateriales o derivados de la naturaleza o resultantes de la actividad artesanal y artística, cuyos precios no se establecen en funciòn del tiempo de trabajo. Pero incluso estas excepciones estàn sometidas a la lògica general del valor, cuanto màs se integran a las condiciones de producciòn capitalistas.

                  También es cierto que el trabajo no es homogéneo y que la hora de actividad de un operario calificado y de un obrero descalificado repercuten de manera muy diferente en la valorizaciòn de las mercancìas. Pero el mercado reduce objetivamente las distintas modalidades del trabajo concreto a un mismo tipo de trabajo abstracto. Y esta reducciòn contempla los diferentes costos de formaciòn y reproducciòn de la fuerza de trabajo. En la valuaciòn de las distintas mercancìas se refleja que la inversiòn exigida para preparar un trabajador calificado es superior a la destinada al entrenamiento de un obrero. Por eso los salarios de las distintas profesiones varían en proporción al grado de formaciòn requerido para elaborar cada tipo de bien y para asegurar la reproducciòn de la fuerza de trabajo comprometida en esa producciòn.

            Los neoclàsicos argumentan que la utilidad es el verdadero elemento comùn a todas las mercancìas y por eso consideran que los precios reflejan directamente el grado de satisfacciòn que el individuo alcanza con el uso de cada bien. Este es el fundamento de la teoría del consumidor y de las estimaciones cardinales de la utilidad a partir de las preferencias personales o de las mediciones ordinales comparativas de estos deseos.

                  Pero si bien la utilidad es una propiedad indispensable de todas las mercancías, para comprender su relevancia económica se requiere analizarla como una condiciòn objetiva de la producción y del consumo y no como un parámetro de la satisfacciòn personal. La utilidad es una categoría social y no individual cuya importancia se pone a prueba, por ejemplo, en los departamentos de control de calidad de las empresas cuando se garantiza el cumplimiento de las normas técnicas requeridas para la elaboraciòn de cada producto. Este valor de uso es la condiciòn del valor de cualquier mercancía y debe corresponder con el tipo y la magnitud de necesidades sociales solventes que prevalecen en cada etapa de la acumulaciòn y el consumo.

                  La utilidad no es una propiedad comparable a escala individual. Ni el placer, ni la satisfacción, ni el bienestar que cada individuo recibe de un producto puede compararse con el efecto que genera otro bien en otra persona. La utilidad social influye en la fijaciòn de los precios, a través de la configuraciòn de un cuadro de necesidades sociales dependiente de la producciòn y estructurado en torno de la distribuciòn del ingreso entre las clases sociales. Esta incidencia no puede evaluarse mediante el registro mercantil de las preferencias individuales agregadas, como suponen los austríacos.

            Para los neoclàsicos el mercado actúa como un fiel registro de la utilidad porque suponen que en este ámbito confluyen las necesidades de los consumidores con el beneficio de los productores. Pero esta imágen idílica omite la desconexiòn existente entre los bienes que la mayoría desearìa consumir si pudiera elegir libremente sus prioridades y lo que es producido habitualmente con el paràmetro del lucro. El mercado es incapaz de registrar la utilidad social colectiva e indicar cuales son las necesidades sociales no satisfechas que privilegia la poblaciòn.

            Esta desconexiòn es parcialmente reconocida por todos los autores no ortodoxos que promueven la intervenciòn del estado en sectores, países, productos o actividades en los cuales el mercado ¨no llega¨, ¨no puede¨o ¨no tiene incentivos para actuar¨. El alcance de esta limitaciòn es muy debatido, pero su origen en la contradicciòn del valor de uso con el valor, es decir en el conflicto entre las necesidades sociales y la rentabilidad, es generalmente ignorado.

            Los autores neoclásicos siempre buscaron formas de medir las utilidades de los consumidores para corroborar sus teorías. Pero estos intentos no han llegaron nunca a buen puerto. No hubo forma de establecer cálculos ordinales y cardinales aceptables de las preferencias, porque no se pudo encontrar un barómetro de la satisfaccciòn individual. Cuándo, además, tomaron en cuenta las conductas variadas, inciertas y carentes de informaciòn suficiente o las psicologìas complejas, la estimaciòn de los precios a partir de las preferencias se tornó aùn màs inviable. Estas dificultades tampoco fueron superadas con la introducciòn del arsenal formalizador de curvas de indiferencia, rectas de presupuesto y tasas marginales de sustitución. Asi comenzò el abandono de la utilidad y al giro contemporáneo hacia las ¨preferencias reveladas¨, que simplemente constatan los comportamientos de los consumidores. El pensamiento neoclásico tiende en la actualidad a omitir por completo cualquier referencia al valor.

                        LA CRITICA PRÁGMATICA BASADA EN EL EQUILIBRIO.

            La corriente walrasiana, que se constituyò en la vertiente neoclàsica dominante en las últimas dècadas enfatizando lass tendencias espontàneamente armònicas de la economìa capitalista, critica duramente a la teoría objetiva del valor. Pero en este cuestionamiento recurre sólo parcialmente al fundamento subjetivista de la utilidad. Su principal argumento es el carácter inservible del valor para cualquier razonamiento en términos de equilibrio. Planteando que el mercado brinda el mecanismo de ajuste natural de la economìa, considera que el agente racional elige cómo trabajar y qué consumir en base a los precios que equilibran a la oferta con la demanda. Este enfoque no sólo ignora la explotaciòn y la crisis, sino que tampoco indaga cómo se forjan las preferencias individuales. Impulsa un giro pragmático hacia la descripciòn de cómo oscilan los precios, despreocupándose del porqué de esta variaciòn.

            Suponiéndo que los consumidores demandan de acuerdo a su funciones de utilidad, que las empresas ofertan siguiendo sus funciones de producciòn, que los ¨factores¨ son retribuidos segùn su productividad marginal y que un subastador imaginario asegura el ajuste optimizador, los walrasianos enfatizan el cálculo y no la explicaciòn de los precios. Atentos a la consistencia formal del análisis y al registro de lo ocurrido con la ùltima unidad producida o consumida, proclaman la ¨inutilidad del valor¨. El cálculo de la la tasa interna de retorno (TIR) como un indicador de la remuneraciòn de la inversiòn, estimable en cualquier marco institucional (Solow) es un ejemplo de este pragmatismo. La deducciòn técnica del salario y la tasa de interès del equilibrio del mercado, con total independencia de la distribuciòn del ingreso (Samuelson) es otra versiòn de este enfoque.

            Pero al mismo tiempo que critican las ¨complicaciones abstractas¨ del valor, los walrasianos recurren paradójicamente al modelo imaginario de la competencia perfecta, la informaciòn transparente, la movilidad plena y la certidumbre total para justificar su concepciòn. La caracterizaciòn que presentan de los precios no son inocentes retratos de los vaivenes del mercado. Construyen las curvas de demanda ignorando la distribuciòn del ingreso e imaginando comportamientos de ¨consumidores soberanos¨, cómo si las necesidades sociales no pre-existieran, ni condicionaran las preferencias de cada individuo. Elaboran las curvas de oferta suponiendo las conductas del empresarios, en lugar de tener en cuenta lo que efectivamente ocurre en la estructura productiva. Además, la oferta ocupa un papel subordinado, porque en el pensamiento neoclásico la ¨teoría del productor¨ deriva analíticamente de la ¨teoría del consumidor¨.

            Bajo la superficie de una montaña de ecuaciones, los walrasianos se limitan a postular que los precios son resultantes de la escasez y de la sabia reacciòn de la oferta frente a la demanda. Explican cada precio especìfico a partir de otro precio, lo que irremediablemente conduce a un razonamiento circular, como destacaron en los años 70 los economistas de Cambridge al demostrar que en el modelo neoclàsico la tasa de interés es al mismo tiempo la condiciòn y el resultado de la productividad marginal del capital. La única salida de este pantano es reconocer que los precios son expresiones monetarias del valor y que la cuantificaciòn de esta categorìa solo es posible a travès del tiempo de trabajo socialmente necesario para producir las mercancìas.

            En la linea de pensamiento ortodoxa que nace con Say, se afirma con Walras y se refuerza luego con la introducciòn de la estática comparada y la relectura de Keynes en la clave de la IS-LM, cada precio debe estudiarse a partir de otro con el auxilio del procedimiento estàtico. Pero con este método el tiempo es eliminado del análisis y el estudio de los cambios en ciertas variables se realiza suponiendo -¨ceteris paribus¨- la inmovilidad de las restantes.

             Esta simplificaciòn simultaneista impide investigar la realidad cambiante y contradictoria del proceso de formaciòn de los precios. En una economìa de mercado dominada por la incertidumbre, la asignaciòn ex post de los recursos, la imprevisibilidad de los resultados de la inversiòn y la competencia descontrolada, razonar desconociendo la temporalidad de los precios equivale a ignorar la lògica del capital.

            En la variante austríaca y en el enfoque del equilibrio, el plantéo neoclàsico impugna la teoría objetiva del valor porque esta concepciòn desmistifica los pilares de la ortodoxia. Este desenmascaramiento se realiza demostrando la centralidad de la explotaciòn, la gravitaciòn del trabajo abstracto, la dependencia de los precios del valor y la permanencia de los desequilibrios del mercado.

                                    CUESTIONAMIENTOS HETERODOXOS.

            La heterodoxia, que con excepciòn del marxismo reune a todas las escuelas actualmente críticas de los neoclàsicos, cuestiona la teoría objetiva del valor argumentando que esta concepciòn no toma en cuenta la alta determinaciòn extra-econòmica que tienen los precios en el capitalismo contemporàneo. Plantèa, ademàs, que la categorìa de valor tampoco contribuye al análisis de la explotaciòn, porque atribuye este hecho a desigualdades sociales originadas en la distribuciòn del ingreso o en el poder polìtico de los grupos dominantes en la sociedad.

            La heterodoxia estima que el funcionamiento de los sistemas econòmicos depende de su configuraciòn institucional. Por eso considera que el valor es una ¨nociòn metafísica¨ (Joan Robinson) o prescindible para explicar la dinàmica de los ¨regímenes de acumulaciòn¨ (Boyer). Algunos autores avalan las objeciones neoclàsicas, señalando que el ¨valor-trabajo omite el papel de la utilidad¨ (Schumpeter) o ¨ignora al consumidor¨ (Bunge). En los cuestionamientos más recientes se añade que el valor es un concepto ¨naturalista¨ (Milberg) o ¨esencialista¨ (Amariglio), porque implica suponer que alguna sustancia misteriosa subyace en el proceso econòmico. Todas estas críticas convergen en una misma conclusiòn pragmática :  ¿ para qué utilizar la nociòn de valor si ningún empresario la considera para calcular sus inversiones, costos o beneficios ?

            Sin embargo, los capitalistas tampoco recurren a los conceptos de ¨modo de regulación¨ o ¨reproducciòn sistémica¨ para evaluar si les conviene o no invertir en tal sector, simplemente porque no suelen elaborar teorías a partir de su propia actividad. Quiénes deben formular las preguntas que los empresarios no se plantean ni pueden responder, son los economistas. Descartar el valor argumentando que en la actividad econòmica se opera directamente con precios es lo mismo que impugnar el estudio de la utilidad marginal, la preferencia por la liquidez o las normas de consumo, afirmando que en las transacciones corrientes no se utilizan estas nociones. Cualquier teoría recurre a conceptos abstractos para explicar los acontecimientos concretos y la teoría del valor no es la excepciòn.

            El mèrito de esta concepciòn es explicar cuales son los procesos que inciden subterràneamente en la persistencia de la explotaciòn, en la formaciòn de los precios y en la dinàmica general del capitalismo. Estos fenòmenos son desconocidos por los heterodoxos, que interpretan los precios a partir de acciones políticas, decisiones técnicas o propuestas retóricas, como si estos hechos fueran independientes de los acontecimientos econòmicos objetivos. Al subrayar, ademàs, la gravitaciòn de los condicionamientos insititucionales olvidan que estas normas forman parte de la lògica del capitalismo y que no transforman, reglamentan o modifican los precios en un vacío econòmico. La manipulaciòn extra-econòmica solo es efectiva en el largo plazo si confluye con los patrones generales de la acumulación.

            El concepto de valor es vital para entender las relaciones entre la explotaciòn, los precios y el funcionamiento del capitalismo, porque no alude -como malinterpretan los heterodoxos- a algùn tipo de sustancia física o quìmica. Indica, en cambio, que el tiempo de trabajo socialmente necesario es el principio clave para entender todo el entramado de relaciones sociales que determina la dinàmica del mercado. El valor es el ùnico enlace cuantitativo entre productos que satisfacen necesidades distintas y actúa como el único cohesionador cualitativo del funcionamiento de una economìa mercantil.

            La heterodoxia recurre a la teoría del monopolio para impugnar la interpretaciòn marxista de los precios, afirmando que las abundantes evidencias de cartelizaciòn industrial o de regulaciòn estatal de las cotizaciones estratégicos (salarios, tipos de cambios, insumos claves) demuestra que los precios no dependen del valor, sino de la acciòn intervencionista de las grandes empresas. Pero esta fijaciòn concertada de los precios es sólo parcial y no elimina la compulsiòn competitiva. Si esta concurrencia hubiera desaparecido la asignaciòn de los recursos ya no sería caótica y el comportamiento de las variables macroeconòmicas sería previsible y enmendable por la misma vìa regulatoria.

            Muchas interpretaciones del ¨fin de las crisis y del ciclo¨, basadas¨ en estas caracterizaciones heterodoxas de un ¨capitalismo organizado¨ fueron desmentidas por los desajustes econòmicos imprevistos de las ùltimas dècadas. La concertaciòn monopólica no puede alterar en el largo plazo el fundamento competitivo de una economìa mercantil, que funciona creando beneficios y pérdidas a partir de los cambios en los precios. Ninguna modalidad de la concurrencia puede anular este principio del mercado. Mientras el sistema sea capitalista las regulaciones no podrán pre-establecer la marcha de los precios, ni pre-determinar su influencia sobre la inversiòn, el ahorro, la ganancia o la acumulaciòn.

            Es igualmente cierto que con el aumento de la escala de las corporaciones, todos los mercados se han fragmentado y jerarquizado. La batalla que libran entre sí las grandes compañías es totalmente distinta a la que individualmente desarrollan contra empresas de pequeña o mediana envergardura. Nuevas formas de ¨alianzas competitivas¨ que mixturan la asociaciòn con la rivalidad se están generalizando en la actualidad, recreando distintos tipos de rentas artificiales, basadas en obstáculos a la movilidad del capital. Pero ni estas barreras, ni las plusganancias que las acompañan son permanentes. Están sometidas a la erosiòn que generan los aumentos de productividad en otras empresas del sector.

             La acciòn de la ley del valor se modifica cuando aparecen limitaciones a la movilidad del capital, pero sin alterar el principio de formaciòn de los precios en base al tiempo de trabajo. Y la vigencia de este principio se expande a medida que el capital penetra en sectores (agrícolas, mineros, artesanales) tradicionalmente excluidos de esta influencia. Cuánto mayor es la concertaciòn entre grandes empresas, mayor es la intensidad de la concurrencia por la obtenciòn de tasas de ganancias diferenciadas.

                        LAS OBJECIONES DE LA ESCUELA DEL EXCEDENTE.

            La corriente heterodoxa del excedente (tambièn conocida como neoricardiana), que en los años 60 y 70 alcanzò gran predicamento al revalorizar la tradiciòn de la economìa política,  profundizò la crítica a la teoría marxista del valor planteando que este concepto es ¨redundante e innecesario¨. Señalaron que para explicar y calcular los precios no se requiere ningùn conocimiento adicional a las variables distributivas y a las condiciones técnicas (Steedman, Garegnani, Napoleoni, Hodgson). Se inspiraron en el modelo que Sraffa elaborò para refutar al marginalismo rehabilitando la teoría ricardiana del valor-trabajo y buscando demostrar que los ¨precios de los factores¨ no pueden deducirse directamente del mercado, sino que se requiere considerar los datos sociales o institucionales que definen al salario o la ganancia. Este enfoque propinò un golpe demoledor a todas las categorías neoclásicas (empezando por la ¨funciòn de producciòn¨), pero también plantéo implícitamente una seria objeciòn a la teoría marxista, porque si los precios se derivan de las condiciones técnicas y distributivas: ¿Para qué se necesita una teoría del valor ?

            Los neoricardianos retomaron, ademàs, otros dos viejos cuestionamientos a Marx. El primero destaca que el concepto de valor desarollado teóricamente en el tomo1 de ¨El Capital¨ fue abandonado en el tomo 3, cuando se recurre a los precios para estudiar concretamente al capitalismo. La segunda crítica es el ¨problema de la transformaciòn¨ y señala la inconsistencia de los ejemplos numèricos que Marx utilizó para describir el pasaje de los valores a los precios. Puntualizan que en estos cuadros se violan las dos condiciones establecidas para que la transformaciòn fuera factible (la cantidad de capital constante debe equipararse a lo producido por el sector de bienes de producción y el total de los salarios debe igualarse a la producciòn de bienes de consumo). Para los neoricardianos se puede prescindir, por lo tanto, del valor no solo para interpretar los precios, sino también para explicar la explotaciòn (que derivan del control capitalista de los resortes distributivos), para analizar el excedente (que identifican con el plusproducto físico que se apropian los empresarios) o para comprender el funcionamiento del capitalismo (que asimilan a la reproducciòn técnico-econòmica del sistema).

            Pero al eliminar el valor, los teòricos del excedente anulan el concepto que unifica toda la lògica general del capitalismo. Sólo esta nociòn permite demostrar que la técnica, el salario o la ganancia no son variables desconectadas entre sí, sino componentes integrados de un mismo proceso de valorizaciòn del capital. Expulsando el valor necesariamente se debe recurrir a los supuestos apriorísticos tan objetados a los neoclásicos. Aunque en este caso no es la tasa de interès lo que se define exógenamente, sino el salario y los requisitos materiales de la reproducciòn, la explicaciòn de los precios se diluye al convertir a las variables distributivas en el eje de la interpretaciòn. Estas magnitudes se transforman en explicativas de los otros precios, sin ninguna justificaciòn de còmo ellas mismas se determinan en el proceso económico. Utilizando, en cambio, al valor se puede definir objetivamente al salario por el valor de la fuerza de trabajo y a las condiciones tècnicas por el tiempo socialmente necesario para fabricar y reemplazar los bienes de producciòn.

            Al prescindir del valor los neoricardianos reinterpretan la necesidad de la explotaciòn bajo el capitalismo como una posibilidad dependiente de circunstancias polìtico-institucionales. Pero con el mismo razonamiento se podrìa tambièn caracterizar que el beneficio es una posibilidad, lo que contradice su evidente insustituibilidad en el actual sistema econònico-social. En el esquema del excedente nunca se aclara cual es el origen de la ganancia, porque rechazando el valor desaparece el ùnico nexo que conecta la acumulaciòn de beneficios con la apropiaciòn empresaria de un valor adicional al requerido por los asalariados para la reproducciòn de su fuerza de trabajo.

            La escuela del excedente ignora la dimensiòn cualitativa y el significado social del valor, pero a veces reformula el concepto en su acepciòn naturalista como unidades de gasto fisiològico de trabajo (Reati). Utilizando este mismo enfoque concibe al excedente como un sobrante de valores de uso. Pero al reducir el proceso social de la valorizaciòn del capital a una acumulaciòn material de bienes se potencia una visiòn fetichista de todo el proceso econòmico. Los neoricardianos suponen que las ¨mercancías se intercambian por mercancìas¨, sitúan en las condiciones técnicas el secreto de la reproducciòn, equiparan la plusvalía a cualquier modalidad de sobre-trabajo e identifican la circulaciòn con la acciòn de un numerario. Toda la red de relaciones coercitivas entre capitalistas y trabajadores (y compulsivas entre los propios empresarios) es presentada como conexiones técnicas de la reproducciòn.

            A esta distorsiòn cualitativa se añaden numerosas dificultades cuantitativas para aplicar esta visiòn fisicalista del valor al cálculo de los precios, al anàlisis del dinero o al cómputo de la ganancia. En el primer caso, la estimaciòn directa de los precios en unidades físicas de trabajo incorporado recrea todos problemas que ya enfrentò Ricardo en esta medición, cuando al ignorar la redistribuciòn de plusvalìa no pudo resolver la discrepancia existente entre los precios y la magnitud del trabajo incorporado a cada mercancìa. En el plano monetario los neoricardianos utilizan modelos de trueque reemplazando la moneda por numerarios y omitiendo que el dinero es un verificador objetivo del trabajo social que no puede pre-establecerse, ni introducirse artificialmente. En la estimaciòn de la ganancia parten de una identificación con el excedente material y esta asimilaciòn les impide evaluar la tendencia de la tasa de ganancia, porque esta investigaciòn requiere distinguir la composiciòn técnica de la composiciòn orgánica del capital y desarrollar los cálculos con las categorías correspondientes al proceso de valorizaciòn.

            Toda la incomprensiòn neoricardiana del valor se resume en su rechazo a la distinciòn metodològica que estableciò Marx para estudiar primero al capitalismo en tèrminos abstractos (subrayando la explotaciòn y suponiendo que los precios equivalen al valor) y luego en el plano concreto (destacando la competencia por la distribuciòn de la plusalía y la diferencia entre precios y valores). Esta separaciòn no es un ¨enredo filosòfico¨, sino una forma de remarcar que el eje del sistema es la extraccíon de plusvalìa por todo el bloque de capitalistas  y no su redistribuciòn entre los empresarios. Por eso el tomo l de ¨El Capital¨ se anticipa y difiere del tomo 3.

            La validez de la teoría objetiva del valor no depende de la exactitud del procedimiento analìtico que Marx utiliza para ¨transformar¨ los valores en precios. Centrar la impugnaciòn al valor en este punto carece de sentido, porque la veracidad de esta concepciòn no puede dilucidarse a travès de este cálculo. Cómo en la realidad empírica solo existen los precios, lo que està en debate en la ¨transformaciòn¨ es cual es el mecanismo màs apto para ilustrar cuantitativamente la dependencia de los precios del valor.Y esta discusiòn no puede reducirse a un procedimiento algebràico, sino que exige una evaluaciòn de la totalidad de la teoría del valor còmo explicaciòn de la explotaciòn, los precios y el funcionamiento y crisis del capitalismo.

                                    ACIERTOS MARXISTAS.

            Al colocar a la teoría objetiva del valor en el centro de la reflexiòn econòmica, la concepciòn marxista contribuye, en primer tèrmino, a superar una de las grandes paradojas que rodea al estudio contemporáneo del valor: cuánto mayor es la percepción de su importancia, menor es la atención que se le presta a su análisis teórico. Por eso es muy comùn la distorsiòn del significado del término. Cuándo se habla corrientemente del ¨valor competitivo de las empresas¨, del ¨valor agregado¨ de los países o del ¨valor estratégico del conocimiento¨, nunca queda claro que definen exactamente estos conceptos. Y mucho màs oscuras son las expresiones: el ¨valor de la producciòn subiò¨ o el ¨valor nominal y real de los activos no coincide¨. Frente a estas imprecisiones, la caracterizaciòn marxista del valor aporta una interpretaciòn muy precisa del concepto.

            . El enfoque marxista destaca, además, que todas las restantes corrientes del pensamiento econòmico se fundamentan en alguna otra teoría del valor y que los autores que pretenden descartar esta nociòn, simplemente ignoran a cual de estos enfoques adscribe su análisis. Se puede declarar que la nociòn de valor es ¨inútil¨, pero no se puede prescindir de su uso en cualquier intento de explicación de la lógica del capitalismo.

            Ni el giro formalista hacia la sofisticación matemática, ni la tendencia pragmática a abandonar las cuestiones sustanciales de la economìa han eliminado la gravitación del valor. Cualquier reflexión relevante sobre el proceso económico replantéa la tradicional oposiciòn entre la teoría subjetiva de la utilidad y la concepción objetiva del trabajo. Ningún investigador de la economìa puede sustraerse de esta divisoria.

            La visiòn marxista destaca, en segundo lugar, que el estudio del valor es la llave maestra para comprender porquè el capitalismo se basa en la explotaciòn. El capital se valoriza con la extracciòn de plusvalìa porque la fuerza de trabajo es remunerada por debajo del valor creado por los asalariados. Esta caracterizaciòn refuta no sólo la negaciòn ortodoxa de la explotaciòn ( ¨el salario corresponde a la productividad¨, ¨el mercado remunera adecuadamente al factor trabajo¨), sino tambièn la evaluaciòn heterodoxa de este fenómeno como un acontecimiento apenas potencial y surgido de las desigualdades distributivas.

            La teoría marxista puntualiza, en tercer lugar, que el valor es la clave para comprender cómo se forman los precios en el capitalismo en funciòn del paràmetro objetivo del tiempo socialmente necesario para la producciòn de las mercancìas. Esta caracterizaciòn coloca el estudio del problema en la esfera productiva, contra la pretensiòn neoclàsica de analizarlo como un hecho puramente mercantil. Subraya la centralidad del trabajo abstracto en esta indagaciòn, en oposiciòn a la preeminencia que la ortodoxia le asigna al consumidor y a sus preferencias. Destaca el caràcter objetivo de este proceso frente a la interpretaciòn heterodoxa de los precios a partir de las instituciones, las regulaciones o las variables distributivas.

            La concepciòn marxista destaca, en cuatro lugar, que el valor es el pilar de una teoría del funcionamiento del capitalismo, cuya reproduciòn es periòdicamente desestabilizada por crisis, que en última instancia se originan en la competencia por el beneficio y en la ausencia de mecanismos de asignaciòn planificada de los recursos. Esta caracterizaciòn desmiente las superstición que los neoclásicos han difundido en torno de la acciòn armònica de la ¨mano invisible¨ del mercado y cuestiona tambièn las alternativas heterodoxas a este mito, basada en atribuirle al estado o a las instituciones un rol de ¨mano visible¨, de ¨mano evolutiva¨ o de ¨reproducciòn sistèmica¨ del capitalismo.

            Finalmente, en quinto lugar, cabe señalar que varios autores marxistas han comenzado a utilizar la teoría del valor como instrumento empírico de evaluaciòn de las tendencias del capitalismo contempráneo. Para ello han definido el concepto ¨valor del dinero¨ (Foley) como una relaciòn entre el producto neto de cada economìa y el total de las horas trabajadas (por ejemplo, un dolar es igual a cuatro minutos de trabajo en cierto período de la economìa norteamericana), a fin de realizar diversas estimaciones. En otros casos (Ramos) recurren a la relaciòn inversa -denominada expresión monetaria del valor (MELT)- que indica cuánto dinero representa cierta hora de trabajo (por ejemplo, una hora igual a 15 dolares).

            Con estos conceptos se han realizado mediciones de la evolución de la tasa de ganancia en el largo plazo y comprobando su relaciòn inversa con el aumento de la composiciòn orgánica del capital. Esta evaluaciòn permite a su vez corroborar la existencia de dos tipos de crisis (periódicas y generales), derivadas de las contradicciones internas del proceso de valorizaciòn (Freeman). Con las mismas herramientas se ha elaborado -en otros estudios- una ¨labour aproppiation ratio¨ para medir comparativamente la evoluciòn del poder de compra de cada hora de trabajo en distintas regiones del mundo. Este cálculo confirma el impresionante aumento de la polarizaciòn de ingresos registrado en las últimas dècadas entre los paìses desarrollados y los periféricos. El ensanchamiento de esta brecha en términos de la capacidad adquisitiva de las horas de trabajo constituye una evidencia del intercambio desigual y del imperialismo contemporàneos, en base a la teoría objetiva del valor (Freeman).

                        DEBATES MARXISTAS.

            Existen por lo menos tres temas de la teoría objetiva del valor de intenso debate actual entre los marxistas: la resoluciòn lògica del problema de la transformaciòn, la comprobaciòn empírica de la correlación entre los valores y los precios y el significado político del valor.

            Inicialmente algunos marxistas (Sweezy) aceptaron la búsqueda de una soluciòn matemática de la transformaciòn en base al diagnòstico de teòricos ricardianos (especialmente Bortkiewicz) que atribuìan la falta de correspondencia de los cuadros de Marx a un error de cálculo, originado en la computaciòn de los insumos en valor y de los productos en precios. Esta caracterizaciòn condujo a varios intentos algebráicos de correcciòn del ¨error ¨ basados en la introducciòn de un ¨coeficiente de transformaciòn¨ uniformador de los insumos y de los productos en términos de precios.  El artificio resolvìa las incógnitas del sistema respetando las igualdades exigidas para la reproducciòn, pero distorsionaba toda la concepciòn de Marx porque en lugar de ilustrar cómo los precios surgen del valor planteaba un modelo centrado en los precios, omitiendo su dependencia analítica respecto de los valores. La profundizaciòn de este camino con el auxilio de ecuaciones desagregadas,  formalizaciones matriciales y coeficientes técnicos en unidades de trabajo directo e indirecto acentùo la tendencia a prescindir por completo del valor.

                        Otros autores (Meek) retomaron, en cambio, la hipótesis històrica que Engels dejó planteada al afirmar que en el origen del capitalismo existiò una coincidencia de los precios con los valores que se fue disolviendo con la formaciòn de los precios de producciòn. Esta convergencia de los valores y los precios en la ¨producción simple de mercancías¨ desapareciò con la redistribución de la plusvalía y el desarrollo de ganancias diferencidas de los sectores industriales. Pero otros autores (Moseley, Smith) consideran que la “producción simple de mercancías” es un artificio puramente lògico que jamàs existiò y que apunta sólo a a ilustrar la dinàmica de la acumulaciòn,. Señalan que toda la secuencia de valores, precios de producción y precios de mercado expuesta en “El Capital” sigue un órden exclusivamente lógico, tal como ocurre también con el estudio de la reproducción simple y ampliada. El problema de la transformaciòn no parece resolverse en el plano històrico. La ley del valor operó sin dominar nunca en las sociedades pre-capitalistas y dificilmente podrìa haber actuado durante ese estadío como patrón de fijaciòn de los precios.

            Otro enfoque distinto plantean los partidarios de la corriente ¨temporalista¨( Carchedi, Freeman, Kliman) que intentan una resoluciòn lògica de la transformaciòn, resaltando el impacto de las redistribuciones de plusvalìa en la formaciòn de los precios. Se oponen a buscar ¨coeficientes de transformaciòn¨ y consideran que los ejemplos numéricos de Marx no presentan a los insumos en valor y a los productos en precios, sino que ilustran dos momentos temporalmente distintos de la formaciòn del precio en el proceso de la reproducciòn. Señalan que en la transformaciòn aparece la secuencia cronológica de los precios finales variando en cada ciclo productivo, en funciòn de precios de reposiciòn cambiantes. La transformaciòn registra, por lo tanto, una adaptaciòn de los precios a los valores sociales efectivamente realizados de las mercancìas a partir de sus valores potenciales. Se trata de una ejemplificaciòn de cómo se adecúan temporalmente los precios a  los cambios en la productividad y en las necesidades sociales.

            Esta linea de pensamiento ha convergido parcialmente con autores ¨antidualistas¨ (inicialmente Wolff, Callari y Roberts, en la fusiòn con lo temporalistas Freeman, Kliman, McGlone, Ramos) que plantean que los valores y los precios forman parte de un mismo sistema analítico que no puede subdividirse, ni debe resolverse mediante artificios algebràicos, como creyeron los interpretes tradicionales de la transformaciòn. Para indagar simultáneamente las dimensiones abstractas y concretas de los procesos estudiados y evitar interpretaciones esencialistas (el valor como sustancia metafísica) o empiristas (sólo importa la realidad observable de los precios) hay que considerar el problema en un sólo sistema. Este es el tratamiento que originalmente planteó Marx en varios ejemplos numéricos expuestos directamente en precios transformados y que no incluyen las columnas intermedias de plusvalía y valor introducidas posteriormete por los intepretes dualistas.

             Otros autores (Foley, Lipietz, Dumenil) han propuesto una ¨nueva soluciòn¨ del problema de la transformaciòn incorporando conceptos operativos (por ejemplo, el ¨valor del dinero¨) que toman en cuenta la forma concreta que asume el valor ya transformado en precios (1 dolar es igual a 4 minutos de trabajo), sin considerar còmo se desenvolvió esta conversiòn. Este enfoque evade la resoluciòn analítica del problema, estimando que la redistribución de la plusvalìa en la formaciòn de los precios no es una caracterizaciòn que requiera ser probada.

            Los partidarios de cada uno de estos enfoques debaten, ademàs, cómo realizar el cómputo del valor creado en cada perìodo. Para los partidarios de la ¨nueva soluciòn¨ esta magnitud corresponde al producto neto y por eso se debe tomar en cuenta exclusivamente el capital variable (los cuatro minutos que, por ejemplo, igualan a un dolar involucran solamente al trabajo vivo). La corriente anti-dualista propone, en cambio, incluir en esta estimaciòn a todo el capital constante, considerando junto al nuevo valor creado el valor transferido a lo largo del período. Por su parte el temporalismo plantéa registrar no solo el capital variable y constante, sino tambièn todo el acervo de capital. Esta discusiòn surge a partir de los distintos abordajes que se plantéan frente al problema de la transformaciòn.

            Un segundo campo de debate es la corroboraciòn empírica de la teoría del valor y la consiguiente dependencia de los precios del tiempo socialmente necesario para la producciòn de mercancìas. Algunos autores (Reuten) se oponen a intentar esta demostraciòn argumentando que al proceder a este cálculo se identifica al valor con una sustancia fìsica observable, olvidando que expresa exclusivamente una relaciòn social de explotaciòn entre capitalistas y asalariados. Pero esta objeciòn no aclara cual es la incompatibilidad entre reconocer esta dimensiòn cualitativa del trabajo abstracto y buscar instrumentos para medir el tiempo de trabajo. La teoría marxista del valor incluye una ley interpretativa de los precios, cuya corroboraciòn exige recurrir al cálculo porque si se renuncia a la conmensurabilidad del valor, el concepto queda situado en el universo de las entidades ideales. No hay que olvidar que la teoría tuvo su origen clásico en la finalidad pràctica de utilizar al trabajo como instrumento de estimación de las cotizaciones de los terrenos y de registro de las ganancias y las pèrdidas en tèrminos reales. Apuntó a encontrar una forma de contabilizaciòn del trabajo social, que facilitara la organizaciòn de la producciòn.

            Algunos teóricos (Negri) plantean que el cálculo del valor se ha vuelto imposible en la actualidad, porque la producciòn se ha ¨desmaterializado¨ y el crecimiento econòmico depende de los incrementos en las calificaciones y de la productividad, aportados por la subjetividad incuantificable de los trabajadores. Pero incluso sin abrir juicio sobre el alcance real de esta transformaciòn virtualista del capitalismo contemporàneo, no existe ningùn obstáculo para mensurar la nueva influencia laboral de la subjetividad evaluando los costos de formaciòn y reproducciòn de la fuerza de trabajo calificada.

            La forma de corroborar empíricamente la dependencia de los precios del valor ha sido desarrollada por varios autores (Shaik, Valle Baeza, Cockshott, Cotrell ) utilizando la matriz insumo-producto. Consideran que las cifras representativas del trabajo contenido en cada segmento industrial que aparece en el input de estas tablas puede identificarse con el valor creado en estos sectores y que las magnitudes que figuran en los ouputs equivalen a los correspondientes precios de producciòn. Se han realizado numerosas estimaciones con matrices de diversos países y se han obtenido altos coeficientes de regresiòn. En otras estimaciones se han tomado elementos diferentes (electricidad, petróleo, acero) como base de cálculo, para demostrar que la baja correlaciòn observada en estos casos confirma la concordancia empírica de los precios con los valores en base al trabajo.

            Estos intentos de hacer operativa la ley del valor constituyen un aporte reconocido por todos los marxistas, aunque está en debate si el criterio elegido es el adecuado, porque Marx a diferencia de Ricardo no consideraba que los precios constituyen aproximaciones directas del valor. Por eso introdujo categorías intermedias indagando la redistribuciòn de la plusvalìa en funciòn de la composiciòn orgánica de los capitales intervinientes. La búsqueda de proporcionalidad directa entre precios y valores utilizando coeficientes integrados verticalmente no contempla esta redistribuciòn. Si los precios son expresiones del valor porque incluyen no solo el trabajo incorporado, sino tambièn el valor transferido a las mercancìas (como adiciòn o sustracciòn), entonces más que probar la correspondencia de los valores y los precios habría que demostrar que su divergencia es coherente con las diferentes composiciones orgánicas de los capitales involucrados en este ejercicio. En lugar de coincidencias se tendrìa que analizar la lógica de esta desviaciòn. Tambièn es controvertible si corresponde considerar al valor cómo un indicador registrable en la correlaciòn de los insumos con los productos.

            El tercer aspecto del debate es el significado polìtico del valor. Todos los marxistas coinciden en que este concepto no se refiere a ¨valores¨ morales, éticos o familiares, ni tampoco a un principio jurídico de equidad. Para los marxistas el valor representa un criterio de estudio de la lògica del capitalismo. Pero la relaciòn entre este análisis objetivo y la interpretaciòn de la acciòn subjetiva de las clases sociales es un tema de aguda discusión.

            Mientras que algunos autores (Mandel, Carchedi, Husson) caracterizan correctamente a la teorìa del valor como un pilar de las leyes del capital que determina el marco de condiciones, posibilidades y lìmites en que se desenvuelve la lucha de clases, otros analistas (De Angelis) interpretan que el valor es una ¨nociòn polìtica¨, cuyo sentido es conceptualizar la resistencia de los trabajadores frente a las imposiciones de la burguesía. Este enfoque restringe la teoría a la funciòn de proveer argumentos en favor de la lucha contra la opresiòn social, omitiendo que su sentido básico es estudiar leyes, hipótesis y principios, mediante una investigaciòn relativamente autónoma de las modalidades o las coyunturas de la lucha de clases. Si el análisis de los precios, la acumulaciòn, o la tasa de ganancia se desarrolla exclusivamente en funciòn de las contingencias de la lucha social se pierde el encuadre de la lógica del capital que requiere este estudio.

            Este mismo problema aparece en la caracterizaciòn de la ley del valor como representativa de ¨una teoría de la esperanza¨ de los asalariados frente a la ¨debilidad del capital para lograr la subordinaciòn del trabajo¨ (Holloway). En esta acepciòn la teoría parece asociada a una secuencia de éxitos sindicales, polìticos o sociales de los trabajadores, lo que desvirtùa que su finalidad es analizar los mecanismos que permiten la reproducciòn del capital en base a la extracción de plusvalìa. No existe ninguna relaciòn directa entre la rebeliòn popular y la ley del valor. Tan sòlo puede afirmarse que la insubordinaciòn de los trabajadores tiende a socavar el funcionamiento normal de la acumulaciòn, especialmente cuando la intensidad de esta lucha conduce a formas de regulaciòn estatal generalizadas de los precios. En general, la ley del valor funciona normalmente en base a la subordinaciòn de los oprimidos y no en los momentos de ruptura de este sometimiento.

            Existe finalmente un terreno de discusiòn de la ley del valor -que se ha debilitado sensiblemente en los ùltimos años- y que está  referido a la forma en que se transforma o se extingue este principio durante la transiciòn del capitalismo al socialismo. El debate entre quienes postulan su perdurabilidad (Lange) o su progresiva desapariciòn (Rosdolsky) ha pasado a segundo plano desde la implosiòn del ex ¨bloque soviético¨. Pero esta controversia no es accesoria, ni prescindible. Al contener una interpretaciòn de la explotaciòn, una explicaciòn de los precios y una caracterizaciòn del funcionamiento del capitalismo, la teoría marxista del valor también incluye una propuesta de emancipaciòn basada en el socialismo. La actualizaciòn de la concepciòn incluye, por lo tanto, una renovaciòn de este proyecto liberador.        

                                                                           Enero 2000.

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